Lozano / Conellie | PornoXplotación | E-Book | www.sack.de
E-Book

E-Book, Spanisch, 288 Seiten

Reihe: Narrativa

Lozano / Conellie PornoXplotación

La explosión de la gran adicción de nuestros tiempos
1. Auflage 2020
ISBN: 978-84-17847-75-3
Verlag: Editorial Alrevés
Format: EPUB
Kopierschutz: 6 - ePub Watermark

La explosión de la gran adicción de nuestros tiempos

E-Book, Spanisch, 288 Seiten

Reihe: Narrativa

ISBN: 978-84-17847-75-3
Verlag: Editorial Alrevés
Format: EPUB
Kopierschutz: 6 - ePub Watermark



PornoXplotación es una bofetada de realidad para quienes creen que la pornografía es ajena a sus vidas. Es, también, una llamada de atención destinada a informarnos y sensibilizarnos sobre el porno, un fenómeno que traspasa las fronteras digitales y que puede desencadenar efectos devastadores al ser ritualizado por menores y adultos en las calles, en los colegios y en nuestros hogares con un simple clic desde el móvil. La pornografía es un negocio opaco y poderoso, capta a mujeres y niñas engañadas con suculentas ofertas económicas para trabajar como modelos webcam, explota a actrices y actores que terminan devastados por un negocio en constante búsqueda de 'carne fresca' y amasa fortunas gracias a los consumidores, millones de internautas cada vez más jóvenes -incluso niños-, a los que engancha para controlarlos a través de sus datos, su dinero y su vida. Mabel Lozano y Pablo J. Conellie han invertido años de investigación y volcado toda su experiencia en este libro único e impactante que hará temblar los cimientos de la industria del sexo. Elaborado gracias a valientes y duros testimonios reales jamás contados, que hablan de sueños rotos y vidas destrozadas a uno y otro lado de la pantalla.

Productora, guionista y directora de cine con compromiso social. Lo que configura la problemática central de su cine es la figura de la mujer y los derechos humanos. En el 2005 dirigió su primer largometraje documental, Voces contra la trata de mujeres, que se convirtió en una herramienta de formación para las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado y los distintos agentes que trabajan para combatir este delito. Experta panelista, imparte cientos de conferencias sobre trata de seres humanos en las mejores universidades nacionales e internacionales, como también en colegios e institutos de secundaria dirigidas a informar y sensibilizar a los más jóvenes, utilizando el cine como vehículo de transformación social. En el 2015 estrena su quinto largometraje documental, Chicas Nuevas 24 Horas, sobre el lucrativo negocio de la compraventa de mujeres y niñas. Rodado en cinco países, este documental ha dado la vuelta al mundo, cosechando innumerables premios y reconocimientos, tanto en el ámbito cinematográfico -nominado a los premios Goya y a los Platino- como en el social, tanto para el documental como a su directora.
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— ANTONIO —


¿QUIÉN CONSUME A QUIÉN?


Vino, sexo y termas arruinan nuestros cuerpos,
pero son la sal de la vida.

INSCRIPCIÓN EN LÁPIDA ROMANA

Toda historia siempre tiene un principio, y el mío es de esos que nada tiene de extraordinario. De pequeño yo era un chico muy normal, muy tranquilo, de hecho en mi familia me consideraban un joven ejemplar, un buen chico, un buen niño, de esos a quien puedes confiar tu vajilla entera porque nunca la romperá, por más que ese título a mí me generase un poco de angustia, de ansiedad por tener que cumplir ese nivel, ese rol de «niño bueno» que así como me generaba un cierto crédito entre los adultos, también me daba no pocos problemas con los que lidiar entre los amigos, primos y vecinos de mi edad.

Había muchas burlas. Alguno de mis compañeros de clase llegaron a odiarme durante un tiempo porque sus padres siempre me ponían como ejemplo: «Fíjate en Antonio, como nunca llega tarde a casa…», «Mira qué bien se porta. Nunca protesta por nada».

De cara a la gente yo tenía muchos amigos, nunca me metía en problemas, era el chico perfecto. Por dentro me consumía la ansiedad y una presión que iba en aumento. Era como un globo cada vez más lleno de aire, inflándome más y más, hasta llegar a sentirme siempre a punto de estallar.

