López Pinciano | Filosofía antigua poética | E-Book | www.sack.de
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E-Book, Spanisch, Band 209, 420 Seiten

Reihe: Historia

López Pinciano Filosofía antigua poética


1. Auflage 2012
ISBN: 978-84-9897-833-9
Verlag: Linkgua
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)

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La Filosofía antigua poética es la obra más famosa de Alonso López Pinciano. Es un tratado pedagógico de poética dividido en trece epístolas dialogadas. Van seguidas de un breve comentario en forma de carta en donde el fingido corresponsal del Pinciano resume y comenta las doctrinas expuestas en el diálogo que lo precede. El autor sigue a Aristóteles en la Poética y la Retórica y a Horacio. Las cartas contienen diálogos sobre la felicidad, la poesía, la doctrina sobre la tragedia, la comedia, entre otros. Aunque la base de este sistema es, naturalmente, el Arte Poética de Aristóteles, la riquísima prodigalidad de ideas que el Pinciano expone en sus comentarios a la doctrina aristotélica se estructura en un sistema original y complejo.  La doctrina de Pinciano procede de fuentes más profundas. No se trata de una mera anotación de los preceptos horacianos o de una deficiente asimilación de las ideas aristotélicas. Se cree que Pinciano escribió Filosofía antigua poética con el propósito de poner un freno clasicista a los éxitos dramáticos de Lope de Vega. Quería recuperar la estructura del teatro de la antigüedad clásica. Por ello el autor es un preceptista defensor de los principios aristotélicos del teatro, en contraposición con el efectismo barroco. López Pinciano propone una verdadera filosofía de la literatura. Toma en cuenta su esencia, su finalidad pero también, y quizás sobre todo, la naturaleza del hombre que la crea, el poeta, y el público.

Alonso López, más conocido como 'el Pinciano', nació en Valladolid, hacia 1547, es uno de los humanistas españoles más insignes del siglo XVI. Tuvo un lugar relevante entre los preceptistas con su Filosofía antigua poética, publicado en Madrid en 1596. Pinciano fue el médico de María de Austria, hermana de Felipe II casada con Maximiliano II. Cuidó además la salud de la infanta Margarita. Pinciano vivía en la calle de las Urosas, donde también residían Juan Ruiz de Alarcón y Luis Vélez de Guevara. La Filosofía antigua poética es su obra más famosa, un tratado pedagógico de Poética dividido en epístolas. Sigue a Aristóteles en su Poética y Retórica y a Horacio. Las cartas contienen diálogos sobre la felicidad, la poesía, la doctrina sobre la tragedia, la comedia etc. Se cree que este libro fue escrito con el propósito de poner un freno clasicista a los éxitos dramáticos de Lope de Vega. Por ello Pinciano es considerado un preceptista aristotélico.
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Epístola II. O prólogo de la Filosofía antigua


Frag. 1.

Domingo, antes de dos días de los Idus de abril de este presente año, señor don Gabriel, me dieron la respuesta a la Epístola que de la felicidad os escribí; y en ella me mandáis os envíe una Arte Poética en romance, y más nuevas, especial de lo que ha pasado entre los tres compañeros, Fadrique, digo, Hugo y el Pinciano. Así lo haré y os escribiré nuevas más nuevas que las pasadas; y son: que Lucano en su Farsalia fue historiador, y Platón, en sus Diálogos, poeta. El día siguiente que vuestra letra leí, hallé a Fadrique con el compañero dicho Hugo; yo les saludé y ellos a mí; y, como que yo no hubiera venido, Fadrique prosiguió diciendo: Mal se puede juzgar de las obras que no traen consigo las razones por que fueron hechas, y así soy de parecer que, dejadas éstas a una parte, tratemos de aquellas que traen juntas consigo sus causas.

Hugo respondió que le parecía bien; mas el Pinciano, que no lo entendió, preguntó cuáles fuesen aquellas obras; a lo cual respondió Fadrique: Los libros y las ciencias que dan las causas y motivos de las cosas; que el saber no es otra cosa que el conocer por las causas.

A tiempo estamos, dijo Pinciano, que yo traigo una pregunta tocante a este artículo. Pregunto, digo, señores: ¿Qué arte, de las Poéticas que en Castilla andan vulgares, da mejores causas y razones de lo que dice? Porque un mi amigo me envía a pedir una y no le querría enviar que tuviese de desaprender después.

