E-Book, Spanisch, 222 Seiten
Musso / Gadoni Los sueños de los niños
1. Auflage 2016
ISBN: 978-1-68325-097-5
Verlag: De Vecchi Ediciones
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)
Comprender el mundo emocional infantil a través de sus sueños
E-Book, Spanisch, 222 Seiten
ISBN: 978-1-68325-097-5
Verlag: De Vecchi Ediciones
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)
Los sueños de los niños no deben ser vistos con escepticismo. El niño ha de saber que lo que ha soñado no son tonterías sin sentido, y el adulto debe acompañarle en sus fantasías, en sus pesadillas y en los descubrimientos. Acostumbrarse a hablar de los sueños con los hijos y animarles a que los cuenten es, en definitiva, un modo de favorecer un crecimiento sano. Este libro es una guía para la comprensión de las relaciones afectivas que surgen de los sueños y que son fundamentales para el desarrollo del individuo. Se trata de una herramienta sencilla para entender fácilmente los deseos y los miedos de los niños durante su crecimiento, y para conseguir que crezcan conscientes de sus sentimientos y, por tanto, mejor preparados para entenderse a sí mismos y para sentirse realizado. Una obra única que contiene toda la información sobre los aspectos psicológicos del sueño, consejos para favorecer un buen sueño y un diccionario de símbolos.
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Primera parte
Los misterios de dormir y soñar
Anatomía de los sueños
Los sueños han fascinado siempre a los hombres, que se interrogan sobre su significado. En la Antigüedad y en las culturas primitivas se les atribuía la capacidad de prever el futuro y de entrar en el mundo de la magia. Hoy en día sabemos que la actividad onírica contiene mensajes que no son menos importantes: los del inconsciente, demasiadas veces silenciado durante la vigilia por lo que llamamos racionalidad.
Actualmente sabemos que la actividad de los sueños es neurofisiológica y que estos desempeñan funciones importantes relativas a la formación y las modificaciones de las actividades psíquicas, comportamentales y relacionales.
Un poco de historia
Ya en el siglo ix a. de C., Homero diferenciaba dos grupos de sueños: un primer grupo de sueños sin importancia, y un segundo grupo de sueños que anunciaban la verdad.
Para Platón (428/427-347 a. de C.) los sueños eran la fuerza adivinatoria del alma. Digno de atención, desde un punto de vista simbólico de los aspectos del imaginario onírico, es el «mito de la caverna»:[1] interpretando las imágenes en la pared de la caverna se puede aprender la importancia de los sueños, cuya función es enseñar a los hombres a ver el mundo de las ideas (quien sueña recibe su fuerza).
Platón fue el primero que afirmó que los sueños son las explicaciones de fuertes deseos pulsionales, lo cual es una anticipación milenaria del pensamiento freudiano («Sin el arrepentimiento, incluso las personas más religiosas podrían convertirse en sueños en criminales capaces de las acciones más vergonzosas, especialmente en el campo sexual» IX, 1).
Entender el significado verdadero de los enigmáticos símbolos oníricos fue el empeño de muchos autores de libros de sueños, el primero de los cuales fue Antífones, filósofo contemporáneo de Sócrates, nacido a finales del año 400 a. de C.
En cuanto a riqueza de contenido, todavía no ha sido superado , una magnífica obra griega de cinco volúmenes de Artemidoro de Daldi (200 d. de C.), que apoyó su tesis con ejemplos tomados de todos los aspectos de la vida —recopilados en sus numerosos viajes a través de Grecia y de Oriente Próximo— y afirmó que los sueños componen símbolos con densos significados. Su trabajo principal fue sistematizar los símbolos oníricos. Esta recopilación de datos, sueños e intentos de interpretación y clasificación ofrece un panorama realmente sorprendente, fascinante por el periodo histórico en el que vivió el autor, quien, entre otras cosas, exhortaba al lector a desconfiar de quienes por lucro y provecho interpretaban sueños. En este sentido, Artemidoro anticipó en 17 siglos el camino científico de Freud.
Las teorías del sueño indagan sobre las causas del sueño, sus formas particulares y su relación con las otras funciones psíquicas. En las culturas griega y hebraica, los sueños se consideraban mensajes de advertencia enviados por un dios, y por esta razón, una vez entendido su significado simbólico, podían ser utilizados para la predicción. Durante el Imperio romano se difundieron libros sobre sueños que proponían sus interpretaciones. Los griegos, para vivir mejor y afrontar las adversidades de la vida, pedían ayuda a las divinidades —en particular a Hipnos y Oneiros, dioses del sueño (de soñar y de dormir, respectivamente)— por medio del rito adivinatorio de la incubación, heredado de la tradición romana. El rito tenía por objetivo la curación de la enfermedad de pacientes sometidos a un determinado procedimiento mágico, religioso y terapéutico (los pacientes que entraban en el templo eran incubados, es decir, adormecidos, puesto que era una condición necesaria para entrar en contacto con la divinidad curadora). El fin era que el dios mismo se apareciera, curara el mal o indicara la terapia. Algunos templos dedicados a Esculapio, dios de la medicina, acogían a pacientes que llegaban en peregrinación para recibir el sueño terapéutico. Paralelamente, hoy en día se acude al sacerdote para una bendición o un exorcismo, al mago o al brujo —y, por qué no, al psicólogo— para liberarse de las angustias y de los conflictos de la personalidad.
