E-Book, Spanisch, Band 47, 224 Seiten
Reihe: Mujeres
Herranz Gómez Igualdad bajo sospecha
1. Auflage 2023
ISBN: 978-84-277-3058-8
Verlag: Narcea Ediciones
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)
El poder transformador de la educación
E-Book, Spanisch, Band 47, 224 Seiten
Reihe: Mujeres
ISBN: 978-84-277-3058-8
Verlag: Narcea Ediciones
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Yolanda HERRANZ GÓMEZ es doctora en Antropología Social y profesora de Filosofía en Educación Secundaria.
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1. El camino hacia la igualdad: un desafío al patriarcado
La dinámica de la libertad y el poder de las mujeres es objetiva. Nadie en particular dirige este proceso y tampoco nadie puede pararlo. Compromete demasiadas expectativas y demasiadas voluntades operantes. Incide en todas las instancias y temas relevantes, desde los procesos productivos a los retos medioambientales. Es una transvaloración de tal calibre que no podemos conocer todas sus consecuencias.
AMELIA VALCÁRCEL
De la diferencia a la desigualdad
Con la revolución agrícola, durante el Neolítico, se iniciaba el camino de la civilización produciéndose importantes cambios en la vida de los humanos, pero con ella comenzaba a gestarse la subordinación de la mujer al varón. El sedentarismo que acompañaba a esta revolución y los excedentes agrícolas que se producían provocaron un aumento demográfico que hacía necesaria una mínima organización social. Surgieron las primeras aldeas y con ellas la propiedad privada y la división sexual del trabajo, por la que las mujeres se dedicaron al trabajo reproductivo –espacio doméstico– y los hombres a otras actividades fuera del núcleo doméstico –espacio público–. La ocupación por el hombre del espacio extradoméstico le permitió afirmar su hegemonía pues paulatinamente fue construyéndose un sistema de dominación complejo, el patriarcado, que arrinconó a las mujeres en el núcleo doméstico durante milenios.
El control de la sexualidad y del trabajo de las mujeres en el espacio doméstico consolidaba la familia heterosexual y monógama como una institución que consideraba a la mujer propiedad del hombre y afianzaba su exclusión del espacio público. La diferencia existente entre hombres y mujeres se transformaba así en una desigual posición de ambos en la sociedad. La división sexual de las tareas comenzó a justificarse por las naturalezas diferentes de ambos sexos, pero pronto se silenció y se oprimió a un sexo mediante toda la organización social que estaba surgiendo. La exclusión de la mujer del espacio público, pretendidamente por su naturaleza, la apartó del conocimiento y de la política, de la educación y del poder. El sistema de dominación estaba así garantizado y las mujeres quedaban relegadas a un segundo plano.
Los varones harán leyes que perpetuarán la exclusión de las mujeres de muchos tipos de tareas y su reclusión a la vida doméstica, y otras relativas al matrimonio que consagrarán la autoridad marital y legitimarán la apropiación de su trabajo, de su cuerpo y de su persona, haciéndolas depender de ellos. Los varones elaborarán también el conocimiento, construyendo todo un orden simbólico androcéntrico que oculta y menosprecia lo relacionado con la mujer y sobrevalora lo relacionado con el hombre, convirtiéndose lo masculino en el centro y el eje de la estructura de la sociedad. Los varones crearán también un sistema de valores orientado a mantener la desigual posición de hombres y mujeres, considerando la subordinación de éstas de origen natural y por ello, invariable. Intentarán apoyar sus conocimientos –religiosos, filosóficos, científicos– en los prejuicios sobre “lo natural” de la mujer, justificando así su subordinación y dependencia.
Primeramente la Religión, con la institucionalización del monoteísmo, sustituyó el culto a la divinidad femenina, como símbolo de la fertilidad que da vida, por la idea del dios padre, varón. Después, será la Filosofía la que sustituya a una rica y variada mitología, no exenta de mujeres con poder sobre sí mismas. El conocimiento racional se impone al mitológico. Es la Filosofía, junto con las religiones monoteístas, la que va a racionalizar la desigualdad construyendo ideas sobre la naturaleza súbdita y esclava de la mujer, su origen imperfecto y su carencia de raciocinio e inteligencia, que la convierten en incapaz para la búsqueda de lo sublime y el reconocimiento de la justicia, propios del carácter masculino. Por último, la Ciencia, la Medicina desde sus orígenes y posteriormente la Psicología, introdujeron también prejuicios sobre la naturaleza de la mujer hasta bien entrado el siglo XX. Tanto la Religión como la Filosofía y la Ciencia, en sus intentos de describir el ser de la mujer, lo que terminan haciendo es una descripción de lo que, según los prejuicios masculinos de cada época, deberían ser las mujeres.
