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E-Book, Spanisch, 130 Seiten

Reihe: Breve Historia

Hibbert Breve Historia del Rey Arturo

Descubra las hazañas del héroe real en las que se basa la leyenda del Rey Arturo y los Caballeros de la Tabla Redonda.
1. Auflage 2010
ISBN: 978-84-9763-148-8
Verlag: Nowtilus
Format: EPUB
Kopierschutz: 6 - ePub Watermark

Descubra las hazañas del héroe real en las que se basa la leyenda del Rey Arturo y los Caballeros de la Tabla Redonda.

E-Book, Spanisch, 130 Seiten

Reihe: Breve Historia

ISBN: 978-84-9763-148-8
Verlag: Nowtilus
Format: EPUB
Kopierschutz: 6 - ePub Watermark



'En esta obra que usted, querido lector, tiene entre las manos el reputado historiador Christopher Hibbert le descubrirá al verdadero Arturo, desprovisto de armadura medieval y de algunas actitudes que, a buen seguro, sorprenderán a los que se acerquen con inocencia a estas páginas.' (Web Lecturalis) La verdad histórica del Rey Arturo, un personaje intemporal que constituye la síntesis de las señas de identidad de un pueblo. A nadie es ajena la leyenda del Rey Arturo y de los personajes que componen una de las mitologías más famosas de la historia. Lancelot, Ginebra, Merlín o la espada Excalibur tienen plena vigencia hoy en día y siguen siendo material para películas y novelas, la consecuencia inmediata es que conocemos cada vez más la leyenda pero cada vez menos la historia real que se esconde tras ella. El mito del Rey Arturo reúne búsqueda de la verdad y la pureza, honor y valor y amor incondicional, sirve además para aglutinar los ideales de la patria y para configurar las señas de identidad de una nación. Breve Historia del Rey Arturo aclarará, con datos fidedignos, la verdadera historia que subyace bajo este paradigma de honor, justicia y arrojo. Para esclarecer la figura del Rey Arturo, Christopher Hibbert recurre no sólo a los romances en los que se prefigura su leyenda, sino también a los testimonios de la época. Se remonta en su análisis a la retirada de las legiones romanas de Britania, tras el abandono de la protección de Roma, las islas sufrirán los ataques consecutivos de los jutos, de los sajones y de los anglos. Dos siglos después, la heroica respuesta a estas invasiones es narrada por el poeta Aneirin y sabemos que existió un caudillo de gran valor que repelió los ataques de las hordas extranjeras. Pero no será hasta el S.IX en el que aparezca el nombre de Arturo en una crónica auténtica, el Historia Brittonum del monje Nennius, y ya se le considera un líder de extraordinario valor.

Christopher Hibbert (1924-2008), historiador y biógrafo. ha sido uno de los mejores divulgadores de los pasajes de la historia clásica gracias a su fluido estilo y meticulosa documentación de sus obras. Nació en Leicestershire (Reino Unido) en 1924 y se educó en el colegio Radley & Oriel de Oxford. Sirvió en el ejercito durante la guerra y fue condecorado con la 'cruz militar' en 1945. Ha sido considerado por algunos medios como 'el historiador actual más dotado para la divulgación' (Times Educational Supplement). Ha escrito múltiples obras de gran éxito: The Destruction of Lord Raglan (premio 'Heinemann Award' de literature 1962); Mussolini; Las Raices del mal; Venecia, biografía de una ciudad; Los Emperadores de China I; Los Emperadores de China II. En la actualidad Christopher Hibbert es miembro de la Real Sociedad de Literatura. Esta casado, tiene dos hijos y una hija. Vive en Henley-on-Thames (Reino Unido).
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EN EL CORAZÓN DE LA TRANQUILA Y APACIBLE CAMPIÑA del suroeste de Inglaterra hay una colina de piedra caliza amarillenta. Se levanta afilada y de forma inesperada unos quince metros sobre el pequeño pueblo de South Cadbury y los ancianos que han vivido muchos años a su sombra relatan extrañas historias sobre ella. El castillo de South Cadbury se eleva sobre una colina hueca, dicen, y si en la festividad de San Juan puedes encontrar las puertas de oro que llevan a su interior, podrás descubrir al rey Arturo sentado en el centro de su corte. A veces, en las noches tormentosas de invierno, se puede oír al rey trotando con sus jaurías por el camino trillado, ya que, como un anciano contaba, «la gente dice que, en las noches de luna llena, el rey Arturo y sus hombres cabalgan alrededor de la colina, y sus caballos están herrados con plata, y que se encontró una herradura de plata en la pista por donde ellos cabalgan, y, cuando han rodeado la colina, se detienen para dar de beber a sus caballos en Wishing Well».

