E-Book, Spanisch, Band 252, 152 Seiten
Reihe: Las Tres Edades
Olov Enquist El misterio de la tercera cueva
1. Auflage 2014
ISBN: 978-84-16208-88-3
Verlag: Siruela
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)
E-Book, Spanisch, Band 252, 152 Seiten
Reihe: Las Tres Edades
ISBN: 978-84-16208-88-3
Verlag: Siruela
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PER OLOV ENQUIST (Hjoggböle, Suecia, 1934-Estocolmo, Suecia 2020) es periodista, guionista, dramaturgo y novelista. Está considerado como uno de los escritores contemporáneos más importantes de su país. Ha sido alardonado en numerosas ocasiones por sus novelas y obras de teatro. La Montaña de las Tres Cuevas fue su brillante debut en la literatura infantil, ahora convertido en un clásico de aventuras, y que escribió para sus nietos. En España ha publicado también El ángel caído, Strindberg, Para Fedra, La visita del médico de cámara y El quinto invierno del magnetizador.
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El campamento abandonado
1
Las aventuras del oso, el lobo y la serpiente ocurrieron el verano de 2006, un año después de la muerte de Mischa. Ese verano, el abuelo y Gunilla vivían en una casa situada al pie de la Montaña de las Tres Cuevas, al oeste de Värmland.
Todos los nietos estaban con ellos. También un perro que se llamaba Pelle.
Se podía vivir sin perro, como decía el abuelo. Pero para un escritor como él, era antinatural no tener uno.
Solía utilizar esa palabra. Marcus creía que sabía lo que significaba «antinatural» Era algo que iba totalmente en contra de la naturaleza. Pero Cissi, que se acababa de echarse un novio de diecinueve años y pelirrojo, opinaba que el abuelo exageraba un poco. «Los perros son más importantes que los novios», decía el abuelo. «Los novios vienen y van, pero un perro como Mischa es lo mejor».
A Cecilia le parecía que eso era infantil, aunque una vez estuvo a punto de cambiar de opinión y estar de acuerdo con él: Cecilia –a la que antes llamaban Ia y ahora era Cissi– llamó por teléfono al abuelo un sábado en que, enfadada, había roto con el pelirrojo de diecinueve años, y le dijo que estaba de acuerdo con él en que un perro es, al fin y al cabo, más humano y fiel que un novio pelirrojo. Pero el domingo siguiente, el pelirrojo propuso una tregua y se volvieron a «unir en amor y armonía», y entonces a Cissi le pareció que, a pesar de todo, los novios son mejores que los perros.
Sin embargo, el caso es que, de algún modo, la cuestión del perro había unido a Cecilia y al abuelo.
Durante el verano había que mantener unido al rebaño. Todos los nietos pasaban el verano en Söderås, bajo la tutela y cuidado del abuelo y de Gunilla. Por la noche rezaban sus oraciones, porque el abuelo insistía en que lo hicieran. Mantenía así la promesa que le había hecho a su madre unos setenta años atrás de rezar todas las noches con los niños. Juntaban las manos pidiéndole a Dios protección para todos; los niños pensaban que ser Dios debía ser un trabajo muy duro, y ser Jesús peor aún. Mucha oración y mucha tarea que hacer. Pero las oraciones siempre terminaban con «Dios mío, te pedimos también que cuides de Gunilla y de Per Olov pues él no es lo peor» Y después se decía «¡Amén!» y todos aplaudían.
Pero muchas veces el abuelo y los niños se fiaban más de un perro que de una persona cuando necesitaban ayuda.
Ciertamente, no tener perro era algo completamente antinatural.
2
El 21 de noviembre de 2005, alrededor de las cinco de la tarde, el abuelo, Marcus y Mina fueron juntos en el coche a Söderhamn a recoger al sucesor de Mischa, que ya habían decidido que se llamara Pelle.
Era un perro, un schnauzer de tamaño mediano.
En realidad fue el abuelo quien decidió el nombre en aquella ocasión. De pequeño no había podido tener perro porque su madre, que era maestra en Hjoggböle, era muy estricta. Ni siquiera tuvo un gato. Y luego, cuando se casó –y se había casado unas cuantas veces, bastantes de hecho–, sus mujeres tampoco le dejaron tener perro, porque decían que se les caía el pelo. A los perros, claro.
Una noche, el abuelo, cuando llegó el momento de contarles el cuento, les dijo a los niños que muchas veces, durante su larga vida sin perro, se quedaba tumbado en absoluto silencio en la oscuridad de la noche, al lado de sus mujeres, una tras otra, sollozando y añorando tener un perro. ¡Pero no podía tenerlo! Las mujeres le habían dicho que no, que nada de perros, ¡nada! Totalmente prohibido. ¡Se les cae el pelo! Era lo que le habían dicho una tras otra. Pero mientras sollozaba en la oscuridad, había decidido encontrar alguna vez a una mujer que le dejara tener perro. Y le llamaría Pelle.
No lo dudó. Y al final encontró a una que lo aceptó..., pero ¡el perro tenía que llamarse Fanny! Siguió buscando hasta que encontró a otra mujer que también aceptó que tuviera perro y, ¡por fin el pobrecillo podía llamarse Pelle!