En un sentido muy general, el sueño calificado de premonitorio o profético no existe. En cambio, sí existe la posibilidad, en estado de vigilia o de sueño, de percibir acontecimientos futuros y de traducirlos, codificándolos simbólicamente en la trama del sueño. Durante el sueño, el tiempo ordinario parece revuelto, hasta el punto de que las imágenes oníricas se ordenan, se asocian analógica y libremente, y a menudo se funden unas con otras, con el resultado de una aparente confusión con respecto al significado del sueño mismo. El trabajo de interpretar consiste en desembrollar las imágenes oníricas, colocándolas en una perspectiva adecuada y dando un sentido a lo que aparentemente no lo tiene, hasta descubrir el significado profundo del sueño, que la mayor parte de las veces está relacionado con experiencias afectivas.
Pero volvamos a la historia. En 1900, el vienés Sigmund Freud (1856-1939) publica , que trata sobre los fantasmas que pueblan nuestras noches. Para Freud los sueños constituyen la vía regia que conduce al conocimiento del inconsciente, ya que son la parte de la vida psíquica normal y neurótica que refleja sus contenidos y sus procesos de forma más clara. El contenido manifiesto del sueño, es decir, la secuencia de imágenes que la persona que sueña percibe e intenta narrar, es una transformación sistemáticamente distorsionada del contenido latente, que consiste en aquellos impulsos, miedos, deseos e ideas que han provocado el sueño, como restos irresolutos de la actividad psíquica del día, y que están expresados por el sueño mismo.
La observación de los sueños de los pacientes realizada por Carl Gustav Jung (1875-1961) aporta una interpretación más amplia, que completa la visión freudiana. En efecto Jung descubre que los sueños no tienen una función meramente compensatoria, sino también una visión de perspectiva para la conciencia, en el sentido de que las imágenes oníricas a menudo anticipan una serie de acciones conscientes, como si en cierta manera fueran un ejercicio preparatorio o un proyecto ideado anticipadamente, premisa indispensable para su ejecución. Jung amplía la concepción misma del inconsciente, convirtiéndolo no sólo en el lugar de lo sobrante y reprimido, como pretendía Freud, sino también, y sobre todo, en el lugar en donde ocurren los sortilegios, el espacio de un imaginario rico en perspectivas y en creatividad para el yo. El sueño, pues, expresaría un proyecto, más o menos explícito, para identificar cada vez mejor el yo de la persona que sueña en el orden de sus propias capacidades como soñador.
Algunas veces, el contenido manifiesto del sueño puede mostrarse de un modo tan explícito y evidente que supera el aspecto psicológico de indagación de la personalidad y se presenta como una verdadera premonición, anticipando claramente hechos y experiencias destinados a producirse en la realidad.
Por otra parte, todavía está muy difundido el convencimiento genérico de que los sueños son un camino que lleva a poderes sobrenaturales. En la Europa occidental, la concepción de que los sueños reflejan la vida psíquica individual, especialmente los miedos, está muy arraigada desde la época de Shakespeare .
La tesis específica según la cual los sueños están compuestos de un lenguaje particular que traduce un deseo fue formulada por René Descartes (1596-1650), al afirmar que el sueño transmite una orden divina.
En la segunda mitad del siglo xviii, Lichtenberg recomendaba, en un estilo muy próximo a Jung, que se prestara atención a los sueños en calidad de toma de conciencia individual.
Tanto las teorías de Freud como las de Jung fueron elaboradas, perfeccionadas y enriquecidas por los posteriores descubrimientos en el campo de la psicología y de las ciencias neuronales. Gracias a tecnologías que permiten visualizar la actividad del cerebro durante el sueño, hoy en día sabemos, por ejemplo, qué sucede en nuestro sistema nervioso durante la actividad onírica. De todos modos, los sueños siguen siendo todavía un terreno fascinante envuelto en el misterio, y actualmente son ya muchos los estudiosos e investigadores que, en los ámbitos de la psicología, la antropología y las modernas ciencias neuronales, están especializados en el sueño y los sueños.
La fase Rem
Rem significa , es decir, «movimientos oculares rápidos» que la persona realiza mientras sueña. Hasta los años setenta del siglo xx, se realizaba una distinción entre sueño y sueño paradójico, en el transcurso del cual los músculos están muy relajados, pero la actividad eléctrica es intensa. Este es el momento en que se sueña (la «paradoja» consiste en el hecho de que la persona que sueña se encuentra en un estado de relajación muscular, pero al mismo tiempo realiza una intensa actividad eléctrica cerebral, parecida a la del estado de vigilia). Posteriormente el sueño paradójico se definió como «sueño Rem», porque se caracterizaba por movimientos rápidos de los ojos.
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