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Milanese | El contacto, el remedio, la palabra | E-Book | www.sack.de
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E-Book, Spanisch, 280 Seiten

Milanese El contacto, el remedio, la palabra

La comunicación entre médico y paciente
1. Auflage 2020
ISBN: 978-84-254-4374-9
Verlag: Herder Editorial
Format: EPUB
Kopierschutz: 0 - No protection

La comunicación entre médico y paciente

E-Book, Spanisch, 280 Seiten

ISBN: 978-84-254-4374-9
Verlag: Herder Editorial
Format: EPUB
Kopierschutz: 0 - No protection



Una de las interacciones humanas más complejas es la que se da entre el médico y el paciente. Ya Hipócrates formuló una 'receta' que enfatiza la poderosa influencia que tiene la comunicación en la acción terapéutica: 'solo el contacto, el remedio y la palabra pueden realmente curar'.   Bien lo saben las autoras de esta obra -una psicóloga y psicoterapeuta experta en comunicación estratégica y una médica-, quienes ofrecen una visión detallada de los aspectos de la comunicación en el ámbito médico, así como un análisis de las estrategias de lenguaje verbales y no verbales, de las modalidades relacionales y de las técnicas capaces de lograr que la interacción con el otro sea emocionalmente envolvente y persuasiva. A medida que las tecnologías proporcionan técnicas más avanzadas de detección y curación, es necesario que se le dé la misma importancia a la comunicación con el paciente, ya que ningún fármaco o máquina moderna puede desempeñar el papel insustituible de la relación personal.

Roberta Milanese, psicóloga y psicoterapeuta, es investigadora asociada del Centro de terapia estratégica de Arezzo, dirigido por Giorgio Nardone, y profesora de la Escuela de especialización en psicoterapia breve estratégica. Dirige el Máster en comunicación estratégica, resolución de problemas, coaching y ciencias del rendimiento en Milán, donde vive y trabaja. Desde hace años enseña en Italia y en el extranjero en maestrías clínicas y organizativas. Simona Milanese es médica especialista en Psicoterapia breve estratégica en el Centro de terapia estratégica de Arezzo, en Oncología médica y Medicina interna (en los Estados Unidos). Es investigadora asociada del Centro de terapia estratégica y trabaja como psicoterapeuta en Turín y Asti.
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1. Curar la relación de cura


Siempre es un deber del médico inspirar plena confianza al enfermo que acude a él para curarse, […] convencerle de la utilidad de los remedios que le propone, confortarle en los males que padece. Para los antiguos, el primer remedio eran las palabras, y con razón, puesto que todas las enfermedades hallan auténtico alivio en la serenidad del espíritu, pero no para todos los males hay medicinas.

Diario de Clínica Médica
del Spedale Grande de Palermo (1829)

La relación médico-paciente es una de las interacciones humanas más complejas y especiales, puesto que hace que dos personas, a menudo extrañas entre sí, compartan informaciones personales y mantengan un contacto físico en situaciones que siempre implican sufrimiento, desde el supuesto de la sinceridad, la honestidad intelectual, el uso de un lenguaje común y la creación de acuerdos terapéuticos. Algún lector podría pensar que lo normal es que fluya tranquilamente esta relación, en que el médico, consultado por un trastorno en el que es experto, formula un diagnóstico y prescribe un tratamiento, y el paciente, satisfecho y agradecido por la ayuda recibida, lo acepta y lo pone en práctica de buen grado. Desgraciadamente, la observación de la realidad no nos permite ser tan optimistas: la relación entre médico y paciente no goza hoy en día de una óptima salud, y en casos extremos incluso llega a «enfermar». Como expertos en salud y enfermedad, intentaremos comprender a fondo las razones de este malestar y encontrar las estrategias más idóneas para poder curarlo.

Los síntomas


Si analizamos al detalle la relación actual médico-paciente, el primer síntoma que salta inmediatamente a la vista es la escasa compliance a las prescripciones mostrada por los pacientes: en el siglo XXI, un porcentaje considerable de pacientes no sigue las indicaciones del médico.

Por extraño (y alarmante) que pueda parecer, al progreso de la tecnología y de la investigación médico-científica, que permite hoy a la clase médica disponer de instrumentos de intervención de una eficacia impensable en el pasado, no le corresponde una habilidad análoga para lograr que los pacientes acepten cumplir el tratamiento prescrito. Esta escasa adherencia conlleva también inevitablemente una reducción de la eficacia de la propia intervención médica, puesto que algunos pacientes no siguen, o lo hacen solo parcialmente, lo que el especialista les indica. De poco sirve, por tanto, que el médico sea capaz de efectuar un diagnóstico correcto y prescribir una terapia eficaz si no consigue que el paciente la ponga en práctica de forma correcta y durante el tiempo adecuado. Como veremos más detalladamente en el próximo capítulo, este fenómeno es tan frecuente y preocupante que la propia Organización Mundial de la Salud (OMS)considera que las intervenciones dirigidas a aumentar la compliance de los pacientes pueden tener un impacto en la salud de la población mayor que cualquier otra mejora que pueda obtenerse en los tratamientos médicos específicos (Sabaté, 2003).

