Parente / Pascual | La flor y la muerte | E-Book | www.sack.de
E-Book

E-Book, Spanisch, Band 1, 632 Seiten

Reihe: Olympus

Parente / Pascual La flor y la muerte


2. Auflage 2022
ISBN: 978-84-18440-06-9
Verlag: NOCTURNA
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)

E-Book, Spanisch, Band 1, 632 Seiten

Reihe: Olympus

ISBN: 978-84-18440-06-9
Verlag: NOCTURNA
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)



Marte, 2628. Olympus es una gran corporación que se extiende por la galaxia y divide a la sociedad en trece Servicios basados en las funciones de los antiguos dioses olímpicos. Asha es una hades y lleva toda la vida rodeada de muerte. Ianthe es una deméter y lleva toda la vida enraizada en la soledad. Cuando ambas entran en la Akademeia, ya saben lo que les espera: tres años de internamiento y la Odisea, la prueba por grupos donde se elige a los mejores candidatos para liderar los Servicios. Pero la competición es dura y hay mucho en juego. El poder lo conseguirá quien esté dispuesto a todo por Olympus. La flor y la muerte da comienzo a la serie de Olympus (de las autoras de Sueños de piedra, Antihéroes y El orgullo del dragón), compuesta por novelas de ciencia ficción independientes e inspiradas en los mitos griegos. Cita de reseña crítica: «Iria G. Parente y Selene M. Pascual consiguen hablarnos de los conflictos más actuales de nuestro mundo y de sentimientos complejos a través de personajes memorables que, cuando los descubres, pasan a formar parte de ti». Javier Ruescas, autor de Cuentos de Bereth «La flor y la muerte ha sido un viaje que me ha hecho feliz, que me ha hecho llorar y del que salgo con amigos. Se quedará conmigo incluso cuando empiece la primavera». Clara Cortés, autora de Somos astronautas «Con La flor y la muerte Iria G. Parente y Selene M. Pascual se adentran en la ciencia ficción, dejando claro que dominan cualquier género que se propongan». Sebas G. Mouret, autor de Nuestro último verano.

Iria G. Parente (1993) y Selene M. Pascual (1989) son dos jóvenes autoras de Madrid y Vigo respectivamente. Entre sus libros destacan Sueños de piedra (Nocturna, 2015), Títeres de la magia (Nocturna, 2016), Rojo y oro (Alfaguara, 2017), la trilogía Secretos de la luna llena (La Galera, 2016-2018), Ladrones de libertad (Nocturna, 2017), Antihéroes (Nocturna, 2018), Jaulas de seda (Nocturna, 2018) y Reinos de cristal (Nocturna, 2019). Entre 2019 y 2020 publicaron la bilogía steampunk de El orgullo del dragón y La venganza del unicornio (Nocturna), y en 2020 iniciaron la serie de Olympus con La flor y la muerte (Nocturna), compuesta por novelas independientes que reinterpretan los mitos griegos en un entorno de ciencia ficción.
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El aula magna de la Akademeia es una sala demasiado gigantesca para los sólo ciento veinte alumnos nuevos que la ocupamos ahora. Ese es el límite por año desde su fundación. Ciento veinte personas por curso para comenzar, lo justo y necesario para diez grupos de doce; en total, diez representantes por Servicio. Ni uno más, ni uno menos. Pocas plazas, definitivamente, para el centro académico más importante de toda la galaxia conocida y conquistada.

No puedo evitar lanzar un vistazo con avidez y nerviosismo. Hay alumnos de todo tipo, humanos y de otras especies; gente que viene de distintos planetas y diferentes lunas. Aun así, lo normal es que la mayoría de ellos sean de Marte; al fin y al cabo, los costes de venir aquí son demasiado elevados. Es una escuela de élite para educar a la élite, y la élite es la que tiene el dinero para permitírselo. Es en Marte donde está la élite, donde están los Jefes, donde está el Monte Olimpo y donde estamos los Hijos y los Familiares.

Aprieto los puños sobre mis piernas, con una expectación que espero que nadie descubra. Recuerdo otro primer día, en otro lugar completamente nuevo para mí, y las miradas de disgusto y los murmullos. El instituto fue todavía más exclusivo, un lugar preparado para las familias de los Jefes dentro de los límites del Monte Olimpo.

