E-Book, Spanisch, Band 73, 168 Seiten
Reihe: Primeros años
Lahora Las aulas de 0 a 3 años
1. Auflage 2023
ISBN: 978-84-277-3019-9
Verlag: Narcea Ediciones
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)
Su organización y funcionamiento
E-Book, Spanisch, Band 73, 168 Seiten
Reihe: Primeros años
ISBN: 978-84-277-3019-9
Verlag: Narcea Ediciones
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)
Cristina LAHORA es Doctora en Pedagogía. Tiene una gran experiencia en Educación Infantil a la que dedica su actividad profesional como educadora en esta etapa. Ha publicado libros sobre estos temas.
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1. Los primeros pasos hacia la autonomía moral en la educación infantil de 0 a 3 años
Iniciamos esta obra dedicando un capítulo a la autonomía moral ya que toda actividad educadora tiene un propósito, que es el fin mismo de la educación: conseguir personas autónomas, personas que tengan una autonomía moral.
Hablar de autonomía moral, de educación moral cuando nos referimos a los tres primeros años de vida, nos puede parecer prematuro; el bebé no tiene capacidad de decisión; el niño de un año o el de dos años no tienen malicia; esto es cierto. Sin embargo, nos preguntamos como educadores qué podemos hacer para lograr un desarrollo moral adecuado desde el inicio de la vida.
Por esto, en este primer punto, nos vamos a referir más a nuestras actuaciones como educadores que a los comportamientos de los niños y niñas1, puesto que ellos van a actuar de un modo natural a estas tempranas edades.
Para tener un punto de referencia, y situarnos en un constructo teórico donde movernos, lo haremos desde las reflexiones y estudios de Jean Piaget difundidos por varios de sus alumnos; en este caso haremos referencia concretamente a Constance Kamii.
Piaget (1977) en sus trabajos subraya dos conceptos importantes: autonomía moral y heteronomía moral. La autonomía moral constituirá el fin mismo de la educación.
Ser autónomo, moralmente hablando, significa que cada cual es dueño de sí mismo, que se gobierna por una moral regida por los principios generales de la ética basada en el buen hacer, en el respeto a las leyes universales.
Por el contrario, una persona heterónoma, es una persona gobernada por otros, es alguien que se rige por la moral de los demás, de la mayoría, independientemente de que sea acorde o no, a principios morales como el respeto, la justicia, etc.
Dentro de las personas heterónomas están aquellas que viven siguiendo lo que hacen los demás: «como todo el mundo lo hace…», «como todos…», y actúan bajo este cobijo de la generalidad. Sin embargo, una persona autónoma sabe que lo que hace todo el mundo no es decisivo para saber qué debe hacer, y de este modo actúa, coincidiendo o no con la mayoría.
EDUCAR PERSONAS AUTÓNOMAS
Este punto es el que nos va a marcar la dirección a seguir cuando educamos; nos va a situar en lo que queremos conseguir: educar personas autónomas.
Si sabemos situarnos y queremos conseguir que los niños en su desarrollo alcancen una autonomía moral, tendremos que actuar con ellos, desde que son pequeños, para potenciar la construcción de la moral desde lo cotidiano, sabiendo qué les decimos y qué alternativas les damos a sus actuaciones, para que de esta forma les encaminemos hacia una moral autónoma.
Por tanto, la pregunta que nos planteamos, a continuación, es, ¿qué podemos hacer a este respecto con niños y niñas tan pequeños? En primer lugar tenemos que conocer cómo es el desarrollo moral y para esto, nos referiremos a los estudios realizados por Piaget y Kohlber. Este último realizó varias investigaciones apoyadas en las teorías de Piaget.
Piaget nos demuestra a través de sus investigaciones que la moral es, en un primer momento, heterónoma. Por ejemplo, sus estudios nos revelan que el niño pequeño considera que es peor decir que «un perro es más grande que una vaca», porque eso ni existe ni es posible, que decir que «en clase me han puesto una buena nota», cuando la profesora no ha puesto nota alguna, porque eso sí es posible. Es decir, para el niño la primera mentira es mayor que la segunda porque es imposible. Esta moralidad de heteronomía se observa también cuando el niño mide el daño por la medida del castigo: «si miento y el adulto no dice nada, no me pone castigo, lo podré hacer aunque sepa que está mal engañar».
