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E-Book, Spanisch, 228 Seiten

Keller El profeta pródigo

Jonás y el misterio de la misericordia de Dios
1. Auflage 2021
ISBN: 978-84-122660-2-3
Verlag: Andamio Editorial
Format: EPUB
Kopierschutz: 6 - ePub Watermark

Jonás y el misterio de la misericordia de Dios

E-Book, Spanisch, 228 Seiten

ISBN: 978-84-122660-2-3
Verlag: Andamio Editorial
Format: EPUB
Kopierschutz: 6 - ePub Watermark



Un profeta enfadado. Un enemigo temido y detestable. Una tormenta devastadora. Y el sorprendente mensaje de un Dios misericordioso a su pueblo. La mayoría de las personas, incluso aquellas que no son religiosas, conocen la historia de Jonás: un profeta rebelde que desafía a Dios y que es tragado por un gran pez. Lo que la gente no conoce tan bien es la segunda parte de la historia: lo que le ocurre a Jonás tras salir del vientre del animal. Sin embargo, es en esta parte donde se encuentra una de las lecciones más poderosas e importantes de la Biblia. Esta famosa historia muestra cómo, si comprendiésemos la misericordia de Dios, nos llevaría a lugares donde preferiríamos no ir, a personas por las que preferiríamos no preocuparnos y, en última instancia, a los propósitos más profundos de Dios. En un momento de creciente división, 'El profeta pródigo' nos muestra el amor de Dios en medio de las personas y cómo los cristianos deben escuchar el llamado de Dios incluso cuando los lleva a lugares incómodos.

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Huir de Dios


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La palabra del Señor vino a Jonás hijo de Amitay: “Anda, ve a la gran ciudad de Nínive y proclama contra ella que su maldad ha llegado hasta mi presencia”. Jonás se fue, pero en dirección a Tarsis, para huir del Señor. Jonás 1:1-3a1

El extraño emisario


Nuestra historia comienza cuando “la Palabra del Señor vino” a Jonás. Muchos de los relatos acerca de los profetas bíblicos empiezan así. Dios los usó para transmitir sus palabras y mensajes a Israel, sobre todo en tiempos de crisis. Sin embargo, ya en el versículo 2 los lectores originales se habrían dado cuenta de que se trataba de un relato profético distinto a cualquiera que hubiesen escuchado antes. Dios llamó a Jonás a ir “a la gran ciudad de Nínive y proclama […]”. Se trata de una declaración asombrosa en varios niveles.

En primer lugar, era impactante debido a que era el llamamiento de un profeta hebreo a dejar Israel e ir a una ciudad gentil. Hasta este momento, Dios solo había enviado a los profetas a su pueblo. Si bien Jeremías, Isaías y Amós pronunciaron algunos oráculos proféticos a países paganos, todos eran breves y ninguno de estos hombres tuvo que ir a estas naciones a predicar. La misión de Jonás no tenía precedentes. Y era aún más sorprendente que el Dios de Israel quisiera avisar a Nínive, la capital del imperio asirio, de la inminente condena. Asiria era uno los imperios más crueles y violentos de la Antigüedad. Los reyes asirios a menudo dejaban constancia de los resultados de sus victorias militares regodeándose con las explanadas plagadas con cadáveres y de las ciudades que habían quemado hasta solo quedar las cenizas. El emperador Salmanasar III es famoso por representar en grandes relieves de piedra los detalles espeluznantes de las torturas, descuartizamientos y decapitaciones que sufrían sus enemigos. La historia asiria es la más “sangrienta y escalofriante que conocemos”.2 Después de capturar a sus enemigos, los asirios normalmente les cortaban las piernas y un brazo y les dejaban el otro brazo y mano para poder estrecharla mientras morían y así burlarse de ellos. Obligaban a los amigos y familiares a desfilar con las cabezas decapitadas de sus seres queridos sobre postes. Arrancaban la lengua a los prisioneros y estiraban sus cuerpos con cuerdas para despellejarlos vivos y exhibir las pieles en los muros de la ciudad. Quemaban a adolescentes vivos.3 Aquellos que sobrevivían a la destrucción de las ciudades estaban destinados a sufrir formas de esclavitud crueles y violentas. Se ha denominado a los asirios como un “Estado terrorista”.4

El imperio había comenzado a exigir grandes tributos a Israel durante el reinado del rey Jehú (842 – 815 a. C.) y continuó amenazando al reino judío del norte durante la vida de Jonás. En el año 722 a. C., finalmente invadió y destruyó el reino del norte, Israel, y su capital, Samaria.

Sin embargo, esta nación era objeto de la acción misionera de Dios. Aunque Dios le dijo a Jonás que “proclamara contra” la ciudad debido a su maldad, no había ninguna razón para enviar el aviso a no ser que hubiese la posibilidad de que evitasen el juicio, como bien sabía Jonás (4:1-2). Pero, ¿cómo podía un Dios bueno dar a una nación así la más remota oportunidad de experimentar su misericordia? ¿Por qué diantres ayudaría Dios a los enemigos de su pueblo?

Quizás el elemento más sorprendente de este relato es a quién Dios eligió enviar. Era “Jonás el hijo de Amitay”. No nos da más contexto, lo que significa que no necesitaba que lo presentasen. 2 Reyes 14:25 nos dice que Jonás ministró durante el reinado del rey Jeroboam II de Israel (786 – 746 a. C.). En ese pasaje descubrimos que, al contrario que los profetas Amós y Oseas, que criticaron el gobierno del rey por su injusticia e infidelidad, Jonás había apoyado la política militar agresiva de Jeroboam para extender el poder y la influencia de la nación. Los lectores originales del libro de Jonás le recordarían como un partidario nacionalista realmente patriota.5 Y estarían asombrados de que Dios enviase a un hombre como este a predicar a las personas que más temía y odiaba.