Incluso Aden me apartó la vista aquel día.

—Respira, Asha —me dice él ahora.

Yo me sobresalto y alza la barbilla con un carraspeo.

—Estoy respirando.

Armand se ha sentado al lado de Aden y se inclina para mirarme.

—¿Asha se pone nerviosa?

—No estoy nerviosa —replico.

—¿Por qué lo estarías? —me pregunta Oscar, a mi otro lado. Él parece casi divertido.

—Por nada, porque no hay razones para estar nerviosa, y por eso no lo estoy —corto, y cruzo los brazos sobre el pecho—. Y ahora a callar; no quiero que me echen el primer día.

Hago una señal con el mentón hacia delante, donde Atenea se ha subido al estrado. Cada año se encarga del discurso inaugural y anuncia la asignación de grupos según las calificaciones de la prueba de acceso.

No presto demasiada atención. No me importa el rollo sobre el valor de la Akademeia ni la grandilocuencia con la que habla siempre Atenea y la mayor parte de la gente de su Servicio. Aquí la cuestión es que nos esperan tres años de curso, de los cuales sólo medio será en las propias instalaciones de la Akademeia, antes de que empiecen las misiones en las ya trabajaremos para Olympus.

—La Akademeia no tiene nada que ver con vuestros institutos. No habéis venido a dar clases ni a aprender cosas básicas. Habéis venido a formar parte de Olympus, a crecer, a prepararos para ocupar un puesto importante de la sociedad que con tanto empeño hemos creado y que cada día se extiende un poco más en la galaxia. Habéis venido a marcar vuestro nombre en la Historia.

«¿Podrías empezar con los grupos ya, que es a lo que hemos venido?».

—Las pruebas a las que tendréis que enfrentaros serán más complejas que simples exámenes y…

Respiro hondo. No necesito que me explique cuál es el porcentaje anual de bajas, y no siempre por abandonos por no superar la presión o las expectativas. En Hades nos hemos encargado de los procesos de perduración de todas y cada una de las personas que han perdido la vida en este lugar y en las misiones. Algunas se han convertido en holoánimas; la mayoría, en Paraíso, con distintos niveles de privilegios; como siempre, depende de lo que sus familias puedan pagar.

—Para superar la Akademeia deberéis contar no sólo con vuestras habilidades, sino con las de todos los integrantes de vuestro grupo.

Por fin.

—Como ya sabéis, el funcionamiento es muy sencillo: diez grupos organizados por orden de calificaciones dentro de los propios Servicios. De los logros de vuestro equipo dependen los resultados de la competición para conseguir los mejores puestos en vuestros respectivos Servicios en el futuro. Durante estos tres años, aquí se fragua vuestro currículum; aprovechad la oportunidad. Dentro de cada uno de los equipos, además, habrá un comandante que se decidirá tras la Odisea, vuestra primera gran prueba.

Aprieto más los puños sobre las piernas mientras contengo la respiración. ¿Y si yo no estoy en el primer grupo? Aden lo estará, eso seguro. Es un genio. Y quizá yo fuese de las mejores de la clase en el instituto, pero eso no significa nada. En el instituto no todos se esforzaban: a muchas personas ni siquiera les preocupaba asistir a la Akademeia, porque ya tenían asegurados puestos con los que conformarse. Pero yo sé mejor que nadie que tal vez aquí haya alguien de Hades que sea mejor que yo, mi madre lleva toda la vida repitiéndome que no debo dar mi puesto por hecho. Y si hay alguien mejor, entonces estaré completamente sola en el equipo, rodeada de gente desconocida que, con toda probabilidad, no me considerará una de sus personas preferidas.

Me sobresalto cuando la mano de Aden cae sobre la mía. Trato de fingir que el corazón no se me va a salir del pecho y mantener la compostura, pero sé que él ve a través de ella con claridad.

