Ortiz | Hampa afrocubana | E-Book | www.sack.de
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E-Book, Spanisch, Band 292, 242 Seiten

Reihe: Historia

Ortiz Hampa afrocubana


1. Auflage 2022
ISBN: 978-84-9007-391-9
Verlag: Linkgua
Format: EPUB
Kopierschutz: 6 - ePub Watermark

E-Book, Spanisch, Band 292, 242 Seiten

Reihe: Historia

ISBN: 978-84-9007-391-9
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Fernando Ortiz Fernández es considerado el precursor de los estudios sobre la cultura de origen africano en Cuba. Su vida estuvo dedicada al descubrimiento de lo cubano y al rescate y revalorización de la presencia africana en la cultura cubana. Así, inició su carrera profesional indagando en el hampa afrocubana, en la mala vida de las periferias habaneras -siguiendo con ello las rutas de dos cubanos: el sociólogo, historiador y periodista José Antonio Saco, y el literato y periodista Miguel de Carrión-. En consecuencia, inspirado en las tesis de sociología criminal de Enrico Ferri y Cesare Lombroso, elaboró sus propias teorías criminológicas y frenológicas en su libro Hampa afrocubana. Los Negros Brujos. La obra de Ortiz Fernández está marcada por la polémica en torno al método de investigación de las disciplinas básicas (historia, sociología, psicología, etc.), en su concepto de proyecto antropológico. En un primer momento Ortiz, influenciado por las ideas del positivismo lombrosiano vincula a la población negra a lo que llama la «mala vida» o a la delincuencia, la ignorancia y la inmoralidad, aludiendo a la necesidad de sanear a esta población a través de su «desafrincanización» para poder integrarla al proyecto nacional. Sin embargo, unas dos décadas después, Ortiz cambia de posición para apreciar y valorar las aportaciones culturales de los negros cubanos a la cultura nacional. Hampa afrocubana. Los negros brujos quizá resulta progresista en relación con su tiempo, pero sin lugar a dudas fue superada por corrientes posteriores que combinaban un exhaustivo trabajo de campo con el análisis de los contextos económicos, de estadísticas fiables y con el estudio de las creencias religiosas y supersticiones desde diferentes disciplinas.

Fernando Ortiz Fernández (La Habana, 16 de julio de 1881 - La Habana, 10 de abril de 1969). Es considerado como una de las figuras científicas de mayor trascendencia de Cuba y América Latina. Fue historiador, etnólogo, sociólogo, lingüista, musicógrafo, jurista y crítico. Su aporte a la cultura cubana e iberoamericana constituyó un importante legado para el patrimonio de nuestro continente.
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Advertencias preliminares

Sean mis primeras palabras para testimoniar al señor profesor César Lombroso mi cordialísimo agradecimiento por su benévolo juicio acerca del presente libro, honor éste inmerecido, que no puedo recordar sin emoción muy íntima. Solamente los que profesan con el fervor de los neófitos el credo de una escuela científica, joven, viril y noblemente audaz, pueden apreciar la intensidad del sentimiento de mi gratitud hacia el genio creador de la antropología criminal, por el espaldarazo de iniciación con que ha querido distinguirme armándome caballero de esa triunfadora cohorte de investigadores que lo aclaman sobre el pavés como caudillo y lo veneran como gran maestro.

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He titulado apuntes al presente estudio, no por falsa modestia, sino porque, efectivamente, no es sino una recopilación de ellos. La dificultad de las investigaciones positivas en el ambiente del hampa; las relativamente escasas fuentes de estudio, la vastísima complejidad del tema, y mi ausencia de Cuba durante estos últimos tiempos, han impedido que mi estudio fuese más completo y acabado. En él hallará el lector, sin duda, numerosos huecos, muchos problemas no resueltos, otros observados sin la detención deseable y algunos esbozados apenas.

