E-Book, Spanisch, 420 Seiten
Packer Caminar en sintonía con el Espíritu
1. Auflage 2018
ISBN: 978-84-947537-8-7
Verlag: Andamio Editorial
Format: EPUB
Kopierschutz: 0 - No protection
Cómo encontrar la plenitud en nuestro andar con Dios
E-Book, Spanisch, 420 Seiten
ISBN: 978-84-947537-8-7
Verlag: Andamio Editorial
Format: EPUB
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'Y puesto que vivimos por el Espíritu, andemos también en el Espíritu' Gálatas 5:25 El Espíritu Santo nos da fuerzas, nos guía y nos capacita, para crecer y perseverar en nuestra relación con el Padre por medio de Jesucristo. El Espíritu Santo es la persona de la Trinidad menos comprendida, pero aun así, sigue siendo el foco principal de renovación y avivamiento. J. I. Packer busca ayudar a los creyentes a reafirmarse en el llamamiento a la santidad, atentos a la función que desempeña el Espíritu en el nuevo pacto con Dios. Packer nos muestra la riqueza y profundidad de la obra en acción del Espíritu, evaluando para ello las facetas de la santidad y de los carismas, permaneciendo Cristo en todo momento en el centro y fundamento de un genuino ministerio del Espíritu. Un capítulo complementario analiza la seguridad con que el cristiano puede contar. Relevante y pleno de significado, este libro aporta un conocimiento vital para una vida cristiana sana y gozosa, mediante el conocimiento y experiencia propia de Dios Espíritu Santo. Un libro que el creyente comprometido leerá una y otra vez.
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Prólogo al prólogo
2005
El libro que tienes ante ti es la segunda edición actualizada y ampliada de un extenso ensayo sobre la vida en el Espíritu Santo de Dios y por medio de Él, un trabajo que se publicó por primera vez hace veintiún años, en 1984, para aquella época. Este prólogo a las aclaraciones preliminares contiene pensamientos sobre su continuada relevancia. Un error memorable hizo que una biblioteca de préstamo británica lo publicitara en una ocasión como uno de “los mejores libros descatalogados y anticuados”, y es razonable preguntarse si un libro de 1984 no debería catalogarse en tan odiosa categoría. Personalmente, creo que no es el caso, y me alegra tener la oportunidad de explicar por qué.
Sigo coincidiendo rotundamente con todo lo que sostiene Caminar en sintonía con el Espíritu, y siempre estoy agradecido a Dios por la forma en que, a lo largo de los tiempos, muchos evangélicos han adoptado sus ideas clave, y por la gran confusión que se ha aclarado. Las profundas tensiones del momento en el que se escribió parecen ahora pertenecer, en gran medida, al pasado y otros estudios más recientes y con mayor base en la pneumatología han reforzado varias de mis afirmaciones. Como contribución a la polémica, el libro es menos importante de lo que fue. No obstante, creo que le queda un trabajo importante por hacer. Permíteme explicarme.
Caminar en sintonía con el Espíritu surgió de la interconexión de un grupo de preocupaciones que pesaban, y siguen pesando, en mi mente. Reflejan la identidad de convicción, relacional y vocacional que me pertenece en Cristo, y que ahora tengo más clara que nunca, en la última cuarta parte de lo que puede, o no, ser un siglo de vida en la tierra. Suplico la indulgencia del lector mientras bosquejo de dónde vengo (como se suele decir), porque esto clarificará las razones por las que el libro es como es y por las que me siento tan feliz de que el editor planee volver a difundirlo por el mundo cristiano.
Perspectiva personal
Mis colegas británicos solían verme como un bicho raro, y tal vez tuvieran razón. Se supone que los pietistas tratan la teología con frialdad, y no se espera que los teólogos consideren que el fomento de la devoción sea asunto suyo, pero yo me tengo por pietista teológico y teólogo pietista al mismo tiempo. Me denomino pietista, porque, para mí, la relación con Dios es, sencillamente, lo más importante de la vida. Él me proporcionó instintos pastorales y mi deseo para cualquier teología, y sobre todo la mía, es que ayude a las personas a seguir adelante en fe, adoración, obediencia, santidad y crecimiento espiritual. Me identifico como pietista teológico, porque siempre he sido consciente de que la piedad bíblica, totalmente radical en su empuje moral y empírico para buscarnos, quebrantarnos, reintegrarnos y transformarnos, también lo es en su impacto intelectual. Llegar a ser maduro en Cristo depende, pues, de aprender a pensar en términos de las verdades y los valores bíblicos y a desaprender todas las formas alternativas de pensamiento que el mundo ofrece. Y me catalogo como teólogo pietista, porque aceptando el aforismo de Congar respecto a que “la teología es el cultivo de la fe mediante el uso sincero de los medios culturales disponibles en el momento”,1 he descubierto que la búsqueda del conocimiento, el buen juicio, la perspectiva, la sabiduría y el discernimiento de los límites a la hora de tratar las cosas divinas es ineludiblemente urgente desde el principio. Y esta sensación de urgencia ha crecido en mí haciéndome responsable de compartir con amplitud los resultados de mi búsqueda, para el bienestar espiritual de otros.
