Malagarriga | Responsania. El nuevo mundo | E-Book | www.sack.de
E-Book

E-Book, Spanisch, 650 Seiten

Reihe: Narrativa

Malagarriga Responsania. El nuevo mundo

III. La gestión
1. Auflage 2017
ISBN: 978-84-16496-25-9
Verlag: Ushuaia Ediciones
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)

III. La gestión

E-Book, Spanisch, 650 Seiten

Reihe: Narrativa

ISBN: 978-84-16496-25-9
Verlag: Ushuaia Ediciones
Format: EPUB
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En esta nueva entrega de la saga Responsania, son muchas las cosas que han cambiado respecto de cuando la familia Bonafita llego al país hace ya tantos años. No solo ellos como individuos y como familia, también la misma Responsania como país,y las consecuencias empiezan a verse en esta nueva aventura. Dieciséis años después de que Pau superara su última 'gran prueba', toda Responsania se verá abocada a una gran crisis, que afectará a toda la sociedad en su conjunto: la amenaza de una invasión extranjera. Seguramente este es el peor de los retos que debe afrontar una comunidad de personas, ya que es precisamente causado por otra comunidad de personas. Todo lo que conocían se verá amenazado. Todo lo que han construido tendrá fecha de caducidad. Y todos y cada uno de sus habitantes tendrán un papel que jugar en la contienda. Y Pau, ya todo un hombre, deberá hacerse cargo de su primer gobierno local. En estas circunstancias, temas como el poder, el liderazgo, el miedo, la guerra y el sacrificio serán tratados en toda su extensión, ampliando el círculo de influencia al que cada uno de nosotros afecta. Y también la entrega, la deliberación y la toma de decisiones, las prioridades y el sentido de lo que parece no tener sentido. Junto con nuevos y controvertidos personajes que nos permitirán descubrir partes ocultas en nosotros mismos y en los demás. Más retos para Pau y su familia, y esta vez también para toda la sociedad, con los que solamente unidos podrán convertir la peor de las situaciones en la mejor de las oportunidades.

MARC MALAGARRIGA. Nacido en Barcelona el 10 de septiembre de 1982, sufrí una fuerte crisis existencial mientras cursaba tercero de administración y dirección de empresas, lo que me hizo abandonar esta carrera y tomarme un año para descubrir quién era y qué quería hacer con mi vida. Durante este tiempo, hice diversas actividades relacionadas con la política y la filosofía, sin tomar partido de manera directa, lo que me ayudó a ampliar las miras y me llevó a Argentina primero y, después, a conocer a Lluís Maria Xirinacs, uno de los mejores referentes y una de las mejores personas que hubiera podido encontrar en aquellos momentos de incertidumbre. Con él, y ya inmerso de lleno en la licenciatura de Filosofía para encontrar las tan anheladas respuestas que buscaba, participé en la Fundación Randa y en su modelo de la realidad Globálium. Ya entonces tenía las miras puestas en la creación de una nueva sociedad y de un nuevo modelo social, político, económico y educativo más justo, natural y equilibrado, que poco a poco se fue definiendo a medida que estudiaba y viajaba por el mundo. La crisis existencial que se había originado años atrás, lejos de disminuir, fue yendo in crescendo durante los años siguientes, llegando a su punto álgido el último año de carrera. Las respuestas las tenía. Pero el mundo que me rodeaba parecía llevarme la contraria. Más por obligación que por apetencia y ya licenciado, me vi forzado a hacer un retiro espiritual que me llevó a conocer a la otra gran referente de mi vida, Helen Flix, con quien he compartido estos últimos tiempos de trabajo de evolución personal. Con ella se abrió una nueva puerta de luz y esperanza y juntos trabajamos en la realización de una serie de proyectos para poder materializar todas aquellas ideas que, sin saberlo, siempre habíamos compartido: la necesidad de crear un mundo mejor.
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LAS INTENCIONES


¿Es que aquella mujer les estaba tomando el pelo? ¿O es que simplemente no sabía lo que hacía? ¿A qué venían aquellas preguntas? ¿Por qué no iba directamente al grano? ¿Y ese último comentario de que a ella le gustaba el mar? ¡¿¡Y a ellos qué les importaba!?! ¡Como si le gustaba ponerse a cuatro patas y ladrar! Un poco extraño, sí; ¡pero totalmente irrelevante! ¿Por qué todavía no les habían ofrecido nada para comer ni beber? ¡Con la sed que tenían! Y debido a la ropa que llevaban no era de extrañar lo que debían estar sudando. ¿Es que ni eso se podían permitir? ¿O se trataba de otra cosa? ¿De mala educación? ¿De dejadez? ¿O lo hacían expresamente? Pero, bien mirado…, no sabían si era mejor no probar nada de lo que les pudieran traer… Y lo más preocupante de todo: ¿por qué tenían que hablar con una persona que estaba a años luz de estar a su altura? Tan sencilla como iba, ¡parecía una campesina! Y eso ¡toda una figura de Estado! Y esta era la otra, claro… ¡Una mujer! ¡Tenían que hablar con una mujer! Fue esto lo que más les dolió y más les afectó, por ser lo menos esperado.

