Nagai | Lo que no muere nunca | E-Book | www.sack.de
E-Book

E-Book, Spanisch, Band 111, 344 Seiten

Reihe: 100xUNO

Nagai Lo que no muere nunca


1. Auflage 2023
ISBN: 978-84-1339-473-2
Verlag: Ediciones Encuentro
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)

E-Book, Spanisch, Band 111, 344 Seiten

Reihe: 100xUNO

ISBN: 978-84-1339-473-2
Verlag: Ediciones Encuentro
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)



«Los barrios, las fábricas, las escuelas, la iglesia, los bosques, los campos, todo lo que existía había desaparecido (...) todo eso no era más que un manto de cenizas blancas (...) ¡No podía soportar una vida sin sentido! Tenía que encontrar lo que no perece. Tenía que aferrarse a lo que no muere nunca». Lo que no muere nunca es la autobiografía de Takashi Nagai, en la que el autor recorre su vida, desde la infancia hasta el día de la explosión de la bomba atómica, captando los numerosos acontecimientos que se desarrollan como la secuencia de pasos en un camino que la Providencia ha trazado hábilmente para prepararle para el momento del gran punto de inflexión. Una sucesión de acontecimientos narrados en tercera persona tan sensacionales que merecen, aunque solo sea por sí mismos, ser el argumento contundente de una obra literaria, pero que en este relato adquieren un horizonte aún más amplio, al ser las huellas de un camino hacia el descubrimiento de la Verdad que nunca muere.

Takashi Pablo Nagai (1908-1951) fue un médico que sobrevivió a la bomba atómica de Nagasaki, a causa de la cual lo perdió todo, incluida su familia. Confinado en una cama por leucemia, en la más absoluta pobreza, continuó su vida dando testimonio de que la Fe y la Esperanza cristianas son capaces de devolver la paz a un mundo que parecía aniquilado para siempre. Escribió numerosos libros que se han convertido en éxitos de ventas en Japón y el resto del mundo. Murió en mayo de 1951 en olor de santidad.
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PREFACIO. El amor es lo único que no muere nunca

La trama de la vida

La lectura de la autobiografía de Takashi Pablo Nagai es un viaje guiado a lo largo del curso y la trayectoria turbulenta de una vida en la que el drama humano de una persona llega a entrelazarse con el drama de toda la humanidad. Es el mismo Nagai quien alude a la metáfora de la vida como tejido en un verso poético que escribe en plena guerra chino-japonesa, mientras comparte una fruta con un joven soldado enemigo que ha sido hecho prisionero:

Estoy vivo —creo— sentado a la sombra de un fortín, mientras pelo un pomelo. Hoy estoy vivo aún y creo que la trama de la vida es preciosa (p. 233).

El cara a cara con el rostro humano de quien es definido en la guerra como enemigo, hasta llegar a reconocer la excepcionalidad de su sonrisa —«Nunca en su vida había visto una sonrisa de amor tan profunda»—, le recuerda lo preciosa que es la trama de su vida y de la vida de cada hombre.

La trama de la vida desvela el Misterio que la teje. El hombre atento y vigilante descubre cada vez más que el Misterio es el tejedor de su vida. Descubre que la consciencia de la trama de la vida consiste en el verdadero conocimiento de sí, en la consciencia adecuada del yo que, según se va devanando su existencia, se descubre cada vez más «tejido» por Otro, por un tejedor misterioso que es capaz de continuar su obra y llevarla a cumplimiento incluso cuando los hilos se rompen, son cortados por fuerzas externas o quemados por un enemigo que parece siempre dispuesto a impedir la tejedura de una existencia querida por el Misterio.

El tejido de una vida expresa la verdad de una persona expresando a Aquel que la teje, a Aquel que la hace. La trama de cada vida es de una originalidad absoluta porque es el Tejedor quien la crea constantemente con un proyecto eterno que no implica que todo esté determinado de antemano, para desarrollarse luego como podría hacerlo una máquina programada. Dios teje teniendo en la cabeza y en el corazón un designio de plenitud, un cumplimiento, pero el tejido en sí es un acto de creatividad constante que siempre toca, sostiene o retoma en sus manos los hilos de una existencia. La tejedura implica una creatividad en la que el autor siempre está alerta, reconsiderando en todo momento qué dibujo puede realizar con los hilos de que dispone, tal como son o tal como se encuentran, con lo bueno y con lo malo. El tejedor quiere realizar una obra hermosa, útil, buena, acabada. Pero para llevar a cabo su designio de bien y de belleza tiene que echar siempre cuentas con la realidad de un corazón que él ha querido libre. Al regalar al hombre la libertad, Dios ha asumido el riesgo de someterse a un desafío constante: ser capaz de tejer una obra hermosa y buena con hilos que elegirán romperse, echarse a perder o que se verán dañados por otras libertades. Desde el pecado original Dios ha asumido el desafío de llevar a cumplimiento la vida del hombre tejiendo su trama siempre y en cualquier circunstancia, con todo aquello que el hombre elige o no elige, incluso en contra de su Creador.

El drama de Job

Dios parece perder constantemente el reto de conseguir tejer una vida cumplida. Satanás estropea y corta todos los hilos de la vida de Job, bien tejida hasta ese momento. ¿Qué podrá hacer el Tejedor supremo con todos esos hilos cortados? Sin embargo hay un hilo que, aunque esté roto, sigue estando en manos del Tejedor: la fidelidad de Job, la confianza de un hombre que, aun viéndose solo y abandonado, tirado sobre estiércol y cubierto de llagas, reconoce la bondad última de la dependencia del Misterio, reconoce que únicamente Otro puede y sabe tejer una y otra vez una existencia que tiende al cumplimiento, que no es solo resultado de muchas pequeñas fidelidades anudadas unas a otras de forma regular, sino del apego al Tejedor que la hace. Nagai aprendió y vivió hasta sus consecuencias extremas esta posición humana, la entendió contemplando la trama de su existencia, siempre rota y siempre recompuesta por Dios más bella, más verdadera, buena y útil.

