E-Book, Spanisch, 359 Seiten
Reihe: Teoría
Mandoki El indispensable exceso de la estética
1. Auflage 2014
ISBN: 978-607-03-0505-4
Verlag: Siglo XXI Editores México
Format: EPUB
Kopierschutz: 6 - ePub Watermark
E-Book, Spanisch, 359 Seiten
Reihe: Teoría
ISBN: 978-607-03-0505-4
Verlag: Siglo XXI Editores México
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Katya Mandoki
Autoren/Hrsg.
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ESTESIS
Zan tenyotiliuh xochime, zan tenyotiliuh cuicame
PRÓLOGO
“Dejemos al menos flores, dejemos al menos cantos” apunta el tlatoani-poeta Nezahualcóyotl. La naturaleza como flor y la cultura como canto son las dos figuras que se posan, como alas de mariposa, sobre la estética de este gran poeta de Texcoco. Se nos marchita el cuerpo en ese breve instante que dura la vida pero el alma permanece en el canto si hubiere alguien que lo escuche y que lo cante, como hoy escuchamos al tlatoani. Al abrirse la flor y al entonar el canto fluye la estesis.
¿Por qué nos atraen las flores? ¿Por qué nos conmueve el canto? ¿Qué hay en el ritmo que nos cautiva con tal fuerza? ¿Qué hay en la voz que nos inquieta, nos hiela o nos consuela? ¿Puede apreciar el ave la belleza de la flor y del canto que entona?
La perspectiva evolucionista ofrece respuestas a estas preguntas al consolidarse en un paradigma que proyecta su potencial explicativo más allá de las ciencias naturales. Reforzado con el descubrimiento del ADN y de la biología molecular, la teoría de los juegos, los modelos de simulación por computadora y la genética de las poblaciones no existe en la actualidad una explicación más sólida y convincente para abordar fenómenos de la naturaleza. Cambios fortuitos en la reproducción de los organismos que resultaron favorables a su superviviencia/reproducción se retienen mientras los dañinos se pierden al limitar la reproducción de sus portadores. “¡Qué extremadamente estúpido de mi parte no haber pensado en eso!” fue la exclamación de Thomas Huxley, el “bulldog de Darwin”, al comprender esta simple fórmula de variación aleatoria y selección natural para dar cuenta de la evolución.1 Tal fórmula resultaría ser sólo una parte de la explicación y Darwin fue el primero en reconocerlo, pues había que tomar en cuenta también otros tipos de selección cuya importancia fue considerada paulatinamente: la sexual, la orgánica (Baldwin), la genética, la epigenética, simbiogenética y conductual, grupal, social y cultural, temas todavía en debate.
Los sacudimientos provocados por la polémica en torno al darwinismo social del siglo XIX, el genocentrismo de Richard Dawkins y la sociobiología de Edward Wilson siguen convulsionando la reflexión cultural al abarcar fenómenos sociales y culturales desde condiciones biológicas. Las discusiones al interior del evolucionismo son muchas y muy intensas, pero de lo que no cabe duda es que esta corriente logró plantear la reflexión de temas humanísticos a ras de tierra. Entre ellos, la estética.
Dado que la estética es fruto de la naturaleza y no un don celestial, es imposible evadir su reflexión desde la corporeidad y la evolución. Existen ya algunos resultados de esta nueva estética evolucionista que nos obligan a revisar sus premisas. Para hacerlo, procederemos de manera análoga a la “ingeniería en reversa”, el método que Darwin aplicó tácitamente al inferir por el diseño de un órgano y un organismo las necesidades y contextos que lo configuraron. Este método y un trabajo arduo de observación y anotación detallada, a veces realmente tediosa, resultaron en la revolución de paradigma más importante de las ciencias biológicas.
La naturaleza es despilfarradora y abundante a cierta escala, pero sensata y eficiente en otra. Queda constancia de su derroche en las catástrofes naturales, en la variedad casi infinita de especies vigentes o extintas y en la prodigalidad de semillas que desechan los árboles para que sólo algunos ejemplares fecunden. Al mismo tiempo, el testimonio elocuente de su eficiencia se exhibe en el diseño preciso y eficaz de los organismos. Las figuras fungiformes talladas por el viento en las rocas de Capadoccia no son resultado de la inspiración de un escultor que quiso ver hongos esculpidos elevándose sobre el desierto sino huellas del vendaval sobre la materialidad dura de la piedra. De igual modo, nuestra corporealidad es huella a imagen y semejanza del mundo que habitamos, de su pasado y del nuestro.
