Laird | En la tierra silenciosa | E-Book | www.sack.de
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E-Book, Spanisch, Band 205, 232 Seiten

Reihe: Sauce

Laird En la tierra silenciosa


1. Auflage 2018
ISBN: 978-84-288-3124-6
Verlag: PPC Editorial
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)

E-Book, Spanisch, Band 205, 232 Seiten

Reihe: Sauce

ISBN: 978-84-288-3124-6
Verlag: PPC Editorial
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Estamos hechos para la contemplación. Este libro trata del cultivo de las habilidades necesarias para la más sutil, sencilla y penetrante de las artes espirituales. La comunión con Dios en el silencio del corazón es una capacidad sobrenatural, como la capacidad del rododendro para la floración, la del polluelo para el vuelo y la del niño para la alegría y el abandono desinteresados. Si la gracia de Dios, que inunda y simplifica la prodigalidad de nuestras vidas, no consuma esta capacidad mientras vivimos, entonces sin duda lo hará el abrazo de Dios, que nos acogerá cuando entremos en el misterio transformador de la muerte. Este Dios que se entrega, el Ser de nuestro ser, la Vida de nuestra vida, ha hermanado dos hechos indiscutibles del devenir humano: estamos hechos para una comunión íntima con Dios y todos debemos enfrentarnos a la muerte.

Martin Laird, OSA, es profesor asociado en el Departamento de Teología y Estudios Religiosos de la Universidad Villanova (Pensilvania, EEUU). Estudió Patrística en Roma, Londres y Oxford. Tiene gran experiencia en disciplinas contemplativas y ha dado múltiples retiros por EEUU y Gran Bretaña. Es autor y traductor de varias obras.
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INTRODUCCIÓN

DIOS, NUESTRA PATRIA


Es preciso refugiarse en la patria amadísima.

SAN AGUSTÍN, La Ciudad de Dios

Estamos hechos para la contemplación. Este libro trata del cultivo de las habilidades necesarias para la más sutil, sencilla y penetrante de las artes espirituales. La comunión con Dios en el silencio del corazón es una capacidad sobrenatural, como la capacidad del rododendro para la floración, la del polluelo para el vuelo y la del niño para la alegría y el abandono desinteresados. Si la gracia de Dios, que inunda y simplifica la prodigalidad de nuestras vidas, no consuma esta capacidad mientras vivimos, entonces sin duda lo hará el abrazo de Dios, que nos acogerá cuando entremos en el misterio transformador de la muerte. Este Dios que se entrega, el Ser de nuestro ser, la Vida de nuestra vida, ha hermanado dos hechos indiscutibles del devenir humano: estamos hechos para una comunión íntima con Dios y todos debemos enfrentarnos a la muerte.

Ya descubramos el unum necessarium, la «única cosa necesaria» (Lc 10,42), durante el tiempo de vida que nos sea concedido, o ya nos percatemos de ello solo como le sucedió al Iván Illich de Tolstoi, quien, finalmente reconciliado con su vida triste y anodina, a fin de transitar la muerte, exclamó regocijado por su gran descubrimiento –«y la muerte, ¿dónde está? [...] la muerte ya no existe»?1–: «Dios es nuestra patria». Y el instinto del ser humano de retornar al hogar habita en Dios. Como lo expresa san Agustín: «Es preciso refugiarse en la patria amadísima, y allí está el Padre y allí todas las cosas»?2.

A este libro lo guía una consideración práctica: ofrecer orientación y estímulo que contribuyan a acrecentar nuestra familiaridad con esta patria que fundamenta nuestro ser. En sus Puntos de amor, san Juan de la Cruz dice: «Una Palabra habló el Padre, que fue su Hijo, y esta habla siempre en eterno silencio, y en silencio ha de ser oída del alma»?3. En su carta a las Carmelitas Descalzas de Beas, el fraile español escribe: «La mayor necesidad que tenemos es de callar a este gran Dios [...] cuyo lenguaje, que él oye solo, es el callado amor»?4. El silencio es una necesidad acuciante; el silencio es necesario si queremos oír a Dios hablar en eterno silencio; y nuestro silencio es ineludible si queremos que Dios nos oiga a nosotros. El silencio es necesario porque, como manifiesta abiertamente Maggie Ross, «la salvación tiene que ver con el silencio»?5.

Estos silencios recíprocos son el ámbito de la tierra silenciosa. Pero, a diferencia de otros parajes, de esta tierra del silencio no existe un mapa definitivo. San Juan de la Cruz, uno de los más grandes cartógrafos de la vida espiritual, así lo apunta al comienzo de su propio intento por cartografiar este silencio en la Subida del monte Carmelo. Antes de la obra como tal, Juan nos presenta en un boceto el argumento de la misma. Dibuja el monte Carmelo como una montaña espiritual, un símbolo del alma. A no excesiva distancia de la base de la montaña escribe: «Ya por aquí no hay camino, porque para el justo no hay ley, Él para sí se es ley»?6. Juan no está propugnando un estilo de vida anárquico, un mero «haz lo que quieras». Más bien está indicando la naturaleza intrínsecamente no cartografiable del silencio. Pauline Matarasso capta la esencia de esta cuestión en su poema Desde dentro:

Miro hacia el silencio.

