E-Book, Spanisch, 152 Seiten
Reihe: Contrapunto
Martínez / Pelegrin La cosa, en sí
1. Auflage 2024
ISBN: 978-84-254-5177-5
Verlag: Herder Editorial
Format: EPUB
Kopierschutz: 6 - ePub Watermark
Por qué volver a Kant
E-Book, Spanisch, 152 Seiten
Reihe: Contrapunto
ISBN: 978-84-254-5177-5
Verlag: Herder Editorial
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Luciana Martínez (Buenos Aires, Argentina) es doctora en Filosofía por la Universidad de Buenos Aires. Dicta cursos de estética en la Universidad del Museo Social Argentino y de epistemología en la Universidad de Buenos Aires. Es miembro del Grupo de Estudios Kantianos de Argentina y del comité editorial de la revista Siglo Dieciocho. Ha sido becaria posdoctoral del CONICET e investigadora senior de la Universidad Kant de Kaliningrado. El tema general de su investigación es la filosofía teórica de Kant.
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2. El «realismo especulativo» y la correlación
Tal vez el realismo especulativo, como propuesta filosófica, tenga fecha de nacimiento. Su nombre, al igual que numerosas de las tesis que defiende, está sujeto a polémica, tanto como el alcance geográfico del movimiento mismo. El nombre que elegimos es el escogido por uno de sus filósofos, que fue además traductor al inglés del texto que comentaremos, Después de la finitud. Ray Brassier, en efecto, escogió llamar a este grupo filosófico (vacilamos, también, al designar el acontecimiento: es un grupo, una tendencia, una corriente, un conjunto de ideas o de propuestas) «realismo especulativo», que es un nombre diferente de otro también elegido por Quentin Meillassoux, «materialismo especulativo». Graham Harman refiere una «ontología orientada a objetos» y algunos historiadores identifican una suerte de «nuevo realismo». No quisiéramos discutir aquí el significado y las consecuencias de elegir cada nombre. Como se advierte de inmediato, todas las opciones están cargadas de historias y sentidos: «realismo», «materialismo», «especulación», «ontología», «objetos» son términos cruciales en la historia de la filosofía occidental y reciben tantas definiciones como filósofos los emplearon.
Pero si retomamos la cuestión del comienzo, en el año 2007 tuvo lugar una conferencia en el Goldsmiths’ College de Londres en la que participaron cuatro pensadores que poco después volverían a reunirse en Bristol y en Berlín para discutir los mismos temas. Nos referimos a Quentin Meillassoux, Ray Brassier, Graham Harman y Iain Grant.1 Querían ocuparse de una realidad que no estuviera condicionada por parámetros centrados en la naturaleza del hombre; es decir, pretendían discutir las condiciones para que el conocimiento de la realidad no estuviera determinado por nuestra manera de acceder a ella. En otras palabras, vuelven a preguntarse si es posible un conocimiento científico del mundo tal y como es antes de estar determinado por nuestra manera de conocerlo. O, en los términos que presentamos antes, querían desarrollar una filosofía no relativista.
Esta pretensión de trascender las condiciones de nuestro conocimiento para acceder a la naturaleza misma de las cosas comienza por una crítica a las posiciones filosóficas que denominan «correlacionistas». En este sentido, Meillassoux considera que «hasta Kant uno de los problemas principales de la filosofía consistió en pensar la sustancia, mientras que a partir de Kant se trata más bien de pensar la correlación» (Después de la finitud, p. 30). Podemos preguntarnos qué significa esto. ¿Qué tenemos que entender por «correlación»? ¿Por qué esta noción sería tan significativa y nos permitiría pensar toda la filosofía poskantiana? ¿Es esto un problema? ¿Es necesario salir de la filosofía de la correlación?
Una de las críticas al correlacionismo se refiere a una presunta limitación de este. Las filosofías correlacionistas, de acuerdo con estos realistas, serían incapaces de comprender enunciados científicos que dan cuenta de una realidad anterior al conocimiento. Tal sería el caso, por ejemplo, de los enunciados acerca de la naturaleza de los dinosaurios. Pero antes de ocuparnos de este ejemplo, intentaremos comprender qué postula el correlacionismo y cuáles son las objeciones de los nuevos realistas contra esa clase de postura filosófica. Luego, presentaremos las ideas generales que caracterizan la corriente del realismo especulativo.
