Marey | Teorías de la república y prácticas republicanas | E-Book | www.sack.de
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E-Book, Spanisch, 392 Seiten

Reihe: Contrapunto

Marey Teorías de la república y prácticas republicanas


1. Auflage 2021
ISBN: 978-84-254-4699-3
Verlag: Herder Editorial
Format: EPUB
Kopierschutz: 0 - No protection

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Reihe: Contrapunto

ISBN: 978-84-254-4699-3
Verlag: Herder Editorial
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'Democracia' y 'república' son dos términos cuyos orígenes y trayectorias son diferentes. Sin embargo, comparten muchas teorías y prácticas, así como el destino de haber sido en parte absorbidas por discursos inspirados en ideologías completamente contrarias. De este destino compartido nace el presente libro, que tiene la convicción de que no todas las teorías autodenominadas 'republicanas' consiguen superar las deficiencias de las teorías ideales. No obstante, defiende que sí es posible elaborar republicanismos sensibles a las prácticas políticas actuales y con efectos transformativos en las interacciones y discursos. Esta obra reúne los textos de autoras y autores de países diferentes, que conforman un ensayo colectivo y contrapuntístico. Su objetivo es rehacer sentidos republicanos política y filosóficamente útiles para las prácticas y éticas políticas de los diferentes territorios donde viven.

Macarena Marey es doctora en Filosofía por la Universidad Nacional de La Plata (Argentina). Es Investigadora del CONICET y profesora de Filosofía Política en la Universidad de Buenos Aires. Ha sido investigadora invitada en la Goethe-Universität de Fráncfort, la London School of Economics y la Universidad Complutense de Madrid. Publicó numerosos textos sobre filosofía política en revistas (como Constellations, Critical Horizons, Isegoría, Kant-Studien, Problemos, etc.) y libros de América y Europa. Es autora de Voluntad omnilateral y finitud de la tierra (2021). Se especializa en la tradición del contrato social y en teorías contemporáneas de la democracia. Actualmente investiga las relaciones entre secularismo y religiones en las democracias contemporáneas.
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Teorías de la república y prácticas republicanas
Macarena Marey


METODOLOGÍAS, TEORÍAS Y PRÁCTICAS

Hacia finales del siglo XX, Ellen Meiksins Wood escribió una obra en la que explicaba el modo en el que el liberalismo se apropió de la «democracia» en el discurso político moderno.1 Si el concepto de «democracia» implica necesariamente la política del pueblo (y con «pueblo» me refiero a conjuntos de demoi plebeyos y abiertos), su despolitización solo pudo ser posible por las operaciones que nos distanciaron formal, informal, simbólica y, sobre todo, materialmente de los lugares de la acción política efectiva. La separación entre voluntad general y bien común, que el republicano Jean-Jacques Rousseau había vinculado de manera necesaria al proponer que la ley es el acto de esa voluntad en el que se define ese bien común, y la concepción de la ciudadanía representada en términos abstractos y pasivos ocurrieron en unas condiciones históricas precisas. En palabras de Meiksins, «la democracia “formal” y la identificación de la democracia con el liberalismo habrían sido imposibles en la práctica y literalmente impensables en la teoría en cualquier otro contexto que no fueran las muy específicas relaciones sociales del capitalismo».2

Este trabajo no se concentra en la democracia, sino en la república, pero quienes participamos en él tenemos en común la preocupación por los usos, abusos y destinos que se le dan a los conceptos de «república» y de «republicanismo» en nuestras prácticas políticas cotidianas y académicas. Dichas prácticas, desde las que estamos escribiendo, se sitúan (casi todas) en América Latina y están inmersas en las condiciones y relaciones del capitalismo global en una época de afianzamiento de las llamadas «nuevas derechas», las cuales combinan libertad de mercado y ajuste fiscal con una ideología que se opone a la ampliación de los derechos de varios colectivos históricamente excluidos de los mecanismos formales de participación política. Si bien «democracia» y «república» tienen orígenes y trayectorias diferentes, son términos hermanados en muchas teorías y prácticas y, de hecho, tienen en común el destino de haber sido en parte absorbidas por discursos inspirados en ideologías conceptualmente contrarias a las lecturas emancipatorias que podemos hacer de ellos. Este último diagnóstico fue una de las motivaciones del presente trabajo.

Otro destino que comparten «democracia» y «república» es la tendencia a una definición abstracta de ambas como formas de gobierno potencialmente compatibles con toda clase de encarnaciones en la historia y a lo largo y ancho de todo el globo terráqueo, incluso (o sobre todo) como un modo limitante de lo posible «que se adapta» a una «sociabilidad» determinada como manifestación imperfecta de una «república verdadera» modélica e inmutable.3 Con frecuencia la apelación a la república idealizada sirve como legitimación de estados políticos de cosas injustos e inequitativos. «Queremos hacer algo mucho mejor que esto que tenemos, pero esto es lo que podemos con lo que tenemos» es la tautología política por excelencia de cualquier discurso conservador con el que los poderosos se disculpan frente a las mayorías por la postergación de la ampliación de sus derechos, en especial, pero no solo, de sus derechos políticos y económicos, tanto hoy como en el siglo XIX, a la vez que aprovechan para culparlas de la situación deficitaria respecto del ideal.

