McCall Smith | Las arenas de isla Tiburón | E-Book | www.sack.de
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E-Book, Spanisch, Band 284, 216 Seiten

Reihe: Las Tres Edades

McCall Smith Las arenas de isla Tiburón

Una nueva aventura en el barco escuela Tobermory
1. Auflage 2018
ISBN: 978-84-17454-78-4
Verlag: Siruela
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)

Una nueva aventura en el barco escuela Tobermory

E-Book, Spanisch, Band 284, 216 Seiten

Reihe: Las Tres Edades

ISBN: 978-84-17454-78-4
Verlag: Siruela
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)



¡Acompaña a la tripulación del barco escuela Tobermory en esta nueva aventura! Los gemelos Ben y Fee viajan con el resto de la tripulación rumbo al Caribe donde están las mejores aguas del mundo para navegar a vela. Sin embargo, sus rutinas diarias haciendo esnórquel, kitesurf y saltos de trampolín se verán interrumpidas el día que el capitán Macbeth recibe un misterioso mapa. Cuando alguien lo roba y un nuevo miembro de la tripulación abandona el barco, Ben, Fee y sus amigos deciden investigar... Sus pesquisas los llevarán hasta la siniestra isla Tiburón, donde los peligros acechan por doquier.

Alexander McCall Smith (Zimbabue, 1948) es un reconocido autor de novelas juveniles en el Reino Unido, pero sin duda se le conoce a nivel internacional gracias a la serie La primera agencia de mujeres detectives.
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Un viaje en el submarino

Había dos motivos por los cuales Ben y Fee MacTavish se sentían afortunados. El primero: eran alumnos del barco escuela Tobermory, un colegio que también era un barco y que navegaba por todo el mundo. Los habían enviado allí porque sus padres eran unos conocidos científicos marinos y tenían que viajar con frecuencia fuera de casa, en su submarino de investigación.

—Me temo que no hay colegios debajo del agua —dijo su padre—, ¡así que tendréis que ir a alguno en la superficie!

Fee y Ben eran gemelos; ambos tenían doce años. A Fee, sin embargo, le gustaba señalar que ella era dos minutos mayor que su hermano, y eso era importante, según afirmaba ella. «Incluso dos minutos pueden suponer una gran diferencia», decía.

A lo cual Ben —si es que la oía decir aquello— respondía: «¡Bobadas!», que era lo que solía soltar cuando a su hermana se le ocurría hacer algún comentario con el que estaba en desacuerdo. Aquel «bobadas» siempre lo decía con cortesía, por supuesto, ya que Fee y él nunca discutían y siempre estaban de acuerdo en las cuestiones más importantes, cuando no lo estaban en todo.

El segundo motivo por el que Ben y Fee se sentían afortunados era que ambos tenían buenos amigos, y todos aquellos amigos se llevaban muy bien entre sí, que es lo que la mayoría de la gente espera que hagan sus amigos.

—Debe de ser muy difícil —le confió Ben una vez a su hermana— cuando tienes un amigo al que no le cae bien otro de tus amigos. ¿Qué haces entonces?

Fee se quedó pensándolo; se alegraba de que aquello no le hubiera sucedido nunca.

—Supongo que te aseguras de verlos en momentos distintos —respondió ella—. Quizá tengas amigos de por la mañana y después amigos de por la tarde. Así, los verías por separado.

—Es mucho más fácil si todos se caen bien los unos a los otros —dijo Ben.

—Mucho más fácil —coincidió Fee.

¿Y quiénes eran esos amigos especiales de Ben y Fee?

Pues bien, en el caso de Ben era Badger Tomkins, con quien compartía camarote en la cubierta intermedia del Tobermory. Badger era un chico estadounidense que llegó desde Nueva York. Su padre y su madre tenían mucho éxito en los negocios y lo enviaron fuera a estudiar porque ellos estaban demasiado ocupados para dedicarle algo de tiempo a su hijo. A ellos les daba igual si Badger iba al colegio en Escocia, en los Estados Unidos o en Tombuctú, ya que de todos modos no lo veían casi nunca.

—Supongo que puedes ir a clase donde tú quieras —dijo el padre de Badger—. Siempre hay aviones que van a cualquier parte.

Afortunadamente para Badger, que era un marinero entusiasta, le permitieron ir a un barco escuela, y así es como acabó a bordo del Tobermory. Y le daba la sensación de que eso era, de lejos, lo mejor que le había pasado jamás.

Badger fue la primera persona a la que Ben conoció cuando se subió en el barco, y fue Badger quien se lo enseñó. A Ben le gustaba el sentido del humor que tenía su amigo y también su amabilidad. Era importante ser amable con los demás, pensaba Ben, y Badger siempre lo era. También se le daba bastante bien hacer las tareas, aunque nunca se jactaba sobre nada de lo que sabía hacer.

Después estaba Thomas Seagrape, procedente de Jamaica, donde su madre era la capitana de un pequeño barco. Thomas era una de esas personas que le caían bien a todo el mundo en el instante en que lo conocían, en cuanto se daban cuenta de que era de esos que nunca te fallan. Y estaban en lo cierto: Thomas siempre cumplía lo que decía que iba a hacer. Si prometía ayudarte con algo, allí estaría cuando hubiera que hacerlo. La gente lo valoraba mucho.

