Moreto Y Cabaña | Antíoco y Seleuco | E-Book | www.sack.de
E-Book

E-Book, Spanisch, Band 290, 120 Seiten

Reihe: Teatro

Moreto Y Cabaña Antíoco y Seleuco


1. Auflage 2010
ISBN: 978-84-9897-118-7
Verlag: Linkgua
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)

E-Book, Spanisch, Band 290, 120 Seiten

Reihe: Teatro

ISBN: 978-84-9897-118-7
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En Antíoco y Seleuco Agustín Moreto y Cabaña relata la historia de los herederos de Seleuco II de la dinastía Seléucida, rey de Siria entre 247 adC y 226 adC. Antíoco y Seleuco detentaron primero uno y después otro el trono de Siria. El primero tuvo un reinado corto y murió envenenado por sus propios generales. Mientras que Antíoco reinó con el nombre de Antíoco III Megas (el Grande).

Agustín Moreto y Cabaña nació en Madrid, 9 de abril de 1618 y murió en Toledo, 28 de octubre de 1669. España. Dramaturgo y religioso español. Su nombre completo es Agustín de Moreto y Cavaña. Estudia en Alcalá de Henares y se ordena sacerdote en 1643. Capellán del Hospital de los Pobres de Toledo. Fernando IV lo nombra 'poeta de la corte'. De su abundante producción literaria se conservan actualmente sesenta y siete comedias y treinta y dos piezas cortas entre entremeses, bailes, etc. Muy influido por la técnica escénica de Lope de Vega. Como muchos dramaturgos de su época, reelaboró comedias anteriores suprimiendo los defectos que iba encontrando.
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Jornada primera


Suena ruido de tempestad y salen Antíoco y Luquete, de camino

Antíoco¡Terrible tempestad, válgame el cielo!

Luquete¡Sí hará, que todo se nos viene abajo!

A alguna claraboya de él apelo,

o a un pozo para echar por él abajo.

AntíocoLuquete.

Luquete¿Gran señor?

AntíocoToda mi gente5

sin duda se ha perdido.

LuqueteNosotros, si ellos ya se han acogido,

seremos los perdidos solamente,

pues aquí el cielo, aunque nos coge lejos,

tratándonos está como abadejos.10

Vive el cielo que, cuando considero

que, Antíoco, eres tú el hijo primero

de Seleuco —a quien Siria cedió el mando—,

y que aquí, como yo, te estás mojando

—y aun más, porque mi capa tosca y basta15

algo más tarde el agua la contrasta

que la tuya, delgada y guarnecida—,

caigo en lo que son honras desta vida:

todo es mentir, a mi pobreza apelo,

que aquesta burda capa en que me fundo20

tiene menos adorno para el mundo,

pero más resistencia para el cielo.

AntíocoDices verdad.

Luquete¡Y cómo que la digo!

La experiencia, señor, es fiel testigo.

¿Hay más que ver que al labrador sencillo25

al Sol de julio, en la ardiente siesta,

azotando las mulas desde el trillo,

trinchar la parva de haces descompuesta

y, despreciando al Sol, amontonalla;

y cuando el aire corre, desnudalla30

con la horca ganchosa contra el viento

que la ligera paja lleva a un lado

y del pesado grano, que hace asiento,

le deja un rubio pez amontonado,

sin que le ofenda el Sol, si no es que vea35

que se va antes que acabe su tarea?

Pues, si al campo va un príncipe, seguido

de caballos, carrozas y criados,

de tantas atenciones asistido,

reverencias, lisonjas y cuidados,40

¿atreverase a estar sin muchos miedos

un cuarto de hora al Sol? Que si dos credos

le da en la bola (cuando el colodrillo

no le taladre agudo un tabardillo,

porque fueron sus rayos más corteses)45

tiene jaqueca para treinta meses.

Hártase un labrador, de regla falto,

de ajos, migas, pepinos y tomates,

y brinca treinta pies de sólo un salto.

Tiembla un señor de aquestos disparates,50

y sólo por templanza da a su muela

pollas, capones y agua de canela;

y si pasa un arroyo algo arrojado,

del salto, a casa va desvencijado.

¡Ah, señor, que el ser pobre en esta vida55

es más riqueza y menos conocida!

AntíocoLuquete, moral vienes.

LuqueteHeme hartado

de moras hoy, y me han moralizado.

AntíocoDeste monte al abrigo esperaremos

al día.

