Liebe Besucherinnen und Besucher,
aufgrund unseres Sommerfestes sind wir am 03. September 2026 bis 14 Uhr erreichbar. Am 04. September 2026 sind wir wieder wie gewohnt für Sie da. Vielen Dank für Ihr Verständnis.
Ihr Team von Sack Fachmedien
E-Book, Spanisch, 256 Seiten
Reihe: La espuma de los días
Michnik Elogio de la desobediencia
1. Auflage 2024
ISBN: 978-84-129021-4-3
Verlag: Ladera norte
Format: EPUB
Kopierschutz: 6 - ePub Watermark
E-Book, Spanisch, 256 Seiten
Reihe: La espuma de los días
ISBN: 978-84-129021-4-3
Verlag: Ladera norte
Format: EPUB
Kopierschutz: 6 - ePub Watermark
Adam Michnik (Varsovia, 1946), historiador y ensayista, fue líder del movimiento disidente polaco y miembro de la Mesa Redonda. Reunida entre febrero y abril de 1989, en ella el Gobierno socialista y el sindicato Solidaridad y otros opositores llegaron a unos acuerdos que ordenaban la transición democrática de Polonia siguiendo el modelo de la española. En ese mismo año fundó, y dirige desde entonces, Gazeta Wyborcza, el diario más influyente de Polonia. Premio Robert F. Kennedy, Premio Erasmus y Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades en 2022, ha publicado obras en español como En busca del significado perdido o Cartas desde la prisión.
Autoren/Hrsg.
Weitere Infos & Material
La Rusia de Putin no es
la Rusia de Pushkin
Entrevista de
Maciej Stasinski a Adam Michnik
2024
Maciej Stasinski: Durante toda tu vida intelectual has venido combatiendo el tópico de que Rusia es una tiranía eterna que no tiene remedio, donde los gobernantes —zares, emperadores o caudillos comunistas— someten al pueblo con despiadada violencia a la servidumbre o la esclavitud. Los rusos, según esta tesis, son un pueblo de siervos resignados innatos, incapaces de pensar en libertad y aspirar a la libertad, siempre agachados ante el látigo del déspota, como si llevaran la sumisión en la sangre. Tú siempre, hablando o escribiendo, has defendido la «otra Rusia»: indómita, rebelde, democrática y liberal. Durante la época comunista y después te has declarado un «rusófilo antisoviético». La guerra neoimperialista de Rusia para reconquistar Ucrania vuelve a someter esa tesis, y tu rechazo de ella, a prueba. ¿Dónde está la otra Rusia?
Adam Michnik: No existen pueblos, naciones o países condenados por naturaleza a vivir en la esclavitud, servidumbre o bajo tiranías o dictaduras. Sólo existen maneras estereotipadas de verlos exclusivamente a través del prisma de sus dramas o tragedias. Hubo un tiempo en el que Francia era vista como un país incapaz de ser una democracia, pues, cuando era una monarquía absoluta, vivió una revolución que instauró el terror jacobino y después, bajo Napoleón, se convirtió en un Estado proto o pretotalitario. Así veían Francia, por ejemplo, varios historiadores británicos, empezando por Edmund Burke, coetáneo de la Revolución. También en Polonia, un gran poeta del siglo XIX, Cyprian Kamil Norwid, escribió que «ningún rey polaco terminó en el patíbulo», aludiendo precisamente a Francia. Bien es verdad que algún rey de Inglaterra sí había terminado decapitado.
Yo sigo pensando que el tópico de los rusos como un pueblo de cobardes, esclavos, siervos, soplones, traidores, ladrones, borrachos y corruptos es falso y peligroso. Para demostrarlo ahí están personajes como Antón Chéjov, Piotr Chaadáyev, Aleksandr Herzen, Visarión Belinski o Iván Turguénev, por hablar del siglo XIX. Y todo un elenco de grandes humanistas, escritores, poetas e intelectuales que se rebelaban contra la tiranía y la dictadura en el siglo XX: Mandelshtam, Pasternak, Ajmátova, Grossman, Brodsky y demócratas contemporáneos como Sobchak, Yakovlev, Politkovskaya, Yerofieyev, Nemcov, Kasparov o Navalny.
MS: Esos personajes, por ilustres que sean, no han conseguido cambiar la historia de Rusia desde el Imperio de los zares, pasando por el Imperio rojo, hasta hoy, el neoimperio de Vladímir Putin. Para parafrasear al Premio Nobel Czeslaw Milosz, estas piedras no han conseguido cambiar el rumbo de la avalancha, según el famoso verso de su , «La avalancha cambia de rumbo según qué piedras encuentre en su camino».
AM: Eso parece, pero no estoy de acuerdo. Vayamos por partes. ¿Cómo vamos a recordar el día de hoy dentro de algunos años? Primero, como el tiempo que vino después de la debacle del Imperio soviético en 1991. En los años que siguieron al derrumbe, habló por fin la Rusia antes callada. Creo que desde la perestroika de Gorbachov hasta más o menos la guerra en Georgia, Rusia vivió una especie de renacimiento espiritual, intelectual y hasta democrático y político. Faltó la reconstrucción económica, que fue quizás la causa de que finalmente la democracia perdiera, pero ese es un tema aparte. ¿Fue inexorable, fue inevitable esa derrota?
Cosas parecidas habían ocurrido ya en 1917, cuando triunfó la revolución de marzo, con un Gobierno democrático, partidos políticos y prensa libre, situación que se mantuvo hasta el golpe de Estado de los bolcheviques. De nuevo: aquel golpe, ¿acaso fue inevitable como una fatalidad histórica?