Ben y él también veían las cosas del mismo modo. Se reían con los mismos chistes, a los dos les gustaba la misma comida, y a veces se sentían incluso como si fueran hermanos. Eso siempre es una buena prueba para un amigo: ¿te gustaría que ese amigo o esa amiga fuera tu hermano o tu hermana? Si la respuesta es sí, significa que has encontrado un amigo verdaderamente bueno.

Es probable que la mejor amiga de Fee a bordo fuese una chica alta y pelirroja que se llamaba Poppy Taggart. Poppy venía de una granja de ovejas cerca de Alice Springs, justo en el centro de Australia. Nunca se había hecho a la mar antes de subir a bordo del Tobermory, pero siempre había querido ser marinera. Dado que su granja estaba tan lejos de todas partes, los padres de Poppy decidieron que, como tendría que ir a un internado de todas formas, ¿por qué no enviarla allá lejos, a Escocia, donde tenía su puerto base el Tobermory?

—Esa fue una de las mejores decisiones que han tomado nunca —dijo Poppy, a quien le encantaba estar en el Tobermory, igual que a todo el mundo.

Fee compartía camarote con ella, de manera que se veían mucho, pero también tenía otras buenas amigas a bordo, en particular Tanya Herring y Angela Singh. Tanya había empezado viajando de polizón, que es alguien que se esconde en un barco y lo descubren a bordo una vez que el barco ha zarpado de puerto. Había huido al mar después de la muerte de su madre, porque la habían enviado a vivir con unos tíos muy crueles que la obligaban a trabajar en su residencia para perros. Aunque el padre de Tanya seguía vivo, siempre estaba en la mar, y Tanya no tenía forma de contactar con él salvo a través de sus horribles tíos. Sin embargo, ella tenía la esperanza de que algún día se cruzasen sus caminos. Afortunadamente, le permitieron quedarse a bordo del Tobermory cuando la descubrieron, ya que había sido de gran ayuda al cuidar de Henry, el perro del capitán, cuando se rompió una pata.

Angela Singh era un poco tímida en ocasiones, pero estaba aprendiendo a descubrir su valor y esperaba llegar algún día a ser tan valiente como los demás. A Fee le caía bien porque siempre estaba encantada de ayudar y en un segundo plano. Hay gente que es un poco avasalladora y siempre quiere estar al mando de todo cuanto sucede. Angela no era así en absoluto, y Fee valoraba esa cualidad en su amiga.

De manera que allí se encontraban todos juntos, un grupo de amigos que recibía sus clases a bordo del Tobermory, que ahora se dirigía de regreso a puerto, un lugar llamado también Tobermory, que es la principal localidad de la isla escocesa de Mull. Mientras el barco se aproximaba a la costa, todos comenzaron a hablar sobre los planes que tenían para los próximos días de vacaciones.

—Voy a tener que quedarme a bordo —dijo Badger bastante triste—. Mis padres me han enviado un mensaje. Tienen reuniones importantes y creen que será mejor que me quede en el barco en vez de regresar a casa.

Ben frunció el ceño. Por lo que él había oído sobre los padres de Badger, aquello era típico en ellos. Siempre estaban demasiado ocupados para prestar mucha atención a su hijo, a quien le encantaría verles más si ellos encontraran algún momento para él en sus ajetreadas agendas.

—¿Y no te sientes solo? —le preguntó—. Al fin y al cabo, las vacaciones duran dos semanas enteras, y eso es mucho tiempo para quedarte solo.

Badger se encogió de hombros.

—Quizá esté todo muy silencioso —dijo—, pero no voy a estar absolutamente solo, ya sabes. Poppy no va a marcharse hasta Australia solo para dos semanas, y también está Tanya, que no tiene un verdadero hogar al que regresar. Nos quedaremos los tres a bordo. Y, por supuesto, estará Henry; él también se queda.

—¿Y qué pasa con Thomas? —preguntó Fee—. ¿Se va a volver a Jamaica?

—Se quedará con una tía en Londres —respondió Badger—. Le parece muy bien. Me ha contado que es una gran cocinera y que prepara el tipo exacto de comida jamaicana picante que a él le gusta. Dice que se lo pasa muy bien con ella y con sus primos.

Poppy, que estaba en la zona inferior, acababa de llegar a la cubierta con Tanya.

—¿De qué habláis? —preguntó Poppy.

—De las vacaciones —respondió Badger—. Le estaba diciendo a Ben y a Fee que me quedaré a bordo, igual que haréis Tanya y tú.

—Es cierto —dijo Poppy—. Podemos hacernos compañía los unos a los otros.

Ben se llevó a Fee aparte.

—Escucha —susurró—, ¿no podemos preguntarles si quieren venir a casa con nosotros?

Fee metió hacia dentro los carrillos. Ben sabía que su hermana siempre hacía eso cuando pensaba las cosas con mucho detenimiento.

—¿Y bien? —insistió Ben.

Los carrillos de Fee regresaron a su posición normal.

—¿Y qué nos dirán ellos?

Ben sabía que, cuando Fee decía «ellos», estaba hablando de sus padres. Siempre los llamaba de ese modo.

—Se lo podemos preguntar.

—Pero estarán en alta mar, ¿no crees?

Ben miró su reloj. Le habían regalado por su cumpleaños un reloj náutico que mostraba todo tipo de información, incluido el movimiento de las mareas y la profundidad del agua, algo muy útil cuando buceas. Aquel reloj también le mostraba el día del mes que era, y eso le permitía saber dónde estaría el submarino de sus padres.

—Ahora estarán frente a las costas de Irlanda —dijo él—. Van de...



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