Laroque-Medina | Renuncia a la obesidad | E-Book | www.sack.de
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E-Book, Spanisch, 135 Seiten

Laroque-Medina Renuncia a la obesidad

Un enfoque integral para perder peso de forma consciente y duradera
1. Auflage 2016
ISBN: 978-1-68325-147-7
Verlag: De Vecchi Ediciones
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)

Un enfoque integral para perder peso de forma consciente y duradera

E-Book, Spanisch, 135 Seiten

ISBN: 978-1-68325-147-7
Verlag: De Vecchi Ediciones
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¿Cuáles son las causas de la obesidad? ¿Qué riesgos conlleva? no sólo influyen en ella el exceso de alimento y el sedentarismo: el cuerpo y la mente se entrelazan en esta disfunción, a menudo difícil de resolver. Monique Laroque-medina le da las herramientas para valorar de una forma madura y consciente si realmente desea enfrentarse a este problema; si este es su deseo, el libro le mostrará el modo de cambiar tanto sus hábitos alimentarios como su mentalidad y su actitud para afrontar el tratamiento de la forma más correcta, es decir, de una forma positiva. Así, con la cura 4sincro -una fórmula que plantea el cuidado personal para poder tratar el sobrepeso teniendo en cuenta la sincronización de, por un lado, la alimentación según la cronobiología y, por otro, la alimentación de acuerdo con los grupos sanguíneos-, contará con la garantía de obtener los resultados esperados de una manera paulatina y segura. Las tres fases en que se estructura esta cura le permitirán perder peso, regularlo y estabilizarlo.

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Bases para una salud óptima


Los tres pilares fundamentales sobre los que se construye una existencia armoniosa se integran en nuestro propósito, cuyo objetivo es establecer una actitud positiva que los reúna en una misma unidad. Estos tres componentes, íntimamente ligados, en los que podemos actuar de forma personal, garantizan una vida generosa a quien se encarga de coordinarlos. Son complementarios, inseparables e imprescindibles para disfrutar de una construcción personal sólida y funcional. Por nuestro bien, debemos mantener con gran cuidado:

—la higiene mental;

—la higiene alimentaria;

—la higiene física.

1.La se relaciona con todo lo que pensamos, escuchamos, vemos, decimos, leemos… y hace del discernimiento el mejor antídoto contra todo tipo de intoxicación psicológica.

2.La se aplica a los nutrientes que proporcionamos al organismo, tributario de la calidad de la aportación nutricional que le ofrecemos para realizar sus funciones en las mejores condiciones.

3.La se refiere a la movilidad del cuerpo, así como a los cuidados diarios, externos e internos, que le concedemos para mantenerlo ágil y disponible.

El cuerpo es un espejo en el que se refleja la trayectoria de lo vivido.

Cuando el ser humano estaba cerca de la naturaleza, su alimentación provenía de fuentes naturales y se limitaba a sus necesidades esenciales. A partir de la Segunda Guerra Mundial, la influencia de la industria en la alimentación transformó y alteró por completo la esencia misma del alimento al proponer productos cada vez más alejados de su estado original y facilitando el acceso a los mismos. Entonces el organismo se llenó de componentes que no reconocía y que comenzaron a descompensar su minucioso funcionamiento conduciendo a desajustes comportamentales, fuente de sobrecarga ponderal. El sedentarismo vino a añadirse a continuación a estas nuevas costumbres alimentarias, aumentando más aún un sobrepeso omnipresente cuyas tristes víctimas son los niños. Los medios utilizados para contrarrestar esta situación resultan poco eficaces si no se aplican con conocimiento, no se siguen con atención y no se mantienen con constancia. La lucha contra el exceso de peso implica la toma de conciencia de las consecuencias negativas que genera esta condición, así como la firme voluntad de llegar a una solución que devuelva el equilibrio al organismo descompuesto.

Obesidad, ¿quién eres?

Considerada uno de los principales trastornos de la nutrición, la obesidad se caracteriza por una cantidad demasiado importante de tejido adiposo, es decir, de grasa. Aunque las grasas constituyen una fuente concentrada de energía, su principal defecto reside en su capacidad de almacenarse sin límite.[1] Los adipocitos o células grasas (de 20.000 a 25.000 millones por persona) son los receptores de las grasas, cuyas paredes elásticas y tamaño adaptable evolucionan sin cesar en función de las aportaciones alimentarias.

Por encima de 100 cm de cintura en un hombre y de 90 cm en una mujer, existe un exceso evidente de grasa abdominal. Dado que la masa adiposa de un cuerpo humano representa en condiciones normales del 10 al 15 % del peso total del hombre y del 20 al 25 % del de la mujer, puede empezarse a hablar de sobrepeso cuando los porcentajes superan estas normas. A una persona se la considera obesa a partir del momento en que su masa adiposa supera el 25 % del peso corporal, en el caso de un hombre, y el 30 % del peso corporal, en el de una mujer.

El Índice de Masa Corporal o IMC permite atribuir un porcentaje de peso mediante una sencilla operación matemática, que consiste en dividir el peso por la estatura al cuadrado, lo que da los siguientes índices:

—18/20: delgadez;

—20/25: normalidad;

—25/30: sobrepeso;

—30/40: obesidad moderada;

—40/100: obesidad grave.