Crecí con esa necesidad de hacerme querer, de ser aceptado. Desde siempre he lidiado con muchos complejos —imagino que como todo el mundo—, al menos eso es lo que me han intentado hacer comprender los especialistas que a lo largo de mi vida me han tratado, en mi búsqueda por llegar a entender qué es lo que me pasa, por qué soy así. Han sido ellos también, los especialistas, los que me han explicado que fueron mis complejos los que me derivaron, ya desde muy pequeño, a una conducta de masturbación compulsiva. La verdad es que me cuesta decir qué fue antes, si el huevo o la gallina.

El desencadenante de mi problema, o, como a los psicólogos les gusta llamarlo, el , fue empezar a leer el periódico deportivo que mi padre traía todos los días a casa. Con toda la publicidad que hay detrás, con todas esas fotos y reportajes sobre «la novia de fulanito», «descubrimos los secretos de menganita, la más fiel seguidora del Atleti», «loca por el fútbol ¡y por Romario!»…, comencé a descubrir un extraño sentimiento al ver a esas mujeres posando tras un balón de fútbol, con pantalones muy cortos, con sus minúsculos tops… Cuando mi padre aparecía con el periódico, me ponía nervioso, en tensión. Estaba excitado y esperaba el momento de poder apoderarme de él para recorrer el cuerpo de esas mujeres con mi mirada.

Al principio, esas fotos ejercían el suficiente efecto como para satisfacerme, pero poco a poco dejaron de hacerlo. No necesitaba más imágenes de ese estilo, sino otras. Comprendí que no necesitaba más de lo mismo: requería algo distinto.

Recuerdo nítidamente la mañana en que ese «algo» llegó, sucedió en el colegio. Joaquín, el líder de mi clase, fue quien lo trajo a mi vida y lo hizo sin saberlo. ¿Cómo lo iba a saber él? No hacía sino lo que cualquier otro chico de su edad, lo que hacíamos todos: romper las reglas, transgredir, experimentar… Todos menos yo. Al menos eso era lo que parecía de puertas para fuera. Al menos hasta ese día.

Era una de las últimas jornadas del curso y antes del recreo la noticia fue extendiéndose entre los chicos de la clase. Los susurros llegaban a nuestros oídos: «En el baño de chicos, a la hora del recreo, Joaquín tiene algo que enseñarnos».

Esa mañana, las Matemáticas dieron paso a la Historia. Estábamos estudiando el Imperio romano. Recuerdo que tocaba hablar de las termas romanas. Mediante grandes obras de ingeniería el agua era llevada a las termas públicas, que se usaban en la sociedad de aquella época como lugar de reunión social. El profesor nos explicó que para los ciudadanos era un rito casi diario acudir a las termas a socializar, tras las jornadas de trabajo, acompañados por sus esclavos. Todos, desnudos, cuidaban sus cuerpos y se bañaban en agua caliente, se rociaban y perfumaban con diferentes aceites y descansaban cuerpo y mente antes de las cenas. Menudos eran los romanos.

—En esas termas —nos explicaba el profesor— todos estaban como Dios los trajo al mundo: desnudos; patricios y esclavos. Y de todas las clases sociales. Era de los pocos momentos en los que en cierto modo se igualaban las cosas en la sociedad romana. Acordaos de lo que hablamos hace unos días sobre la esclavitud en aquella época. Hemos visto también que los romanos entendían la sexualidad de un modo muy particular: no existía el concepto de bisexualidad ni de homosexualidad. Las relaciones entre las personas se basaban en el poder de unos sobre otros, no en el placer. En las termas y sus aledaños, según muchos expertos, existían lugares donde los romanos practicaban sexo. En parejas, en grupo, a la vista de otros o escondidos tras unas ligeras cortinas. —Risas—. Vamos, chicos, un poco de seriedad… Se han encontrado muchas pinturas, algunas en aquellas termas, como las de Pompeya, que representaban escenas de hombres y mujeres semidesnudos manteniendo relaciones sexuales. Los esclavos y las esclavas eran utilizados de aquella manera también en las termas por los ciudadanos romanos. Esto es algo impensable en nuestros días, ¿verdad? —Sonrió cuando pronunció estas palabras mientras Joaquín, su hijo, se revolvía inquieto en su silla.

