Álvarez Villareal | Reanimar el mundo | E-Book | www.sack.de
E-Book

E-Book, Spanisch, 328 Seiten

Reihe: Contrapunto

Álvarez Villareal Reanimar el mundo

Alternativas filosóficas a la economía del crecimiento
1. Auflage 2025
ISBN: 978-84-254-4833-1
Verlag: Herder Editorial
Format: EPUB
Kopierschutz: 0 - No protection

Alternativas filosóficas a la economía del crecimiento

E-Book, Spanisch, 328 Seiten

Reihe: Contrapunto

ISBN: 978-84-254-4833-1
Verlag: Herder Editorial
Format: EPUB
Kopierschutz: 0 - No protection



La autora nos invita a pensar nuevas formas de relacionarnos social y economicamente, donde el centro está puesto en nuestros vínculos y el lugar esencial del territorio. ¿Cómo podemos explicar que la economía de crecimiento se haya convertido en un poder que se empeña en destruir la vida en lugar de sostenerla? ¿Cómo hemos llegado a producir un mundo cuyo motor es el hambre de la Tierra y de los seres humanos? ¿Podemos pensar en alternativas realmente sostenibles para reorganizar la sociedad? Este es el objetivo de Reanimar el mundo: la búsqueda de nuevas formas de relacionarnos con los otros, con nosotros mismos y con la Tierra, no desde una economía de mercado que solo puede conducir a la explotación del hombre por el hombre, sino desde las prácticas de vida que reverberan por todos lados y que fueron invisibilizadas por discursos hegemónicos. Para ello, Lina Álvarez recurre al método genealógico, adopta una perspectiva decolonial y analiza los discursos de la fisiocracia -escuela francesa de filosofía política del siglo XVIII- y de los pensamientos de la Tierra, estableciendo entre ellos un diálogo. Esto le permite, por un lado, desocultar los dispositivos de poder determinantes en la configuración del orden colonial-moderno-capitalista; y por el otro, visibilizar rutas alternativas para organizar la producción, el consumo y la toma de decisiones políticas en la sociedad, basadas en criterios de justica cosmocéntricos. Estas alternativas podrían abrir el camino a la estructuración de las sociedades alrededor del cuidado, la regeneración y la reciprocidad con nuestros territorios, y así, con nuestros cuerpos y con nuestra casa común que es la Tierra.

Lina Álvarez Villarreal es profesora asistente de teoría política en la Universidad de los Andes de Bogotá y Doctora en filosofía por la Universidad Católica de Lovaina. Sus actuales líneas de investigación se enfocan en los feminismos del sur, economías alternativas y los pensamientos anticoloniales.
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Introducción


1. La ficción de la economía moderna


Se nos ha hecho creer que la economía es un saber neutro, regido por leyes universales provenientes de la esfera pretendidamente apolítica del mercado. Se nos dice que el objetivo de este saber es el crecimiento progresivo de la riqueza en un mundo que se asume está formado por individuos cuyas necesidades son insaciables, mientras que los medios para satisfacerlas son escasos. Al mismo tiempo, estos individuos son presentados como fuente del valor, en la medida en que se afirma que la riqueza es producida por el trabajo humano (como en el pensamiento de Ricardo) o por la valoración subjetiva de la utilidad de un bien (como en la teoría de Walras o Jevons). Los estudios críticos de la economía política —desde los análisis marxistas hasta las teorías decoloniales, pasando por los estudios del posdesarrollo, los feminismos del Sur y la ecología política— nos han permitido comprender el profundo daño que tal idea ha causado al tejido de la vida. En efecto, este discurso ha servido para dar forma a un proyecto histórico que transforma el mundo vivo en un mundo-cosa, «la naturaleza-cosa, el cuerpo-cosa, las personas-cosas».1 La desconexión constituye la operación ontológico-política que posibilita la efectuación de dicho mundo-cosa: desconexión de la ciudad y el campo, del sujeto y el objeto, del pensamiento y el sentimiento, de lo masculino y lo femenino, de la economía y la política, de la producción y el consumo, de la economía y la realidad material y, ante todo, la desconexión del ser humano y la tierra. Cosificado, el mundo es poco más que un conjunto de elementos listos para ser apropiados y consumidos por una subjetividad cuya pulsión predominante es instrumental en lugar de ser relacional.2

Ciertamente, sería un error reducir tal estado de cosas al simple discurso económico. Pero es innegable que la economía ha tenido un papel central en la naturalización de un proyecto que ha llevado la guerra contra el ser humano y contra la tierra por todo el planeta, produciendo fronteras entre zonas de humanidad y subhumanidad y transformando territorios de vida en geografías del hambre y del terror. A pesar de la evidente hegemonía que este proyecto ha llegado a ejercer, la teoría social crítica se ha esforzado en visibilizar la existencia de formas alternativas de organizar las relaciones sociales cuyo objetivo no es la acumulación de capital sino la acumulación de relaciones. En este proyecto histórico de la reconstitución de antiguos y aun la creación de nuevos vínculos, la economía aparece como un saber cuyo objetivo es el sostenimiento de la vida humana y no-humana. Aquí el ser humano es concebido como si fuera parte de un tejido de relaciones al que debe su existencia y se afirma que en el mundo hay suficiente para satisfacer las necesidades de cada uno, mas no para cumplir las fantasías y dar rienda suelta a las extravagancias de algunos. Esta clara diferencia entre las dos formas de concebir y practicar la economía nos ha llevado a utilizar el término oikonomía para referirnos a esta última acepción en la que la regeneración de la vida humana y más que humana se convierte en el eje de las prácticas cotidianas y del saber político. El claro contraste entre estos dos proyectos históricos (el de la acumulación de capital y el de la acumulación de vínculos) nos ha llevado a hacer de la pregunta ¿qué es la economía? el tema de nuestro libro.