No es, como había oído, una cumbre

con asideros naturales y crampones abandonados

por escaladores más avezados.

[...]

Contrariamente a lo que dicen no hay un mapa

(quizá se refieren a otro lugar),

solo hay rendición...?7

Nos adentramos en la tierra del silencio mediante el silencio de la rendición, y no existen mapas del silencio que es rendición. Hay habilidades, sin embargo, que nos capacitan para la rendición y así descubrir esa tierra ignota. Más aun, contamos con el apoyo comunitario de nuestros compañeros de peregrinaje, vivos y muertos, cuya sabiduría nos llega a través de un sinfín de escritos y de innumerables gestos de compasión; y que nos enseñan a entender qué significa que «caminamos en fe y no en visión» (2 Cor 5,7). Este libro aborda algunas de estas habilidades y ofrece algunas indicaciones de la tradición cristiana para cultivarlas a través de la práctica del silencio.

La práctica del silencio, lo que denominaré «práctica contemplativa» o simplemente «práctica», no puede reducirse a una técnica espiritual. Las técnicas causan furor hoy en día. Indican un determinado control encaminado a propiciar un determinado resultado. No cabe duda de que tienen su lugar. Pero la práctica contemplativa no funciona así. La diferencia puede ser insignificante, pero crucial. Una práctica espiritual tan solo nos predispone a permitir que algo suceda. Por ejemplo, un jardinero no hace crecer las plantas. El jardinero pone en práctica ciertos conocimientos de horticultura que favorecen un crecimiento que escapa a su control directo. Del mismo modo, un marinero no puede producir el viento necesario para impulsar un barco. El marinero despliega habilidades náuticas que permiten aprovechar la fuerza del viento para traer al marinero a casa, pero el marinero no puede hacer nada para que sople el viento. Y lo mismo ocurre con la práctica contemplativa, que no es una técnica, sino una habilidad. La habilidad que se requiere es el silencio interior.

Hay dos prácticas contemplativas de vital importancia en la tradición cristiana: la práctica de la quietud (también conocida como meditación, oración en quietud, oración contemplativa, etc.) y la práctica de la atención o de la percepción. Estas facultades contemplativas no han sido importadas de otras tradiciones religiosas, y la tradición contemplativa cristiana tiene mucho que decir sobre ellas. Aunque las otras tradiciones tengan también mucho que decir, este libro se ciñe a la tradición cristiana y se dirige en especial a cuantos recurren a ella en busca de guía e inspiración para el camino contemplativo.

Este libro analiza en particular las dificultades prácticas que muchos de nosotros debemos arrostrar cuando intentamos permanecer en silencio –el caos que reina en nuestra cabeza a modo de fiesta alocada de la que resultamos ser el abochornado anfitrión–. Con frecuencia, sin embargo, hasta que intentamos atravesar el umbral del silencio, no somos ni tan siquiera conscientes de cuán profundamente nos domina ese ruido interior.

Los dos primeros capítulos sientan las bases de estas consideraciones prácticas. El primer capítulo establece la hipótesis fundacional según la cual Dios no es algo que pretendemos alcanzar; Dios ya es el cimiento de nuestro ser. Solo nos falta hacerlo realidad en nuestra vida. El segundo capítulo ofrece una perspectiva sobre el modo en que la mayoría de nosotros permanecemos casi una vida ajenos a todo esto. Es precisamente esta mente ruidosa y caótica lo que nos mantiene ajenos a la realidad más profunda de Dios como fundamento de nuestro ser. Esta estulticia es generalizada y nos equipara al proverbial pescador de mar adentro que se pasó la vida cogiendo pececillos puesto en pie sobre una ballena.

Los capítulos sucesivos examinarán los fundamentos de la práctica contemplativa y el modo en que estos inciden en el desafío de abordar las emociones aflictivas y la gestión del mundo sutil y peligrosamente ameno de las distracciones. El punto de referencia será siempre advertir cómo la práctica contemplativa alimenta el silencio interior, nos enseña el arte de saber soltar y nos ayuda a vivir las dificultades con mayor lucidez y ecuanimidad.

A lo largo del libro utilizo citas diversas con el propósito de conectar las dificultades que todos arrostramos con una tradición viva de sabiduría. De este modo espero mostrar que los santos y sabios de la tradición cristiana han compartido y rumiado los mismos anhelos y dificultades que todos experimentamos. Algunos autores son muy conocidos; otros, no tanto; algunos son antiguos; otros, contemporáneos. Pero, además de enriquecernos con su sabiduría, comprobaremos que precisamente al transitar por nuestros progresos y nuestras crisis seremos iniciados en la misma tradición viva que los vivificó a ellos. Si bien el descubrimiento de esta tierra silenciosa es algo muy personal –nadie puede descubrirla por nosotros–, es a la vez algo comunitario: paradójicamente, nadie descubre la soledad del silencio interior por sí mismo.

Dios es nuestra patria. Sin embargo, hay iniciativas preponderantes en la actualidad por parte de quienes parecen bastante persuadidos de saber lo que Dios piensa, qué tierras está dando a unos, qué tierras está quitando a otros. Tierras de ideología, tierras de opresión y violencia, tierras de egocentrismo tribal amenazan con aventajar a la tierra de esperanza y promisión, dirigiendo la pompa y circunstancia...



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