La campana avisó de que era la hora del recreo y, como en otros tantos viernes, deseé que no fuera así. La verdad es que el profesor Lobo fue el mejor que tuve nunca. Las letras nunca fueron mi fuerte, pero sus clases de Historia eran absorbentes. Lo admirábamos, y las buenas notas de todos en su asignatura fueron la prueba de su buen hacer. Tal y como la contaba, la Historia se hacía muy fácil de estudiar, aunque por el modo de narrarla, y por los detalles con que nos la explicaba, como aquel de las termas, donde todos mantenían relaciones sexuales, Lobo tuvo algún que otro problema con algunos padres que no estaban de acuerdo con que a niños de nuestra edad se nos hablara sobre sexo. Mis padres, no. Jamás hablé sobre sexo con ellos hasta que fue evidente que tenía un problema y busqué su apoyo, varios años después.

Apenas diez minutos después del inicio del recreo, allí estábamos ocho compañeros de clase, alrededor de Joaquín, en las particulares termas de nuestro colegio.

Nos miró uno a uno y nos dijo:

—Os voy a enseñar algo, pero no se lo podéis decir a nadie. Como alguien se chive, lo mato. En serio. Si alguien se va de la lengua, se las va a ver conmigo y con mi hermano Iván. Me lo tenéis que jurar.

Todos le hicimos el más solemne de los juramentos, estábamos intrigadísimos sobre qué demonios tenía que enseñarnos. Sin pestañear, seguimos con la mirada sus lentos movimientos. Joaquín se había colocado en un extremo del baño, él y su mochila parapetados detrás de todos los chavales expectantes que formábamos su público. Sin quitar ojo del espejo que reflejaba la puerta de acceso al baño, sacó una revista de su mochila y la apretó contra su pecho, divertido por las caras de curiosidad que teníamos todos.

Cuando la giró, ninguno de nosotros dijo nada. Lo que se veía en la portada era una mujer que sostenía un gato en el regazo. La mujer, que podría tener los años de mi madre por aquel entonces, iba ataviada con un abrigo de pelo fucsia, y se adivinaba que era la única ropa que cubría su cuerpo. Cuando abrió las páginas y fue pasándolas una a una, todos empezamos a reírnos nerviosamente. Aquello eran imágenes de hombres y mujeres desnudos, algunos posando, otros manteniendo relaciones, mostrando abiertamente sus partes más íntimas: ellas abriéndolas con sus manos, ellos agarrándolas firmemente, mostrando su erección… Recuerdo que había unas páginas dedicadas a un encuentro entre un hombre rubio y una morena en una playa de rocas; ella yacía tomando el sol, y él llegaba para acabar penetrándola contra el acantilado, contra las piedras… Una estampa que me recordaba a las termas romanas que justo nos acababa de explicar el padre de Joaquín.

Para mí fue todo un descubrimiento y algo se removió en mi interior. Fue divertido, y desde luego muy excitante. Mucho más que las fotos del periódico deportivo de mi padre. Estaba el riesgo, porque nos podían pillar en cualquier momento. Y aquellas imágenes provocaban en mí una sensación placentera que nunca antes había sentido. A la vez, tensión y desahogo.

No sé cómo adquirí esa determinación, pero a partir de ese día me las ingenié de muy diferentes maneras para ser yo el que tuviera esas revistas. En el barrio, don Plácido tenía un quiosco y, con mi fama de niño bueno, me aproveché de aquel buen hombre. Nunca sospechó. Cómo lo iba a hacer. Yo era Toño, el buenazo del barrio.

Eso me hizo ganar popularidad entre mis compañeros, del colegio primero y del instituto después. , , , , …

No sé cuántas revistas habré conseguido, de muy diferentes maneras, a lo largo de toda mi adolescencia y, después, en mi vida adulta, pero tengo grabadas en mi mente, una por una, las imágenes de dos de ellas: el n.º 34 de y el n.º 13 de la revista . Las conseguí el mismo verano, uno en que fui, como todos los años, a Benidorm con mis padres, mis tíos y Juanín, mi primo mayor. Él fue quien se hizo con las revistas y, al final del verano, me las regaló.

Una noche, mientras nuestros padres dormían, Juanín y yo estábamos viendo las...



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