El rostro de Atenea abandona las pantallas, en las que de pronto aparece un encabezado y una hoz dorada. Cronos. A lo largo de la historia de Olympus, los futuros Jefes de las distintas empresas han pertenecido a este grupo. El primero. El más importante. Nadie de Hades ha podido liderar nunca un equipo de Cronos. Nunca jamás, durante todos los años desde la fundación de la Akademeia y la invención de este sistema de méritos. Los hades, al fin y al cabo, no somos líderes. Somos quienes siguen las órdenes, quienes se quedan en la retaguardia. Los capitanes son siempre de Atenea, Ares o Poseidón, y, en menor medida, de los demás Servicios.

Hades nunca lidera porque todo el mundo nos teme, porque temen a la muerte y les parecemos poco fiables, dados a trucos y engaños. Hay tantas leyendas sobre Hades, tantas mentiras, que formar parte del Servicio implica entender que el mito y el terror asociado a él siempre será más grande que tú, al margen de quien seas, de lo que hagas, de lo que sientas.

Por eso las personas de Hades nunca somos comandantes.

Pero yo podría. Yo quiero serlo.

Quiero demostrar que no sólo puedo ser la mejor Hades que haya habido nunca: puedo ser la mejor de todos los Servicios. Puedo estar por encima del mito.

Tengo que estarlo.

Los integrantes de los grupos siguen un orden concreto por tradición. El primer Servicio en mencionarse siempre es Hera. En la pantalla aparece un nombre: Urien Sanda, de Luna. Es un muchacho pálido de pelo rojo, finísimo y corto. Su sonrisa es tan confiada que hace que cualquier tipo de seguridad que yo pudiera tener se tambalee. Su orgullo no me coge de nuevas: los hera suelen ser bastante conscientes de la importancia de su trabajo, lo cual no es otra manera de decir que se lo tienen bastante creído. Se consideran dioses, gracias a sus labores alrededor de la creación de la vida.

El chico se presenta ante Atenea y la saluda con una inclinación perfecta antes de que ella le ponga el primero de los emblemas.

—De Luna —susurra a mi lado Aden—. Pues suerte para él, a los niños de Marte no les sienta bien la competencia. Y menos a los heras.

Estoy a punto de echar un vistazo a mi alrededor para comprobar si puedo ver esa molestia cuando la pantalla cambia para anunciar al miembro de Poseidón.

Y así nos llevamos la primera gran sorpresa.

Oscar Elikya se pone en pie y se alisa su uniforme con actitud despreocupada.

—La verdad es que no es la foto más favorecedora que tengo. —Se refiere a la que se muestra en las pantallas. Me guiña un ojo y después mira a Aden con una sonrisa que resulta casi un reto—. No te preocupes, yo no me dejaré amedrentar por los niños de Marte.

Y dejándonos a todos con la palabra en la boca, baja hacia el estrado como si se diera un paseo. No puedo evitar boquear, aunque Aden está incluso más sorprendido. Armand tiene la mandíbula en el suelo.

—¿Lo hemos subestimado? —susurro. Por ser de un planeta bastante lejano y un despistado que ni siquiera sabía encontrar la cafetería. ¿Cómo ha conseguido la mejor nota?

Aden parece turbado. Su mirada sigue la inclinación de Oscar, mucho más relajada que la del hera, sin perder la sonrisa alegre.

—¿Tiene la mejor nota de Poseidón, viene de otro planeta y es becado?

Vuelvo la vista a la pantalla antes de que pasen al siguiente Servicio. Tal y como señala mi amigo, en la esquina de su ficha aparece el símbolo del laurel que corresponde a los estudiantes becados. Algo todavía más exclusivo, reducido sólo a diez de las ciento veinte plazas que oferta cada nuevo curso. Una manera de acercar las posibilidades de la Akademeia a quienes no pueden acceder a ella de la manera convencional.

Una manera de vender que cualquiera puede alcanzar la cima.

—O es un genio o copia rematadamente bien —comenta Armand—. Tendremos tiempo de descubrirlo.

Él no duda en absoluto que estará en su mismo grupo, pero yo sólo me pongo más nerviosa. Mientras anuncian a la integrante del Servicio de Atenea (una muchacha llamada Satomi Aru que, esta vez sí, es de Marte), yo lanzo un vistazo alrededor. El resto de gente de Hera y Poseidón se remueve incómoda y murmura. Veo gestos de decepción y disgusto, cuando no de...



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