Newman | La Iglesia de los Padres | E-Book | www.sack.de
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E-Book, Spanisch, Band 95, 232 Seiten

Reihe: 100xUNO

Newman La Iglesia de los Padres


1. Auflage 2022
ISBN: 978-84-1339-422-0
Verlag: Ediciones Encuentro
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)

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La Iglesia de los Padres contiene algunos escritos de san John Henry Newman (1801-1890) sobre el cristianismo de los primeros siglos, luego recogidos en sus Historical Sketches. Escrito casi al tiempo que Los arrianos del siglo IV y los Tractos tempranos del Movimiento de Oxford, este libro presenta un Newman de tono más divulgativo, pero no menos luchador, en el contexto de las preocupaciones eclesiales, políticas y sociales que siguieron a la Gran Reforma de 1832. Además de retornar al cristianismo primitivo para esclarecer amenazas contemporáneas, Newman nos transmite aquí con singular profundidad el espíritu de aquellos santos Padres cuya vida y enseñanzas cimentaron la fe de la Iglesia.

John Henry Newman (Londres 1801 - Birmingham 1890) es sin duda uno de los pensadores cristianos con mayor influencia en la actualidad, especialmente en el mundo anglosajón. Ordenado sacerdote anglicano en 1825, durante los años siguientes fue uno de los principales impulsores del Movimiento de Oxford, cuya aspiración principal era que la Iglesia de Inglaterra volviera a sus raíces católicas. Tras un largo proceso, sus estudios sobre los Padres de la Iglesia le acaban llevando a convertirse al catolicismo en 1845, siendo ordenado sacerdote católico en 1847. En 1879 fue nombrado cardenal por el papa León XIII. Considerado por muchos como uno de los inspiradores del Concilio Vaticano II, en 1991 fue declarado Venerable por san Juan Pablo II. En 2010 beatificado por Benedicto XVI y el 13 de octubre de 2019 canonizado por el papa Francisco en Roma. Encuentro ha publicado en español buena parte de su extensa obra, de la que destacan Ensayo para contribuir a una Gramática del Asentimiento, Apologia pro vita sua, Suyo con afecto y los Sermones parroquiales (ocho volúmenes).
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Prólogo

Newman y los Santos Padres

Hablar de Newman es hablar necesariamente de los Padres de la Iglesia. La vida creyente del joven Newman y su desarrollo como sacerdote anglicano, teólogo y educador en Oxford, que llegaría a convertirse a la Iglesia católica, estuvo siempre acompañada por las grandes figuras de la Iglesia primitiva que llamamos Santos Padres.

Él mismo nos lo dice en la Apologia pro Vita Sua, la historia de sus ideas religiosas hasta la conversión. A los quince años, en ese verano de 1816 —que Newman recuerda como el momento de una profunda conversión a Dios— leyó, entre otros libros, la Historia de la Iglesia de Cristo de Joseph Milner. Allí encontró la descripción de la Iglesia primitiva de los Padres, que siempre recordaría. Así lo dejó expresado: «Poco me costó enamorarme de los largos extractos de san Agustín, san Ambrosio y otros Padres que allí encontré»1. Y también: «Debo decir que la visión de los Padres fue siempre para mi imaginación un paraíso de deleite para la contemplación, al que yo dirigía mis pensamientos de tanto en tanto, siempre que me lo permitían las ocupaciones propias de mis años»2.

