E-Book, Spanisch, 568 Seiten
Reihe: 3P
Magagna / Saba Veile / Tizón El niño en silencio
1. Auflage 2021
ISBN: 978-84-254-4858-4
Verlag: Herder Editorial
Format: EPUB
Kopierschutz: 0 - No protection
La comunicación más allá de las palabras
E-Book, Spanisch, 568 Seiten
Reihe: 3P
ISBN: 978-84-254-4858-4
Verlag: Herder Editorial
Format: EPUB
Kopierschutz: 0 - No protection
Jeanne Magagna es psicoterapeuta infantil, de personas adultas y familiar. Fue directora de los servicios de psicoterapia en el Great Ormond Street Hospital for Children y durante muchos años dirigió el centro de formación de psicoterapia infantil del Centro Studi Martha Harris en Florencia y Venecia, Italia. Es docente y autora a nivel internacional. Marie Saba Veile, MA en psicoanálisis de la Universidad de Sheffield, es psicóloga clínica. Trabaja en práctica privada como psicoterapeuta psicoanalítica en Lima. Es miembro de la IARPP, la Asociación Internacional de Análisis Relacional. Entre sus principales intereses están el tratamiento psicoanalítico con adultos con déficit de atención e hiperactividad y dentro del campo del psicoanálisis aplicado, el análisis de mitos y obras literarias. Es profesora en la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas.
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Presentación del libro
Jeanne Magagna y Marie Saba Veile
Al empezar la vida, empieza la comunicación con los otros, continuación de la vida intrauterina, de sentir los latidos de la madre, las voces cercanas. Al nacer, el bebé tiene la necesidad de ser cuidado, de sentirse seguro, de percibir que sus necesidades físicas y emocionales son acogidas, contenidas y transformadas a través del contacto con otros. Los padres dependen de las señales del bebé para cuidarlo. Si están compenetrados, esas llamadas, invitaciones iniciales a través de llantos, se irán transformando primero, en gestos cada vez más claros y, luego, en palabras.
Sin embargo, podemos encontrar situaciones en las que el niño que habla deja de hacerlo. Puede también abandonar otras formas de comunicación como los gestos, los llantos e, incluso, la mirada. No existe, o parece que dejara de existir, una plataforma para las emociones. La necesidad de ayuda es innegable; los padres buscan profesionales, la conexión entre los miembros de la familia se ha interrumpido, la familia necesita apoyo y comienza un esfuerzo en común donde se consideran nuevas alternativas. Siempre es un camino nuevo el que se inicia. Ningún paciente, ninguna familia, ninguna relación con los terapeutas es igual a la otra. Es el inicio de un proceso de creación, cuyo resultado será tan individual como el proceso mismo.
Este libro es una exposición generosa de diversos autores con experiencia en estos procesos, en los que el silencio tiene un mensaje que es indispensable descifrar. Es un intento de ayudar a todos los involucrados en este proceso a alcanzar la comunicación con el paciente en silencio; un intento de ayudar a los padres de los pacientes a encontrar las herramientas y métodos necesarios para restablecer la comunicación perdida.
Nos encontramos con síntomas en los que confluyen vidas enteras, tanto del momento actual, como provenientes de la fuerza transgeneracional.
La idea inicial de este libro fue escribir acerca de las intuiciones, describir cómo es posible trabajar con personas regresionadas que han llegado al punto de no poder comunicarse verbalmente. Más allá de cerrarse al mundo, de no comer, de sentirse incapaces de reflexionar tanto sobre el mundo interno como, probablemente, sobre el mundo externo los cuales se han tornado insoportables, podemos encontrar una diversidad de grados y problemas psicológicos.
Lo que resultó ser de gran ayuda para el equipo de trabajo fue tratar de ver el mundo a través de los ojos de la persona que los ha cerrado, desde una identificación empática; también a través de los ojos de los familiares que la acompañan. De esta manera, psicoterapeutas, fisioterapeutas, enfermeras y demás personas involucradas en este proceso, pueden encontrar una forma emocionalmente presente, creativa y única de ofrecer una ayuda.
Tratar de acompañar a una persona a volver a encontrar la forma de comunicarse, especialmente a través del uso de las palabras, requiere que el equipo multidisciplinario, así como los familiares, compartan un viaje en el que se necesita que todos desarrollen y encuentren las palabras adecuadas sobre las propias experiencias en este trabajo. Estas experiencias fueron escritas, en un principio, para ser compartidas entre los miembros del equipo; sin embargo, fueron más tarde publicadas de manera independiente; y, finalmente, han sido recopiladas en esta edición para compartirlas con el lector interesado.
El libro se abre con el artículo escrito por el profesor Bryan Lask, psiquiatra consultor de la unidad Middle Creak del Hospital Great Ormond. En este primer capítulo, titulado «El sonido del silencio», Lask describe el trabajo que realizó con una adolescente anoréxica de 13 años, que rechazaba todo contacto con las personas que la rodeaban. Lask describe cómo una queja, un suspiro, un gemido o un grito pueden ser formas significativas de comunicación. Su hipótesis consiste en que si la persona ha dejado de hablar, debemos incluir y aceptar el silencio; puesto que el sonido que este crea nos dice mucho. Lask es un clínico carismático que nos permite observar a su paciente, así como la interacción paso a paso.