Takashi Nagai leyó con asombro creciente la obra infatigable de Dios en el telar de su vida y de la vida de los demás. Un asombro que los avatares de la vida trataban de desilusionar y de apagar, porque cada vez que un diseño importante parecía describir toda su vida y su vocación, en un momento dado todo quedaba destruido y el diseño aludido quedaba borrado. Al término de sus estudios de medicina, una otitis contraída por una imprudencia superficial le quita para siempre la posibilidad de ejercer el arte de la medicina usando el estetoscopio. Después, la guerra en Manchuria parece interrumpir el proyecto de matrimonio con Midori. Más tarde, al tiempo que se convierte en un reputado profesor de radiología, una inyección por una gripe banal administrada imprudentemente por un compañero, además de llevarlo casi al borde de la muerte, lo volverá asmático para siempre. Las páginas en las que Nagai describe las crisis de asma son una obra maestra sobre la tragedia de la existencia humana, que nunca deja de anhelar la vida incluso cuando todo la ahoga. Posteriormente, la segunda guerra chino-japonesa, descrita detalladamente, lo alejará durante cuatro años de su familia y de su trabajo. Luego aparecerá la leucemia, con un pronóstico que le da tres años de vida. Cuando este plazo no ha tenido tiempo de cumplirse, llega el golpe de gracia, la bomba atómica, para quitarle todo, empezando por su mujer, llevándolo al borde de una «desesperación total» (p. 320).

Poder superar todas estas pruebas nunca lo consideró Nagai como fruto de su fuerza de voluntad, de su fe o de sus capacidades. En el fondo, siempre se sorprendió con asombro descubriendo y redescubriendo que el Tejedor seguía tejiendo su vida incansablemente, en pos de un cumplimiento cada vez más profundo y alto, el de un amor que vence la muerte y todo el mal que la humanidad pueda cometer o sufrir.

El amor de Cristo, única victoria

¿Cómo se produce esta victoria? ¿Cómo puede vencer el amor cuando todo parece haber sido derrotado por el poder del odio? Meditando en estas páginas de Nagai justamente en los días en que una guerra cruel, que mina la paz del mundo entero, una guerra que creíamos imposible, ha comenzado en Ucrania, he comprendido lo urgente que es descubrir la profecía que encierra la vida de Takashi Pablo Nagai, porque no se trata solo de una profecía que anuncia y exige la paz como valor, sino de una profecía que la pide, la sufre, y por tanto la acoge para todos en el único cauce que hace a la humanidad capaz de un bien que supera la capacidad humana: el ofrecimiento y el sacrificio de una vida. La humanidad no puede encontrar paz más que acogiendo un amor imposible para el hombre, un amor que solo Dios tiene, un amor que solo Dios es. Nagai buscó este amor imposible durante toda su vida y expresó este deseo profundo y esencial de su corazón, de nuestro corazón, en todas las dimensiones de la aventura humana: los afectos, la religiosidad, el estudio, el trabajo, la pertenencia a un pueblo, a una cultura que encuentra a otros pueblos y otras culturas, la experiencia del mal, del dolor, de la enfermedad, de la guerra, pero también del bien, del perdón, de la amistad. En todo descubría las huellas de un amor infinito, querido y rechazado, acogido y herido, sin embargo ofrecido siempre, invencible en su entrega.

Qué conmovedor es el relato de los reflejos luminosos de este Amor infinito en los momentos y gestos de gratuidad que describe Nagai, siempre con sorpresa, incluso y sobre todo en medio de las tinieblas de la guerra. Nagai descubre que lo que vence la guerra, la división y el odio nunca es la fuerza que se opone a la fuerza contraria, sino la locura de gestos gratuitos, de belleza y bondad, de verdad y de dulzura justamente allí donde parecen absurdos. Como cuando, en medio de la urgencia extrema de un hospital de campaña improvisado, lleno de heridos, en una casa china constantemente golpeada por el fuego enemigo, sus compañeros deciden mantener con vida y alimentar a unos gusanos de seda para que quien vuelva a esa casa los encuentre alimentados y preparados para producir. O bien sus compañeros de guerra y de atención médica sobre el terreno que, viendo que no puede masticar, arriesgan su vida para buscarle miel o llevarle unas gachas de arroz. En resumen, Nagai descubre, en medio del fango, semillas de un amor más grande, ese amor que da la vida por los propios amigos (cf. Jn 15,13), ese amor que, al dar la vida, transforma a los enemigos en amigos.

Ofrecer la vida para acoger y expresar este amor se convierte cada vez más en el sentido que Nagai busca y acoge para su existencia, hasta el culmen de estas páginas y de esta vida cuando, frente a las cenizas de todo, frente al aparente fracaso total de su vida que la bomba atómica viene a sellar, se le concede la conciencia clara y consoladora de que este amor que Cristo ha entregado y revelado al mundo, «la vida que ama a Dios y es amada por Dios» (p. 322), es la realidad que no muere nunca y la única que puede dar sentido a la existencia, incluso cuando todo grita que no existe el sentido de la vida.

Stabat Mater

Solo al final descubre Takashi Pablo Nagai en qué medida ha sido su mujer Midori el instrumento esencial de Dios para el desarrollo y cumplimiento de su vocación y misión. Al leer el libro, resulta desconcertante la escasa mención que se hace de esta mujer excepcional. Pero al final es el mismo Nagai quien confiesa esta «distracción» que habría podido esconder perfectamente, pues el libro lo escribió después de darse cuenta de ello. Delante...



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