Nada en esta misión tenía sentido. De hecho, casi parecía un complot maligno. Si a un israelita se le hubiese ocurrido esta idea, como poco, lo hubiesen rechazado y, en el peor de los casos, lo habrían ejecutado. ¿Cómo podría pedir Dios a nadie que traicionase los intereses de su país de este modo?

Rechazar a Dios


Como una parodia intencionada del llamamiento de Dios de “Anda, ve a la gran ciudad de Nínive”, Jonás se “fue” para ir en dirección contraria (versículo 3). Se cree que Tarsis se situaba en el borde occidental más lejano del mundo que conocían los israelitas del momento.6 En pocas palabras, Jonás hizo exactamente lo opuesto a lo que Dios le había dicho que hiciera. Dios le dijo que fuera al este, él fue al oeste. Tenía que haber viajado por tierra, Jonás fue por mar. Enviado a una gran ciudad, compró un billete solo de ida al final del mundo.

¿Por qué se negó a ir a Nínive? El razonamiento completo y todos los motivos de Jonás los expresa con sus propias palabras más adelante en el libro. Pero, en este momento, el texto nos invita a que tratemos de adivinarlo. Sin duda, podemos imaginar que para Jonás la misión no tenía ningún sentido práctico ni teológico.

Dios describe a Nínive aquí y más adelante como una “gran” ciudad y, de verdad, lo era. Era una gran potencia militar y cultural. ¿Por qué el pueblo escucharía a alguien como Jonás? Por ejemplo, ¿cuánto hubiese durado un rabí judío en 1941 si hubiese ido por las calles de Berlín y hubiese llamado a los nazis a arrepentirse? En el nivel más práctico, las posibilidades de éxito eran nulas y la probabilidad de morir muy alta.

Jonás tampoco habría sido capaz de ver ninguna justificación teológica para esta misión. Unos años antes, el profeta Nahúm había profetizado que Dios destruiría Nínive debido a su maldad.7 Jonás e Israel habrían aceptado que la predicción de Nahúm tenía todo el sentido del mundo. ¿No era a través de Israel, el pueblo elegido y amado por Dios, que estaba llevando a cabo sus propósitos en el mundo? ¿No era Nínive una sociedad malvada que chocaba con el Señor? ¿No era Asiria demasiado violenta y opresora, incluso para esa época? No había duda alguna de que Dios la destruiría, era obvio y algo fijo (habría pensado Jonás). Entonces, ¿por qué Dios dio este llamamiento a Jonás? Si la misión a Nínive tenía éxito, ¿no destruiría las promesas de Dios a Israel y demostraría que Nahúm era un falso maestro? Por tanto, ¿qué posible justificación tenía esa tarea?

Desconfiar de Dios


Jonás tenía un problema con la tarea que debía realizar. Sin embargo, tenía uno aún mayor con aquel que se la había encargado.8 Jonás concluyó que, debido a que él no lograba ver ninguna buena razón para el mandato de Dios, es que no existía ninguna. Jonás dudó de la bondad, la sabiduría y la justicia de Dios.

Todos hemos pasado por esta experiencia. Estamos sentados en el consultorio médico estupefactos por el informe de la biopsia. Nos desesperamos por encontrar un trabajo decente después de que nuestra última oportunidad haya desaparecido. Nos preguntamos por qué la supuesta relación romántica perfecta, la que siempre quisimos y pensamos que nunca sería posible, se ha roto y destruido. ¡Pensamos que si Dios existe, no sabe lo que está haciendo! Incluso cuando dejamos a un lado las circunstancias de nuestras vidas y nos centramos en las enseñanzas mismas de la Biblia, parece, sobre todo a las personas modernas, que están llenas de reivindicaciones que no tienen ningún sentido.

Cuando esto ocurre, tenemos que decidir: ¿es Dios quien sabe lo que es mejor o somos nosotros? Y, por defecto, el corazón humano sin ayuda siempre decide que somos nosotros. Dudamos de que Dios sea bueno o de que se preocupe por nuestra felicidad, por lo que, si no podemos ver un buen motivo en lo que Dios dice o hace, entonces asumimos que es que no existe ninguno.

Esto es lo que Adán y Eva hicieron en el jardín. El primer mandato divino fue: “y le dio este mandato: ‘Puedes comer de todos los árboles del jardín, pero del árbol del conocimiento del bien y del mal no deberás comer. El día que de él comas, ciertamente morirás’” (Génesis 2:16-17). Allí estaba el fruto y parecía muy “bueno […], tenía buen aspecto y era deseable” (Génesis 3:6); sin embargo, Dios no había dado ninguna razón por la que estuviese mal comerlo. Adán y Eva, al igual que Jonás muchos años después, decidieron que, si no podían pensar en una buena razón por la que Dios dio esa orden, entonces no podía haber ninguna. No confiaron que Dios tuviese en cuenta sus mejores intereses. Así que comieron.

Dos maneras de huir de Dios


Jonás huye de Dios. Pero, si damos un paso atrás y observamos la totalidad del libro, Jonás nos enseñará dos estrategias distintas para escapar de Dios. Pablo las describe en Romanos 1-3.

Primero, Pablo habla de quienes...



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