El mundo teológico anglicano había olvidado a los Padres desde comienzos del siglo XVIII. Los reformadores ingleses del siglo XVI habían reconocido a los Padres de los primeros cuatro siglos, sobre todo en cuanto a la Trinidad, la Cristología y el pecado original, pero dejaron ingresar las doctrinas luteranas en cuanto a la Sagrada Escritura y la justificación, y las calvinistas acerca de los sacramentos. Richard Hooker, el teólogo anglicano más grande del siglo XVI, había dado mucha importancia a los Padres de la Iglesia. También lo habían hecho, en el siglo XVII, los principales teólogos carolinos y los no-juramentados, que aceptaban la reforma inglesa en aquello que derivaba de la Iglesia de los Padres. Pero esta «edad de oro» de la Iglesia de Inglaterra se vio oscurecida después de la revolución de 1688, que hizo renacer el puritanismo nacido el siglo anterior e hizo surgir el latitudinarismo, el unitarianismo, el metodismo y el evangelismo, todos ellos muy alejados de la tradición patrística. En general, la Iglesia Alta, que valoraba a los Padres como testigos y expositores de la verdad de la Escritura cuando se podía establecer un consenso católico con ellos. Sin embargo, esa teología de la Iglesia Alta y sus representantes consideraba a los Padres solo en la medida en que pudiesen avalar sus doctrinas reformadas, y así eran leídos. En realidad se los veía como irrelevantes. Cuando Newman deja el evangelismo de su primera juventud y pasa a la Iglesia Alta descubre nuevamente a los Padres: «retornó mi antigua devoción a los Padres, y comencé a leerlos cronológicamente, empezando por Ignacio y Justino». Pero adopta aquella tendencia liberal y racionalista del anglicanismo ilustrado, y cuando lee a los Padres lo hace buscando en ellos doctrinas que no podía hallar confirmadas. Sin embargo, se da cuenta: «Cualquiera sea el modo verdadero de interpretar a los Padres, y en particular a los Padres Apostólicos, si alguien comienza por ponerlos ante él en vez de ser tomado por ellos, buscando hacerlos evidencia de dogmas modernos en vez de volcar su pensamiento en sus textos y sacar de ellos sus propias doctrinas, perderá ciertamente el sentido que tienen»3.

Hubo entonces una segunda lectura de los Padres entre 1830 y 1832 con motivo de su estudio del Concilio de Nicea y del arrianismo. Esta vez Newman reafirma la que sería en adelante la convicción más importante de su pensamiento sobre la Iglesia: «la Antigüedad como verdadera fuente de las doctrinas de la cristiandad y la base de la Iglesia anglicana. Siempre tenía ante los ojos que había algo más grande que la Iglesia establecida, y ello era la Iglesia católica y apostólica, instituida desde el principio, de la que aquella era solo la presencia y órgano local. Si no era esto, no era nada». De aquí surge, en 1832, su primera obra teológica sistemática: Los arrianos del siglo IV, publicada al año siguiente. Pero le pareció que había recurrido a comentarios de «segunda mano»4. Entonces, en 1834, al año siguiente del inicio del Movimiento de Oxford, decidió abandonar los comentarios e intentar una lectura de los Padres por sí mismo. Allí se vio impulsado a estudiar a los Padres anteriores a Nicea, especialmente a los de Alejandría, que había sido el lugar donde la «batalla del arrianismo empezó», y la sede de «san Atanasio, en cuyos escritos remite a los grandes nombres religiosos anteriores, Orígenes, Dionisio, y otros que fueron la gloria de su sede o de su escuela»5. Allí ahondó sus conocimientos de las polémicas cristológicas de aquellos siglos. Además, parece que con Newman es la primera vez que tuvieron influencia los Padres griegos en la teología anglicana, pues los teólogos carolinos del siglo XVII y los de la Iglesia Alta del siglo XVIII se habían referido más bien a los Padres latinos. Para entonces, Newman tenía la colección íntegra de patrística griega y latina, que en parte le fue regalada por sus estudiantes en 1831, y en parte la hizo traer de Alemania.