Es una falacia. No existen fatalidades históricas, sólo hay acontecimientos y procesos que ocurren y dependen de las acciones de los hombres. Existen, eso sí, premisas, condiciones que hacen posibles algunos sucesos u otros, pero no existen destinos inexorables.
Antes, a mediados del siglo XIX, bajo el reinado del zar Alejandro II, Rusia emprendió el camino de las reformas modernizadoras que duraron hasta la aprobación de la Constitución de 1906. Desde el punto de vista de Polonia, entonces ocupada en su mayor parte por Rusia, aquel periodo no fue contemplado así porque, primero, estalló una insurrección armada en 1863 contra Rusia que fue aplastada sin miramientos, y después llegaron largos años de represión, sentencias de muerte y ejecuciones públicas de los insurrectos y deportaciones masivas a Siberia. Pero desde el punto de vista de la sociedad rusa, las reformas acometidas fueron sin lugar a dudas importantes, como la abolición de la servidumbre de los campesinos, siervos de la gleba. Aquel proyecto reformista y democratizador se mantuvo con meandros hasta la Primera Guerra Mundial, luego vino el paréntesis democrático de la revolución de marzo de 1918, la abdicación del zar y finalmente la Revolución bolchevique que traería el totalitarismo soviético.
El bolchevismo supuso un proyecto de nuevo orden político y social para el mundo entero y tuvo un gran atractivo. Tras la Segunda Guerra Mundial, la derrota del Tercer Reich, la ocupación de Europa del Este, la Revolución china y la guerra en Corea, parecía que efectivamente el mundo caería en las garras del Imperio soviético.
No fue así. ¿Y quién hubiera pensado entonces que un nuevo proyecto humanista y democratizador surgiría en el seno mismo del Imperio soviético? Pero ocurrió con la glásnost y la perestroika a mediados de los años ochenta del siglo XX. Fue entonces cuando comenzó en Rusia el retorno a la libertad.
MS: Pero Mijaíl Gorbachov no quería instaurar una democracia, ni destruir el Imperio soviético, sino que buscaba reformarlo y modernizarlo un poco.
AM: Por supuesto que no lo quiso, pero puso en libertad y alentó a los otros que sí lo querían y buscaban y por eso merece y tiene mi respeto y simpatía. El general Jaruzelski tampoco quería instaurar una democracia liberal en Polonia en 1989, pero aun así pactó con la oposición y puso en marcha un proceso democrático que se llevó el comunismo por delante. Y por ello también él merece mi respeto.
Hay que tener presente que en los años sesenta y setenta del siglo pasado, es decir, mucho antes de Gorbachov, surgieron en la URSS movimientos disidentes y democráticos entre la : poetas, escritores, intelectuales. Por supuesto que eran marginales, claro que era obra de grupúsculos de valientes demócratas, pero sin aquella labor de hormigas, sin el , es decir, sin el circuito literario y editorial ilegal y clandestino, no habríamos conocido los testimonios de Ósip o Nadiezhda Mandelshtam, ni los de Anna Ajmátova o Vasili Grossman. ¡De aquella cultura rebelde y clandestina del salieron nada menos que cuatro premios Nobel: Boris Pasternak, Alexander Solzhenitsyn, Andréi Sájarov y Yósip Brodsky!
Después de unos años de deshielo, Vladímir Putin volvió a apretar la tuerca autócrata y la incipiente democracia perdió de nuevo. Perdió por muchas razones, por la debilidad de sus nuevas élites, por la debacle económica, por la desenfrenada corrupción de los nuevos oligarcas. Desde entonces, Rusia está viviendo de nuevo un periodo de , esto es, de depresión y desorden. No sabemos cuánto durará.
Putin instauró de nuevo un régimen de represión, opresión, violencia, mentira y, ante todo, de miedo y terror que hoy se extiende a toda la sociedad. Hoy en Rusia la cárcel le cae a cualquiera y por cualquier cosa. Por llamar la guerra contra Ucrania por su nombre te condenan a 15 años de . Hay que comprender cómo viven millones de rusos presos de un miedo omnipresente, amordazados y atrapados en la maquinaria del terror del Kremlin. No se puede esperar que la gente vuelva a las calles para protestar, no podemos exigir a los rusos que se conviertan en mártires.
La muerte de Aleksiey Navalny ha demostrado que a Putin no le tiembla la mano al cometer ningún crimen y que es capaz de hacer cualquier cosa para que sirva de escarmiento para toda voz de discordia.
Pero la «otra» Rusia no ha desaparecido. Está en las cárceles, en el exilio y en el exilio interno en el que se refugian muchos rusos. Para demostrar que la Otra Rusia existe basta con escuchar lo que dicen los muchos rusos que se han fugado de su país. Hay que prestar atención a los rusos que se quitaron la mordaza, a Jodorkowsky, Kasparov, Ulitskaya, Yerofieyev y muchos otros.
¿Que parecen pocos y marginados en el exilio? También los disidentes soviéticos y los que hacían posible el eran unos pocos «marginados».
Yo repito una y otra vez: no hay que confundir la Rusia de Putin con la Rusia de Pushkin.
Aunque también el gran poeta Alexander Pushkin, que escribía poemas contra la tiranía zarista, cuando fue reprendido, enviado al exilio al sur de Rusia, vigilado y censurado por el zar, pasó por una etapa mezquina en la que se postró ante el poder y llegó a retractarse y desdecirse. También Brodsky, gran poeta libertario que fue juzgado y condenado por «vago» y «parásito» en 1964 y luego expulsado de la Unión Soviética en 1972, un judío repudiado por el imperio, un hombre que no tenía ni una pizca de nacionalismo, de repente, en 1992, cuando Ucrania declaró su independencia de la Unión Soviética, escribió un terrible poema en el...




