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E-Book, Spanisch, 176 Seiten

Millet Madres mamíferas

La crianza natural desde una nueva mirada
1. Auflage 2023
ISBN: 978-84-19271-98-3
Verlag: Plataforma
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)

La crianza natural desde una nueva mirada

E-Book, Spanisch, 176 Seiten

ISBN: 978-84-19271-98-3
Verlag: Plataforma
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)



En Madres mamíferas, una mirada mordaz a las supuestas bondades del apego extremo, Eva Millet pone en cuestión un sistema de crianza con tintes progresistas, pero más vinculado a las élites y a una postura que devuelve a las mujeres a casa que a las necesidades prácticas y sensatas de la experiencia de ser madre. En este libro, la autora lanza una pregunta que, más allá del examen y la crítica, deberíamos empezar a plantearnos: ¿funcional la crianza natural? ¿Conviene forzar el apego? ¿Se convierten realmente nuestros hijos en «seres maravillosos» bajo este sistema? ¿No lo son todos para sus padres sin importar cómo han sido paridos y alimentados? Pese a que el siglo XXI es, en teoría, el de la consolidación de la igualdad, la llamada «crianza natural» carga la plena responsabilidad de esta tarea a las madres. En este libro, Eva Millet cuestiona la necesidad de etiquetarlo todo y de poner presión adicional a las madres.

Eva Millet, periodista y escritora, es licenciada en Ciencias de la Información por la Universitat Autònoma de Barcelona. Ha trabajado en Londres para el diario The Guardian y la BBC radio, medio para el que fue corresponsal en México. En 2002, a raíz del nacimiento del primero de sus dos hijos, empezó a publicar sobre temas de educación y puso en marcha www.educa2.Info, blog especializado en noticias que ayudan a educar. También es colaboradora habitual del Magazine de La Vanguardia, donde lleva la sección de 'Parenting'.
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Introducción. Las palabras importan


Como periodista y madre, hace tiempo que leo sobre el estilo de crianza conocido como «natural», también llamado crianza «con apego» o «respetuosa». Como es lógico, para escribir este libro incrementé estas lecturas, tanto de textos académicos como de libros, artículos, entrevistas y columnas de opinión que promueven este tipo de maternidad. Sin olvidar fuentes más informales, como blogs, comentarios en redes sociales e, incluso, tuits y publicidad de productos vinculados a la crianza natural.

A medida que avanzaba en la documentación y acumulaba material, me di cuenta de que hay una uniformidad del lenguaje de los activistas del apego: textos académicos aparte, en manuales de crianza, folletos, posts, comentarios, artículos, etc., hay un patrón.

Para empezar, en el modo de dirigirse a la lectora: un estilo un poco cursi y santurrón, que predica un tipo de crianza que nos convertirá en madres muy especiales. Un estilo que rezuma comprensión y buen rollo, salpicado de guiños hacia esas mujeres que practican el apego o quieren hacerlo. A estas no iniciadas se las invita a formar parte de una comunidad poseedora de una verdad incontestable, una especie de fórmula mágica. Siempre y cuando se sigan sus preceptos, por supuesto.

Porque no todo es tolerancia y amabilidad en este mundo. Hay textos que rezuman indignación hacia «el sistema», patriarcal y capitalista, que nos obliga a criar a los hijos de cualquier manera. Hay una sensación de agravio latente hacia la maternidad convencional: esa forma de educar «deshumanizada», practicada por nuestras madres y abuelas, quienes dejaban llorar a los niños e impedían cogerlos en brazos para que no se acostumbraran. Una maternidad que ha experimentado «un apocalipsis de causas no especificadas»,1 que ha puesto fin a estas malas prácticas.

Existe, asimismo, un firme rechazo hacia los expertos: hacia esos médicos que tratan a las mujeres y a los bebés como «pacientes-objeto», robándoles el parto. Contra los «adiestradores de sueño» y la industria de la leche de fórmula, que llega a calificarse de veneno. O contra aquellos que se escandalizan al toparse con «unas tetas al aire» nutriendo cuerpos. Se trata de un discurso con un tono encendido, que rezuma una mezcla de victimismo e indignación.

Sin embargo, lo que llama más la atención en la literatura sobre la crianza natural es el abuso de ciertas palabras. Palabras importantes, de las que este movimiento parece haberse apropiado.

La apropiación primigenia sería la del término «apego», la razón de ser del movimiento. Aunque el apego se define de forma algo lacónica en el diccionario de referencia del español,2 este concepto es el eje a partir del cual se ha construido una ideología que está modificando la forma en la que las mujeres están criando a sus hijos en este siglo.

Y es que, como escribió la filósofa Élisabeth Badinter en el inicio de su imprescindible ensayo La mujer y la madre:3

Se ha producido una revolución en nuestra concepción de la maternidad, casi sin que nos diéramos cuenta. Ningún debate, ningún grito ha acompañado esta revolución, o más bien involución. Sin embargo, su objetivo es considerable puesto que se trata, ni más ni menos, de devolver la maternidad al centro del destino femenino.

En esta nueva maternidad que se dice «natural» —pero, como veremos, hace que lo natural sea extremadamente complicado—, el «apego» es el objetivo que hay que conseguir. La tierra que hay que conquistar, el Santo Grial al que aspirar. Y, también, un reclamo muy efectivo. Porque: ¿quién no quiere ser una madre apegada? ¡Todas queremos serlo! Entre otros, los antónimos de apego son «desinterés» y «desafecto». «Odio», incluso. ¿Cómo no se va a abrazar un movimiento que nos dirá como lograr una relación basada el «cariño», el «amor», la «adoración» y la «devoción», algunos de los sinónimos de la palabra apego?

