E-Book, Spanisch, Band 211, 138 Seiten
Reihe: Teatro
Mira De Amescua / Williamson Lo que puede el oír misa
1. Auflage 2010
ISBN: 978-84-9897-583-3
Verlag: Linkgua
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)
E-Book, Spanisch, Band 211, 138 Seiten
Reihe: Teatro
ISBN: 978-84-9897-583-3
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Antonio Mira de Amescua (Guadix, Granada, c. 1574-1644). España. De familia noble, estudió teología en Guadix y Granada, mezclando su sacerdocio con su dedicación a la literatura. Estuvo en Nápoles al servicio del conde de Lemos y luego vivió en Madrid, donde participó en justas poéticas y fiestas cortesanas.
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Jornada primera
(Suenan cajas y salen el Conde, Infante, Fortún y Mendo.)
Conde No toquen a marchar. Las cajas callen
porque en esta ribera
pretendo que me hallen
las luces que vagando en esta esfera
alumbran otro polo.
Aquí me han de mirar, o muerto o solo.
En Burgos no he de entrar, ni mi palacio
en sus umbrales vea
que me vuelvo de espacio
sin vencer a los moros; aquí sea
mi habitación agora
del expirar el Sol hasta la aurora.
En las tiendas de campo viviremos.
No digan en Castilla
que los altos extremos
del blasón que a los orbes maravilla
faltarán por ser viejo
Fernán González. Hoy fuerza y consejo
administran mi pecho, y el Infante
Garci Fernández puede,
como mi hijo, ser cristiano Atlante
que mi valor herede.
InfanteSeñor y padre mío,
bien haces; la ribera de este río,
como Burgos reciba
tus ejércitos hoy; tu gente viva
en el campo entre tanto
que venzas a los moros con espanto.
No digan que volvemos sin victoria;
esperemos que vuelva
Sancho Osorio. Si ha ido
con ambición de gloria
para espiar del moro en esta selva
a vista de los astros luminosos,
tu campo en escuadrones dividido,
hasta volver deshechos o gloriosos,
alegre vivirá.
Fortún A verte ha venido
la Infanta, mi señora.
InfanteDe la luz de mi Sol será aurora.
(Salen Violante y Blanca, con espadas, sombreros y plumas.)
ViolanteSeñor, si vuestra alteza
dos soldados admite,
ejercitados mal en la milicia,
ya los tiene a sus pies.
Conde Di, la belleza
que con el Sol compite,
¿cuándo más rosicleres desperdicia?
Violante, hija, dame
esos lazos de amor, y no me llama
tu lengua padre amado,
pues vengo sin vencer y retirado.
En Burgos no entraré sin dar victoria
a la insigne memoria
de los famosos condes de Castilla.
¡Oh, Blanca, dame tus brazos!
Infante (Aparte.)(¡Oh, quién se viera en los hermosos lazos
de Blanca! ¡Qué envidioso
de mi padre me siento!
Amor, dice riguroso,
no fleches el arpón, templa el tormento.)
A Sancho Osorio espero,
que fue, como valiente caballero,
a ser perdida espía
reconociendo el campo y los intentos
del moro.
Violante A tiranía
tal acción corresponde.
No eres mi padre, castellano Conde,
pues pones a peligro el alma mía.
Tráigalo amor con bien.
Conde Violante, vamos
a mi tienda, y en tanto que esperamos
a Sancho Osorio, en ella
gozaré de tu vista alegre y bella.
InfanteSí, hagan las cajas salva,
pues llegan al real el Sol y el alba.
(Tócanse las cajas y vanse, quedándose Fortún y Blanca.)
Fortún Oye, doña Blanca.
Blanca Hermano,
¿cómo estás? ¿Cómo has venido?
Fortún Del conde favorecido,
como siempre; al soberano
resplandor de tu hermosura
lo debo, que si el infante
es tu galán, es tu amante,
de ti nace mi ventura.
Blanca, pues nuestra nobleza
ni brilla ni resplandece,
y el conde me favorece
en virtud de mi riqueza
y de tu beldad, gocemos
la ocasión, que de estos modos
suelen subir casi todos
los que en gran linaje vemos.
Haz de suerte que el infante
se venga a casar contigo,
y haz de suerte que conmigo
se quiera casar Violante.
Eres su dama y te quiere,
como a mí su hermano. Blanca,
mientras la fortuna franca
con nosotros anduviere,
no desmayemos.
Blanca Hermano,
yo sospecho que Violante
tiene cuidados de amante.
Conquistarla será en vano.
Fortún ¿A quién presumes que estima?
BlancaA Sancho Osorio sospecho
que da lugar en su pecho.
FortúnEso no me desanima.
Yo desharé sus hazañas
con industria, de manera
que Violante no lo quiera.
BlancaSi ella tiene amor, te engañas;
no lo podrás conseguir.
FortúnTodo el ingenio lo alcanza;
a manos de mi privanza
le pretendo perseguir.
(Salen el Conde, el Infante y Violante por una puerta, y Sancho Osorio por otra, vestido de moro.)
Conde Si Sancho Osorio ha venido
saldremos de este cuidado.
InfanteEs animoso soldado.
Violante (Aparte.)(Mis cuidados le han traído.)
Sancho Déme la mano tu alteza.
CondeYa con los brazos te aguardo.
SanchoHonores, que me acobardo
sólo en mirar su grandeza.
Conde ¿Pudiste reconocer
lo que el moro intenta?
Sancho Fui,
supe, miré y entendí.
CondeRelación puedes hacer.
Sancho A penetrar el reino de Toledo,
donde el dosel pendió de tus pasados,
de Castilla partí con el denuedo
que me daban tus bélicos cuidados.
Ni conocí lo pálido del miedo,
ni respeté la fuerza de los hados,
que con valor en el morisco traje
el ánimo entregaba a tu homenaje.
Por moro me tuvieron y, corrido
de parecerlo tanto, discurría,
disimulando el alma en el vestido,
como en la nube el rosicler del día.
Escuadrones hallé que ya han venido
de la fértil y antigua Andalucía,
como abismo fatal que África aborta,
para probar si tu cuchilla corta.
Con invasión intentan los paganos,
hollando riza nieve en Guadarrama,
oscurecer blasones castellanos.
Al vuelo infatigable de la fama
ejércitos convocan tan ufanos,
que el que Jerjes juntó corto se llama,
y parece que ya el África ciega
con diluvios de moros nos anega.
Para socorro de la gran Marruecos,
publican que se juntan las legiones,
que pudieran dejar, bebiendo, secos
los piélagos del mar en sus regiones.
Por desmentir así, queden los ecos
en los oídos hoy de tus leones,
como el rayo que ya, de furor lleno
hizo su efecto cuando se oye el trueno.
Todo es armas, rigor, bélico trato,
en Córdoba, en Toledo, y en Sevilla,
que pretenden sus huestes dar rebato
en los valientes hombres de Castilla.
Caiga la estatua, pues, de este aparato
al heroico esplendor de tu cuchilla.
Saquemos de los términos del moro
en las ondas del Tajo arena de oro.
Reparaba un alcaide en mi semblante
y tuvo pretensión de que era espía;
osando examinar, como arrogante,
esta sospecha que de mí tenía,
pretendió presentarme a Taludante,
el bárbaro señor de Andalucía,
mas yo, como milito en tus banderas,
asombré con valor las once esferas.
Vive Dios, que el alcaide con la gente
que intentó mi prisión, aunque animosa,
al acero que ves resplandeciente
fue débil y cobarde mariposa.
¿No viste alguna vez turbia corriente
que peñascos arranca generosa?
Perdone mi...




