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E-Book, Spanisch, 154 Seiten

Mantovani El gran libro del reiki

Energía, sanación y equilibrio interior
1. Auflage 2016
ISBN: 978-1-68325-134-7
Verlag: De Vecchi Ediciones
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)

Energía, sanación y equilibrio interior

E-Book, Spanisch, 154 Seiten

ISBN: 978-1-68325-134-7
Verlag: De Vecchi Ediciones
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Reiki, de hecho es una palabra japonesa que significa energía vital del universo y es un método antiquísimo de curación, espiritual y natural, que emplea la energía universal, transmitiéndola y canalizándola a través de las manos del terapeuta. Cualquiera puede aprender a utilizar el reiki.

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¿QUÉ ES EL REIKI?


Puede parecer extraño o incluso ilógico que, en una época en la que las medicinas alternativas se conocen y practican en mayor medida que en cualquier otro momento de la historia, nos preguntemos qué es el reiki. De hecho, se trata de uno de los sistemas de medicina natural más conocidos en todo el mundo, y su difusión es probablemente la más rápida y constante de todas las disciplinas que hoy en día se engloban bajo la definición genérica de .

Pues bien, en estos momentos, cuando el reiki se está convirtiendo en terapia natural por excelencia, sobrepasando en términos cuantitativos a todos los demás sistemas basados en una concepción holística del ser humano, es cuando resulta más necesario definir su forma más tradicional y primigenia.

Y es que, con la difusión del reiki, se ha producido otro fenómeno: a partir de 1988, año en el que la gran maestra, Phyllis Lei Furumoto, concedió a todo maestro de reiki (o , por utilizar la expresión inglesa más extendida en todo el mundo) el derecho a formar e instruir a otros maestros, el reiki se dividió en una serie de ramificaciones distintas cada vez más numerosas. En el seno de estas corrientes, cada cual ha aportado elementos nuevos desde un punto de vista práctico en virtud de los criterios y los procedimientos que han creído más adecuados. Así pues, hoy en día se puede practicar el reiki combinado con la cristaloterapia, las hierbas, las flores de Bach o la reflexología podal; hay escuelas de reiki en cuyo seno las diferencias respecto a la práctica originaria de la disciplina se han institucionalizado, hasta el punto de asumir nombres concretos (como , , etc.).

Por nuestra parte, consideramos que estas variantes del método tradicional (mejores o peores, según las circunstancias) no constituyen un fenómeno negativo, sino que más bien se trata del desarrollo de las diversas posibilidades que ofrece. No son ni buenas ni malas: todo depende de las circunstancias y del profesional. En cualquier caso, son testimonio de la extrema flexibilidad y adaptabilidad de este sistema. Con todo, es necesario distinguir con precisión y claridad la forma originaria del reiki del resto de terapias derivadas.

Por ello, la pregunta que encabeza este capítulo no resulta en modo alguno superflua, ni la respuesta debe darse por descontado. Comprender, o tratar de comprender, lo que es el reiki en su forma más pura significa comprender las raíces de una disciplina que está modificando la vida de centenares de miles de personas en todo el mundo; significa comprender una de las bases más firmes e irrenunciables de la que, probablemente, será la próxima etapa en la evolución del conocimiento colectivo de la especie humana, la afirmación a escala planetaria de la sensibilidad que suele conocerse como «Era de Acuario», es decir, la era de la colaboración, de la apertura a los demás, del conocimiento de uno mismo.

Técnicamente, el reiki es un sistema de terapia natural basado en la imposición de manos y el uso de determinados símbolos con objeto de facilitar procesos de curación en el cuerpo del enfermo. Esta definición, bastante aséptica por su propio esquematismo, no nos dice gran cosa acerca de sus formas de funcionamiento. Por consiguiente, es preciso dar un paso atrás y examinar los conceptos de enfermedad y salud en el ámbito cultural del que procede el reiki: el Extremo Oriente.

Para los pueblos de China, de la India y de Japón, la enfermedad no es únicamente el efecto de una patología presente en el cuerpo del enfermo, sino también, y sobre todo, un mensaje que el organismo emite para «informar» a la mente de la existencia de un desequilibrio. Pero ¿cómo se origina este desequilibrio? ¿Cómo puede eliminarse? Y, sobre todo, ¿desequilibrio ? Llegamos de esta forma a un concepto fundamental, el de o, mejor aún, el de .