Entre las variedades del pietismo que el mundo cristiano conoce, estoy comprometido en amplios términos con la rama evangélica del protestantismo histórico, basada en la Biblia, centrada en la cruz, orientada a la conversión y que prioriza la comunión de la iglesia y el alcance de la misión.2 Desde el punto de vista bíblico e histórico, considero que es la principal corriente cristiana auténtica, y las demás versiones de la vida de fe, individuales y colectivas, más o menos excéntricas, son como poco subdesarrolladas en relación a ella. Dentro del ámbito evangélico, estoy convencido de la mayor sensatez, en perspectiva y sustancia, del legado de vida, pensamiento, cultura, educación, devoción y cosmovisión reformados en comparación con otras versiones de la perspectiva evangélica. Y, dentro de los parámetros reformados, admiro en especial y aprendo de la ágil y absoluta genialidad de Calvino, el alcance y la profundidad pastorales de los puritanos ingleses y la lúcida comprensión de la antítesis entre la modernidad de la Ilustración y el cristianismo histórico en los gigantes holandeses como Kuyper, Bavinck, Dooyeweerd y Rookmaaker. Entretanto, dentro del organismo de la teología cristiana yo estaba, y estoy, particularmente interesado en la obra del Espíritu Santo en la inspiración y la interpretación de las Escrituras, en la regeneración, la santificación, la garantía, la preparación y el empoderamiento de los cristianos individuales; en la provisión de los dones y en usar al pueblo de Dios en diversas formas de servicio; en el reavivamiento o la renovación, como llegó a denominarse, de las iglesias y las comunidades. Todas estas cosas han sido importantes preocupaciones para mí desde los albores de mi vida cristiana adulta.
Por tanto, a principios de la década de 1960, cuando el maremoto rompió sobre Gran Bretaña, y en especial sobre la Iglesia de Inglaterra, donde yo era una persona del clero que me esforzaba por el regreso a las raíces del anglicanismo de la reforma y de los puritanos,3 enseguida participé en tensas discusiones evaluativas. El énfasis carismático sobre el bautismo del Espíritu, las lenguas, los cánticos ininterrumpidos y la expresión corporal como senda divina para la renovación de la iglesia pusieron fin a la preocupación por pastorear el corazón a través de la mente y buscar el avivamiento espiritual en el molde histórico que yo había procurado fomentar y del que quería ser modelo; provocó, asimismo, un amplia gama de reacciones entre los colegas y amigos, incluidos veteranos como John Stott y Martyn Lloyd-Jones, quienes criticaron el movimiento desde distintos puntos de vista (el primero por detalles no bíblicos y el segundo por indiferentismo teológico). Cuando un editor me pidió que escribiera un libro censurando a los carismáticos, me negué por no estar seguro de algunas de sus afirmaciones, por sentir que la experiencia de ellos era mejor que su teología, y temiendo apagar el Espíritu que, con toda claridad, estaba obrando en gran parte del movimiento. Sin embargo, a su debido tiempo, en mi mente surgió la idea de un libro que tuviera cuatro propósitos: (1) reiterar que el ministerio del nuevo pacto del Espíritu Santo está centrado en Cristo, y así contrarrestar la idea del Espíritu como centro de atención que se estaba expandiendo; (2) reafirmar el llamado bíblico a la santidad frente a las distorsiones y la desatención que durante tanto tiempo venía sufriendo; (3) valorar con imparcialidad el movimiento carismático y sus afirmaciones, algo que por fin me sentía capaz de hacer; y (4) mostrar que, en cualquier caso, la visión carismática no alcanza la plenitud del avivamiento según las Escrituras, de manera que por más agradecidos que podamos estarle a este movimiento, tal vez deberíamos mirar más allá. Así es como nació Caminar en sintonía con el Espíritu; y su cuádruple mensaje me sigue pareciendo importante hoy.
Orientación temática
Uno de los puntos fuertes de la teología de Lutero, Calvino y los puritanos clásicos es que trata la enseñanza doctrinal de las Sagradas Escrituras como una verdad universal de Dios, aplicada a las personas indicadas en el texto y que ahora necesita ser aplicada a todos aquellos que lo reciban. Se consideraba que su aplicación agitaba la conciencia, es decir, el poder de autojuicio en la presencia de Dios y delante de Su trono que Él dio a la humanidad (coram Deo). El papel de quienes predicaban y enseñaban consistía en poner la conciencia en acción, y guiarla una vez estuviera activa haciendo referencia directa a la verdad revelada de Dios. Esta es la longitud de onda en la que, por mi parte, procuro operar en mi ministerio.
Sin embargo, la mayor parte de la teología actual no está sintonizada de un modo tan directo con la conciencia ni tampoco su exégesis bíblica refleja un entendimiento tan claro de que Dios habla en y a través del texto escrito; tampoco está guiada por la visión catequética de fomentar la vida espiritual personal. Aunque sin perder todo el contacto con lo que afirma la Biblia, los escritores teológicos contemporáneos persiguen, en su mayoría, las discusiones internas del gremio, es decir, del grupo de maestros de teología profesionales en universidades y seminarios. Estos, como un solo cuerpo, debaten los distintos puntos de vista sobre las creencias históricas de la iglesia con diversos grados de compromiso con dicho legado. En este mundo de actividad intelectual sostenida, como en todos los círculos de intercambio académico, la amplitud, el equilibrio, la claridad de exposición y la solidez dialógica de argumento son los valores que se buscan...




