E-Book, Spanisch, Band 194, 576 Seiten
Reihe: Pensamiento
Mañach / Espinosa Domínguez Martí: ala y raíz
Compilación de Carlos Espinosa Domínguez
ISBN: 978-84-9953-939-3
Verlag: Linkgua
Format: EPUB
Kopierschutz: 6 - ePub Watermark
E-Book, Spanisch, Band 194, 576 Seiten
Reihe: Pensamiento
ISBN: 978-84-9953-939-3
Verlag: Linkgua
Format: EPUB
Kopierschutz: 6 - ePub Watermark
Jorge Mañach y Robato (Sagua la Grande, 1898-San Juan de Puerto Rico, 25 de junio de 1961). Cuba. Escritor, periodista, ensayista y filósofo, autor de una biografía de José Martí y de numerosos ensayos filosóficos. Se graduó de Filosofia y Letras por la Universidad de Harvard (1920) en la que trabajó, amplió sus estudios en París (Universidad de Droit, 1922) y regresó a La Habana en 1924, terminando allí sus doctorados en Derecho Civil y en Filosofía y Letras. Colaboró con la revolución de 1933 y en la resistencia contra Batista. Vivió en Cuba en 1959, y en 1960 se fue a vivir a Puerto Rico, inconforme con los postulados de la Revolución de Fidel Castro.
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MARTÍ COMO NORMA Y SAGRADO DEBER
El tema martiano, lo comentó Anita Arroyo, no solo es el que vertebra lo mejor de la producción de Jorge Mañach, sino el que norma su propia vida.1 A la figura a quien él consideraba «nuestra más noble grandeza», dedicó conferencias, ensayos, cursos universitarios, artículos periodísticos que suman centenares de páginas. Es significativo que el último texto que alcanzó a escribir estaba dedicado a José Martí (me refiero a «José Martí: rompeolas de América»). Pero paradójicamente, la bibliografía martiana que publicó en vida se reduce a un solo título, Martí, el Apóstol, una biografía que marcó un hito.
A ese libro se pueden agregar tres folletos: El pensamiento político y social de Martí (edición oficial del Senado, 1941, 37 páginas) y El Ismaelillo, bautismo poético (Imprenta El Siglo XX, 1948, 35 páginas) y el discurso pronunciado en la inauguración del Rincón Martiano en el Parque de los Mártires de Santa Clara (15 páginas). El primero recoge la conferencia que Mañach pronunció en el Senado de la República el 29 de enero de 1941, con motivo del aniversario del nacimiento de Martí. Las tres fueron ediciones no venales y probablemente de poca tirada, y como ya digo se trata de folletos. Sí es propiamente un libro El espíritu de Martí, pero que vino a ver la luz póstumamente, cuando fue editado en Puerto Rico en 1972 por la Editorial San Juan. Antes había circulado en una impresión mimeografiada hecha por la Cooperativa Estudiantil Enrique José Varona, pues se trataba de las conferencias del curso impartido por Mañach en la Cátedra Martiana de la Universidad de La Habana, en 1951.
La pasión martiana de Mañach se manifestó tempranamente. Era un joven veinteañero cuando publicó sus primeros artículos periodísticos sobre el tema, aunque aún no lo abordaba directamente. Lo cual es comprensible y lógico, pues en las primeras décadas de la etapa republicana la obra de Martí era prácticamente desconocida. De ahí que los estudios dedicados a la misma estaban en una etapa muy incipiente (es de elemental justicia mencionar los loables esfuerzos hechos entonces por escritores como Arturo R. Carricarte, Emeterio S. Santovenia y Félix Lizaso).
No existían antologías ni ediciones populares de los escritos del Apóstol. En 1900, Gonzalo de Quesada puso en marcha el proyecto de editarlos, a razón de un libro por año, el cual concluyó en 1915. En 1919 salió de la imprenta una antología de Páginas escogidas, compilada por Max Henríquez Ureña. Los primeros intentos de publicar sus obras completas corresponden a Néstor Carbonell (8 volúmenes, 1918-1920) y al argentino Alberto Ghiraldo (8 volúmenes, 1924-1929). En 1946, la Editorial Lex lanzó una edición en dos tomos, que estuvo a cargo de Manuel Isidro Méndez y Mariano Sánchez Roca. Al primero se debe también un Ideario de Martí (1930).
Con Martí, el Apóstol (Espasa Calpe, Vidas españolas e hispanoamericanas del siglo XIX, Madrid, 1933, 319 páginas), Mañach aportó un libro largamente esperado. Era una vergüenza nacional el hecho de que más de tres décadas y media después de su caída en combate, no contáramos con una biografía de quien fue «el prócer más preclaro de nuestra historia». Mañach además se apartó de la mitología que hizo de Martí una estatua de museo, rodeada de cromos y alusiones deificadoras (algo así era lo que había hecho Alfonso Hernández Catá en Mitología de Martí). Martí, el Apóstol retrata a un ser humano excepcional, pero ser humano al fin. Mañach destaca el puro contenido humano de aquella vida sorprendente y muestra no solo la figura histórica, sino también el hombre. Renuncia incluso a los disimulos en torno a la vida amorosa, una faceta condenada por los aspavientos de la moral superficial.