Las civilizaciones mencionadas comparten, con diferencias de matiz debidas a condicionamientos culturales diversos, la idea de que el plano físico no es el único que existe en el universo en que vivimos, sino que existe, con independencia de las convicciones religiosas y existenciales de cada persona, una energía vital que lo impregna todo, desde el objeto más ínfimo y en apariencia inanimado hasta el mayor ser vivo que pueda imaginarse. Esta energía mantiene el universo con vida, regula su evolución y asegura que el ciclo vital se repita de manera regular en todos los planos de la existencia. Es la energía que determina la alternancia de las estaciones, el crecimiento de las plantas, la apertura de las flores por la mañana y que vuelvan a cerrarse por la noche, el florecer de los árboles en primavera y su letargo invernal.

Prácticamente todas las razas y culturas han asumido, en un momento u otro de su historia, la existencia de esta energía: así, los gnósticos la llamaron o ; los chinos, ; los místicos rosacrucianos europeos, ; los hindúes, ; los esotéricos, ; los indígenas de las islas Hawai, ; los científicos de la antigua Unión Soviética, influidos por sus investigaciones en torno a las facultades paranormales, ; y los japoneses, .

Las teorías desarrolladas por estas culturas para tratar de explicar esta energía resultaban muy divergentes entre sí; en cualquier caso, esta diversidad se debía al hecho de que se intentaba definirla con términos y conceptos propios de una única cultura. Sin embargo, la energía siempre ha sido la misma: el propio vocablo , por ejemplo, se podría sustituir por cualquiera de los otros y seguiría aludiendo únicamente al conjunto de técnicas específicas de las que se habla en este libro. De hecho, hay innumerables métodos mediante los cuales emplear esta energía; el reiki, sin embargo, alcanza unas cotas de eficacia y facilidad de las que carece la práctica totalidad de las técnicas conocidas por las restantes culturas.

Esta energía existe en todo el universo, ya que este se compone precisamente de energía, la cual da forma, con distinta intensidad, a todos los objetos y seres vivos que lo pueblan; en este sentido, las disciplinas y filosofías orientales se anticiparon a las teorías más recientes de la ciencia. Así, las formas de la metafísica antigua y las de la física cuántica convergen en un punto: admitir que el universo está compuesto de energía y que esta energía puede manipularse.

Reflexionemos un momento sobre las implicaciones de esta afirmación. Si esta energía puede ser manipulada mediante el pensamiento o cualquier otra técnica, las posibilidades que se abren ante nuestros ojos son realmente infinitas: comprendemos entonces que una persona pueda verse aquejada por enfermedades aparentemente inexplicables, y que de la misma manera desaparezcan sin una razón aparente; en el primer caso, la energía sufría un desequilibrio que se tradujo en enfermedad; en el segundo, el equilibrio se vio restablecido.

Puesto que impregna y forma parte de todo el universo, esta energía también está presente en cada uno de nosotros, en todo organismo humano: si un ser humano mantiene un cuadro de equilibrio y armonía con ella, el resultado es la salud, tanto del cuerpo como de la mente y el espíritu; si, por el contrario, se coloca voluntaria o involuntariamente en una situación de desequilibrio con el resto del universo, el resultado es la enfermedad, que constituye una especie de alarma que nos informa de la necesidad de hallar un remedio al mismo.

Según las filosofías orientales (si bien, como hemos visto, esta idea forma parte también de numerosas tradiciones occidentales, paradójicamente muy poco conocidas por los propios occidentales), la energía vital del universo estaría ordenada según una serie de esquemas muy precisos, cada uno de los cuales correspondería a una forma concreta de la existencia (algo similar al mundo de las ideas de Platón): el hecho de desviarse del modelo provocaría la enfermedad del ser vivo, mientras que la armonía con este modelo tendría la salud como resultado.

En algunas ocasiones, puede ocurrir que todo el organismo del enfermo sufra una carencia de esta energía, o que el problema consista en el hecho de que una o varias partes del organismo del enfermo la padezcan: las posibilidades de desequilibrio que ofrece el ritmo de vida tan frenético que nos vemos obligados a llevar en Occidente son prácticamente infinitas, y sin duda mucho más numerosas que los remedios. En estos casos, la solución es, a nivel conceptual, muy simple: habrá que restablecer el equilibrio entre la energía presente en el organismo del enfermo y la que circula por el universo. ¿Cómo conseguirlo? En los últimos años se han difundido numerosas disciplinas y formas terapéuticas, habitualmente de origen oriental, basadas en la idea de la energía vital y de la necesidad de su equilibrio constante en todo ser vivo. Una de ellas es el reiki.

El término es una expresión de origen japonés que podría traducirse como «energía universal» o «energía vital». Parece, pues, que el paso para llegar a la definición del reiki como «energía vital del universo» es realmente pequeño. De hecho, es una palabra que indica la energía vital y creativa presente en el universo, mientras que alude a la forma que adquiere esta energía universal en el organismo de todo ser vivo. Nuestro (o ) no es, por lo...



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