LuqueteAquí la noche pasaremos,60

aunque poco del agua defendidos.

AntíocoAquí es fuerza quedarnos detenidos,

porque el término es éste señalado

donde a la Reina he de encontrar.

LuqueteQue ha dado

tu padre en ser marido,65

porque ya cincuenta años que ha vivido,

de tres mujeres ha arrastrado el luto,

y aún no de la tercera el llanto enjuto,

se casa con la cuarta.

Y si, como a las otras, ésta ensarta,70

lo ha de hacer con la quinta y la requinta,

con que puede, si el naipe ansí le pinta,

para cantar de todas los placeres

hacer una guitarra de mujeres.

Y por que en la alusión nada me muerdas,75

esto será porque ellas fueron cuerdas.

AntíocoEn ninguna elección mi padre ha sido

más atento que en ésta, pues ha unido

con su poder el [de] Demetrio el Grande

para que el Asia mande;80

pues, por que toda su valor la rija

casa con Estratónica, su hija,

con que será el señor más poderoso

del Imperio Oriental.

Luquete¿Pues más glorioso

casándote con ella no quedaba?85

Pues el mismo trofeo en ti lograba

sin la desproporción de su edad vieja,

habiendo un mozo con que hacer pareja.

AntíocoA mí me casa con mi prima Astrea.

(Aparte.)(No quiera el cielo que mi amor lo vea,90

que mi vida será desesperada.

¡Ay, sombra de mi error idolatrada,

pues desde que el pincel te dio a mis ojos,

sólo vivo de penas y de enojos!)

A Astrea, en fin, ya le ofreció mi mano,95

que esto debe al ser hija de su hermano.

Luquete¿Y por qué por la Reina a ti te envía?

AntíocoPor ver si acaso mi melancolía

viendo diversas tierras se divierte.

LuqueteCuando la fama de la Reina acierte,100

cuya hermosura iguala con su vuelo,

no te envía a ver tierra, sino cielo.

AntíocoPor ver si es como dicen su hermosura,

nunca ver he querido su retrato.

LuqueteSi lisonja no fue del pincel grato,105

en manos de tu padre su pintura

he visto.

Antíoco¿Y sus facciones son tan bellas?

LuqueteCon sus ojos, son hongos las estrellas.

Nicanor (Dentro.)¡Hacia el monte guiad!

Otros¡Por la ladera!

AntíocoMas, ¿qué voces son éstas?

Luquete¡Malo!

AntíocoEspera;110

¿si es acaso mi gente

que me busca?

LuqueteNo es, porque de enfrente

viene el tropel que escucho,

que aunque yo no lo veo, suena a mucho.

Nicanor (Dentro.)Este abrigo tomemos hasta el día.115

Luquete¿Quién serán?

AntíocoQue es la Reina he imaginado,

pues si esta noche aquí llegar debía,

y lo mismo que a mí les ha pasado,

como el caso es testigo,

fuerza es que tomen este mismo abrigo.120

Luquete¡Tate, la Reina es!

Antíoco¿De qué lo infieres?

LuqueteDel mucho ruido que hacen las mujeres.

Antíoco¿En qué hacen ruido?

LuqueteCon sus pompas vanas,

y por eso andan ya como campanas.

Nicanor (Dentro.)Aquí puede apearse Vuestra Alteza.125

AntíocoLa Reina es.

Luquete¿«Apearse» una belleza?

(Salen la Reina y damas, de camino, y Nicanor y todos los criados que pudieren.)

NicanorAquí puede tu Alteza retirarse

hasta que llegue el cielo a serenarse

de tanta tempestad.

Reina¡Qué oscura noche!

LuqueteYo sólo por el ruido he visto el coche.130

AntíocoAquí, aunque no le encuentre con la vista,

tiene ya Vuestra Alteza quien la asista.

Reina¿Quién es?

AntíocoQuien, como hijo venturoso,

de vuestra mano el triunfo generoso

a vuestros pies espera.

ReinaQuién sois dudo.135

Luquete (Aparte.)(Manos y pies: entrada de menudo.)

AntíocoAntíoco soy, señora.

Reina Vuestra Alteza

llegue a mis brazos, pues, y la extrañeza

culpe a la oscuridad y al accidente,

que haber sobrevenido de repente140

a entrambos nos disculpa. ¿Cómo viene

Vuestra Alteza?...



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