Pero mi trabajo es de muy limitadas pretensiones, y si bien inicia el estudio metódico y positivista de la poliétnica delincuencia cubana, el modesto nombre que por esto pudiera ganarme únicamente se debería a la concomitancia de factores circunstanciales, que no al mérito de mis esfuerzos. No obstante doy a la Prensa mis apuntes, convencido de hacer obra útil, siquiera para alentar el trabajo de plumas mejor cortadas que la mía, que profundicen el estudio de ese campo inexplorado y fecundísimo en preciosas observaciones, cual es el de la mala vida cubana. La etnografía criminal está en sus inicios especialmente con referencia al delincuente negro se ha hecho muy poco —y Cuba, en donde, en más o menos cercanas condiciones de ambiente, han podido determinar su delincuencia razas tan diversas como la blanca, la negra y la amarilla, ofrece una vastísima base de estudio superlativamente tentadora.

A los cubanos pensadores toca roturarla y hacerle rendir los frutos que la ciencia tiene derecho a exigir de ella y de ellos.

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Así como algunos erotómanos hallan en la contemplación de las figuras ilustrativas de los científicos tratados de anatomía descriptiva un incentivo para sus aberraciones sexuales, y algunas personas de impresionabilidad aguda no pueden soportar la descripción de ciertas enfermedades, así hay individuos que buscan en los libros acerca de la mala vida, una fuente de nuevos excitantes para sus vicios, y otros que no resisten su lectura sin sentirse asqueados ante la gangrena puesta en ellos al descubierto.

Aunque decir supersticiosos es decir ignorantes, y éstos ciertamente no se complacen en hojear libros serios, no obstante, convencido estoy de que entre el bien llamado vulgo culto ha de haber alguien que al saber de una obra acerca de la brujería ha de procurarse su lectura por una curiosidad nacida de sus propias supersticiones. Por otra parte, algunos lectores, al recorrer las páginas de este estudio de patología social, no podrán reprimir una mueca de disgusto y hasta dudarán de la conveniencia de sacar a la luz semejantes úlceras de nuestro pueblo.

A unos y otros, a los que aún son supersticiosos y a los que no gustan de escenas repugnantes por la miseria moral que las informa, les recomiendo sinceramente que no pasen adelante en la lectura de mi trabajo. Los primeros no han de encontrar en él esas descripciones literarias de escenas misteriosas y envueltas en el velo de lo tenebroso, que tan profundamente sugestionan sus infantiles mentes, ni han de aprender secretos de la magia doblemente negra de los afro-cubanos, ya que me he ceñido a no citar otros hechos y datos que los exigidos para la apreciación sociológica del fenómeno estudiado y en forma que no se aparta de la precisa para servir de base a consideraciones positivas.

Para los segundos he procurado disfrazar en lo posible la crudeza de ciertas necesarias observaciones; pero, no obstante, si no sienten afición a esta clase de lecturas, es inútil que intenten la de las páginas que vienen a continuación. Antes de que unos y otros lectores puedan reprochar al autor el haberles engañado acerca del carácter de su obra, se cree éste en el deber de hacer aquí las anteriores advertencias.

Después de todo, los supersticiosos no habrán de elevar su mente con la lectura de este libro, ya que la derrota del miedo a lo desconocido y a lo sobrehumano puede producirla tan solo una sólida cultura integral; ni los impresionables habían de perdonarme el haberles hecho descender conmigo a la observación del legamoso fondo salvaje de nuestro subsuelo social, olvidando quizás que para conocer y apreciar el grado de civilización ética alcanzado, nada mejor que volver la vista hacia los rezagados, hacia los infelices que, impotentes para trepar a un superior nivel moral, chapatalean en los lodazales del vicio.