Hay que señalar que el Movimiento de Oxford, que Newman lideró desde 1833, se inspiraba en la Iglesia antigua de los Padres. «Estábamos sosteniendo aquel cristianismo primitivo que había sido enseñado para todos los tiempos por los primeros doctores de la Iglesia, y estaba consignado en los formularios anglicanos y por los teólogos anglicanos. Esta antigua religión había poco menos que desaparecido del país a causa de los cambios políticos de los últimos ciento cincuenta años, y había que restaurarla. Sería, de hecho, una segunda Reforma; una Reforma mejor, pues no sería un retorno al siglo XVI, sino al XVII»6. El Movimiento, también llamado «tractariano», por los «Tracts» o folletos que publicaba, pretendía salir del llamado tunnel period, el «túnel» de ciento cincuenta años desde la Revolución de 1688, que abrió las puertas al presbiterianismo puritano, al latitudinarismo y al congregacionalismo, con el Acta de Tolerancia. Había que ir más atrás de 1688, a los teólogos carolinos del siglo XVII, no a los reformadores del siglo XVI, y más atrás aún, a los Padres de la Iglesia, es decir, a la Iglesia de los Padres. Con el Movimiento una nueva generación fue atraída hacia la Iglesia primitiva, y Newman dice: «Con esta absoluta persuasión en mi cabeza creí que no se podía ir demasiado rápido en la labor de dar a conocer la enseñanza íntegra y los escritos de los Padres. Pensaba que la Iglesia de Inglaterra estaba sustancialmente fundada sobre ellos»7.

Buscar continuidad entre la Iglesia anglicana y la Iglesia primitiva significaba ir a los Padres, y por eso surgió en 1836 la iniciativa de Newman, junto a Edward Pusey y John Keble, dos de los más ilustres miembros del Movimiento, de editar una serie patrística que se llamó Biblioteca de los Padres8. La empresa fue un éxito y uno de los grandes logros del anglicanismo del siglo XIX, concluida después de cuarenta y siete años. Newman se ocupó de los escritos doctrinales de los Padres orientales y escribió varios prefacios: a las obras catequísticas de san Cirilo de Jerusalén (1838), a los tratados de san Cipriano (1839), al comentario de san Juan Crisóstomo a las cartas de san Pablo a los Gálatas y a los Efesios (1840) y a los tratados históricos de san Atanasio (1843). En 1839 comenzó a editar las obras de Teodoreto de Ciro, de san León Magno y de san Cirilo de Alejandría, y agregó una edición latina de Dionisio de Alejandría para la editorial universitaria de Oxford.

Pero esta última obra nunca la acabó porque en 1839 volvió a estudiar la controversia monofisita del siglo IV (Eutiques negaba la naturaleza humana de Cristo afirmando solo la naturaleza divina), y allí encontró un paralelo sorprendente con la situación del siglo XIX: «Me asaltó por primera vez la idea de que el anglicanismo era insostenible... Mi baluarte era la Antigüedad; y he aquí que, en pleno siglo V, me pareció ver reflejada la cristiandad de los siglos XVI y XIX. Vi mi rostro en ese espejo: yo era un monofisita. La Iglesia de la Via Media ocupaba el lugar de la Comunión Oriental; Roma estaba donde está ahora; y los protestantes eran los eutiquianos... El drama de la religión, la lucha de la verdad y el error, ha sido siempre el mismo. Los principios y modos de actuar de la Iglesia ahora, eran los de la Iglesia entonces; los principios y modos de actuar de los herejes de entonces eran los de los protestantes de ahora... Había una terrible semejanza»9. Apareció con fuerza la figura del gran Padre de la Iglesia, el papa san León Magno. Dirá en 1850, cinco años después de su conversión: «era difícil averiguar cómo los eutiquianos y monofisitas eran herejes si no lo eran también los protestantes y anglicanos; difícil hallar argumentos contra los padres de Trento que no fueran también contra los padres de Calcedonia; difícil condenar a los papas del siglo XVI sin condenar a los del siglo V. El drama de la religión y la lucha entre la verdad y el error han sido siempre los mismos».

Ese mismo año 1839 lee un artículo de Nicholas Wiseman10, donde citaba el texto de san Agustín...



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