Para responder a esta pregunta directriz, nuestra investigación parte de la premisa según la cual la economía no tiene una esencia atemporal. Como todo discurso humano, la economía está configurada y es transformada por prácticas sociales, geohistóricas, que a su vez dan lugar a formas de actuar, pensar y desear. Estas prácticas están siempre constituidas por relaciones de poder y de r-existencia que se elaboran en geografías y temporalidades plurales, que se cruzan y se entrelazan. Por eso, para responder a la pregunta por la economía, previamente es necesario cartografiar su historia, indagar sus puntos de emergencia, así como sus contradicciones y transformaciones. Por supuesto, nuestro trabajo no es el primero que intenta responder a esta pregunta. Sin embargo, la mayoría de los estudios críticos sobre la economía se han concentrado en analizar las transformaciones que ha tenido el modo de producción capitalista/colonial durante los siglos XIX y XX. Así, por ejemplo, Polanyi se concentró en analizar el proceso de desconexión de la economía y la política que tuvo lugar a partir del siglo XIX; los estudios sobre el posdesarrollo, por su parte, han analizado la economía como discurso a partir de los procesos de independencia de las últimas colonias europeas en América, África y Asia y el surgimiento de una nueva distribución geopolítica en la que los Estados Unidos pasaron a ocupar un lugar central gracias al uso del discurso del desarrollo.3 De esta forma queda claro el hecho de que el discurso económico ha operado como una tecnología de poder y que hay elementos coloniales que siguen trabajando durante la independencia de las antiguas colonias; sin embargo, la manera como el saber económico se fue constituyendo durante la primera modernidad en relación con el hecho colonial no ha sido aún explorada en profundidad. Al mismo tiempo, estos análisis se han enfocado en examinar las concepciones y prácticas económicas alternativas que se están llevando a cabo en la actualidad o que provienen de los pueblos no europeos.4 Dichos trabajos tienen la gran ventaja de visibilizar saberes que han sido sistemáticamente negados y ocultados por siglos de colonialidad y asimismo mostrar que existen alternativas a la economía del crecimiento desarrollada en el Norte global. Sin embargo, presentan el peligro de alimentar la imagen de una Europa omnipotente desde sus inicios, destructora de geografías externas, pero internamente preservada de su propia violencia. El peligro está en reproducir de manera inconsciente la estructura maniquea propia de la colonialidad y en ocultar el hecho de que el proceso de extirpación colonial implicó simultáneamente el ejercicio de una violencia extrema en el interior de Europa, aunque diferenciada con respecto a aquella ejercida en las geografías coloniales.

Teniendo en cuenta las contribuciones y límites de estos estudios, este libro amplía la genealogía de la economía política adoptando una perspectiva decolonial. Para ello, nos centramos en analizar la economía tal y como se fue construyendo durante los siglos XVII y XVIII, tomando como objeto de análisis los escritos de la fisiocracia, la escuela de economía política fundada por François Quesnay y Victor Riquetti Mirabeau. Se nos reprochará que nuestro análisis no es decolonial sino eurocéntrico, debido al lugar de proveniencia de nuestro objeto de estudio. A esta objeción respondemos que la perspectiva decolonial es ante todo una nueva grilla para leer la historia moderna en su totalidad. Su punto de partida es el trauma producido por la Conquista, el régimen ontológico dualista instaurado como su consecuencia y la manera de relacionarse con el Otro reduciéndolo a lo Mismo. El objetivo de la perspectiva decolonial no puede ser entonces hacer de los vencidos de hoy los vencedores del mañana, pues esto significaría repetir la lógica dualista colonial. De lo que se trata, en realidad, es de reconstituir los lazos destruidos por siglos de colonialidad, para así dar lugar a una nueva humanidad. Para esto, es necesario partir de las heridas infligidas de manera diferencial en las diversas partes del mundo, incluyendo Europa. Por eso hemos decidido hacer nuestro el principio metodológico planteado por Césaire, según el cual una investigación anticolonial debe comenzar por estudiar «cómo la colonización trabaja para descivilizar al colonizador […] para degradarlo»,5 haciéndolo desear su propia destrucción. Bajo esta perspectiva, la pregunta ¿qué es la economía? puede ser declinada en estas otras: ¿cómo podemos explicar que la economía se haya convertido en un saber-poder que se empeña en destruir la vida en lugar de sostenerla? ¿Cómo hemos llegado a producir un mundo cuyo motor es el hambre de la tierra y de los seres humanos? Finalmente, ¿han existido alternativas a este discurso mortífero y, de haberlas, ¿cuáles son sus características y puntos en común?

La fisiocracia constituye un lugar epistemológico privilegiado para realizar una genealogía del discurso económico por tres razones: en primer lugar, esta corriente de pensamiento surge en un momento crucial de la historia de la colonialidad, pues es a partir del siglo XVIII que Europa comienza a competir con China, India y el mundo persa por convertirse en el centro del mercado mundial.6 En esta época, el centro neurálgico del poder en Europa se desplaza de España y Portugal a Holanda, Francia e Inglaterra. Estos cambios geopolíticos conllevan transformaciones mayores en la manera de relacionarse con el Otro: pueblo racializado, mujer o naturaleza. Pensamos concretamente en la promulgación del Código Negro de Colbert, mediante el cual se ontologizó la esclavitud, en la súbita transformación del régimen de plantación que pasó del policultivo al monocultivo y en la prohibición de establecer manufacturas en las colonias.7 En segundo lugar, la fisiocracia es la primera escuela que propuso una teoría de economía política a la manera de un todo...



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