Fadrique dijo entonces: Aquí está el señor Hugo, que podrá mejor que yo dar esa resolución, como quien fue laureado en la Universidad de Polonia.

Hugo, respondió: Yo confieso que recibí ese honor indignamente; y también, que vale más un bien sciente como vos que no un mal experto como yo.

Fadrique quisiera responder, y el Pinciano le embargó diciendo: Yo no entiendo por qué estos lauros y coronas se den a los poetas, y a los históricos dejen mochos y pelados.

Fadrique respondió: Coronas han quedado para los históricos y aun para otros; coronada fue Clío y profesó historia; y coronada Urania y profesó astrología; y coronados fueron todos los varones y matronas insignes y señaladas en virtud.

El Pinciano dijo entonces: Yo no sé qué virtud es la de estos poetas, si Hesiodo dice:

Yo no quiero tener obras de justo,

Ni que carezca mi hijo de injusticia,

Malo es seguir el hombre la justicia,

Pues más derecho alcanza el hombre injusto.

Y Juvenal confirma diciendo así:

Atrévete a una hazaña que sea digna

De grillos y cadena, y serás algo.

Y Terencio no contradice, cuando en va de sus comedias dice:

Hasta ahora no vi día

Que la justicia se meta

En punir a la alcahueta,

Ni tampoco lo querría.

Y ultra de esto, sabemos quién fue Ovidio y Marcial y otros así; los cuales dejaron muchas semillas no buenas.

Dicho esto, Hugo respondió así: Si las objeciones todas que contra la Poética hay, fueran como ésas, presto eran deshechas; porque Hesiodo no aconseja, en ese lugar, ni tampoco Juvenal en el suyo mas antes reprehenden diestramente a los magistrados y jueces; lo cual más claramente hizo el Juvenal en otra parte diciendo:

A los cuervos licencia dan las leyes,

Y a las palomas simples, el castigo.

Y, en lo que toca a Terencio, es de saber que no habla el autor por boca de su persona, ni de otra alguna que sea justa y buena, sino por boca de una alcahueta, la cual. con mucha razón, deseaba que las de su oficio no fuesen castigadas. Esto hizo el poeta prudentísimamente por guardar la verosimilitud. A lo que Ovidio y Marcial, confieso alguna libertad demasiada, mas, con esto, sé que el uno y el otro dicen. El uno:

Lascivo en letra, mas en vida honesto.

Y el otro:

Mi vida es buena y mi pluma burlona.

El Pinciano replicó: Con todo eso, hacen mucho daño a la república los semejantes poetas; que, aunque el escritor sea en sus costumbres bueno, si no lo es en los escritos, será de mucho más perjuicio que si al contrario fuera.

Fadrique dijo entonces: No me parece mal la razón del Pinciano, y me parece bien la de Quintiliano, el cual enseña los poetas que deben ser elegidos y leídos. De lo cual consta que entre ellos hay, como entre todos los demás hombres del mundo, buenos y malos: y así se deben seguir los buenos, como son un Homero y un Virgilio y semejantes heroicos; los cuales levantan los ánimos a los oyentes con la grandeza de las cosas que tratan. Son buenas las trágicas lecciones por la majestad de las cosas y suavidad del lenguaje; y si las comedias son bien acostumbradas, deben ser escuchadas por la elegancia que contienen; y los poetas líricos, por la doctrina y sentencias de que están adornados; y, finalmente, digo que tengo por imposible que uno sea buen poeta y no sea hombre de bien.

Fadrique calló y el Pinciano dijo: Bien me parece ese parecer de Quintiliano, y que sean los poetas como los alcalleres que, los que hacen los vasos bien hechos y macizos, son buenos, y los que desproporcionados y frágiles, son malos.

Muy grande agravio, dijo Hugo, se hace a la Poética en esa comparación, porque, siendo arte liberal, es comparada a la servil.

El Pinciano replicó entonces: Eso de arte no entiendo bien, aunque lo he oído decir otras veces.

