Momplet Míguez | El arte hispanomusulmán | E-Book | www.sack.de
E-Book

E-Book, Spanisch, 480 Seiten

Reihe: Ensayo

Momplet Míguez El arte hispanomusulmán


2. Auflage 2010
ISBN: 978-84-9920-507-6
Verlag: Ediciones Encuentro
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)

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Reihe: Ensayo

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El arte hispanomusulmán es parte del arte islámico. Pero, al mismo tiempo, es heredero y receptor de otras tradiciones artísticas que son las que colaboran a darle su riqueza y su propia caracterización. La presencia del Islam en la península Ibérica durante casi ocho siglos, con su extraordinario bagaje cultural y sus espléndidas creaciones artísticas, determinó la personalidad de lo hispánico medieval, diferente del resto, africano o europeo, y acuñó peculiaridades que, trascendiendo a la presencia material de lo musulmán, forman parte integrante y diferencial de lo que, genéricamente, puede considerarse español. El arte hispanomusulmán es el mejor testimonio tangible de aquellos tiempos.

Antonio E. Momplet Míguez es desde 1972 profesor titular del Departamento de Historia del Arte I (Medieval) de la Universidad Complutense de Madrid, donde imparte cursos de licenciatura y doctorado. Obtuvo la beca de Formación de Personal de Investigación y la Beca Fulbright para investigadores. Es con regularidad profesor visitante invitado en la University of the South en Estados Unidos. Asimismo, es profesor de arte español para el programa de la Universidad de Vandelbilt en Madrid. Ha escrito varios libros, entre los que se encuentran La arquitectura de las peregrinaciones (1985), Tipología de la iglesia románica en el Reino de Castilla (1988) y La arquitectura románica en Castilla y León, así como numerosos artículos de los que varios están dedicados al estudio de aspectos del arte hispanomusulmán y de su influencia.
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INTRODUCCIÓN


El arte hispanomusulmán es parte del arte islámico. Pero, al mismo tiempo, es heredero y receptor de otras tradiciones artísticas que son las que colaboran a darle su riqueza y su propia caracterización. En este aspecto cobran especial importancia las primeras referencias ligadas al desarrollo artístico del mundo mediterráneo occidental y del local hispánico en los primeros siglos de la era cristiana. Entre ellos es importante destacar la tradición clásica romana y su herencia a través de Bizancio, así como las del arte paleocristiano y el visigodo. La influencia directa del arte del Islam procede, en primer lugar, del arte omeya de Oriente, en buena medida basado también en fuentes clásicas comunes, a las que empiezan a sumarse las procedentes del Islam oriental. Estas se irán haciendo más presentes a partir del desarrollo del arte abasí, con una cultura islámica más inclinada hacia Oriente, siendo la época en la que se define con claridad la verdadera personalidad artística de su arte.

Una parte del arte islámico, y por lo tanto del hispanomusulmán, está ligado a los mismos orígenes del Islam. Algunos de sus aspectos característicos, más en lo conceptual que en lo formal, están condicionados por estos orígenes étnicos y geográficos. La importancia que en la arquitectura islámica cobra la presencia del jardín, del agua y de la vegetación, evoca el lujo que el oasis representa en el desierto, una idea que el musulmán no perderá aun cuando, como en Al-Andalus, la geografía que le rodee esté en todo sentido muy lejos de la de Arabia. El nomadismo, propio de la mayor parte de las tribus que engrosaron las filas de los primeros seguidores de Mahoma, se asociará a la importancia y calidad que el arte islámico mantendrá en las artes muebles, y de las que las artes suntuarias hispanomusulmanas son cumplida muestra.

La importancia del urbanismo también se relaciona con los mismos comienzos del Islam y del Profeta, cuya vida transcurre entre los dos enclaves urbanos de la península Arábiga, Meca y Medina. La importancia del carácter comercial y mercantil en la historia cultural del Islam, y los condicionantes climáticos y topográficos de los territorios en los que se asienta, determinarán las características de sus ciudades. Y estos aspectos se adaptarán y se harán presentes en el urbanismo andalusí, e incluso influirán en el desarrollo del urbanismo medieval europeo.

El sentido de la privacidad cuenta como algo fundamental para el musulmán. Así lo vemos reflejado en aspectos del urbanismo y de la arquitectura doméstica, en donde son frecuentes los recodos, los pasos sin salida, los exteriores austeros que esconden interiores refinados, los recursos que permiten disfrutar de la vista exterior sin desvelar los interiores. La organización espacial de estos interiores, tanto en la arquitectura religiosa como en la palatina, también lo refleja, y se muestran compartimentados, seccionados, en ocasiones laberínticos, creando ámbitos casi ocultos, o como si invitaran a ser descubiertos paulatinamente.

La importancia de la decoración, tan característica del arte islámico, está igualmente relacionada con sus orígenes. Por una parte, la diferencia su carácter conceptual e intelectual, alejado del progresivo interés realista del arte cristiano, y se relaciona con una preferencia por motivos más abstractos que figurativos, alimentada por ideas deducidas del Corán. Por otra parte, la temprana necesidad de los conquistadores musulmanes por crear símbolos llamativos de su poder les empujó a construcciones más aparentes que duraderas o verdaderamente costosas, en las que el recubrimiento decorativo se convertía en esencial. La escasez de materiales de construcción de calidad en muchos de los territorios del Islam, junto a esta y otras razones económicas, promovieron la típica decoración islámica —tapizante, abigarrada, repetitiva—, envoltura característica de su arquitectura que está igualmente presente en el arte hispanomusulmán.