Incontables generaciones han relatado tales leyendas sobre Arturo, «el verdadero y futuro rey», y sus nobles caballeros. Su fama sobrevive en forma de extraños mitos de antigüedad desconocida, no solo en South Cadbury, que se ha identificado durante mucho tiempo como el palacio artúrico de Camelot, sino también por toda Inglaterra, Gales y Escocia.

Cada condado tiene sus propias leyendas. En Cornwall, las historias dicen que todas las granjas y los bosques «estaban plagados de gigantes hasta que Arturo, el buen rey, los hizo desaparecer con su espada». En Northumberland, Arturo y su reina Ginebra, sus caballeros y sus damas, y la jauría de perros de caza del rey, yacen durmiendo en su cripta debajo del castillo de Sewingshields. De esta forma, también descansan bajo las ruinas del Castillo Richmond de Yorkshire, esperando a ser despertados por el sonido de un cuerno que reposa en una mesa situada en la entrada a su caverna. Se dice que un granjero incauto se tropezó una vez con ellos, pero le faltó el coraje para hacer sonar el cuerno que los devolvería a la vida. Gales está repleto de cuentos sobre tumbas y colinas huecas en las cuales Arturo y sus caballeros esperan el momento de volver. Un día, según coinciden todas las leyendas, el rey Arturo despertará de su largo sueño y cabalgará para salvar a su pueblo, en el momento en que ellos más lo necesiten.

Lo mismo que ocurre con las leyendas, sucede con los nombres de los sitios. Arturo, según parece, viajó mucho y lejos, ya que su nombre puede encontrarse por todo lo ancho y largo del país, desde las islas Scilly llamadas Gran Arturo y Pequeño Arturo, situadas en el suroeste en la costa de Cornwall, hasta la Silla de Arturo, que se eleva sobre Edimburgo, la capital de Escocia; y desde el Sillón de Arturo en las colinas de Breconshire en Gales hasta la Colina de Arturo, de Newcastle, en la costa noreste de Northumberland. Ningún otro nombre en toda Gran Bretaña aparece con tanta frecuencia, excepto el del demonio (Devil). Nadie conoce con exactitud la antigüedad de los nombres de estos lugares, así como tampoco nadie sabe qué antigüedad tienen las leyendas. Pero en algún momento de la oscura niebla de la historia, próximo a su creación, existió un Arturo real que los inspiró.

Colinas conocidas como «la Silla de Arturo», en Edimburgo.

El Arturo que ha venido a formar parte del tejido de nuestras vidas actuales es mayormente una creación de los tiempos medievales, cuando los trovadores y los cronistas lo convirtieron en héroe de los romances, un campeón cristiano, un legislador noble cuyos caballeros fueron el modelo de la caballería. Estos cuentos artúricos han ocupado un lugar en nuestra literatura y, a lo largo de los siglos, los poetas y los pintores han recreado de nuevo los personajes y sus aventuras. De hecho, el mito se ha hecho tan real para nosotros que tendemos a olvidar la existencia de un Arturo real e histórico. Quizás no fue un rey en el sentido en que nosotros entendemos el reinado. Quizás ni siquiera fue un hombre particularmente bueno, generoso o idealista. Todos sabemos, cuando comenzamos a cono cerlo, que debió ser una persona notable, pues la fama no sobreviene sin una buena razón y la fama de Arturo nunca ha sido igualada.