A esto respondió Hugo: Arte es, según Aristóteles, en los Éticos a Nicómaco, y en los Grandes se colige, un hábito de hacer las cosas con razón, digo, siguiendo el uso de ella; y de esta manera un arte la de amar de Ovidio y de esta manera lo es la Poética. Doy ejemplos de arte noble cual ésta y de arte vil como aquélla.

Paréceme que lo entiendo, respondió el Pinciano, mas deseara saber más, y es: ¿en qué está el ser vil una arte? Y por hay entenderemos si la Poética escapa de ello.

A esto dijo Hugo: Según la definición dada, consta que, así las que dicen artes liberales como las mecánicas y los que hoy decimos oficios, son comprendidos debajo de este nombre arte. Esto supuesto, digo, que el Filósofo, en sus Políticos, toca esta materia de las artes viles y de las nobles diciendo así: «Por vil ejercicio debe ser tenida la arte toda y disciplina que, o el cuerpo, o la alma del hombre aparta del uso de la virtud».

Y así es conforme a razón que el Arte de amar y semejantes son viles, como las que el Filósofo hay dice, que ocupan el entendimiento en cosas a las cuales acompaña siempre la mentira. Ya me entiende Fadrique por quienes hablo.

Muy bien, dijo Fadrique, y, para que sepáis que os entiendo, os tengo de contar un cuento breve. Sirvióse un señor gran tiempo de un criado, en oficio de mozo de cámara, al cual, por ser ya muy crecido, promovió en otro ministerio que era sujeto al contador. Este contador le tornó cuentas de la hacienda que a su cargo tenía y las halló tan malas, que dijo al señor: Por descargo de mi conciencia, digo que fulano no conviene para el servicio de V. S.; y, con esto, le dio las razones harto suficientes.

El señor se quedó pensativo gran rato y dijo al contador: Ese hombre, de quien me traéis tan mala nueva, me sirvió muchos años en otro oficio muy bien y legalmente, con toda verdad y llaneza; y, si ahora se ha trocado, creedme que no va en él, sino en el empleo que le di, yo le quitaré de él y él será, sin duda alguna, otro de lo que ahora le habéis visto y volverá a tratar su antigua verdad. Así dijo Fadrique, y los oyentes se rieron no poco de la gracia. Y, después, Fadrique tornó diciendo: Este es el oficio vil que al hombre, como dice Aristóteles, aparta del uso de la virtud y de la verdad, y el que en él se ejercita ordinariamente, dice mil juramentos y mentiras por un muy poco interés. Esto digo en general y por razón de la arte; que yo he visto hombres que, aunque ejercitan artes mentirosas, son de mucha verdad y llaneza.

El Pinciano dijo entonces: ¿Inclinan las artes como las estrellas? Sí; ya me voy acordando de la salsa de Esopo y cómo comieron de ella todos los oficiales, y no menos, los costureros. Mas, si por decir mentiras es vil una arte, no sé yo cuál lo es más en el mundo que la Poética, que toda ella es mentira y fullería.

Fadrique se rió mucho de la réplica, y, dejando de responder a la objeción, reventó en alabanzas de la poesía de esta manera: Ninguna arte que la Poética es de las gentes más frecuentada y ninguna menos entendida por su mucha dificultad. Esta alcanzaron los filósofos antiguos y significaron, por la mucha solicitud que para la haber pusieron y, por el grande premio que a ella depositaron, era el trabajo subir al monte del Parnaso, y era el premio la corona del laurel.

El Pinciano se quiso pagar y, riendo, dijo: ¡O, son, a mi parecer, en esta parte, los poetas como aquellos antiguos que, andando en busca de las Islas Afortunadas, a fin de traer mucho oro, después de muchos trabajos, las hallaron, y, en ellas, un azebuche sólo! Mas pregunto: ¿Qué cosa es esta del Parnaso y de la corona?; que ya sé que los Poetas siempre habláis por unos rodeos exquisitos y peregrinos.

Honra.

Hugo dijo: Yo quiero, con licencia, responder a esta pregunta, como quien comenzó a subir la áspera cuesta del monte, y como quien recibió la corona dada de gracia y en merced antes de la haber subido. La corona, señor compañero, es la honra, a la cual muchas veces sigue la inmortalidad de la fama; y la subida de este monte alto es el trabajo, ayuntado al natural ingenio. Y,...



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