E-Book, Spanisch, 384 Seiten
MacShane La vida de Raymond Chandler
1. Auflage 2019
ISBN: 978-84-17077-07-5
Verlag: Editorial Alrevés
Format: EPUB
Kopierschutz: 6 - ePub Watermark
E-Book, Spanisch, 384 Seiten
ISBN: 978-84-17077-07-5
Verlag: Editorial Alrevés
Format: EPUB
Kopierschutz: 6 - ePub Watermark
Frank MacShane (1929-1999) cursó estudios universitarios en Harvard, obtuvo un máster en Yale y un doctorado en Oxford en 1955. Fue profesor en Hotchkiss School, en Vassar College, en la Universidad de California en Berkeley y en Williams College. En 1967 fundó el Departamento de posgrado de escritura creativa en la Universidad de Columbia y es ampliamente reconocido como uno de los primeros académicos en estudiar Raymond Chandler y su obra. Para MacShane, Raymond Chandler era más que un escritor de misterio y novela negra, ya que marcó un estilo literario propio y fue un gran observador del estilo de vida norteamericano.
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DE NEBRASKA A DULWICH
Dos años antes de morir, Raymond Chandler escribió a su agente de Londres: «He vivido mi vida al borde de la nada». Sentía la vida con gran intensidad, y esto contribuyó a hacer de él uno de los mejores novelistas de su tiempo, con un alcance emocional que pocos de sus coetáneos pudieron conseguir. Como principal exponente de la escuela del «hombre duro» en los relatos de misterio, Chandler era también un poeta romántico. Durante su vida alcanzó la fama como novelista, y el héroe de sus libros, Philip Marlowe, era conocido por millones de lectores. No obstante, la sensibilidad emocional que hizo posible este logro literario también le hizo desgraciado como ser humano. El escritor galés Jon Manchip White, que conoció a Chandler en el hotel Connaught de Londres, donde solía alojarse hacia el final de su vida, le describió como «un hombre extraordinariamente completo y profundamente desdichado. En su carácter no había resignación, y era incapaz de aceptar el hecho de que ninguno de nosotros, y menos aún los artistas, encuentra jamás lo que busca y ha de conformarse al final con lo que tiene y es». Raymond Chandler era temperamentalmente incapaz de esta clase de aceptación. «Supongo que todos los escritores están locos —escribió—, pero si hay algunos buenos, creo que tienen una terrible honestidad.»
Chandler era honesto en su modo de percibir la existencia ordinaria, pero también poseía un sentido de las posibilidades y aspiraciones humanas. Era en parte un soñador, un poeta de los ideales de amor, belleza y generosidad. Debido a su gran conciencia del abismo existente entre estos dos niveles de la realidad, sufría intensamente. También estaba sujeto a impulsos contradictorios, que controlaba lo mejor que podía mediante el orden excepcional de su mente. No es ninguna sorpresa que este exponente de la ficción «dura» llevase una vida retirada y extremadamente íntima. Era tímido y retraído, suspicaz con los extraños e incluso hostil hasta que descubría que podía confiar en ellos. En terreno seguro, se mostraba amable y ocurrente, tan gracioso como sus libros. Pero al igual que su detective de ficción, siempre estaba en guardia y al mismo tiempo era consciente de sus propias peculiaridades. «Soy estrictamente el tipo del todo o nada —escribió a Hamish Hamilton, su editor londinense, contestando a una invitación a una cena en su honor—, y mi carácter es una desagradable mezcla de timidez externa y arrogancia interior.»
Lo bastante cínico para considerar la vida «una palmada en el hombro, hoy, un puñetazo en los dientes, mañana», era también extraordinariamente sentimental. Sintiera lo que sintiese, siempre lo hacía de modo apasionado. Le costó casi cincuenta años aprender a reunir en una obra de ficción los impulsos contradictorios de su naturaleza, pero cuando por fin lo consiguió, supo crear obras de valor y amenidad perdurables. A los sesenta y cinco años escribió: «Espero haberme desarrollado, tal vez sólo estoy cansado y reblandecido, pero en modo alguno maduro. Al fin y al cabo, tengo un cincuenta por ciento de sangre irlandesa».
Es probable que tuviera todavía más. Su madre, Florence Thornton, era totalmente irlandesa, habiendo nacido en Waterford, y su padre, Maurice Benjamin Chandler, de Philadelphia, también llevaba sangre irlandesa en sus venas. Descendía de cuáqueros llegados de Irlanda que se establecieron cerca de Philadelphia en los siglos XVII y XVIII. Anteriormente, durante el período de Cromwell, los Chandler se habían trasladado de Inglaterra a Irlanda, donde muchas de las antiguas propiedades eran vendidas por una cantidad ínfima a los colonizadores, o «aventureros», como se llamaban entonces.
Maurice Chandler nació en 1859, y en 1880 se matriculó como estudiante especial de ingeniería en la Escuela Científica Towne de la Universidad de Pennsylvania. Maurice vivió solo en casas de huéspedes durante su estancia en la universidad, y en los archivos no se hace mención de sus padres. Al cabo de dos años obtuvo un certificado de aptitud de la Escuela Towne, pero no recibió título universitario.