Y, ¿cómo no vamos a querer ser madres «naturales» y practicar una maternidad «ecológica»? Lo «natural» es lo que «no tiene mezcla o elaboración», la persona «espontánea y no afectada». En tiempos de crisis ambiental: ¿cómo no reivindicar un retorno a la naturaleza?

¿O ser «respetuosas»? Otro término estelar en el discurso de la crianza natural. ¿Quién no quiere «respetar» a sus hijos? Y, por supuesto, ser «consciente», adjetivo que se ha añadido a la ristra de requerimientos para la madre natural. Los antónimos son terroríficos. Ninguna querría ser una madre «inconsciente», «insensible» o «descuidada».

Y no olvidemos a las madres «conectadas»: otra condición que aparece con enervante redundancia en los textos. La crianza con apego pone al niño en el centro y es el deber de la madre estar conectada, 24/7, a la criatura. Lo contrario será una progenitora «ausente», «desunida» o «separada».

Abunda asimismo el término «mamífera» que inspira el título de este libro y es una condición que se alcanzará a través de un parto natural, seguido de una lactancia a demanda, exclusiva y prolongada. Como los animales, la madre mamífera se dejará guiar por su instinto, con la naturaleza como referente.

La madre que cría con apego es asimismo «sabia», «honesta» y, por supuesto: «empoderada». Ello no impide que sea también «sacrificada». El sacrificio y la resistencia al dolor y al agotamiento (al parto sin analgesia, a la lactancia, cueste lo que cueste, a los años sin dormir) es parte del lote para ser una madre de esta tribu.

Otro concepto, la «tribu». La crianza natural puede ser extenuante, pero la recompensa es que una forma parte de una «tribu» de madres conectadas, mamíferas, sabias, conscientes, empoderadas, honestas, respetuosas y naturales, que consiguen el apego con sus criaturas.

Las palabras importan. Las palabras atrapan, y cualquier ideología que se precie lo sabe.

La manipulación del lenguaje es algo que han practicado con especial énfasis los movimientos ideológicos más radicales; pese a que las palabras no tienen dueño, el poder gusta de utilizarlas. En este caso, la crianza natural se apropia de unos términos preciosos y los usa para crear etiquetas. Para distinguir la buena de la mala madre.

Porque las madres con apego, las madres naturales, respetuosas y conscientes son las que sigue sus directrices para criar. Estas, en esencia, son:

  • Lactancia materna prolongada y a demanda.
  • Colecho (compartir la cama con la criatura).
  • Porteo (cargar al niño para favorecer un intenso contacto físico con la madre).
  • No dejar llorar al hijo bajo ninguna circunstancia.

Otro requerimiento estrella sería el del parto natural, entendido por esta corriente como un parto lo más «desmedicalizado» posible. Si se produce en casa, una ya se convierte en la madre diez.

Estas condiciones son los pilares de un movimiento que ya es tendencia y que bebe de fuentes como la Teoría del Buen Salvaje, de Rousseau. Ya en el siglo XVIII, este filósofo idealizaba el estilo de vida primitivo y la figura de la madre en comunión con la naturaleza. Una mujer centrada en la maternidad, la cual seguía su instinto natural.

Élisabeth Badinter explica que el resurgimiento de la doctrina naturalista, basada en la dependencia del ser humano con la naturaleza y sus leyes, coincide con las crisis económicas de finales del siglo XX. Crisis que afectan en especial a las mujeres: las primeras en ver reducidos sus salarios o en ser despedidas. Sin olvidar que siguen cobrando menos que los hombres.

Si el mundo laboral es decepcionante, razona esta filósofa, ¿por qué convertirlo en una prioridad, como hicieron nuestras madres? ¿Por qué no volver al hogar y dedicarse a una actividad tan fundamental como es la crianza? La maternidad, escribe, se puede convertir en la obra cumbre de sus vidas:

Numerosas mujeres empiezan a pensar que el estatus de madre de familia también tiene valor y que el cuidado y la educación de sus hijos podrían ser su obra maestra. Contrariamente a sus madres, siempre con prisas, que habían hecho malabarismos entre las exigencias familiares y profesionales, las hijas fueron sensibles a la nueva consigna: ¡los niños primero!

Maternidad intensiva


La crianza natural tilda a la crianza anterior de «adultocéntrica» y pone el foco, absoluto, sobre los hijos. O más bien, sobre el hijo, dado el bajo índice de natalidad en Occidente, donde en países como España hay una media de 1,2 criaturas por pareja. El hijo, que hoy llega más tarde y a menudo es fruto de una puntillosa planificación y un deseo intenso. El hijo, que a veces ha costado Dios y ayuda concebir, a través de duros tratamientos de fertilidad. El hijo, que se convierte en el proyecto, la obra maestra a la que se refería Badinter.

A esta criatura va a dedicarse en cuerpo y alma, cada minuto del día, la madre de apego. A través de una intensa preparación y un parto lo más animal posible. A través de la lactancia extendida y a demanda, incluso durante años. Del contacto constante gracias al porteo y al colecho. Se trata de una maternidad radical, que implica una dedicación física y emocional muy superior a la de las madres convencionales. La crianza natural o con apego es una «maternidad intensiva», término acuñado en 1996 por la socióloga Sharon Hays,4 quien...



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