La decoración epigráfica fue especialmente importante, ya que se utilizó como instrumento para transmitir toda una serie de ideas y mensajes, en un principio relacionados con los nuevos gobernantes y su fe. El Corán fue fuente repetida para estas inscripciones, así como otras de índole convencional, pero en ocasiones incluye valiosa información sobre la propia obra que decora, y en otras se trata de creaciones literarias y poéticas de gran belleza. Éste es uno de sus aspectos más atractivos desde el punto de vista artístico, que queda limitado cuando no se conoce la lengua árabe.

La decoración figurativa, entendiendo como tal la que incorpora figuras animales o humanas, es minoritaria, pero no está ni mucho menos ausente del arte islámico. Basándose en menciones de discutible interpretación del Corán y, sobre todo, en la tradición, está prácticamente vedada en el ámbito de lo religioso y en su amplio campo de influencia dentro de las manifestaciones artísticas populares. Por consiguiente, su más nutrida aparición se produce en obras especialmente ligadas a las elites sociales e intelectuales y a las creaciones de índole cortesana.

El arte hispanomusulmán se formará entre los siglos VIII al X, los del arte omeya de Al-Andalus. En un principio, como el resto del arte islámico, incorporará características de las tradiciones histórico-artísticas en las que se apoya. Por una parte, las locales, esencialmente la hispanorromana y la visigoda, y por otra la omeya oriental. Esta última participaba además de fuentes comunes, como era la del arte romano, fundamentalmente a través de lo bizantino. En el siglo IX se percibirá una progresiva definición de aspectos diferenciados en las manifestaciones artísticas hispanomusulmanas, proceso que está relacionado con lo que sucedía en el arte islámico en la segunda mitad del siglo VIII a partir de la proclamación del califato abasí. Es perceptible el desarrollo de fórmulas artísticas diferenciadas, algunas por evolución de las empleadas anteriormente, otras por incorporación de novedades, con frecuencia procedentes de Oriente, en las que la personalidad de lo islámico se va haciendo más clara. La plena definición del arte hispanomusulmán en el siglo X coincide con la época del califato de Córdoba, y el esplendor de este momento histórico en todos los aspectos no es ajeno a ello. Las obras de este período señalan una época culminante del arte hispanomusulmán y del arte del Islam, momento que podemos llamar clásico, en el que fraguan equilibradamente sus componentes, y en el que se define su personalidad, quedando en gran medida como modelo para su desarrollo futuro. Cristaliza ahora tanto lo que asocia lo hispanomusulmán al resto del arte islámico como aquello que le confiere una identidad propia. El arte del período de las taifas se presenta, en apariencia, como una continuidad de lo califal y, aun siendo así en parte, cuanto más se conoce más se aprecian sus peculiaridades y los antecedentes de soluciones que más adelante se repetirán con frecuencia. La época de dominio de las dinastías africanas, desde finales del siglo XI hasta la primera mitad del XIII, supone la continuidad en la evolución de los aspectos propiamente hispanomusulmanes junto con la incorporación de lo elaborado en la zona del Magreb, nutrido con influencias procedentes de Oriente, lo que dota a este período de una especial significación. En el interregno entre almorávides y almohades, la época de las segundas taifas, estudios recientes muestran el interés de la arquitectura mardanisí en el reino de Murcia, fenómeno que aparentemente se repite en la misma zona, con carácter menor y más restringido, al declinar el poder almohade. La fase final del arte almohade y primeros momentos del nazarí, en torno a mediados del siglo XIII, evidencia las características de una época de transición con persistencias en la segunda mitad del siglo. El pleno asentamiento del reino nazarí de Granada, aun siendo el período final del arte hispanomusulmán, lejos de aparentar limitaciones, representa un verdadero canto del cisne, en el que se culminan procesos creativos y se alcanzan elevadas cotas de brillantez artística.

Las corrientes del arte islámico llegarán casi siempre a Al-Andalus a través del Norte de África, cobrando especial relieve las relaciones entre ambos territorios, como sucederá durante los períodos del arte omeya y taifa andalusí con el arte aglabí y fatimí. Este fenómeno se hará aún más profundo, como hemos señalado, durante el dominio de las dinastías africanas, almorávides y almohades, períodos en los que Al-Andalus y el Magreb llegan a unificarse políticamente. Al mismo tiempo, el arte hispanomusulmán va desarrollando una personalidad propia a través de unas características que surgen de su misma evolución, interpretando modelos foráneos al tiempo que crea fórmulas propias. A partir de cierto momento, y dentro de la época bajomedieval, las influencias procedentes del arte cristiano comienzan a hacerse perceptibles, aunque nunca lleguen a ser dominantes. Este proceso es particularmente apreciable en el arte nazarí, y especialmente significativo en las relaciones entre el arte hispanomusulmán de los últimos siglos y el arte mudéjar. La complejidad y profundidad de todas estas fuentes, de estas relaciones e influencias, son las que proporcionarán al arte hispanomusulmán una extraordinaria calidad y riqueza.

En el contexto hispánico, las circunstancias históricas de Al-Andalus frente a los territorios cristianos del Norte determinarán durante una buena parte...



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