Pasolini | Una vida violenta | E-Book | www.sack.de
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E-Book, Spanisch, 326 Seiten

Reihe: Otras Latitudes

Pasolini Una vida violenta


1. Auflage 2023
ISBN: 978-84-18930-81-2
Verlag: Nórdica Libros
Format: EPUB
Kopierschutz: 6 - ePub Watermark

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Reihe: Otras Latitudes

ISBN: 978-84-18930-81-2
Verlag: Nórdica Libros
Format: EPUB
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Publicada originariamente en Italia en 1959, Una vida violenta es la obra en la que culmina la etapa literaria de Pasolini anterior a su dedicación al cine, y está considerada como uno de los títulos principales de la narrativa italiana de posguerra. Esta representación cruda y realista evidencia la piedad y el amor por un mundo miserable. Ambientada en el bajo proletariado romano de los años cincuenta, la novela se centra en el trágico destino de Tommaso -personaje creado con mano maestra-, un joven delincuente de los suburbios romanos que perece en el umbral de la formación de una conciencia propia. Pasolini despliega en esta novela la lengua de la sociedad marginal de los años cincuenta, violenta y dura, trágica y osada, para dar cuenta de una historia voluntariamente distinta de la ortodoxa y hegemónica.

Pier Paolo Pasolini (Bolonia, 1922 - Ostia, 1975) Poeta, novelista, autor de obras teatrales, crítico literario, ensayista y polemista, Pasolini es una de las figuras cruciales de la cultura italiana del siglo xx. Personalidad compleja y provocativa, en su faceta de escritor intentó revalorizar lo popular como vehículo de expresión de la realidad. Entre sus obras poéticas destacan La mejor juventud o Las cenizas de Gramsci, y entre sus novelas Una vida violenta, Mujeres de Roma y, sobre todo, Chavales del arroyo. En 1961 inició su carrera cinematográfica, en la que defendió el lenguaje popular y la investigación abierta y adogmática de la realidad. En sus películas inserta escenas líricas con el más descarnado realismo, lo que convierte su obra en una de las más originales de nuestro tiemp
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INTRODUCCIÓN

Apuntes sobre Una vida violenta

1. La década de los años cincuenta del pasado siglo, que, por lo que hace a la obra de Pier Paolo Pasolini, se cierra en 1959 con Una vida violenta, es la del definitivo asentamiento del escritor, todavía no cineasta, en el panorama literario e intelectual italiano. En 1942, a los veinte años, había publicado su primer libro, Poemas en Casarsa, en friulano. Durante los años cuarenta —además de diversos textos menores, o que permanecieron en el ámbito de lo privado, ensayísticos, teatrales, narrativos y poéticos— escribe, en italiano, el poemario El ruiseñor de la Iglesia católica y una novela cuyo título definitivo será El sueño de una cosa (ambas obras publicadas con posterioridad, en 1958 y 1962 respectivamente). En 1954 reúne sus poemas friulanos en La mejor juventud. Antes, en 1950, tras haber sido denunciado por actos obscenos en lugar público y expulsado del partido comunista, una denuncia de la que salió judicialmente indemne pero marcado con el estigma de la diversidad, se había trasladado desde el Friuli a Roma, la ciudad que terminará por convertirse en el punto de referencia esencial de su producción novelística y de la primera fase de su cinematografía.

En 1952 publica el ensayo La poesía dialectal del siglo XV, al que sigue en 1955 La poesía popular italiana. El año central de la década de los cincuenta lo es también de la actividad intelectual de Pasolini; comienza su labor al frente de la revista Officina [Taller], uno de los puntos de inflexión de la cultura de posguerra, a través de cuyas páginas puede seguirse buena parte del proceso que va desde el predominio de la estética neorrealista hasta el surgimiento del movimiento neovanguardista, pasando por la reclamación de una literatura experimental, confiada en alcanzar protagonismo sociocultural, no sin enfrentarse con el dogmatismo moralista de la crítica marxista ortodoxa. Chavales del arroyo, también de 1955, significa su impetuosa irrupción en la escena de la narrativa: aceptada, controvertida, vituperada en su descarnado expresionismo dialectal y jergal, supone la aparición del inexplorado universo del subproletariado romano en el panorama novelístico, dominado por un neorrealismo epigonal que había dado en la folclorización; se trata de la primera pieza de un proyecto narrativo que prosigue en Una vida violenta y que se diluye en los fragmentos, esbozos a veces, de Alì de ojos azules en 1965.

Entretanto, los poemas de Las cenizas de Gramsci (1957) ratifican la opción por una escritura que asume y evidencia las contradicciones de un compromiso intelectual, político y estético de sesgo programáticamente heterodoxo. En 1960 recopila sus ensayos críticos en Pasión e ideología. Los versos de La religión de mi tiempo, en 1961, marcan el tono final de una época de intensa actividad literaria: la poesía se hace explícita mirada sobre la propia historia, inicia el proceso que en Poesía en forma de rosa (1964) acabará en la abjura del «ridículo decenio» de los cincuenta. Los sesenta son los años del cineasta, del dramaturgo y del polemista; y no es accesorio que, exhausto de las disputas a favor de la mímesis literaria dialectal y plurilingüe, concluya Pasolini en 1964 (Nuevas cuestiones lingüísticas) en la constatación de la existencia de una koiné basada en el aplastante lenguaje tecnocrático del neocapitalismo, vaciado de expresividad, historia y consciencia de sí mismo.