Mira que habían visitado países pobres donde, incluso allí, sus dirigentes iban más bien vestidos que en Responsania y los palacios estaban repletos de oro y de todo tipo de riquezas, por más que el pueblo llano pasara las peores penurias. Habían ido a países alejados y no tan ricos como ese, pero donde la gente seguía mostrando opulencia y haciendo ostentación, por poco que tuviera, simplemente para causar una buena impresión. Para causar una buena impresión… Pero nunca, en ninguna circunstancia, se habían encontrado en ningún lugar y en ninguno de sus viajes con una mujer como dirigente del país. ¡Y menos aún vestida con una camisa de dormir! El colmo de las afrentas y lo último que les quedaba por ver. ¡Cuánto les estaba tomando el pelo!

¿Y todo el escenario donde se encontraban? Simples paredes desnudas con algún que otro cuadro aquí y allí, algunos armarios aislados, las malditas e incómodas sillas y la peculiar mesa redonda en medio de todo… ¿Y el espectáculo vivido hasta entonces? Cargado de surrealismo para ellos por lo atípico que había sido, de tan poco acostumbrados como estaban a la cruda realidad de la gente cotidiana. Jaume Gracia del Castell, Primer Embajador del Gran Imperio y voz del Gran Emperador, con sus 66 años, ¡era la primera vez que se encontraba con algo parecido! Ni su media calva blanca escondida bajo una peluca castaña con rizos, ni sus orejas descolgadas igual que la papada, ¡se lo hubieran imaginado nunca! Y menos aún Xavier Masies-Blanc Bofill «el gris», mano izquierda del Gran Emperador y Jefe del Estado Mayor del Ejército que, con sus 42 años, ¡a duras penas había salido de su residencia latifundista! Como para saber cómo era realmente la vida fuera de sus gruesos e impresionantes muros…¡Y creedme si os digo que no era un dispuesto a averiguarlo! Prominente barriga, camas cortas, ojos pequeños como las orejas y nariz aguileña, frente estrecha y con unas líneas cuando la arrugaba poco menos que irregulares…

Ambos, tratados siempre con algodones tanto por su familia como por los demás y viendo siempre satisfechos sus deseos y ambiciones, ¡teniendo que aguantar tonterías ahora! ¡Y de esa gente, nada menos! ¡¡Ni pensarlo!! Si estaban en aquel país perdido de la mano de dios no era por su gusto, sino para tratar una cosa en concreto. Y eso era lo único que querían. Y todo lo que se apartara de allí les sobraba. Y hasta entonces no habían sacado nada, salvo sentirse incómodos e insultados. Muy valioso era su tiempo para ellos, y muy pobre aquella gente para poder pagarlo… Y ya habían perdido bastante. Era hora de ponerse en situación y mostrar quién mandaba de verdad…

La jugarreta de Catalina, ayudada por Eduard, había dado sus frutos: no solo había desestabilizado y sacado de quicio a ambos embajadores haciéndoles sentir incómodos e inseguros, sino que había puesto de manifiesto quién ostentaba realmente el poder y quién llevaba en el fondo la voz cantante, por más que lo hubieran intentado disimular de buen principio con unas simples e inocuas técnicas tan inofensivas como las caricias de una pluma. Pero de la misma manera que a algunos les gusta y les relaja dejándolos como bebés en una cuna, a otros les altera y les exaspera, haciendo que saquen toda la rabia que llevan dentro… La silla sin almohada y sin brazos había ayudado, pero el gran toque que todo lo removió fue el silencio. El tan temido y rehuido silencio…, sobre todo para aquellas personas que no se sienten seguras y en paz consigo mismas, ya que es en los momentos de silencio donde aparece la voz de su interior diciéndonos todo aquello que necesitamos, pero que no queremos ni nos gusta oír. Y esto tanto más cuanto más alejado estamos de él. Y si ya resulta tedioso soportarlo estando solo siendo nosotros mismos nuestro interlocutor, ¡no digamos cuando se está con alguien! ¿Sabéis de qué hablo, verdad? De esos silencios incómodos que se forman entre personas que poco o nada tienen que decirse y que por circunstancias se encuentran juntas en un momento determinado… Segundos eternos en los que se intenta llenar el vacío con cualquier chorrada para hacerlo más llevadero, ¡porque algo en nuestro interior hierve de tanta incomodidad que desearíamos estar en cualquier otro sitio antes que allí! Pues si ya no nos sentimos a gusto y en paz estando en silencio con nosotros mismos, ¿cómo hacerlo entonces con desconocidos?

