Nardone / Milanese | El cambio estratégico | E-Book | www.sack.de
E-Book

E-Book, Spanisch, 128 Seiten

Nardone / Milanese El cambio estratégico

Cómo hacer que las personas cambien su forma de sentir y de actuar
1. Auflage 2019
ISBN: 978-84-254-4337-4
Verlag: Herder Editorial
Format: EPUB
Kopierschutz: 0 - No protection

Cómo hacer que las personas cambien su forma de sentir y de actuar

E-Book, Spanisch, 128 Seiten

ISBN: 978-84-254-4337-4
Verlag: Herder Editorial
Format: EPUB
Kopierschutz: 0 - No protection



Cuando una persona se halla atrapada en un problema psicológico hace falta introducirla en una nueva experiencia emocional concreta (esto es, crear una 'emoción correctiva') para poder hacerla salir de su encrucijada. En este libro, el prestigioso psicólogo y psicoterapeuta Giorgio Nardone propone innovadoras soluciones terapéuticas basadas en la 'experiencia emocional correctiva' para tratar específicamente las distintas formas de trastorno en el sujeto. El objetivo de esta obra es analizar cómo el cambio emocional puede llevarse a cabo de forma estratégica y eficaz en la vida personal e interpersonal de cada uno de nosotros. Asimismo, además de centrarse en el campo clínico, se examinará también otros ámbitos en los que la emoción correctiva se aplica con eficacia, como la economía y el mundo de las organizaciones productivas, las relaciones internacionales o la política. Fruto del resultado de años de investigación clínica, Giorgio Nardone hace un completo balance de las principales nuevas técnicas y descubrimientos de los últimos años y muestra cómo el terapeuta puede guiar al paciente hacia la emoción correctiva, la única herramienta capaz de transformar completamente su problema.

Giorgio Nardone es fundador junto con Paul Watzalawick del Centro de Terapia Estratégica, director de la Escuela de Especialización en Psicoterapia Breve Estratégica de Arezzo y de la Escuela de Comunicación y Problema Solving Estratégico. Es una autoridad indiscutida de la psicoterapia y del problem solving y el máximo exponente de los investigadores que impulsaron la evolución de la Escuela de Palo Alto. Asimismo, es autor de numerosos trabajos que se han convertido en una referencia teórica y práctica para estudiosos, psicoterapeutas y managers de todo el mundo.
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1. El cambio emocional correctivo

Todo conocimiento comienza por los sentimientos.
LEONARDO DA VINCI

Por numerosas que sean las teorías sobre el cambio y sobre el modo en que puede ser realizado, como veremos detalladamente en los capítulos siguientes, hay un constructo común a todos los enfoques: «el de la experiencia emocional correctiva». Tanto los estudiosos y los investigadores como los terapeutas y los problem solvers coinciden en que, para que se produzca un cambio real en el sentimiento y en la actuación es indispensable que el sujeto viva una experiencia que le haga descubrir algo que transforme su forma de ver las cosas. En otras palabras, el reconocimiento de haber adoptado un punto de vista distinto hace transformar completamente la realidad que está bajo observación. Esto no solo permite cambios terapéuticos en personas que sufren, sino que además permite al científico realizar descubrimientos importantes. Piénsese en la manzana de Newton y en cómo un hecho aparentemente banal, esto es, la fruta que cae sobre el gran científico, provoca en este una intuición perseguida pero no encontrada. Cuando William James declara, a propósito de los genios, que su característica esencial es «la facultad de percibir las cosas desde perspectivas no comunes», se refiere justamente a la capacidad de cambiar los puntos de vista y descubrir así lo que permanece oculto si mantenemos posturas rígidas. Pero si el genio posee este don o esta capacidad adquirida, al hombre corriente le cuesta mucho apartarse aunque sea ligeramente de su forma de pensar y de sus convicciones, y se aferra a ellas constantemente porque son la base de su identidad y estabilidad personal. No obstante, aunque pueda parecer extraño, la escasez de inteligencia o de conocimientos no son directamente proporcionales a la resistencia al cambio. Es más: son las personas más capaces y que han tenido más éxito las que están ligadas de forma más rígida a sus esquemas, porque, en virtud de nuestro funcionamiento mental, todos tendemos a volver a proponer los guiones de conducta triunfadores que, la mayoría de las veces, actúan por debajo de la conciencia y, por tanto, son muy poco controlables por la razón (Nardone, 2017). Por este motivo, incluso los auténticos genios han tenido terribles fracasos. Como el lector comprenderá perfectamente, hablar de cambio conduce inevitablemente a tomar también en consideración las resistencias que suscita.

