E-Book, Spanisch, Band 44, 224 Seiten
Reihe: Mujeres
Pedrero / Piñero Tejiendo recuerdos de la España de ayer
1. Auflage 2023
ISBN: 978-84-277-3086-1
Verlag: Narcea Ediciones
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)
Experiencias de postguerra en el régimen franquista
E-Book, Spanisch, Band 44, 224 Seiten
Reihe: Mujeres
ISBN: 978-84-277-3086-1
Verlag: Narcea Ediciones
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Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)
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Prólogo
MARÍA DOLORES AYBAR RAMÍREZ
Pedimos la palabra…
No dice lo que vio, pero dice que no lo puede decir; de manera que aquellas cosas que no se pueden decir, para que se entienda que el callar no es haber qué decir, sino no caber en las voces lo mucho que hay que decir. (Sor Juana Inés de la Cruz. Respuesta de la poetisa a la muy ilustre Sor Filotea de la Cruz).
Afirma Octavio Paz (1997) que el sujeto histórico se construye en la dialéctica móvil de un ejercicio en vaivén: saber escuchar y saber decir. El primer movimiento remite al silencio, a la pasividad aparente y, no obstante, atenta del ser humano que escucha las voces de sus vivos y de sus muertos, con ellas dialoga y a través de ellas se inserta en la tradición y en la historia. El segundo clama por la palabra y es acto fundador de nuevas tradiciones y de nuevas representaciones históricas para las generaciones venideras.
La ruptura de esta dinámica supone la escisión del sujeto y la determinación histórica y cultural en un escenario que suprime el movimiento y lo paraliza en la frontera. Cabe a las mujeres el silencio o el susurro entre paredes domésticas; al varón, la acción y la palabra en espacios más vastos. Este tópico se repite por milenios en culturas orientales u occidentales y crea discursos hegemónicos excluyentes y, consecuentemente, el antidiscurso del excluido que, desde la periferia histórica, espera con paciencia el momento de desarticular la alambrada, el instante de emitir su palabra.
Algunas mujeres, menos dotadas de paciencia que Penélope, decidieron atravesar esa frontera sin el permiso de la historia. Anticiparon así la nueva historia y, al mismo tiempo, al configurarse en su excepcionalidad, reiteraron sin saberlo el carácter biológico-psíquico y moral inferior de las demás mujeres con respecto no sólo a los varones sino también a sus hermanas «mayores» porque, ya se sabe: toda regla, un día, pare una excepción.
El silencio a que fue condenada Juana de Asbaje, Sor Juana Inés de la Cruz, en los últimos años de su existencia, así como los silencios inherentes a su discurso femenino y feminista pueden ser interpretados a la luz de nuevos o viejos escribas.
Juana es excepción entre Juanas. Abordar la historia de esas Juanas plurales, entre Tordesillas y la ciudad de México, o entre San Sebastián, Sevilla o Canarias, y específicamente en el momento histórico del franquismo y de la apertura democrática española debe comprender la «reconstrucción del pasado femenino» para «reformular las categorías del análisis histórico» a partir de una base que «considere que las relaciones entre los sexos son construcciones sociales» (Guardia, 2001, p. 110).
La historia de la mujer y de las mujeres que componen, forman y se derraman en las líneas y espacios vacíos de este libro es entendida, pues, como construcción sociocultural que intenta superar el carácter biográfico de la excepcionalidad femenina y trascender la temática clásica de la historia contributiva.
En este contexto, se produce la construcción y autorrepresentación de la mujer a partir del recuerdo de algunas mujeres españolas que viven o vivieron la experiencia prolongada de la distancia espacial con respecto al país de origen, España.
Juntas, conversan a miles de kilómetros del país natal; unidas, pero, en la soledad de la escritura, hacen y deshacen sus respectivos velos, sus largas trenzas, tejen sus memorias y crean un discurso femenino heterogéneo, sin pretensiones ni síntesis tangibles, huyendo de la preocupación de Michelle Perrot (apud Guardia, 2001) que apunta hacia la posibilidad de creación de un gueto femenino, por la separación discursiva de los géneros.
Los discursos aquí presentes no son excluyentes y se construyen dentro, a través y a pesar de una masculinidad discursiva omnipresente en la dictadura franquista. La presencia constante de varones se articula en voces graves de soldados o de locutores de radio, en voces de hermanos, de amigos, de profesores, de padres. La pertinencia de transcribir esos sonidos y de articularlos en palabras que suenen con notas más agudas, menos viriles, no se agota en una historia de la mujer que apenas gatea en las amplias bibliotecas de la historia universal y de la historia de España.