Entonces, nos preguntamos, en primer lugar, qué significa eso de «correlacionismo». Quentin Meillassoux lo explica con claridad en su ensayo Después de la finitud:
Por «correlación» entendemos la idea según la cual no tenemos acceso más que a la correlación entre pensamiento y ser, y nunca a alguno de estos términos tomados aisladamente. En lo sucesivo denominaremos correlacionismo a toda corriente de pensamiento que sostenga el carácter insuperable de la correlación así entendida. (Después de la finitud, p. 29)
El correlacionismo parece apuntar a la tesis del carácter intencional del objeto. Según esta tesis, el objeto está siempre ya constituido como algo dado para un sujeto que tiene alguna clase de experiencia de él. El correlacionismo implica que el objeto existe incluso previamente al hecho de ser conocido. Su existencia no es un producto de un acto mental. Pero el conocimiento de él, el hecho de que sea algo para nosotros en general, está condicionado por la donación misma. De este modo, en el acto de conocer las cosas no podemos sustraernos de su correlación con el pensar. Por lo demás, el correlacionismo supone que el sujeto se determina igualmente en la correlación. En este sentido,
el correlacionismo consiste en descalificar toda pretensión de considerar las esferas de la subjetividad y de la objetividad independientemente una de la otra. No solo hay que decir que nunca aprehendemos un objeto «en sí», aislado de su relación con el sujeto, sino que debemos sostener también que nunca aprehendemos un sujeto que no esté siempre-ya en relación con un objeto. (Después de la finitud, p. 29)
Meillassoux sostiene que el correlacionismo —que él identifica con un antirrealismo— es una posición que no se encuentra determinada por una ontología, es decir, por el modo como las cosas son. El correlacionismo se refiere, en cambio, a una determinación de nuestro pensamiento. En pocas palabras, no podemos acceder por el pensamiento a un ser que sea independiente del pensamiento. Esta explicación sintetiza lo que Meillassoux denomina «círculo correlacional», que indica precisamente que el correlacionismo encuentra una contradicción pragmática en el acto de querer pensar fuera de la correlación. Para el correlacionismo, de esta manera, no tenemos acceso epistémico a lo absoluto. El carácter correlacional de nuestro pensamiento es un hecho. La correlación no es algo necesario; sin embargo, tal y como son las cosas no podemos salir de ella. Esto es lo que Meillassoux denomina «facticidad de la correlación».
La crítica del correlacionismo, que es una crítica que alcanza a toda la filosofía occidental, por lo menos desde Kant, señala que esa perspectiva filosófica deja fuera del ámbito de interés aquello de lo que precisamente debería ocuparse la ciencia; es decir, todo el ámbito de los objetos mismos, con independencia de las determinaciones impuestas por el sujeto que los conoce. En otras palabras, el ámbito de los objetos considerados con independencia de la correlación o, en términos de Meillassoux, el «gran afuera». La propuesta del realismo especulativo consiste precisamente en buscar un conocimiento de lo absoluto y, con ello, una filosofía de lo absoluto. El realismo especulativo se pregunta cómo acceder a un absoluto susceptible de ser pensado como un afuera absoluto.
En términos generales, la crítica comienza con una objeción a la tesis del giro copernicano, presentada por Kant en el prefacio de la segunda edición de la Crítica de la razón pura, publicada en 1787. Vamos a comentar esta tesis kantiana en la segunda parte. Por ahora diremos que el problema que Meillassoux encuentra en ella es que si el modelo copernicano del universo saca del centro de atención al ser humano, la filosofía crítica de Kant, por el contrario, se centra en la perspectiva de ese sujeto. Por este motivo, Meillassoux considera que el giro kantiano es más ptolemaico que copernicano. Su propuesta consiste, precisamente, en cambiar esto.
La filosofía de Kant es para Meillassoux apenas un aliciente para el desarrollo del correlacionismo, una corriente mucho más amplia. Esta corriente alcanza incluso aquellas posiciones caracterizadas por la puesta en cuestión del sujeto, pues ninguna de ellas habría conseguido hacerlo y, por consiguiente, superar la correlación. En cualquier caso, en Después de la finitud, Meillassoux resume los problemas de la filosofía poscrítica en los siguientes términos:
Círculo y paso de baile correlacionales; sustitución de la adecuación por la intersubjetividad en la redefinición de la objetividad científica; mantenimiento de la correlación hasta en la crítica de la representación; afuera claustral. Estos postulados caracterizan a toda filosofía «poscrítica», es decir, que todavía se pretende lo suficientemente fiel al kantismo como para recusar todo retorno puro y simple a la metafísica precrítica. (Después de la finitud, p. 34)
Podemos examinar uno a uno estos postulados a la luz de la presentación que hemos realizado. La metáfora del baile y el círculo le sirven al autor para ilustrar el carácter aparentemente cerrado e ineludible de la codependencia del sujeto y el objeto en sus determinaciones en el marco del correlacionismo.
El segundo punto, vinculado con el carácter intersubjetivo del concepto de verdad tiene que ver con una suerte de relativismo que habilita una interpretación de la filosofía crítica de Kant. Si no tenemos acceso a las cosas mismas, sino tan solo al objeto en correlación con nosotros, entonces el concepto de verdad como adecuación de la representación con la cosa, una constante en la tradición filosófica occidental previa, pierde sentido. En efecto, la verdad ya no puede explicarse como la correspondencia del conocimiento con el estado de cosas en el mundo. Es necesario encontrar otro criterio para distinguir entre conocimientos verdaderos y presuntos conocimientos. Desde Kant, ese...