No obstante, hay que matizar estos porcentajes y tener en cuenta los criterios personales morfológicos (estatura, peso del esqueleto), familiares, culturales, étnicos, etc.

A nadie le gusta que le traten de obeso (en general). «Regordeta, un poco fuerte, metida en carnes, rellenita», para una mujer, «forzudo, robusto, mocetón, de complexión fuerte», para un hombre, se hallan entre los términos usuales utilizados al referirse a personas obesas. No obstante, ¡espero que nadie se escandalice si esta palabra aparece a menudo a lo largo de las páginas de este libro!

Obesidad, ¿dónde te alojas?

La sobrecarga ponderal no siempre se reparte de forma equilibrada por todo el cuerpo. Algunas partes, más aptas para retener este excedente, exponen su preferencia. Entonces aparecen dos tipos de obesidad:

—la obesidad androide;

—la obesidad ginoide.

1.La o abdominal predomina en la parte alta del cuerpo (la parte situada por encima del ombligo, es decir, la cara, el cuello y el tórax), donde se reparten las grasas. Afecta en particular a los hombres, así como a algunas mujeres después de la menopausia.

2.La o femoral predomina en la parte baja del cuerpo (la parte situada por debajo del ombligo, es decir, las nalgas, las caderas, los muslos y las rodillas), donde se reparten las grasas. Afecta en particular a las mujeres.

Obesidad, ¿de dónde vienes?

Empezaremos por las causas conocidas de la obesidad y la indiscutible incidencia que estas generan en el mantenimiento del equilibrio del peso.

El exceso alimentario

En primer lugar, hoy en día no existe ninguna duda sobre las consecuencias nefastas que genera en un cuerpo la ingestión de una alimentación excesiva. En efecto, dada su dificultad para metabolizar las aportaciones excesivas e incesantes de alimentos, por un lado, y para deshacerse de los residuos que las mismas generan, por otro, el organismo las acumula donde puede, saturando de grasa los muslos y el abdomen. El desajuste del equilibrio «entradas-salidas» de estas aportaciones alimentarias intensivas provoca así un exceso de toxinas que se difunden por el conjunto celular en forma de trastornos cuya variedad no tiene límites.

El sedentarismo

Asociada con este exceso de alimentos, la disminución de los movimientos también induce a una sobrecarga de peso. El cuerpo, magnífica mecánica de músculos y articulaciones concebidos para moverse, al no moverse se hincha, se va deformando a medida que se acumulan los kilos alrededor de la cintura o de la pelvis y responde mal a nuestras necesidades. Las células pletóricas se asfixian y los órganos obstruidos trabajan más despacio, preparando un terreno idóneo para sembrar las semillas de la enfermedad.[2]

Factores ambientales

Si bien la obesidad se debe a menudo a una aportación energética superior a los gastos del organismo y a un sedentarismo persistente, el ambiente no es ajeno, por su parte, a su incremento a través de las incitantes tentaciones culinarias que no dejan de fomentar una atracción innata por la comida. Así, evitar dejarse llevar por las atractivas ofertas elaboradas minuciosamente en las cocinas del marketing y de la publicidad se convierte en una medida indispensable de protección de la salud. Mantenerse al margen de estos estímulos provocadores requiere una vigilancia constante para sustraerse a los sinsabores derivados de las infracciones antinutritivas prolongadas y reincidentes.

La herencia genética

Según algunos estudios realizados, parece que la obesidad podría proceder de un factor hereditario y que el ambiente en el que crece el niño sería menos determinante que su bagaje genético. Si su herencia proviene de padres delgados o normales, el riesgo de ser obeso no será superior al 10 %. No obstante, este riesgo se acentúa un 40 % si uno de los padres es obeso, y un 80 % si lo son ambos. Por lo tanto, uno de los primeros puntos que debe considerarse es el de la herencia, a fin de velar desde la infancia para que no se reproduzca el mismo esquema familiar. Más adelante veremos cómo hacerlo.

El estado hormonal

Los desarreglos hormonales, sobre todo en la mujer, deben considerarse en el aumento de peso; por ejemplo, una mujer que sufra una disfunción ovárica multiplica los riesgos de volverse obesa en una proporción elevada: del 43 % frente al 13 % de una mujer sin disfunciones ováricas. Por otro lado, la progesterona[3] provoca retención de líquidos al aumentar el apetito cuando se aproxima la regla. El embarazo y la menopausia, periodos en que el sistema hormonal se ve muy afectado, pueden desencadenar tenaces aumentos de peso.

Por otra parte, y desde hace algún tiempo, el desarreglo de la glándula tiroides resulta cada vez más frecuente y parece ocupar un lugar predominante en la clasificación de los problemas hormonales después de la diabetes. Tanto si se trata de hipotiroidismo[4] como de hipertiroidismo,[5] estas perturbaciones se manifiestan en el niño en el ámbito del crecimiento, el desarrollo y el peso. Fatiga, diarreas, trastornos del peso y de otros muchos tipos alteran también la salud del...



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