E-Book, Spanisch, 408 Seiten
Reihe: Teología
Martínez Díez ¿Ser cristiano hoy?
1. Auflage 2011
ISBN: 978-84-7151-955-9
Verlag: Editorial Verbo Divino
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)
Jesús y el sentido de la vida
E-Book, Spanisch, 408 Seiten
Reihe: Teología
ISBN: 978-84-7151-955-9
Verlag: Editorial Verbo Divino
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)
La vida de Jesús de Nazaret continúa atrayendo el interés de muchas personas 2.000 años después de su muerte. Se trata, sin duda, de uno de los grandes personajes de la historia. Vale la pena preguntarse quién fue ese hombre; qué vieron en Él quienes creyeron en Él y le siguieron por los caminos de Galilea, de Samaría, de Judea; qué han visto y qué vemos en Él quienes seguimos creyendo en Él, quienes confesamos que está vivo, quienes decimos que Él es nuestro salvador, que en Él está la salvación.Detrás de Jesús quedaron sus discípulos y discípulas, sus seguidores y seguidoras. Detrás de Jesús quedó la vida cristiana. Si hoy nos interesamos por Jesús en la Iglesia es porque nos interesa la vida cristiana. Hoy vale la pena preguntarse: ¿En qué consiste ser cristiano hoy?.'¿Ser cristiano hoy?' es una síntesis de la reflexión teológica de Felicísimo Martínez sobre la vida y la obra de Cristo escrita con la intención de hacerse comprender por personas sin una formación religiosa de carácter académico: sus padres, sus hermanos, sus paisanos de Prioro, sus amigos, los feligreses que conoció en aquella parroquia del Angel en Venezuela, en aquel barrio de Hong Kong, en el madrileño barrio de San Blas
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I
Hablar sobre Jesucristo y sobre la vida cristiana
1.Jesús de Nazaret, siempre actual
Vale la pena hablar sobre Jesús de Nazaret, ese personaje que vivió hace 2.000 años. Es uno de los grandes personajes de la historia. Vale la pena preguntarse quién fue ese hombre; qué vieron en Él quienes creyeron en Él y le siguieron por los caminos de Galilea, de Samaría, de Judea...; qué han visto y qué vemos en Él quienes seguimos creyendo en Él, quienes confesamos que está vivo, quienes decimos que Él es nuestro salvador, que en Él está la salvación.
Jesús de Nazaret no pierde actualidad. Para muchas personas dejará de ser el Cristo o quizá nunca lo haya sido, pero no deja de ser un personaje que suscita interés y hasta entusiasmo. ¿Por qué sigue suscitando tanto interés y entusiasmo después de 20 siglos, en circunstancias tan distintas, en personas creyentes y no creyentes, cristianas y no cristianas? ¿Por qué sigue suscitando interés y entusiasmo incluso en muchas personas que no miran muy bien a las iglesias cristianas? ¿Por qué a muchas personas les interesa tanto Jesús y les interesa tan poco el cristianismo?
Jesús ha sido objeto de admiración y seguimiento para unas personas, y ha sido objeto de rechazo, mofa y persecución para otras. Pero nadie quedó indiferente ante su persona y su mensaje. Preguntándose por la figura de Cristo, Franz Kafka inclinó la cabeza y dijo: «Es un abismo lleno de luz. Hay que cerrar los ojos para no despintarse». Jesús arrastró tras de sí a seguidores radicales y también a perseguidores encarnizados, mártires y verdugos. Su recuerdo consoló a unos e indignó a otros. Él se convirtió en motivo de división entre amigos, familiares, conciudadanos... miembros de una misma sangre y una misma raza. Se le ha llamado el hebreo, el humanista, el burgués, el revolucionario, el maestro, el marginal...
Jesús suscitó interés y rechazo en los líderes de este mundo. Por eso ha habido persecuciones a los no cristianos y a los cristianos. Así, Jesús, el manso y humilde de corazón, se convirtió o lo hemos convertido en bandera de división y fuente de violencias sin cuento contra disidentes y herejes, contra paganos y ateos, contra judíos y musulmanes, contra los pobres y los grupos minoritarios o marginados...
Jesús también ha suscitado interés y rechazo entre los representantes del arte, de las ciencias, de la filosofía, del pensamiento. S. Weil era una enamorada del Cristo Crucificado, al que contemplaba como el «silencio de Dios». Su amor a Cristo le hizo exclamar: «Hubiera hecho falta otro Cristo para tener piedad del Cristo desgraciado». El mismo K. Jaspers, ya en pleno siglo XX, sitúa a Cristo entre los «hombres decisivos».
Hoy necesitamos volver a Jesús de Nazaret para buscar sentido a nuestra vida. Muchas personas andan desesperadamente detrás de la belleza, de la bondad, de la verdad. Necesitamos encontrar sentido para nuestras vidas. ¿Podremos encontrar respuesta en Jesús de Nazaret?
El interés y el entusiasmo por Jesús no se dan sólo entre los cristianos, sino también entre los fieles de otras religiones e incluso entre personas no creyentes. En nuestra época personajes de distintas culturas y religiones alaban y admiran a ese personaje. Mahatma Gandhi admiraba a Jesús de Nazaret y llegó a decir que las bienaventuranzas son una de las páginas más bellas de la historia de la humanidad. R. Tagore admiraba a Jesús y no tanto al cristianismo. «Hay que hacer todo el esfuerzo posible –escribía– para liberar a Cristo de las manos sectarias de los cristianos». Khalil Jibram profesó una profunda admiración por Jesús y hasta escribió una especie de vida de Jesús siguiendo los evangelios.
