E-Book, Spanisch, 224 Seiten
Reihe: SALUD Y VIDA NATURAL
MORITZ Limpieza hepática y de la vesícula
1. Auflage 2015
ISBN: 978-84-9111-000-2
Verlag: Ediciones Obelisco
Format: EPUB
Kopierschutz: 6 - ePub Watermark
E-Book, Spanisch, 224 Seiten
Reihe: SALUD Y VIDA NATURAL
ISBN: 978-84-9111-000-2
Verlag: Ediciones Obelisco
Format: EPUB
Kopierschutz: 6 - ePub Watermark
ANDREAS MORITZ (terapeuta intuitivo practicante de iridiología, Ayurveda, Shiatsu y lmedicina vibracional) desde los primeros años de su vida se vio obligado a enfrentarse a diversas dolencias de carácter grave, lo que le impulsó, siendo aún muy joven, a estudiar dietética, nutrición y diferentes métodos de curación natural. Nacido en Alemania en 1954, este magnífico naturópata, fallecido en 2012, es autor de numerosas obras relacionadas con la salud que han llegado a ser auténticos bestsellers, entre ellas: Los secretos eternos de la salud y el rejuvenecimiento, El cáncer no es una enfermedad, Las Vacunas, Diabetes, nunca más y Limpieza hepática y de la vesícula. En California, lugar donde pasó sus últimos años, fundó los innovadores sistemas de curación Arte Ener-Chi y Santimonia Sagrada.
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Introducción
Muchas personas creen que los cálculos biliares sólo se encuentran en la vesícula, pero se trata de una suposición tan común como errónea. La mayoría de los cálculos biliares se forman en el hígado y, en comparación, muy pocos en la vesícula. Esto es fácil de verificar si se realiza una limpieza del hígado. Poco importa que uno sea lego en cuestiones de salud, médico, científico, o que le hayan extirpado la vesícula y, por tanto, se crea libre de tener cálculos: los resultados de la limpieza hepática hablan por sí solos. No hacen falta pruebas científicas o explicaciones médicas para resaltar el valor y la importancia de la limpieza hepática. Cuando el lector vea cientos de cálculos biliares de color verde, marrón o negro flotando en el inodoro en el transcurso de la primera limpieza hepática, se dará cuenta por sí mismo de que ha descubierto algo extremadamente importante en su vida. Y, quizás, llevado por la curiosidad, decida llevar los cálculos a analizar, o bien preguntar al médico su opinión. Puede que el médico le anime a proseguir con esta experiencia terapéutica o tal vez le diga que es totalmente ridícula y le aconseje que no la practique. Sin embargo, lo más significativo de esta experiencia es el hecho de que uno toma las riendas de su propia salud, probablemente por primera vez en la vida.
No todo el mundo es tan afortunado como usted, lector; según las estadísticas, aproximadamente un 20 % de la población mundial desarrollará en algún momento de su vida cálculos biliares en la vesícula. Sin embargo, esta cifra no incluye a la gran cantidad de personas que llegarán a desarrollar cálculos biliares en el hígado, o que ya los tienen. En los treinta años que llevo practicando medicina naturista he tratado a miles de personas que sufrían todo tipo de enfermedades crónicas, y puedo constatar que cada una de ellas, sin excepción, ha tenido una cantidad considerable de cálculos biliares en el hígado. Sorprendentemente, muy pocos pacientes han presentado un historial de cálculos biliares en la vesícula. Los cálculos biliares en el hígado son, como se verá en este libro, el principal obstáculo para adquirir y mantener un óptimo estado de salud, juventud y vitalidad. En realidad, los cálculos son una de las principales razones por las que las personas enferman y tienen dificultades para recuperarse.
No querer reconocer la incidencia de la formación de cálculos biliares en el hígado es, tal vez, uno de los mayores y más desafortunados errores de la medicina, tanto de la alopática como de la alternativa. Confiar plenamente, como hace la medicina convencional, en los análisis de sangre para realizar un diagnóstico supone una desventaja a la hora de comprobar la salud del hígado. La mayoría de las personas que sufren algún problema de salud muestran unos niveles de enzimas hepáticas perfectamente normales, a pesar de padecer congestión en el hígado. La congestión y el estancamiento hepático se encuentran entre los problemas sanitarios más comunes y, sin embargo, la medicina convencional raramente se refiere a ellos, ni tampoco los médicos cuentan con una forma fiable de detectar y diagnosticar estos trastornos. Los niveles de enzimas hepáticas en sangre aumentan cuando en el organismo existe un avanzado nivel de destrucción celular, como sucede, por ejemplo, en el caso de la hepatitis o inflamación del hígado. Las células hepáticas contienen gran cantidad de enzimas; cuando cierto número de células hepáticas se desgarra, las enzimas penetran en la sangre y, a través de un análisis clínico, muestran una anomalía en el hígado. Pero, entonces, el daño ya ha ocurrido. Tienen que transcurrir muchos años de congestión crónica en el hígado hasta que el deterioro de este órgano salga a la luz. Los análisis clínicos estándar casi nunca muestran la incidencia de piedras en el hígado; de hecho, la mayoría de los médicos ni siquiera saben que las piedras pueden desarrollarse también en este órgano. De hecho, la mayoría de los médicos ni siquiera saben que las piedras pueden desarrollarse en el hígado también. Tan sólo algunas de las universidades dedicadas a la investigación, como la prestigiosa Johns Hopkins University, describe e ilustra esas piedras hepáticas en sus publicaciones médicas o en sus páginas web, refiriéndose a ellas como «piedras intrahepáticas».[1]
Comprender que los cálculos en el hígado contribuyen a la aparición de prácticamente cualquier tipo de enfermedad, y seguir unos simples pasos para eliminarlos, significa hacerse cargo uno mismo de la propia salud, de restablecerla, y gozar de vitalidad de manera permanente. Los resultados de la limpieza hepática –la que se hace uno mismo, o la de los pacientes, en el caso de un profesional sanitario– son realmente satisfactorios. Tener un hígado limpio significa poder contar con una nueva oportunidad para vivir.