Esa nueva historia que sella la pertinencia de la palabra de la mujer no puede ni debe desvanecerse en treinta años ni en mil y una noches. Sobran discursos pasados, presentes y futuros de dominación masculina, camuflados entre los hexágonos de la gran biblioteca de Borges o de Juana de Asbaje. Por ello, antes de decir: «éste es nuestro discurso», realizamos un acto aprendido en casa, en la escuela, en la iglesia, en los patios y calles: oímos las voces de la historia. Le cedemos la palabra y esperamos, como quien no espera nada, el momento oportuno de tomar la palabra.
Cedemos la palabra…
La historia de España que permanece viva en la memoria de las mujeres de este libro comienza tras un punto y final.
Las hijas de la guerra y las madres de la guerra, las hijastras, hermanastras y madrastras de la guerra se encierran en los templos limitados de la domesticidad y filtran su realidad a través de un nuevo discurso que, hacia los años cuarenta del pasado siglo y en la España de Franco, sonaba triunfalista y marcial. Nada muy nuevo, ecos de antiguos discursos que desde líneas melódicas diversas construían una sinfonía acabada y sin disonancias mayores.
Las tres voces melódicas se llamaban en la España del franquismo, poder laico, poder religioso y discurso «científico».
Esas tres voces se presentaban, ya en el siglo XIX, en un concierto que se tituló: La Mujer. Cuando llega el movimiento, allegro ma non troppo, llamado, «sexualidad», las líneas melódicas resultan particularmente afinadas. En el momento en que el coro pronuncia la palabra «deseo», casi un susurro, se llega al clímax, evidentemente musical. Mientras el Estado y sus poderes legislativos, representados por los bajos, cantan el binomio «crimen y castigo», la Iglesia repica, con sus tenores, en falsete: «pecado y penitencia». La ciencia, más locuaz, lanza en la voz de sus barítonos, palabras incomprensibles para la mayoría: furor uterino, locura, cura-o no cura: histerectomía.
Las bases de ese discurso poseen antiguas raíces en la literatura occidental. Calero Vaquera (2000) realiza un paseo «turístico» por esos discursos fundadores. Parte de La perfecta casada, de Fray Luis de León, obra que subordina a la mujer a asuntos sin relevancia puesto que su mente posee una disposición natural para las cosas de poco «seso» y «peso». Analiza la doctrina médica del siglo XVI, de Juan Huarte de San Juan, que defiende que «la frialdad y humedad [propias del temperamento femenino] son cualidades que echan a perder la parte racional», pasa por teorías del siglo XIX como la de M. Roussel, quien en su Sistema físico y moral de la mujer afirma con gran propiedad que «[Las partes blandas] dejan entrever las funciones a que es llamada la mujer, y el estado pasivo a que la naturaleza la destina» y desemboca en el discurso de Francisco de Asís Pacheco, de 1881. En su obra, La misión de la mujer en la sociedad y en la familia, el autor acuña algunas de las formas de dominación masculina que serán moneda corriente durante la dictadura franquista. Por un lado, sella el enclaustramiento doméstico femenino:
La mujer necesita menos que el hombre respirar el aire puro fuera de las paredes de su habitación […]. Conformada para la existencia doméstica, no le es preciso buscar de una manera tan constante como al hombre, el aire que circula libremente por las calles y los campos (Calero Vaquera, 2000, p. 108-9).
Por otro lado, Asís apunta hacia los tópicos que modelan el comportamiento, el carácter y el papel de la mujer en la sociedad tradicional con base en la inferioridad, físico-biológica e intelectual comparativa:
No lo creáis, queridas, ni penséis jamás en igualaros a él en todas las cosas […]. [El hombre] se distingue por la robustez y la fuerza corporales y el poder de la inteligencia; la mujer, por la sensibilidad, el efecto, la abnegación, la caridad… (Calero Vaquera, 2000, p. 109).
El discurso de Asís es, no obstante, un antidiscurso que denota su malestar («queridas») frente a los cuestionamientos planteados por los movimientos feministas del siglo XVIII y XIX. Mientras Olimpia de Gouges, a finales del siglo XVIII, creaba la versión femenina de la Declaración de Derechos, otras mujeres, uniéndose al coro de voces francesas, iniciaban, en Inglaterra o Estados Unidos, la...