En el prefacio que redactó para la traducción al inglés, Gabriela Mistral comentó que Mañach «posee ciertas gracias nada comunes en los biógrafos tórridos: posee el verbo, no la verba, y por esto, él pertenece a la angosta familia de los que son virilmente sobrios; de otra parte, su prosa mantiene la constante objetividad que pide el género histórico, sin que le falte la ración de subjetividad que el biógrafo frío dará siempre. Y un celo de no omitir nada importante lo trabaja a lo largo de vida tan cargada de trabajos y de ajetreos y tan compleja en lo íntimo y en lo exterior».2 Reeditado en numerosas ocasiones, Martí, el Apóstol fue vetado en Cuba a partir de 1960 y no volvió a ver la luz hasta 1990, cuando no fue posible escamotearle más sus sólidos valores.
Pero la bibliografía martiana de Mañach dista muy mucho de reducirse a los títulos antes mencionados. De hecho, fue ese el tema sobre el cual más reincidió a lo largo de las casi cuatro décadas que van de «El Apóstol y el habitante» (noviembre 1922) a «José Martí: rompeolas de América» (julio 1961). En esos años redactó decenas de trabajos periodísticos, ensayos y conferencias que nunca se ocupó de recoger en libro, y que ahora se recogen en este volumen. Pese a que he puesto mi empeño en rescatar todo el material que he podido, no puedo afirmar que sea todo el existente. Hay, por ejemplo, algunos trabajos aparecidos en el diario El País que no me fue posible incluir, debido al mal estado de conservación de algunos de los ejemplares de esa publicación. Hablo de la colección de la Biblioteca Nacional José Martí, pues fuera de Cuba ninguna institución tiene ese periódico.
Decía Gabriela Mistral que todo cubano es un escudero de Martí. Más que una realidad, expresa lo que en inglés se define como wishful thinking. En todo caso, en lo que toca a Mañach esas palabras le hacen plena justicia. Su dedicación a la faena de divulgar la figura y la obra de Martí entre sus compatriotas fue tan admirable como tenaz. El periódico, el aula universitaria, las ondas radiales, la tribuna, la televisión: todos los medios le parecían pocos para dar a conocer el ejemplo, el mensaje y el legado escrito de aquel a quien consideraba «el último y el más inmediato de nuestros próceres, el fundador decisivo de la República». Para él, aprovecharnos de su videncia, aleccionarnos con sus prevenciones, enfebrecernos con su ideal, constituían un sagrado deber.
En los textos que dedicó a Martí, Mañach abordó múltiples y variadas facetas de su obra, su pensamiento y su ejecutoria. Reconoció que como escritor, como pensador y como actor histórico fue eminente, por dominio y trascendencia; pero defendía que su genialidad radicaba en que era integral. «Es la personalidad total, la obra total, el total sentido lo que más cuenta en él», sostuvo.3 Admiraba al intelectual y veneraba al hombre de acción por su trascendente lección de servicio. Por eso ser acercó a él y lo estudió desde diferentes ángulos y perspectivas. Pero de igual modo, consagró buena parte de su labor a luchar porque Martí no fuera simplemente un prócer en el santoral de las tribunas, porque su memoria fuese honrada con obras y no con la sublimación oratoria y la retórica irresponsable. En varios de los trabajos que aquí se pueden leer criticó duramente el que Martí no tuviese una patria digna de él, una República a su medida. En ellos reivindica su legado como necesidad ética en momentos de gran indignidad política. En 1953, como él denunció, «un golpe militar artero, maquinado por conciertos nefandos de la experiencia y del oportunismo, de la ambición y del soborno, subvirtió la autoridad política reconocida como legítima».4 El régimen de Fulgencio Batista estrenó su hipocresía pretendiendo honrar el Centenario del nacimiento de Martí. Mañach fue invitado a sumarse a las actividades, pero se negó a prestarse al coro y no asistió a ninguna de ellas. En ese sentido, es oportuno recordar las dos cartas abiertas que escribió al destacado escritor mexicano José Vasconcelos, quien tomó parte en los actos oficiales y, al regresar a su país, redactó un artículo elogiando la situación de Cuba bajo la tiranía.5
La bibliografía martiana de Mañach es —aplico lo que él escribió sobre un prominente compatriota suyo— particularmente espléndida en los dos sentidos del término: en el de la abundancia y en el de la agudeza. El rescate de estos textos suyos viene a confirmar el gran valor de sus aportaciones. Prueban que por su comprensión profunda, su precisión estimativa, su fervor y su asiduidad, pocos estudiosos del tema pueden parangonarse con él. Solo por ellos, bastaría para que se le reconozca a Mañach el lugar sobresaliente que le corresponde en la cultura cubana y que tan a menudo se le escamotea.
Carlos Espinosa Domínguez
Aranjuez, junio 2018.
Anita Arroyo: «Martí y Mañach», El espíritu de Martí, Editorial San Juan, Puerto Rico, 1972, pág. 5.
«Algo sobre Jorge Mañach», La lengua de Martí y otros motivos cubanos, compilación de Jaime Quezada, LOM Ediciones, Santiago de Chile, 2017, pág. 141.
El espíritu de Martí, pág. 47.
Jorge Mañach: «Significación del Centenario Martiano», Lyceum, febrero-marzo 1953, pág. 24.
«Carta abierta a Don José Vasconcelos», 22 febrero 1953, págs. 48-49, 79; «Segunda carta a Don José...