La referencia más temprana conocida a nuestro Arturo histórico es indirecta, y data de los turbulentos siglos inmediatamente posteriores al 410 d.C., cuando la última guarnición romana se retiró de Britania, la avanzada más occidental de un Imperio romano que estaba a punto de entrar en su decadencia. Tras la partida de la legión, la isla sufrió las constantes invasiones de los jutos, los anglos y los sajones desde el Mar del Norte. En un poema épico escrito sobre el año 603, el bardo galés Anerin describe una de las muchas batallas que tuvieron lugar entre estos invasores y los britanos, que luchaban desesperadamente para repelerlos. A lo largo de este extenso poema, Gododdin, parece que el nombre de Arturo ya estaba asociado a una valentía excepcional, ya que Aneurin describe las hazañas de cierto héroe británico diciendo que su coraje era notable, «a pesar de que no era Arturo».

Tiberio Claudio Druso Nerón Germánico, civilizador de las islas británicas y dios de los britanos, el pueblo de donde surgió el mito de Arturo.

Otra pista significativa es la siguiente: un siglo antes de que Gododdin se escribiera, el nombre de Arturo era prácticamente desconocido en Britania. A finales del siglo VI y principios del VII, sin embargo, comenzó a ser bastante común, ya que existen cuatro o cinco Arturos a los que se les puede seguir el rastro a pesar de los escasos documentos de ese periodo que han llegado hasta nosotros. Uno de ellos fue un príncipe de Argyll, nacido del rey escocés Aedán mac Gabráin sobre el año 570; otro de los Arturos nació aproximadamente en el mismo periodo en el suroeste de Gales y fue nieto de un gobernante llamado Vortiporius, del cual todavía existe un monumento; en el año 620 el rey irlandés, Morgan, fue asesinado por «Artuir, hijo de Bicoir, un britano». No es fácil justificar esta repentina popularidad a no ser que un Arturo real existiera en este tiempo, o poco antes, y cuyas proezas suscitaran tanto la admiración de sus contemporáneos que varios gobernantes británicos pusieran este nombre a sus hijos en su honor.

Sin embargo, aunque estas referencias sugieren de forma sólida que un Arturo histórico vivió en Britania en algún momento del siglo VI, las fuentes de este periodo no mencionan su nombre directamente. De hecho, no es hasta doscientos quince años después cuando el nombre de Arturo aparece en una crónica auténtica: la Historia Brittonum, que fue recopilada en latín por un monje galés llamado Nennius en el siglo IX. En una sucesión de referencias sugerentemente breves, Nennius menciona a Arturo como el vencedor británico de una serie de batallas libradas por los británicos contra los sajones en el siglo VI. Nennius ofrece información muy poco sólida, como veremos en un capítulo posterior, pero confirma la legendaria reputación de valentía de Arturo que ya se había sugerido en la alusión del poema Gododdin, y, lo que es más importante, deja claro que Arturo fue una figura alrededor de la cual ya se habían comenzado a forjar fantásticas leyendas.

En el poema Gododdin aparece una de las primeras referencias al rey Arturo, resaltando su arrojo y valentía y su carácter heróico.

Nennius relata dos historias que ilustran este hecho; precisamente, las llama mirabilia, «maravillas». La primera tiene que ver con Carn Cabal, un memorial o monumento hecho con piedras apiladas unas encima de otras, en el condado galés de Breconshire. En la parte superior del monumento, había una piedra que contenía la huella del perro de Arturo, Cabal, que la había marcado al pisarla durante una cacería de jabalíes. Arturo hizo construir el monumento en memoria de su amado perro y señaló que cada vez que la piedra con la huella se quitara de su sitio, en las siguientes veinticuatro horas, indefectiblemente volvería a su lugar.

La otra historia hace relación a la milagrosa tumba del hijo de Arturo, Anir, que fue enterrado junto al nacimiento del río Gamber en Herefordshire, en la frontera galesa. Anir «fue hijo de Arturo el soldado», escribe Nennius, «y el mismo Arturo lo mató y lo enterró. Y cuando los hombres vengan a medir la longitud del túmulo, encontrarán que a veces mide seis pies, o nueve, a veces doce y a veces quince. Cualquiera que sea la longitud que midas la primera vez, será diferente a la que midas la siguiente, y yo mismo he comprobado que esto es cierto».

Por muy fantasiosas que parezcan las historias de Nennius, fueron totalmente superadas a principios del siglo XII, cuando un...



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