Jesús no es propiedad de los cristianos. Es patrimonio común de todas las culturas y de todas las religiones. Es patrimonio de toda la humanidad.
Muchos judíos quieren rescatar la figura de Jesús, el profeta de Nazaret. M. Buber afirma que desde niño vio a Jesús como «su hermano mayor». Y Ben Chorin se propone devolver la persona de Jesús al pueblo judío, «repatriarlo». Estos intentos ayudan a eliminar ese largo enfrentamiento entre judíos y cristianos a causa de Jesús, de su vida, de su pasión y de su muerte. Unos y otros hemos tenido nuestra parte de culpa en esta polémica: los judíos por negarse a reconocer la misión profética y mesiánica de Jesús; los cristianos por haber fomentado el antisemitismo. La política ha influido mucho en este asunto.
Los musulmanes también se han interesado por Jesús. Mahoma tuvo noticias de Jesús a través de los cristianos de Siria. En el Corán Jesús es presentado como un profeta, precursor de Mahoma, que es «el profeta definitivo». El Islam no acepta más que un solo Dios, Alá, y por eso no puede aceptar la divinidad de Jesús.
Y muchas personas, que ni siquiera son creyentes, han quedado fascinadas por la persona de Jesús. M. Machovec escribió un libro titulado Jesús para ateos. El autor, que se declara ateo, muestra una profunda simpatía por la personalidad de Jesús, y llega a decir: «Si tuviera que vivir en un mundo que pudiese olvidar por completo “la causa de Jesús”, no querría vivir». Otro autor no creyente, E. Bloch, dice de Jesús: «Aquí aparece un hombre bueno con todas las letras, en toda la extensión de la palabra, algo que no había ocurrido nunca». Muchos otros agnósticos y no creyentes ven en Jesús un hombre singular, un modelo de humanidad, una revelación de lo que las personas podemos y debemos llegar a ser.
Todas las manifestaciones de la cultura se han interesado por Jesús. Se han escrito muchos libros y muchas novelas sobre la figura de Jesús. Pintores, escultores y toda clase de artistas han intentado plasmar el rostro o los rostros de Jesús y las escenas de su vida. Se le ha convertido en el centro de óperas rock y de musicales de los más distintos géneros: Godspell (1973), Jesus Christ Superstar (1974)... También se han hecho muchas películas, de todo tipo, sobre la persona y la historia de Jesús.
En definitiva, la persona de Jesús sigue suscitando mucho interés, dentro y fuera de la Iglesia. En Él buscan el sentido de la vida muchas personas creyentes y no creyentes. Y en Él buscan respuesta a muchas preguntas e interrogantes que acosan al hombre y a la mujer de hoy y de todos los tiempos.
2....Y la vida cristiana
Detrás de Jesús quedaron sus discípulos y discípulas, sus seguidores y seguidoras. Detrás de Jesús quedó la vida cristiana. Si hoy nos interesamos por Jesús en la Iglesia es porque nos interesa la vida cristiana. Hoy vale la pena preguntarnos: «¿En qué consiste ser cristiano?».
Esta pregunta parece muy sencilla. Su respuesta parece evidente. Y sin embargo, no lo es tanto. Después de tantos siglos, aún tenemos que preguntarnos qué cosas son esenciales en la vida cristiana, y qué cosas son accidentales. Porque a la vida cristiana se le han ido añadiendo muchas cosas secundarias que nos impiden ver, practicar y disfrutar lo más esencial del cristianismo.
Por ejemplo, hay personas cristianas que dan mucha importancia a creencias secundarias, y sin embargo apenas conocen los artículos centrales de la fe cristiana. Andan preocupadas por cualquier creencia sobre los ángeles y los demonios y olvidan la fe en Jesucristo Resucitado. Hay personas muy preocupadas por algunas normas sobre el ayuno y la abstinencia, pero olvidan la importancia central del amor, la justicia, la misericordia y el perdón en la vida cristiana. Hay personas muy preocupadas por determinadas devociones, pero olvidan la oración y la participación en la eucaristía. Esto no es bueno para la vida cristiana, e incluso la desacredita. A consecuencia de estas desviaciones, hay personas que desconfían del cristianismo o creen que la vida cristiana no es seria. Por eso, algunos creyentes han abandonado silenciosamente la Iglesia y otros se mantienen en ella con escaso entusiasmo.
En estas circunstancias es necesario buscar lo que verdaderamente es esencial en la vida cristiana. Hoy es necesario restaurar el retablo de la vida cristiana. Todos lo hemos podido observar a lo largo de nuestra vida. Los retablos de algunos templos no sólo tienen polvo. En ese caso bastaría darles un repaso con una aspiradora gigante para que quedaran limpios. Lo que sucede es que algunos de ellos tienen las piezas muy desordenadas, por eso necesitan una restauración a fondo. En algunos ni siquiera aparecen el Dios Padre, ni el Hijo Jesucristo Crucificado y Resucitado, ni el Espíritu Santo. O están colocados en cualquier rincón marginal. En los paneles del centro podemos encontrarnos con cualquier ángel o arcángel, o con un santo patrón desconocido. Para restaurar estos retablos, es preciso volver a colocar en el centro las figuras centrales de la fe cristiana: Dios Padre, Jesucristo, el Espíritu Santo. Y es preciso representar en sus paneles los misterios centrales de nuestra fe.
Algo parecido debemos hacer con nuestra fe y con nuestra vida cristiana. Hemos de preguntarnos qué es lo esencial e imprescindible de la fe y de la vida cristiana. Esta búsqueda no consiste en hacer altas especulaciones sobre los misterios de la fe cristiana. Ni consiste tampoco en prescindir de todas las creencias, de todos los ritos, de todas las normas... que...