El hígado ejerce un control directo sobre el desarrollo y el funcionamiento de cada célula del cuerpo. Cualquier tipo de disfunción, deficiencia o crecimiento anómalo en las células se debe, en gran parte, a un mal funcionamiento hepático. Incluso tras perder hasta un 60 % de su rendimiento original, el hígado, gracias a su extraordinario diseño, habitualmente parece funcionar «adecuadamente», como indican los valores sanguíneos equilibrados. Si bien esto lo ignoran tanto el médico como el paciente, el origen de la mayoría de las enfermedades puede localizarse fácilmente en el hígado. El primer capítulo del libro está dedicado a esa importante relación.
Cualquier enfermedad o síntoma de mala salud está causado por algún tipo de obstrucción. Cuando un vaso sanguíneo se obstruye y, por tanto, deja de suministrar oxígeno o nutrientes a un grupo celular, tendrá que activar determinadas medidas de emergencia para poder sobrevivir. Por supuesto, muchas de las células afectadas no sobrevivirán a esa «hambruna» y simplemente morirán. En cambio, otras más resistentes aprenderán a adaptarse a la situación adversa a través del proceso de mutación celular y a cubrir sus necesidades energéticas utilizando los productos tóxicos de los residuos metabólicos, como, por ejemplo, el ácido láctico. La situación de esas células podría compararse a la de una persona en el desierto que, a falta de agua, decide beber su propia orina para sobrevivir. La mutación celular que lleva a la formación de un cáncer es tan sólo un último intento del organismo para evitar una muerte inmediata por envenenamiento séptico y un colapso total. Sin embargo, es bastante habitual y totalmente rocambolesco llamar enfermedad a esa respuesta normal del cuerpo frente a la acumulación de residuos tóxicos. Lamentablemente, la ignorancia de la auténtica naturaleza del cuerpo humano ha llevado a muchos a creer que ese mecanismo de supervivencia es una «enfermedad autoinmune». La palabra autoinmune indica que el cuerpo intenta ir contra él mismo y que, prácticamente, busca el suicidio. Nada más lejos de la realidad. Los tumores cancerosos son el resultado de una gran congestión en los tejidos conectivos, los vasos sanguíneos y los conductos linfáticos, y todo ello evita que las células sanas reciban suficiente oxígeno y nutrientes vitales.[2]
Pero existen otras obstrucciones más evidentes que también pueden desbaratar el bienestar general del cuerpo. Un colon constantemente estreñido impide que el cuerpo elimine los desechos que contienen las heces. La retención de esos desechos en la parte inferior de los intestinos provoca un entorno tóxico en el colon y, si la situación no se resuelve, en todo el organismo.
Las infecciones y los fallos renales pueden ser una respuesta frente a la acumulación de piedras calcificadas o depósitos de grasa en el riñón, y, de ese modo, se obstruye el flujo de la orina en los riñones o en la vejiga. La acumulación de esos depósitos minerales en el sistema urinario puede provocar retención de líquidos y aumento de peso, así como cientos de síntomas diversos.
Cuando se acumulan desechos tóxicos acídicos en el pecho y en los pulmones, el organismo responde con secreciones mucosas con el fin de atrapar las sustancias tóxicas. Como consecuencia, las vías respiratorias se congestionan y apenas permiten respirar. Si el organismo estaba ya muy congestionado y repleto de toxinas, puede llegar a producirse una infección pulmonar. Las infecciones pulmonares se deben al esfuerzo del organismo por destruir y luego eliminar las células dañadas o debilitadas, que, de otra manera, empezarían a descomponerse, si no estaban ya descompuestas (formación de pus). La congestión pulmonar impide la eliminación natural de las células debilitadas o dañadas. Si la congestión no se resuelve por medios naturales, o bien se incrementa a causa de unos hábitos alimentarios deficitarios, es posible que el pus quede atrapado en los tejidos pulmonares. De manera natural, las bacterias destructoras empezarán a desarrollarse para ayudar al organismo en su desesperado esfuerzo por limpiar la zona congestionada, la cual está repleta de células en descomposición y otros productos de desecho. Los médicos denominan a este mecanismo de supervivencia infección estafilocócica o neumonía.
Una mala audición o una infección de oído pueden ser afecciones causadas por una mucosidad densa repleta de toxinas y bacterias vivas o muertas que penetra en los conductos que van de la garganta a los oídos (trompa de Eustaquio). Asimismo, un espesamiento de la sangre causado por alimentos o bebidas altamente acidificantes puede reducir el flujo sanguíneo en...