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El autor se cree también en la necesidad de hacer otra aclaración previa. Aunque no puede deducirse de sus afirmaciones, ni siquiera de los datos por él ordenados, una opinión racista que repugnaría a sus convicciones sociológicas, no obstante, quizás del grupo de los que entre nosotros escriben o hablan para el público —especialmente desde las capas inferiores de ese reducido mundo, porque también el intelectualismo tiene su hampa— puede surgir una malintencionada voz que achaque a este libro conclusiones apasionadas y pugnantes con el sano juicio que merece la observación científica de todos los caracteres psico-sociológicos de la población cubana de color. Sin embargo, el estudio e interpretación del valor real, positivo o negativo, que para la evolución de la sociedad cubana tienen los múltiples y a menudo olvidados coeficientes que han determinado el estado actual de la raza negra en Cuba, de cada día más próspera y asimilable, no significa que los que en tal dirección acentúen sus esfuerzos intelectuales sea inspirados en impulsos bastardos, que serán ciertamente y en absoluto inmotivados.

La observación positivista de las clases desheredadas en tal o cual aspecto de la vida, y de los factores que les impiden un más rápido escalamiento de los estratos superiores, forzosamente ha de producir el efecto benéfico de apresurar su redención social. Así sucedió con los trabajos de los Pinel, los Esquirol, los Morel, etc., sobre los desgraciados locos —que si bien ya no morían como antes con la afrentosa coroza en las hogueras de los autos de fe, eran tratados aún como malhechores, como susceptibles de volverse cuerdos por la pena, según todavía recuerda el refrán popular—, los cuales trabajos el desarrollo de la psiquiatría que hoy exige que los alienados sean atendidos con la afectuosa tutela que merecen los enfermos y los niños. Así como los gigantescos esfuerzos de los Lombroso, los Ferri, los Lacassagne, los Tarde, los Dorado y de toda la falange de criminalistas modernos harán viables los idealismos de la teoría correccionalista, socavarán las inútiles prisiones y abrirán una era de tutelar tratamiento para los criminales —infelices que naufragan por la inestabilidad del esquife de su organismo, juguetes del enfurecido oleaje del ambiente; inocentes, sin embargo, de la defectuosidad del primero, que ellos no escogen al embarcarse para el viaje de la vida, y de la procelosidad del segundo, que ellos no motivan al tratar de fijarse un rumbo sin brújula y sin timonel.

Tómense, pues, las observaciones de este libro en el sentido real y desapasionado que las inspira, y rectifiqúense si son equivocadas, y complétense si deficientes, que todo esfuerzo intelectual en pro del conocimiento científico del hampa afro-cubana no será sino una colaboración, consciente o no, a la higienización de sus antros, a la regeneración de sus parásitos, al progreso moral de nuestra sociedad y al advenimiento de esos no siempre bien definidos, pero no por esto menos nobles ideales que, incuba toda mente honrada y objetiva, polarizados hacia una corrección de la doliente humanidad, para que los egoísmos se refrenen y canalicen y los altruismos se aviven, y para que libres de prejuicios étnicos y de aberrantes factores artificiales de selección, la evolución superorgánica siga su curso determinado por las fuerzas de la Naturaleza, encauzadas por sentimiento de amor y cooperación universal, que no son todavía tan humanos como nos lo hace creer el orgullo de nuestra especie, demasiado adormecida por las ideas antropocéntricas que la han mecido durante tantos siglos.

Observemos con escrupulosidad microscópica y reiterada —cum studio et sine odio— nuestros males presentes, que la consideración de su magnitud nos producirá la pesadilla que ha de despertarnos más prontamente de nuestra modorra y nos ha de dar valor y fuerzas para alcanzar la bienandanza futura.

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Hasta aquí, el prólogo de la primera edición de este libro. Hoy ve de nuevo la luz en la Casa Editorial-América de Madrid, después de varios años de estar agotado.

La dedicación del que suscribe a los estudios del Hampa Afro-cubana no ha cesado. Acaba de producir un libro: Los negros Esclavos, y en breve concluirá otro: Los negros Horros, y después habrá de terminar tres más: Los negros Curros, Los negros Brujos, y Los negros Ñáñigos, todos ellos integrarán la serie titulada Hampa...



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