Volvamos al constructo de experiencia emocional correctiva y preguntémonos: ¿cuál es la diferencia, en términos de dinámica, entre el descubrimiento de la ley de gravitación universal de Newton o la «casual» de la penicilina por parte de Alexander Fleming, y una taumatúrgica curación de un trastorno mental? Diría que muy poca, excepto que, utilizando las palabras del propio Fleming, «la casualidad ayuda a la mente preparada». Es decir, los dos científicos, gracias a su preparación como investigadores captaron algo que la mayoría de los seres humanos no es capaz de entrever ni de lejos. En cambio, el sujeto que padece una patología mental o es arrollado casual e inconscientemente por un hecho perturbador que lo lleva a cambiar sus percepciones y su modo de actuar, o ha de ser inducido por un terapeuta hábil a vivir una serie de experiencias emocionales correctivas capaces de sacarle de la trampa mental de su trastorno. Ahora bien, la dinámica de «efecto descubrimiento» que induce al cambio es isomorfa en ambos casos. Si pasamos de la ciencia y de la terapia al campo de la economía vemos que también se pueden observar dinámicas de cambio parecidas. Richard Thaler, premio Nobel de economía en 2017, explica claramente que el comportamiento económico responde mucho más a estrategias que indirectamente conducen al sujeto a «descubrir» la mejor opción respecto a «explicaciones racionales» sobre la elección que hay que realizar. En su libro Nudge (Thaler y Sunstein, 2009), expone de manera convincente la estrategia del cambio, que se produce dando pequeños empujones a un sistema de modo que este responda desencadenando una reacción en cadena que subvertirá completamente su equilibrio. Lástima que se olvidara de mencionar tanto a Kurt Lewin, quien casi cien años antes trató brillantemente este tema, y a Watzlawick y Weakland (1977) que, hace más de cuarenta años ya formularon el modelo del pequeño cambio que, cuando se introduce en un sistema complejo, desata la reacción en cadena del gran cambio. Ahora bien, el indiscutible mérito de Thaler consiste en haber aplicado este concepto a la economía. Uno de sus ejemplos más ilustrativos es el de la «arquitectura de la elección» (choice architecture), que se refiere a que, variando el modo de presentar las distintas opciones de elección a las personas se puede influir en gran medida en sus procesos de decisión. Por ejemplo, para cambiar los hábitos alimentarios de los chicos de la escuela primaria es suficiente disponer los alimentos en el comedor escolar de una manera determinada; con ello se consigue reducir el consumo de ciertos alimentos (por ejemplo, alimentos «basura») e incrementar el de otros (por ejemplo, alimentos sanos), sin necesidad de prescripción explícita alguna. Este experimento social también remite a estudios anteriores como los de Mayo y Zimbardo, es decir, a una época en que las ciencias sociales estaban muy poco influidas por los algoritmos estadísticos que, en los últimos tiempos, han empezado a dominar la metodología de la investigación, limitando bastante la capacidad real de descubrimiento del investigador, dedicado cada vez más al control estadístico de los procedimientos (Nardone, 2017). Daniel Kahneman, otro psicólogo galardonado con el premio Nobel de economía, pone de relieve, más aún que Thaler, que las decisiones y los cambios se producen mucho más bajo el influjo de las emociones que de la razón. En su obra Thinking, Fast and Slow (2011), explica claramente cómo las dinámicas inconscientes influyen en las conscientes mucho más que a la inversa, incluso en el campo frío y cínico de la economía. Si, como debería parecer evidente por todo lo expuesto hasta aquí, el cambio se produce la mayoría de las veces de una manera inconsciente y, en un segundo momento, a nivel cognitivo, habría que preguntarse por qué la mayor parte de las teorías más acreditadas sobre el cambio afirman lo contrario. En estas teorías, a lo sumo se le atribuye al cambio inconsciente el poder de propiciar modificaciones superficiales y no un cambio cualitativo real, porque se considera, una vez más, que este solo es posible mediante un proceso consciente. Aunque los hechos lo niegan continuamente, como se explicará más adelante, sigue prevaleciendo la noción preconcebida de inspiración platónica de que el pensamiento consciente y la conciencia cristalina son los que influyen sobre todo en nuestras acciones. ¡Se podría argumentar, irónicamente, que es el que lo estudia quien se resiste al cambio!

Recientemente, además, también las neurociencias han demostrado que la «mente antigua» influye en la «mente moderna» mucho más que a la inversa; sin embargo, tampoco esto parece menoscabar la fe en la razón y en el pensamiento racional como única y auténtica fuente de cambios profundos (Nardone, 2013). Asimismo, la psicología, nacida justamente de los estudios sobre la percepción y sobre cómo esta, con sus distorsiones y ambigüedades, es capaz de influir en nuestro modo de sentir y de actuar, en los últimos decenios se ha orientado hacia los aspectos cognitivos del funcionamiento de la mente. Este desplazamiento del foco de atención, claramente arbitrario pero dominante en la actual cultura psicológica, induce a considerar, de forma indirecta y raras veces explicitada, los procesos cognitivos como los máximos responsables del cambio. Es decir, es el conocimiento lo que hace cambiar. Por tanto, es necesario distanciarnos de esta convicción dogmática, desmentida además empíricamente, y estudiar el cambio mediante una metodología adecuada a su funcionamiento efectivo. En la práctica, esto significa estudiarlo a través de su propia aplicación y comprobar, por tanto, a partir de los resultados, los mecanismos que lo producen. En palabras de Kurt Lewin, «si quieres conocer cómo funciona un sistema, intenta cambiar su funcionamiento» (1951, 2005). Siguiendo esta línea, hace más de treinta años que empezamos a experimentar el método alternativo de «cambiar para conocer», esto es, elaborar estrategias y estratagemas para obtener cambios concretos que, si resultan ser eficaces y se pueden reproducir para los mismos problemas, permiten comprender cómo esas realidades persisten en su equilibrio y cómo pueden ser modificadas. Se trata del método conocido como «investigación-intervención», mediante el que se conoce cómo funciona un problema gracias a su solución, en vez de intentar conocer una realidad para introducir después el cambio (Watzlawick y Nardone, 1997; Nardone, 2005; y Nardone y Portelli, 2005; Nardone y Watzlawick, 2005; Wittezaele y Nardone, 2016).

Aplicando sistemáticamente este método de investigación-intervención empírico-experimental a decenas de miles de situaciones humanas que necesitaban un cambio terapéutico, relacional y organizativo estratégico, las soluciones adoptadas con éxito y reproducidas han puesto de manifiesto que los seres humanos tienden a aplicar a su vida esquemas de percepción y de reacción redundantes. Se trata de auténticos guiones de acción activados por modalidades redundantes de percepción de la realidad, que hemos llamado «sistemas perceptivo-reactivos» y que funcionan como los...



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