Moreto Y Cabaña | El licenciado vidriera | E-Book | www.sack.de
E-Book

E-Book, Spanisch, Band 295, 140 Seiten

Reihe: Teatro

Moreto Y Cabaña El licenciado vidriera


1. Auflage 2010
ISBN: 978-84-9897-544-4
Verlag: Linkgua
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)

E-Book, Spanisch, Band 295, 140 Seiten

Reihe: Teatro

ISBN: 978-84-9897-544-4
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El licenciado vidriera es una parodia escrita con cierto aire de tristeza que relata las fantasías de un hombre que cree que su cuerpo es de cristal. El argumento, tratado anteriormente por Miguel de Cervantes Saavedra en sus Novelas ejemplares, es aquí llevado al teatro por Agustín Moreto y Cabaña. A diferencia de la versión de Cervantes, aquí la acción transcurre en Italia y el protagonista del relato se llama Carlos. Nuestro héroe es en la pluma de Moreto un valiente soldado que tras una época de locura creyéndose de vidrio recupera la razón y consigue el amor y la fortuna.

Agustín Moreto y Cabaña nació en Madrid, 9 de abril de 1618 y murió en Toledo, 28 de octubre de 1669. España. Dramaturgo y religioso español. Su nombre completo es Agustín de Moreto y Cavaña. Estudia en Alcalá de Henares y se ordena sacerdote en 1643. Capellán del Hospital de los Pobres de Toledo. Fernando IV lo nombra 'poeta de la corte'. De su abundante producción literaria se conservan actualmente sesenta y siete comedias y treinta y dos piezas cortas entre entremeses, bailes, etc. Muy influido por la técnica escénica de Lope de Vega. Como muchos dramaturgos de su época, reelaboró comedias anteriores suprimiendo los defectos que iba encontrando.
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Jornada segunda


Antesala del alcázar.

Carlos, apoyándose en su espada, y Gerundio, ambos vestidos muy pobremente.

GerundioYa poquitos a poquitos

a palacio hemos llegado.

CarlosNo puedo andar, de cansado.

GerundioYa vas haciendo pinitos.

CarlosCon esta flaqueza quedo

del rigor de las heridas.

GerundioNo es sino de las comidas.

CarlosDe pesado andar no puedo.

GerundioNo por el vestido es;

que tú y yo, si en eso topa

podemos ser Poca-ropa

en un paso de entremés.

Carlos¡Que del Duque esté olvidada,

cuando puso mi persona

en su frente la corona

con la pluma y con la espada!

¡Que olvide acción tan valiente!

GerundioPues ¿eso te desbautiza?

Pusiérasle tú ceniza,

y no corona en la frente.

Mas ¿qué culpa tiene él,

si a Lisardo te encargó?

Lisardo es quien te olvidó,

él fue el ingrato y cruel.

Él nos dejó, y con testigos,

a una posada encargados,

donde fuimos visitados

de parientes y de amigos,

que nunca de allí salían;

pues dos días aun no nos tuvo,

cuando dos mil chinches hubo

que nuestra sangre comían.

Sólo un día te asistió

en esta piscina grave,

pues un día te dio una ave,

y al otro día voló.

Un doctor te envió partida

de sentencias tan graciosas,

que te mandó echar ventosas

para curarte la herida.

Recetó con causa poca

un día una ayuda, y yo

dije: «No ha comido.» -«¿No?

Pues dénsela por la boca.»

Desta manera, Señor,

tus heridas has pasado,

que es milagro haber sanado

de la peste del doctor.

Los trastos ya se vendieron,

alhaja no quedó en casa:

hasta un bonete con grasa,

que aun para arroz no me diera,

sólo ha quedado un portero

de un convento que enamoro,

que viendo que de hambre lloro,

me llena siempre el puchero.

CarlosGerundio, ya a creer me obligo

que no es del Duque este error;

que a él le divierte su amor.

Lisardo es el mal amigo.

GerundioÉl es quien te hace estos males,

Señor, que no es otro alguno;

ni el Duque ha visto solo uno

de todos tus memoriales.

CarlosPues tras todo ese rigor,

lo que me da más tormento

es, que trate el casamiento

con Laura, contra mi amor;

y ya Pompeyo con él

lo tiene capitulado.

Esto sin duda ha causado

ingratitud tan cruel.