Todos los expertos coinciden en que uno de los principales aspectos que originan este fenómeno se halla en las modalidades comunicativas que los médicos utilizan con los pacientes. Es decir, el problema no está en «qué» prescribe el médico, sino en «cómo» lo prescribe, y en la escasa atención que a menudo presta a la relación con el paciente. Aunque el fenómeno está muy extendido, la clase médica sigue prestando todavía muy poca atención al desarrollo de habilidades comunicativas y persuasivas, ya que considera que o no son necesarias o no forman parte del bagaje profesional del médico. De modo que son muchos los profesionales que, por ingenuidad o exceso de optimismo, no son conscientes de la escasa compliance de los pacientes y están convencidos de que basta decir al paciente lo que debe hacer para que este se disponga a hacerlo. Pertenecen al tipo: el problema no existe. Hay un segundo grupo integrado por los médicos que creen que no deben ocuparse (o preocuparse) de persuadir al paciente a seguir sus prescripciones, ya que consideran que su función se agota con la realización de un diagnóstico correcto y la prescripción de una terapia. En otras palabras: yo te digo lo que deberías hacer, si no lo haces es tu problema. Encontramos, por último, a aquellos especialistas que son conscientes de lo difícil que llega a ser conseguir que los pacientes sigan los tratamientos prescritos, pero no siempre poseen las habilidades comunicativas necesarias para hacerlo. En este caso, la conclusión a que se llega es: el problema es mío, pero no sé cómo solucionarlo.

Un segundo síntoma de insatisfacción por un enfoque médico demasiado centrado en la enfermedad y poco atento a la «persona» es el notable incremento experimentado por las llamadas «medicinas alternativas» (homeopatía, fitoterapia, técnicas de relajación, etc.), que desde siempre se han mostrado muy sensibles a los aspectos relacionales y comunicativos de la relación de cura. Se estima que en Italia cerca de un 30 % de la población recurre a este tipo de medicinas, y que en el 40 % de los casos son incluso los propios médicos los que las proponen a sus pacientes. Y uno de los principales motivos que empujan a las personas a recurrir a estas formas de tratamiento parece ser precisamente la escasa empatía e interés humano mostrado por quien practica la medicina «oficial» (Soresi, 2005; Luchino et al., 2008; Marano, 2010).

Otro síntoma preocupante del malestar de la relación médico-paciente es el elevado número de médicos afectados por el síndrome del burnout, entre el 25 % y el 60 % de profesionales, cifra que al parecer está aumentando continuamente (Gundersen, 2001; Panagopoulou et al., 2006). La aparición del burnout se ve favorecida no solo por la percepción de un exceso de trabajo (demasiados pacientes, demasiadas tareas, poco tiempo), sino también por la escasa satisfacción laboral y relacional, aspectos estrechamente vinculados a una relación de cura que ya no es fuente de gratificación y satisfacción.

No obstante, el síntoma más evidente de cómo la relación médico-paciente puede llegar a «enfermar» nos lo proporciona el creciente número de denuncias presentadas contra los médicos por parte de los pacientes y de sus familiares. Por sorprendente que parezca, la razón principal de los contenciosos no es tanto la iatrogenia en sí misma, como una comunicación disfuncional entre los médicos y sus pacientes. Todas las investigaciones sobre la malpractice han identificado como elemento principal de la proliferación de las denuncias no el presunto error en el diagnóstico o en el tratamiento, sino una comunicación entre médico y paciente ineficaz, percibida a menudo por el paciente como fría y distante desde el punto de vista humano. Por lo general, se trata de comunicaciones caracterizadas por afirmaciones nerviosas y apresuradas del médico, o en las que el médico no ha considerado debidamente la perspectiva de los pacientes (Beckman et al., 1994; Levinson, 1994; Altili, 2006; ania, 2013). Los pacientes pueden perdonar que sus médicos cometan errores, pero solo si estos son capaces de hacerlos sentir acogidos, comprendidos y tratados con humanidad y compasión; es decir, si son capaces de comunicar y relacionarse de manera eficaz.

El diagnóstico


¿Por qué a los médicos de hoy se los acusa de prestar tan poca atención a los aspectos comunicativos y empáticos en la relación con los pacientes?

La primera razón está relacionada paradójicamente con el notable desarrollo y los extraordinarios descubrimientos de la medicina científica en el siglo pasado. Durante más de 2 400 años los remedios terapéuticos de que disponía el médico tenían escasa o nula eficacia. Hasta el descubrimiento de las sulfamidas y de los antibióticos a mediados de los años treinta del siglo XX, los médicos estaban prácticamente desarmados en términos terapéuticos y seguían utilizando viejos remedios, como los purgantes, las sangrías o los heméticos, absolutamente ineficaces y hasta dañinos. Sin embargo, esta «ineficacia terapéutica» desde el punto de vista científico la compensaba el médico prestando mucha atención a la vivencia y a la relación con el enfermo (Troisi, 2012). La capacidad del médico de escuchar, tranquilizar y sugestionar positivamente al paciente, junto con la especial atención concedida a la observación, auscultación y palpación del cuerpo, constituía la parte fundamental y dominante de la actuación médica. Como carecía de remedios farmacológicamente eficaces, el médico no podía hacer otra cosa que recurrir a todas sus habilidades comunicativas y relacionales para favorecer el proceso de curación del paciente. Y lo hacía siguiendo las indicaciones de Hipócrates, para quien «algunos pacientes, aunque conscientes de que se hallan en un estado peligroso, recuperan la salud simplemente a través de la satisfacción por la bondad del médico».

Desde que la ciencia médica descubrió los agentes patógenos más comunes y elaboró terapias válidas para curarlos, la relación médico-paciente ha empeorado, como destaca el historiador de la medicina Edward Shorter (1985). La evolución de la medicina en una dirección cada vez más biológica y tecnológica ha derivado en un empobrecimiento de la dimensión humana y relacional en la relación de cura, en la que el enfermo es desmembrado en sus...



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