Entonces se fue a Chicago, donde trabajó para una de las compañías de ferrocarriles Western, probablemente la Union Pacific, y vivió en distintos puntos de la línea. En Omaha, que por aquel tiempo era un gran centro ferroviario que requería los servicios de ingenieros jóvenes, conoció a Florence Dart Thornton, que había viajado desde Irlanda hasta Plattsmouth, Nebraska, para vivir con su hermana Grace, casada con un hombre llamado Ernest Fitt. La amistad de Chandler y Florence maduró, y en 1887 contrajeron matrimonio en Laramie, Wyoming, que también estaba en la línea de la Union Pacific. La ceremonia fue celebrada en la iglesia episcopaliana de St. Matthew por el reverendo George Cornell, y los únicos testigos fueron William y Nettie Comley, que a su vez estaban de paso en esta ciudad fronteriza donde casi no se había plantado ningún árbol para suavizar la aridez de los nuevos edificios de madera.
Maurice y Florence Chandler se instalaron en Chicago, y allí, el 23 de julio de 1888, dos días antes del primer aniversario de su matrimonio, nació Raymond Thornton Chandler. «Fui concebido en Laramie, Wyoming —observó más tarde Chandler—, y si me lo hubieran preguntado, yo habría preferido nacer allí. Siempre me han gustado las grandes altitudes, y Chicago no es un lugar donde un anglófilo desearía nacer.» Como Maurice viajaba por negocios muy a menudo, Florence y su hijo pasaban los veranos en Plattsmouth, en casa de los Fitt. Años después, Chandler recordaba algunas de sus experiencias allí: «Me acuerdo de los robles y de las elevadas aceras de madera junto a los caminos fangosos, del calor, las luciérnagas, los bastones y un montón de extraños insectos, de la vendimia en otoño, del ganado muerto, de algún que otro cadáver flotando río abajo y del elegante retrete de tres agujeros que había detrás de la casa. Me acuerdo de Ak-Sar-Ben (Ak-Sar-Ben —Nebraska escrito al revés— es una sociedad filantrópica de la clase media) y de los días en que aún intentaban elegir a Bryan. Me acuerdo de las mecedoras al borde de la acera, todas en fila frente al hotel, y de la saliva del tabaco por todas partes. Y recuerdo un recorrido de prueba en un vagón con una máquina inventada por mi tío para recoger el correo sin detenerse, pero alguien le robó la idea y no le dieron ni un céntimo».
Chandler tenía buen ojo para la gente que conocía, incluyendo a su tío Ernest Fitt, que era «un político de poca monta, y deshonesto, si entiendo algo de carácter». Chandler le recordaba como «inspector de calderas o algo por el estilo, al menos de nombre. Cuando llegaba a casa por la tarde (durante el período de Plattsmouth), solía colocar el pentagrama en el atril e improvisar mientras lo leía. Mi tío tenía talento, pero ninguna educación musical. Su hermano era un personaje sorprendente. Había sido empleado o director de un banco en Waterford, Irlanda (de donde procede toda mi familia materna, aunque ninguno de sus miembros era católico), y había hecho un desfalco. Un sábado vació el cajón y, con ayuda de los masones, escapó de la red policial y huyó al continente, a Europa. En un hotel de Alemania le robaron el dinero, o casi todo. Cuando yo le conocí, mucho tiempo después, era un tipo extremadamente respetable, siempre impecablemente vestido y de una parsimonia increíble. Una vez me invitó a cenar y a los festejos de la Ak-Sar-Ben. Después de la cena se inclinó hacia mí y me dijo en tono de confidencia: “Cada uno pagará lo suyo”. Y no es que tuviera una sola gota de sangre escocesa. Era puro irlandés protestante de la clase media».
Chandler nunca contó gran cosa de su propia infancia en América, excepto que a la edad de siete años tuvo la escarlatina en un hotel. «Recuerdo sobre todo el helado y el placer de arrancarme la piel durante la convalecencia», escribió. Tal vez su reticencia se deba a recuerdos de la discordia entre sus padres. Ausente con frecuencia, su padre bebía además con exceso. A su debido tiempo se produjo la inevitable separación y el divorcio. Chandler hablaba raramente de su padre y a veces le llamaba «un completo cerdo». Su desaparición total de la vida de Chandler, y el hecho de que no siguiera manteniendo a su exesposa y a su hijo, le hicieron un hombre reprobable, y Chandler nunca le perdonó las dificultades que todo ello causó a Florence.
Pese a la división de la familia, los recuerdos de Chandler del Medio Oeste revelan cierto deleite por la vida modesta e informal de Plattsmouth. Era indolente y tranquila, y al mismo tiempo un terreno abonado para los embaucadores. El Nebraska de la adolescencia de Chandler parece haber sido una preparación muy adecuada para la ciudad de Los Ángeles que describiría posteriormente.
Después del divorcio, Florence y su hijo de siete años embarcaron con destino a Inglaterra, donde se instalaron en una casa de Upper Norwood, un suburbio al sur de Londres, cerca del Palacio de Cristal. La casa había sido adquirida originalmente por el tío de Chandler, Ernest Thornton, un abogado de Waterford, como un lugar donde su madre podría vivir después de la muerte de su marido. El hogar de Irlanda no había sido feliz porque no lo era la propia familia. «Todas las chicas menos una —escribió más tarde Chandler— eran bellezas, y todas menos una (la misma) se casaron desventajosamente para abandonar el hogar.» La única hermana poco agraciada vivía ahora sola con su madre en Upper Norwood, y ninguna de las dos recibió a Florence y su hijo con mucho entusiasmo. Años después, Chandler recordaba las diversas humillaciones...