GerundioEso es, Señor, y a eso llama

lo que por el Duque tomas;

que él pretende que no comas,

para soplarte la dama.

CarlosPor eso a palacio vengo,

por si acaso puedo ver

al Duque, y darle a entender

la justa queja que tengo.

Si a Laura llego a perder,

también perderé la vida.

GerundioPues dala ya por perdida,

porque él lo ha de disponer

de modo, que el premio sea

como la cura, Señor.

Tú estás tal, que das horror,

y ninguno que te vea

podrá creer que tú has sido

quien fuiste; que su mal trato,

siendo Lisardo el ingrato,

te hace a ti el desconocido.

CarlosPues ¿puede faltarme a mí

el Duque, si le hablo yo?

GerundioSi él fuera terciana, no;

pero siendo duque, sí.

CarlosPues ¿qué he de hacer?

Gerundio Aprender

un buen tono entre los dos,

con que pidamos por Dios

a otro para comer.

Pero tate, que Lisardo

sale aquí.

Carlos Al paso le espera;

que ha de oírme, aunque no quiera,

tan justa queja.

Gerundio Ya aguardo.

(Hace que se va.)

Lisardo. Dichos.

LisardoYa de mí mismo envidioso

estoy, habiendo tenido

de Laura el sí pretendido,

por su padre; y cuidadoso

aquí le vengo a buscar,

pues mi suerte se mejora,

porque con el Duque ahora

se acabe de asegurar.

Mas ¿no es Carlos el que miro?

Él es sin duda, y su intento

estorba mi casamiento.

Por no hablarle me retiro.

(Hace que se va.)

Carlos¿Señor Lisardo?

Gerundio ¿Oye usted?

Lisardo¿Quién es?

Gerundio ¿Nos da con la sorda?

¿Hace usted la vista gorda?

Pues bien delgado le ve.

CarlosAunque ya de vuestro trato

sé vuestra respuesta, pues

se obligó a ser descortés

quien se arrojó a ser ingrato;

la queja os da mi atención,

no porque vos la ignoréis,

sino porque no neguéis

vuestra culpa y mi razón.

LisardoPienso que de mí hacéis pruebas.

GerundioPues ¿no lo infiere de sí?

Lisardo¿Vos tenéis queja de mí?

GerundioPues ¿hale dado usted brevas?

LisardoDecidla; que la he dudado.

Gerundio¡Pesia el alma de su olvido!

Pues ¿no quedó mi amo herido,

y a usted no quedó encargado?

¿No nos dejó con ultraje

en una triste posada,

donde no se nos dio nada

de usted ni de su linaje;

donde el hambre fue receta,

pues de salud incapaz,

como embajador de paz,

le curó con la dieta;

donde...? Aquel ayuno aclamo:

¡siete semana y sesma!

¿Pensó usted que era cuaresma

la enfermedad de mi amo?

CarlosAunque esa desatención

para queja era bastante,

es la que tengo de amante

la que me da más razón.

Vos al hablarme, ¿de mí

no os disteis por obligado?

LisardoSiempre así lo he confesado.

Carlos¿No os dije mi empeño?

Lisardo Sí.

Carlos¿No es segura obligación

fiar su pecho a un amigo?

LisardoLa misma deuda es testigo.

CarlosPues si de mi pretensión

os hice dueño, Lisardo,

cuando obligado os tenía

(y obliga más el que fía

su intento a un pecho gallardo),

de dos deudas en que funda,

mi amor queja tan severa,

el que olvidó la primera

no se acordó en la segunda.

Ya que el haberos servido

como amigo en la ocasión

no sirvió de obligación,

hablarme recién venido,

y fiaros yo mi amor,

¿no bastó para estorbar

que vos me intentéis quitar,

ingrato y ciego, el favor

de Laura? Mas ya he sentido

habéroslo pronunciado;

que vos lo habéis intentado;

y yo estoy dello corrido,

que aunque no pudiera hacello,

pasa un corazón sencillo

la vergüenza al referillo

que te diera al cometello;

que aunque en la voz lo repito,

para empañar la pureza

del cristal de la nobleza,

basta el aire del delito.

LisardoTemplando mi indignación

os he podido sufrir,

porque os ciega el presumir

que podéis tener razón.

Al llegarme a proponer

vuestro amor, que no he olvidado,

os previne yo un cuidado,

y no os pude...



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