Y había funcionado. ¡Habían caído en la trampa! No pudieron evitarlo. No pudieron fingir más. Sobre todo Xavier, que era quien en la práctica tenía que marcar el ritmo y llevar la batuta, ya que, igual que con el dolor, todos tenemos un límite de fingimiento que podemos resistir, superado el cual… ¡cantamos todo lo que nos pidan y más! Nos mostramos tal cual somos en realidad, sin máscaras y apariencias, exponiendo lo que tanto hemos intentado camuflar para obtener un determinado objetivo. Y si al silencio le sumamos las tonterías pueriles fuera de lugar, ¡el «personaje» al timón aparece en todo su esplendor! Como había pasado.

El poder del ego. El poder de la falsa seguridad… Siempre intentando aparentar, y saltando a la mínima pequeña provocación, por más inocente e inofensiva que sea. ¡No habían tardado ni cinco minutos en revelar no su intención, sino su disposición! Les habían subestimado, y este era parte del precio. El primer error… Porque al subestimar ponemos de manifiesto una debilidad nuestra en pro del otro, y este, como en el judo, puede aprovechar nuestra inercia para hacernos caer de bruces. Y si bien ya es un grave error subestimar a un amigo o a un conocido no otorgándole unas capacidades que sí tiene, aún lo es más hacerlo con un enemigo…, pues este será capaz de hacer cosas que uno no se espera, cogiéndonos con las defensas bajas porque no se le considerará apto para ellas, de manera que será capaz de sorprender con actos e iniciativas para las que no se estará preparado para afrontar, teniendo que quedar a la expectativa y recibirlas tal como vienen pero sin poder hacerles frente de manera resolutiva y rápida. Y es que el primer elemento para evitar una trampa, una situación incómoda o un futuro problema, amigos, es conocer la posibilidad de su existencia…

—¿Queréis tomar algo, Jaume y Xavier? —les preguntó finalmente Catalina con tono cordial y amable cuando ambos empezaban a sudar de verdad tanto por la incomodidad como por el peso que llevaban encima.

—Sí. Vino y algo para comer —dijo el embajador más mayor, irónicamente y dejando entrever una sonrisa maliciosa. Por un momento volvía a sentirse a gusto consigo mismo—. Y os agradecería que nos trataseis con el respeto y la categoría que nos merecemos —Se paró un corto segundo y prosiguió—: Duquesa…

—Claro…, disculpad —les concedió Catalina haciendo una reverencia con la cabeza al tiempo que la chica de la derecha de Pau, igual que antes, se levantó y desapareció por una puerta—. ¿Cómo quieren sus señorías que nos dirijamos a sus señorías?

—Con señorías ya nos va bien, gracias —dijo satisfecho Jaume mientras Xavier volvió a coger el papel secundario que ya nadie se creía que tenía —Señora Duquesa— y le devolvió la falsa reverencia.

—Que así sea, pues —sentenció Catalina con voz alta para que todo el mundo se diera por enterado—. Señorías… —un pequeño runrún recorrió la sala, como si un abejorro la hubiera atravesado de punta a punta.

—Es un placer hablar con una mujer como vos —dijo Xavier haciendo una pequeña sonrisa y bajando la cabeza pero, aun así, mirándola como si lo hiciera por encima del hombro. También él se había reencontrado consigo mismo y nuevamente creía controlar la situación—. ¡Sobre todo porque no estamos acostumbrados!

—¡Jejeje! —rio disimuladamente Jaume; y también Xavier, ya que lo había dicho con todo el cinismo de que fue capaz, sin esconder su auténtica intención. Quizá pensando que los demás no se darían cuenta…

—Sois muy amables —contestó Catalina haciendo como si no pasara nada, fingiendo halago—. También para nosotros lo es hacerlo con sus señorías…

—De hecho, tengo que decir que es la primera vez que tratamos con una mujer como cabeza de Estado… —matizó Jaume para endulzar la pulla de su compañero, instante en el que la joven asesora volvió de entre la penumbra llevando una bandeja con una jarra, vasos y algo para picar—. Y hay que decir que muy grata…...



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