Toda esta elaboración histórica construye un pensamiento y una ideología muy arraigados en creencias ancestrales sobre la debilidad-inferioridad de la mujer (lo femenino) y la superioridadfortaleza del hombre (lo masculino) que ha servido para legitimar la desigualdad. El patriarcado es así, no sólo una estructura social jerárquica, sino toda una cultura androcéntrica heredada del pasado más remoto. Desde entonces, el camino hacia la civilización se olvidó de un sexo. Este origen ancestral del patriarcado explica que resultara casi imposible durante siglos un cuestionamiento moral y político de esta forma de dominación. Como expresa Claudio Naranjo en La agonía del patriarcado, parece que la humanidad, como una planta, ha crecido y se ha desarrollado con una enfermedad que contrajo casi al tiempo de brotar. Incluso hoy, la idea de la inferioridad de la mujer frente al varón, en la que se apoyan las diversas actitudes machistas existentes en nuestra sociedad, es difícil de erradicar porque tiene, como vemos, profundas raíces en la historia que condicionan todo nuestro psiquismo. La toma de conciencia de esta enfermedad tardó mucho tiempo en producirse y lo hizo con mucha dificultad.
No es que las mujeres no hayan buscado su autonomía a lo largo de la historia. Una cosa es que existieran leyes discriminatorias hacia ellas y otra que todas las mujeres las acataran pasivamente. Mujeres de todas las épocas han desarrollado diferentes estrategias para poder ser autónomas en un entorno en el que no se les permitía serlo. Siempre ha habido, en mayor o menor medida, mujeres que han pretendido ser ellas mismas y se han rebelado a un destino impuesto, aunque tuvieran que desarrollar artimañas y fueran condenadas socialmente por ello. Mujeres guerreras, gobernantas, pensadoras, artistas, influyentes en la vida social desde diversos ámbitos, han existido siempre, aunque fueran pocas y excepcionales, dado que el medio social les impedía acceder a la cultura, a un sustento económico o a la participación política. La Historia, escrita y contada por varones, se ha ocupado de olvidarlas o de no resaltar su importancia. Sin embargo, lo que supone la aparición del pensamiento feminista en el siglo XVIII –momento en el que se produce el marco teórico y político que lo hace posible– es el descubrimiento de fisuras en la milenaria construcción patriarcal: ¿Por qué, si la inferioridad de la mujer es natural, existen tantas leyes para subordinarla y oprimirla? Era la toma de conciencia de la desigualdad entre hombres y mujeres y de su injusticia. Con esta conciencia se inicia el camino de búsqueda de la igualdad de derechos entre ambos sexos, que no es más que la búsqueda del reconocimiento social del derecho de las mujeres a la libertad y a pretender su autonomía.
Conseguir derechos, cambiar legislaciones hasta lograr el reconocimiento jurídico de la igualdad, ha sido un proceso largo y difícil, con avances y retrocesos y en algunos países todavía no conseguidos. Como señalan José Antonio Marina y María de la Válgoma en su libro La lucha por la dignidad, lo que hoy disfrutamos y ejercemos como un derecho y nos parece algo común ha costado un gran esfuerzo individual y colectivo a muchas generaciones.
Sin embargo, este costoso reconocimiento jurídico de la igualdad ha proporcionado una nueva posición a las mujeres que está desafiando al patriarcado. Así, el camino hacia la igualdad que se iniciaba hace más de tres siglos está suponiendo una revolución sociocultural sin precedentes históricos. Una vez reconocida la igualdad de derechos, la emancipación de las mujeres, por sí misma, está transformando la sociedad, como muestran los análisis sociológicos y antropológicos. La posición que poco a poco van adquiriendo las mujeres como ondas concéntricas, modifica la sociedad y empuja al cambio a otras mujeres, pero también a los hombres y a las sociedades en general, extendiéndose la transformación a todos los ámbitos de la cultura a escala internacional. Se la ha denominado revolución silenciosa, porque se está produciendo de forma pacífica, sin el empleo de violencia por parte del colectivo oprimido. Es...