La pregunta fundamental que se plantea con esto es si el republicanismo es o puede ser un tipo de teoría no ideal, en contraposición a una teorización ahistórica apoyada en concepciones idealizadas de la agencia, la subjetividad y los modos de relacionarnos y, por lo tanto, voluntariamente ignorante de las injusticias que estructuran nuestras sociedades. Aquí no estoy hablando de lo abstracto versus lo concreto, sino de una combinación entre lo abstracto y lo concreto que ninguna teoría política puede evitar si no quiere fracasar por completo como tal,4 por un lado, o versus la idealización, por el otro. Las teorías no ideales en filosofía política parten de la constatación de la desigualdad, la injusticia, la exclusión y la explotación como hechos constatables y por eso no se plantean resolver el problema (a)político inicial que se plantean los liberalismos, esto es, cómo coordinar de manera armónica libertades individuales de personas pensadas como descriptivamente iguales en todos los aspectos relevantes de la praxis, con independencia de sus relaciones sociales y de las instituciones políticas y culturales en las que viven, es decir, abstrayendo los hechos de la asimetría, la explotación y la exclusión. Por esto mismo, las teorías no ideales están en mejor posición que varios utilitarismos y liberalismos para elaborar teorías a la altura de la realidad política y social: una teoría no ideal está en mejores condiciones frente a la praxis porque en gran medida está motivada por la praxis misma, por las inequidades entramadas en las relaciones sociales. Esta motivación en la práctica no suscita, sin embargo, una racionalización consagratoria de cualquier estado de cosas político y social que se encuentre al alcance. Las teorías no ideales no son Realpolitik ni teogonías que bendigan los hechos consumados como algo particular de un todo racional que solo debamos comprender sin más, sino que se relacionan con la realidad de manera transformativa.

¿Pueden los republicanismos superar las deficiencias de las teorías ideales? ¿Pueden todos los republicanismos hacer esto? Este trabajo surgió de la convicción de que si bien no todas las teorías que se autodenominan «republicanas» consiguen hacerlo, sí es posible elaborar republicanismos sensibles a nuestras prácticas políticas y con efectos transformativos en nuestras interacciones y discursos, principalmente porque es posible hacer teoría desde nuestras prácticas. Pienso aquí en un modo de hacer teoría que evite la reducción a esa cadena de citas autorizadoras que critica acertadamente Sara Ahmed5 y que a todo lo que puede aspirar es a reproducir debates académicos de los departamentos de Historia, Ciencia Política o Filosofía de universidades prestigiosas de países poderosos. En estas páginas queremos hacer surgir teorizaciones republicanas de las labores de diálogo, de lecturas críticas del canon y de lecturas mutuas y recíprocas, así como también de nuestros disensos y desacuerdos radicales. Buena parte de dicha tarea consiste en cuestionar agendas republicanas —las heredadas, las escogidas y las impuestas—. Nullius addictus iurare in verba magistri.

Una pregunta metodológica, crítica y normativa que podemos llevar a los textos republicanos es acerca del carácter ideal o no ideal de las diferentes versiones republicanas en la historia de la filosofía y el pensamiento políticos, lo que nos permitiría evaluar la potencia de la equidad y justicia de los republicanismos históricos y aprovechar su capacidad explicativa crítica de los estados de cosas del presente. Quizá la capacidad para superar las impotencias metodológicas de las teorías idealizantes sea la marca que separa los republicanismos que queremos seguir desarrollando en la teoría y en la práctica, por un lado, y los republicanismos con los que queremos disputar los sentidos del concepto de «república», por el otro.

En su crítica republicana socialista al «rawlsismo metodológico»,6 María Julia Bertomeu y Antoni Domènech (quienes se autodenominaron, y con razón, «republicanos avant la mode») reflexionaron sobre las razones por las que el republicanismo se puso de moda en filosofía política. Bertomeu y Domènech explican que, «a diferencia de otras modas académicas anteriores más o menos confusamente críticas del programa intelectual rawlsiano, como el efímero comunitarismo, la vieja tradición del republicanismo político, que hasta hace poco interesaba sobre todo a los historiadores, ofrece potencialmente una alternativa metodológica».7 La alternativa metodológica que el republicanismo normativo ofrece en filosofía política se cifra en cuatro de sus rasgos, según Bertomeu y Domènech. El primero de ellos es que su nivel teórico no es el de las teorías ideales, sino el de las motivaciones que tienen las personas concretas para actuar políticamente, lo que explica, en su aspecto de contenido normativo, la centralidad de la virtud y de la relación entre esta y las instituciones políticas, que a su vez son vistas como parte constitutiva de las relaciones económicas. La segunda característica es que su centro de atención normativa reside en cuán extendida y realizada en un contexto determinado está la libertad republicana, entendida como «no tener que pedir permiso a terceros para poder subsistir», esto es, un momento anterior al de los problemas de cómo redistribuir la riqueza, el de las relaciones de producción. En tercer lugar, tenemos su comprensión histórica e institucional de las injusticias estructurales, lo que lo «obliga a una permanente indexación histórica de sus juicios normativos sobre las instituciones político-sociales».8 Finalmente, contamos con su visión de «los problemas distributivos reales desde el punto de vista de las...



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