LA BRÚJULA ESTÉTICA
Our whole cubic capacity is sensibly alive; and each morsel of it contributes its pulsations of feeling, dim or sharp, pleasant, painful, or dubious, to that sense of personality that every one of us unfailingly carries with him. It is surprising what little items give accent to these complexes of sensibility.2 JAMES
Enfocar la estética desde el cuerpo es enfocarla desde su evolución como fenómeno natural pues “nada en biología tiene sentido excepto a la luz de la evolución” advierte Dobzhansky.3 Esta obviedad al parecer no lo es tanto cuando las aproximaciones evolucionistas a la estética se lanzan a resolver sus enigmas con dos grandes obstáculos a cuestas. Por una parte, proyectar al ámbito de la cultura conceptos propios de la biología sin mediación alguna. Por la otra, padecer el equívoco tradicional en el uso del término que maldice a esta disciplina desde sus orígenes: la circunscripción de la estética a lo bello y el arte. Tal como quedó registrado en el libro fundacional de Baumgarten a mediados del siglo XVIII, la estética es scientia cognitionis sensitivae, claramente el estudio del conocimiento sensible. Sin embargo, termina por ocuparse de otros temas con menor interés filosófico pero mayor demanda social en un momento de expansión del mercado del arte, a saber, fundar bases objetivas para el juicio de lo Bello y establecer criterios para valorar (y cotizar) el Arte (con mayúsculas). Olvida inquietudes formuladas desde inicios de la filosofía europea cuando Pitágoras relaciona los sonidos y la armonía musical con la proporción matemática y la sección áurea como prueba de la perfección del cosmos o cuando Platón infiere el potencial de manipulación social de las pasiones por la poesía y de engaño por el ilusionismo de las imágenes.
Dada la ambigüedad del término, no sólo en el lenguaje cotidiano sino en textos especializados sobre este tema, hay que cumplir con un protocolo que parece ya condena perpetua impuesta a cualquier iniciativa de investigación en estética: la definición operativa del concepto. Aunque autores como Thornhill nieguen que el dominio de la estética pueda definirse (como lo han negado varios filósofos antes de él, por ejemplo Morris Weitz) y propone trabajar simplemente los tópicos tradicionales de la estética bajo un modelo evolucionista, la verdad es que gran número de los problemas que hereda la incipiente estética darwinista también se deben, otra vez, a la imprecisión del término y sus implicaciones.4 Trabajos de gran erudición artística se enredan por no cumplir con este requisito, pues la vaguedad del concepto les tiende trampas peligrosas como tolerar el uso oportunista de sus diversas acepciones (metafóricas o literales, valorativas o descriptivas) con frecuencia contradictorias.
Estos problemas teóricos y terminológicos son comunes a diversos trabajos neodarwinistas donde el término “estética” se va metamorfoseando sea para denotar preferencia, belleza, placer, arte, decoración, gusto, percepción, criterio, moda, estilo. La estética evolucionista decide iniciar su camino con los pies en la tierra a partir de encuestas de preferencias en artefactos (Voland), de parques y paisajes (Orians y Kaplan), percepción del color y forma (Seki) y reacciones en infantes a fotografías de rostros femeninos y en adultos ante individuos de ciertas características corporales (Etcoff), antropología de costumbres, artesanías o rituales de grupos nativos (Dissanayake), evolución del placer (Welsch), del cuerpo en movimiento (Grammer), la creación y la imaginación artística (Vélez Caicedo) e incluso la falsificación y los estilos del arte como las vanguardias y el arte conceptual (Dutton).
El problema no está en la variedad temática que la estética darwinista aborda, al contrario, pues en efecto queda implicada en un espectro muy amplio de fenómenos que rebasan nociones establecidas como “la genialidad del artista” o “la ontología de lo bello”. La dificultad radica en la alteración de sentido en cada caso, pues el término se va deslizando y camuflando según lo pida la argumentación. En contra de la indefinición que tolera Thornhill, es necesario determinar su significado y atenernos, en este caso, al simple sentido etimológico: estesis, del griego aisthenastai significa percibir (no gozar, ni crear, o juzgar, aunque las implique). Partimos a esta exploración con...