El abuelo ya no tuvo que seguir sollozando en la oscuridad, según les contó a los nietos. Y era feliz.
Cuando contó el final de ese largo relato acerca de los perros y de las malvadas mujeres que, o no le dejaban tenerlo, o le ponían un nombre equivocado, como tenía final feliz, todos los niños se pusieron a dar saltos de alegría y aplaudieron entusiasmados, excepto Cissi, que estaba afuera acompañada de su novio pelirrojo de diecinueve años.
Pelle tenía ocho semanas cuando fueron a buscarlo, y Marcus mantuvo una larga conversación con el criador acerca de las cualidades que poseía o podía desarrollar el pequeño cachorro. Además, Marcus le insistió al criador en que el cachorro tenía que «ser capaz de iluminarse».
Marcus, a pesar de que solo tenía nueve años, había visto una película que no era apta para niños, titulada , y sabía que las radiaciones existen.
Era una película terrorífica. El padre era un escritor malo y por eso se ponía nervioso y hacía agujeros en las puertas con un hacha y luego metía la cabeza por ahí y gritaba: «¡Papá está aquí!». El abuelo decía que eso les pasa a todos los escritores que no escriben bien, que se suelen poner nerviosos y dar hachazos. En la película había un muchacho que podía ver fantasmas y que tenía un amigo, un hombre viejo, que también tenía ese poder mental al que llamaban «resplandor» y era el único que se tomaba en serio al chico. Y aunque todos creían que lo del resplandor era una tontería, el muchacho y el hombre mayor eran los únicos que lo entendían. Pero quedaba demostrado que el resplandor existía, aunque solo debía utilizarse en situaciones de mucho peligro.
Como por ejemplo, lo que había ocurrido hacía tres años en la Montaña de las Tres Cuevas, cuando el abuelo se quedó indefenso al romperse la pierna, aunque luego se recuperó y escribió un libro acerca de lo sucedido, con Marcus como superhéroe. Cuando Marcus se enteró, dijo: «¡No me digas! ¿Un libro?». Pero después no le pareció que fuera nada especial.
–La facultad de iluminarse –dijo Marcus a los desconcertados criadores de perros– es una especie de discurso mudo. Un perro debe ser capaz de transmitir su energía luminosa a una mujer, por ejemplo a Mina. Si Mina se encontrara en un apuro, debería ser capaz de percibir la energía luminosa de un perro de rescate como Pelle.
–¡Corta el rollo! –dijo Mina.
–¡Es verdad! –replicó Marcus.
–¡Corta el rollo!
–Es verdad. Por mucho que te burles y digas «una mierda».
–Una mierda –dijo Mina–. Pero el perrito me parece un encanto, con o sin energía luminosa.
–¡No quiero que digas palabrotas –dijo el abuelo.
Tres años atrás, una noche de agosto, Mina se metió en un saco de dormir mojado en lo más profundo de la oscuridad de la segunda cueva, con el lobezno apretado junto a ella, y en la entrada de la cueva apareció mamá loba, que volvía a buscar su cachorro herida por los disparos. Más tarde pensó que si no había tenido miedo en esa ocasión, nunca más lo tendría. !
«Entonces fui valiente y muy decidida», se dijo a sí misma. Aunque luego, cuando enterraron a Mischa, se quedó de pie llorando debajo del manzano. No entendía cómo Marcus había podido dar un discurso al lado de la tumba. Hasta el abuelo lloraba.
Después pusieron una caracola enorme encima de la tumba.
–Un perro tiene derecho a descansar debajo de un manzano cuando ha muerto serenamente –dijo el abuelo.
–¡Querrás decir cuando se ha evaporado! –corrigió Marcus.
3
Pelle era un perro macho y fue la sensación de ese verano, cuando todos se reunieron en la casa al pie la Montaña de las Tres Cuevas.
Ese verano de 2006 Pelle aún no había terminado de crecer y era un perro de tamaño mediano con un bigote increíblemente grande. procede del alemán y significa bigote. De ahí el nombre. Pelle era listo y valiente, y si llegaba un perro más grande y le ladraba o le enseñaba los dientes babeando, él no se asustaba nunca, solo daba un paso atrás con toda tranquilidad y movía la cola.
Había una sola cosa que le daba miedo: el agua.
Cuando era muy pequeño, una vez se cayó en un agujero en el hielo, y a partir de entonces odiaba el agua. Podía dar una rodeo enorme si veía un simple charco en la carretera. Le tenía pánico al agua, pero Marcus opinaba que eso era bueno, que era propio de un carácter fuerte. Cuando alguien preguntaba cómo aquello podía ser propio de un carácter fuerte, Marcus decía simplemente que Pelle no fumaba y que, si eso no era una prueba de un carácter fuerte, qué otra prueba había.
Nunca se sabía bien si Marcus hablaba en broma o en serio.
El verano de 2006 fue cuando ocurrió la historia del mapa falsificado.
4
El abuelo dibujaba mapas. Se le daba bien.
Eran mapas de orientación con todo tipo de detalles, y los dibujaba a mano. Lo hacía desde que era un crío, según decía. Había empezado dibujando mapas del pueblo donde nació, muy detallados, con curvas de nivel, bosques y edificaciones. Al principio dibujaba en los mapas las...