En el segundo capítulo, «Milo era un niño normal», la madre del niño al que hemos llamado, por respeto a la confidencialidad, Milo, nos relata el proceso por el cual atravesó toda la familia, en especial, ella y su esposo. Esta experiencia fue muy difícil de superar, especialmente al inicio, cuando no conseguían obtener respuestas ni una ayuda adecuada para resolver el problema del niño. Eran testigos de cómo otros niños enfermos se recuperaban rápidamente, mientras su hijo parecía no lograr ningún avance significativo. Los padres de Milo tuvieron que desarrollar muchas técnicas creativas, especialmente cuando sentían que esta situación les desbordaba y abrumaba. Asimismo, la madre de Milo encontró en la escritura una forma de abordar y asimilar todo el proceso, así como las experiencias dolorosas de las cuales no había hablado.
En el capítulo tres, «Comunicándose sin palabras», Jeanne Magagna describe cinco estados mentales que se pueden encontrar en el silencio de pacientes con retiro generalizado. Las viñetas obtenidas durante la observación de infantes son usadas para asistir a padres y profesionales en la búsqueda por entender las partes infantiles en la persona que no habla, las cuales inicialmente les hace sentir terriblemente rechazados. Los cinco estados mentales descritos son: darse por vencido; tener miedo; adherirse a un síntoma físico; sentir odio y rabia seguidos de una sensación de persecución; y experimentar una comprensión amorosa y una profunda resonancia con el otro.
En el capítulo cuatro, Alex Dubinsky, en «La contemplación de los bebés: el pensamiento reflexivo, la emoción y la reintegración del objeto bueno» explora la capacidad de comunicación de los bebés, a través de la observación de infantes. Las viñetas nos ayudan a entender el proceso, los intentos iniciales de formar símbolos y pensamientos, para luego poder comunicarse mediante las palabras. En este capítulo encontramos bellos momentos en los cuales se ilustra cómo el bebé logra encontrar representaciones simbólicas de la madre buena interna. Vemos, también, cómo las capacidades de pensar y de hablar se desarrollan en el infante.
En el capítulo cinco, «El “puente roto” de un bebé con sus padres», Jeanne Magagna describe cómo el desarrollo de las capacidades de hablar y pensar puede verse obstaculizado y hasta frenado por la naturaleza de las interacciones familiares. La falta de contención y la angustia en la infancia temprana pueden promover el empleo del recurso de no-pensamiento y el uso de sensaciones corporales para «mantener el self cohesionado emocional y físicamente». Este capítulo presenta un cuadro de los estados infantiles a los cuales los niños que no hablan regresionan, cuando su estructura psíquica se ve sobrepasada por experiencias emocionales disruptivas, relacionadas con la rabia, el odio, la tristeza, la desesperación, el miedo, el abuso, el abandono y otras formas de trauma.
En los capítulos seis y siete, Jeanne Magagna describe diferentes formas de terapia individual y familiar, donde se cuenta con la presencia de la madre, quien ayuda a entender al niño. Los padres son una especie de colegas, en una experiencia compartida que consiste en observar secuencias de interacción y sostener tanto los propios sentimientos como los del infante durante suficiente tiempo como para poder «prestar» la capacidad de pensar. Jeanne, a su vez, invita a la familia a reflexionar sobre los traumas transgeneracionales que se expresan en interacciones actuales entre el terapeuta y el niño (Faimberg, 1988).
En el capítulo ocho, «Péndulo», Elisabeth Kreimer nos invita a compartir tanto la experiencia, como sus reflexiones en torno a su encuentro con Claire, una niña que a los ocho años seguía sin hablar. Elisabeth, ahora muchos años después de este proceso, se pregunta, ¿por qué estaba sola? Con esta pregunta, nos hace reflexionar tanto sobre la necesidad de la compañía contenedora como sobre las dificultades que surgen cuando el trabajo no se realiza en equipo. En un proceso que va desde el caos, la rigidez congelada y congeladora, a la explosión que genera el espacio para crear, para gozar al sentirse siendo y moviendo. Mientras esta pareja analítica va dando puntadas de conexión, Elisabeth nos enfrenta a sorpresivos desencuentros, quizá indispensables separaciones para poder más tarde acercarse. Ya en ese entonces, aparece lo que hoy la autora propone como reverie somático, donde más allá de las palabras, el cuerpo aparece como instrumento y guía indispensable para lograr saber que nos sentimos.
En el capítulo nueve, los movimientos oscilantes contratransferenciales son también centrales para lograr una cercanía necesaria para dar lugar a los estados primitivos de la mente. Mariángela Mendes trabaja una canción de Chico Buarque y un sueño producido por ella misma, para reflexionar tanto acerca de los estados primitivos de la mente como sobre la técnica psicoanalítica ofrecida a niños con trastornos autísticos. Mendes se detiene a pensar sobre el deseo de contacto experimentado por el analista, y sobre los impasses que encontramos, como terapeutas, en la práctica clínica.
Es frecuente observar a terapeutas tratando de «sacar» alguna palabra al paciente que no habla. Sin embargo, esto puede ser sentido como una intrusión por quien no está aún listo para hablar, lo que hace que la...