La moralidad es algo que el niño va a construir desde dentro, a partir de las oportunidades que los adultos le demos para construirla. Es un proceso de construcción similar al del desarrollo lógico-matemático; no es una realidad que está fuera de nosotros y la asumimos como tal: no; la autonomía moral supone una elaboración a través de las situaciones en las que se va a desenvolver el niño desde pequeño, situaciones en las que tendrá que decidir, aprender de las consecuencias de sus actos, etc. En todos estos momentos la figura del educador es sustancial.
Ya desde un comienzo las familias van a marcar unas pautas de orden: hora para ir a dormir, lugar dónde comer, etc. Estas pautas son variables de un hogar a otros, pero son un marco para decir al niño dónde están los límites y que sepa que hay un orden en el que nos movemos y nos facilita la vida en común.
Aparte de estas normas que nos facilitan la convivencia, hay unos valores que son los que nos hacen sentirnos personas: el respeto a los demás y a sus pertenencias, el ser sinceros… La adquisición de estos valores es una carrera de fondo, hay que comenzar desde pequeños y siendo los propios niños los protagonistas, los atletas de esta carrera.
El educador, como un guía, estará al lado del niño para entrenarle, orientarle en este camino hacia la autonomía. En un comienzo, el niño será completamente dependiente del adulto, pero en la medida que podamos ir dándole capacidad de elección, el niño irá ganando en autonomía.
ALGUNAS PAUTAS ORIENTATIVAS
Cerramos este capítulo ofreciendo al educador unas sencillas pautas de trabajo para que el niño se ejercite en autonomía durante el proceso de enseñanza-aprendizaje.
- El educador debe hacer ver al niño que sus acciones tienen consecuencias, para ello le presentará las consecuencias lógicas de las mismas.
Tomemos como ejemplo esta situación: un niño que grita, molesta y no deja que los demás estén centrados en su actividad. Una consecuencia lógica sería plantearle: «si estás gritando, como los demás no podemos estar a gusto, tendrás que salir del aula». Por el contrario, una consecuencia no lógica de este comportamiento sería quitarle su juguete favorito. No tiene nada que ver quitar el juguete con el hecho de gritar, parece más una venganza que un acto que ayuda al niño a aprender a convivir con el resto de sus compañeros.
- El educador debe dar la oportunidad al niño de que sea él quien busque soluciones, o presentarle diferentes alternativas para que elija entre varias, de este modo el niño será partícipe de la solución a la que se llegue.
Muchas veces, sin pensarlo demasiado, cuando el niño se enfrenta a un conflicto, sin apenas dejarle pensar, le damos la solución. Actuando así no favorecemos su autonomía; es importante que, en la medida de lo posible, él busque soluciones para que se sienta autor de su propio pensamiento. Por ejemplo, cuando un niño rompe en clase un juguete, el educador puede decirle: «estás castigado y te vas a quedar lo que queda de la tarde recogiendo los cuentos». Pero, no sería mejor decirle: «¿qué puedes hacer ahora que has roto el juguete?». Si no nos da una solución, le podemos dar un tiempo para pensar o ayudarle a que encuentre una; podemos sugerirle si él sabría arreglarlo o quizás nos diga que su madre sabe hacerlo.
- El educador animará al niño a que sea sincero, para ello mantendrá una actitud comprensiva, sin reproches, aunque actuará con firmeza y cariño.
La sinceridad es la base de la confianza, es fundamental que el niño pueda decir lo que sucede sin miedo a las consecuencias. Esto querrá decir que somos comprensivos con las situaciones que acontecen en el aula. Un niño que ha roto un juguete y se lo dice al profesor es porque sabe que hay un clima de comprensión, porque en circunstancias parecidas el profesor no se ha enfadado amenazando la seguridad afectiva que tanto necesita.
El talante sereno del educador hace que los niños se sientan seguros y es desde ahí, desde donde pueden madurar, porque sienten que no van a perder la seguridad que tanto necesitan.
- El educador creará situaciones para que el niño se relacione con los otros y aprenda a través de ellos.
Las situaciones de aprendizaje cooperativo son muy importantes a cualquier edad. Los niños pequeños no tienen en cuenta a los otros, pero ver lo que hacen es una fuente de aprendizaje. Cuando se van haciendo mayores y cuando en un grupo hay diferencia de edad es cuando estamos ante la riqueza intelectual; una niña aprende de lo que dice o hace otra, las explicaciones que le da le pueden resultar muy cercanas, logrando de esta forma que su...