2. Un texto cuasimarginal de mediados de 1958, Mi periferia, constituido por las respuestas a una entrevista de la revista Città aperta, es una óptima vía de acceso a la lectura de Una vida violenta. Nos encontramos en la fase final de la redacción de una novela que Pasolini había empezado a escribir en 1955, apenas concluida Chavales del arroyo; una fase a ratos cansina, debido a que cada vez una parte mayor de los esfuerzos de su autor se dedica a la escritura cinematográfica, lo que retrasa en repetidas ocasiones la entrega del original al editor. El referente más obvio e inmediato de la entrevista son ambas novelas romanas:

El hecho de que leyendo fragmentos y páginas de Una vida violenta se pueda pensar que se está ante fragmentos o páginas de Chavales del arroyo no es casual: significa que el paradigma […] es el mismo, y que por lo tanto estilísticamente no hay solución de continuidad. Y si no hay transformación estilística no habrá tampoco transformación interna, psicológica o ideológica. / Chavales del arroyo debía ser una especie […] de ouverture, apuntando mil motivos, fundamentando un mundo […] en Chavales del arroyo lo que cuenta es el mundo de los suburbios[1] y del subproletariado romano vivido a través de los chavales, y por tanto el protagonista, el Riccetto[2], era, además de un personaje bastante definido, un hilo conductor un poco abstracto, un poco flatus-vocis como todos los protagonistas-pretexto […]. / La historia de Tommasino Puzzilli es la de una introversión, causada por el hecho de que se trata de un muchacho que no es guapo, no es fuerte y no está sano: un débil, en fin, que debe por fuerza ser fuerte en un mundo donde ello es obligatorio. De modo que busca continuamente afirmarse, y ya se sabe dónde se acaba por este camino: en la pseudo-fuerza de la delincuencia, del cinismo, de la dritteria[3], como la llaman. En concreto, la desesperada tensión de Tommasino —que no es delicado, al contrario, es muy vulgar— está en lo externo, en la historia de sus diversos credos políticos: es fascista[4], anarquista, democristiano y finalmente comunista. […] el mecanismo que se dispara siempre es el mismo, bajo la influencia de las circunstancias exteriores (la amistad con unos ladrones misinos[5] lo convierte en fascista; una cierta mejora de su familia, que había vivido siempre en chabolas y tugurios y que por fin tiene un pisito en el Ina-Case[6], le hace convertirse en biempensante y democristiano; finalmente la tuberculosis y el ambiente del Hospital Forlanini, donde radica una fuerte célula del PCI, le hace convertirse en comunista). Mal que bien, al final, este ímpetu de afirmarse, de existir, esta incongruente energía vital, se ilumina con cierta confusa luz moral.

En la misma entrevista, preguntado acerca de la interacción lengua-dialecto, o lo que es lo mismo sobre la relación que el narrador establece con las jergas de los personajes, explica que tal proceso supone «una regresión del autor en el ambiente descrito, hasta asumir su más íntimo espíritu lingüístico, en un mimetismo incesante, hasta hacer de esta segunda naturaleza lingüística una naturaleza primaria, con la consiguiente contaminación». Y más adelante aclara: «Toda regresión requiere algo de apriorístico y de voluntario. Y está claro que todo autor que use una lengua hablada, aun incluso en su estado natural de dialecto, debe realizar esta operación exploradora y mimética de regresión […] tanto en el ambiente como en el personaje, es decir tanto en clave sociológica como psicológica».

Comentando, en fin, su método de trabajo, lo describe como una operación, en primera instancia

de magnetófono […] con alguna ligera corrección en el sentido de la contaminatio: absoluto naturalismo corregido por un leve pero a su modo absoluto estilismo puro. […] Muchas veces, si me siguieran, me cogerían en alguna pizzería de Torpignattara, de la Borgata Alessandrina, de Torre Maura o de Pietralata[7], mientras anoto modos idiomáticos en una cuartilla, detalles expresivos o vivaces, léxico jergal de primera mano de boca de los hablantes a los que hago hablar de propósito. […] en un cierto momento del relato uno de mis personajes roba una maleta y algunos bolsos; ¿hay un término jergal para indicar maleta y bolso? ¡Cómo no! Maleta se dice cricca, bolso campana; lo que se roba, en general, además de morto, se dice riboncia, etc. (en vez de decir, etc., o cosas de este tipo, en mi novela pondré siempre e santi benedetti o e tanti benedetti, cuando no un menos vivaz e tante belle cose)[8]. No siempre transcribo directamente este material instrumental de muy inferior nivel y particularísimo; lo hago solo en los casos en que se me presenta una dificultad o una necesidad estilística cuando estoy escribiendo, ya solo. Entonces dejo en blanco la parte que precisa de expresividad, y llevo a cabo la búsqueda, por lo común breve y fructífera (tengo en la Maranella un amigo, Sergio Citti[9], pintor, que nunca hasta ahora ha dejado sin respuesta mis preguntas, incluso las más sutiles). Pero también se trata de una pasión genérica mía; y por eso tomo notas por mi cuenta, incluso a escondidas, iluminado por ciertas formas imprevistas y desconocidas del patrimonio.

3. A la altura de 1959 Pier Paolo Pasolini ya ha entrado en estrecho contacto con el mundo cinematográfico,...



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