Perroni / Tragan | Nadie ha visto nunca a Dios | E-Book | www.sack.de
E-Book

E-Book, Spanisch, 312 Seiten

Reihe: Estudios Bíblicos

Perroni / Tragan Nadie ha visto nunca a Dios

Una guía para la lectura del evangelio de Juan
1. Auflage 2019
ISBN: 978-84-9073-443-8
Verlag: Editorial Verbo Divino
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)

Una guía para la lectura del evangelio de Juan

E-Book, Spanisch, 312 Seiten

Reihe: Estudios Bíblicos

ISBN: 978-84-9073-443-8
Verlag: Editorial Verbo Divino
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)



Juan no es un evangelio caído del cielo sino que supone un origen, una tradición, un contexto histórico que ha determinado una interpretación elevada de la persona, de la obra y de la doctrina de Jesús, el Nazareno. Recuperar el proceso de la formación de este evangelio no solamente revela el impacto que Jesús ejerció entre sus discípulos durante su vida, sino el descubrimiento sucesivo de la virtualidad contenida en la experiencia de fe de la Iglesia primitiva. El evangelio de Juan ha de ser comprendido desde la tierra. El lector del presente trabajo encontrará un instrumento para reconocer la relevancia literaria y la elevación teológica que proceden del discípulo predilecto de Jesús.

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Introducción


Claudio Magris escribió lo siguiente: «De haber sido Papa cuando los dos astronautas soviéticos que viajaron al espacio declararon patéticamente que no habían visto a Dios, Francisco no habría reaccionado probablemente con la dolorida tristeza de Pablo VI, sino que quizá les habría mandado un telegrama dándoles las gracias por haberlo corroborado, ya que hubiera sido engorroso que ellos hubieran visto a Dios, que sin embargo nunca se había dejado ver por el Papa y si fuera visible allí arriba, o allí abajo, por así decirlo, más bien que en nuestra tierra»1. El corte periodístico y el tono ligero no oscurecen la verdad de estas palabras. El prólogo de Juan lo había afirmado con gran solemnidad, pero el contenido, en el fondo, es idéntico: «Nadie ha visto nunca a Dios» (1,18).

Tanto la fe judía como la cristiana se fundamentan, de hecho, no en la visión de Dios, sino en su escucha y en las palabras de hombres y mujeres que hablaron de él. Sus narraciones se transformaron posteriormente en Escritura, y, así, siempre a través de manos de otros hombres y mujeres, se modificaron, se adaptaron y se interpretaron. Lo mismo se verifica en el cuarto evangelio. La autoridad del escrito que la tradición atribuye a Juan se basa en el testimonio del «discípulo que Jesús amaba» (13,23; 19,26; 20,2; 21,7), que, además de representar el ideal de discípulo, garantiza la verdad de la transmisión del anuncio evangélico. A partir de este y sobre el fundamento de ese testimonio, fue escrito después de la resurrección el evangelio, una narración ordenada y completa que quiere transmitir, porque es obra de la acción del Espíritu, la imagen auténtica del Nazareno, cuyo garante es también el Espíritu. De forma totalmente original, el evangelista quiere demostrar que en adelante el evangelio de Jesús de Nazaret es ya el evangelio sobre Jesús de Nazaret, y con su escrito busca que sus lectores vivan el mismo impacto que el que Jesús provocó en sus contemporáneos.

Pero ¿por qué entre los cuatro evangelios elegimos precisamente el de Juan para una monografía que se añadirá a la enorme y sofisticada bibliografía ya existente?2

En primer lugar, el escrito de Juan es bastante difícil si lo examinamos en su singularidad, es decir, partiendo de la voluntad joánica de presentar no al Jesús que hace, como los Sinópticos, sino al Jesús que es. En segundo lugar, no se puede entender el cuarto evangelio si no somos capaces de ir más allá de la mesionología y también de la soteriología para llegar a elaborar una verdadera y propia visión cristológica. Aquí reside el motivo por el que el cuarto evangelio sigue ejerciendo una gran fuerza de atracción, con su objetivo de anunciar la potencia de Cristo a las generaciones siempre más alejadas del Profeta de Galilea, y, sobre todo, a todos aquellos que necesitan, para vivir, abrirse a lo trascendente que interpela e inquieta, pero que también es capaz de dar lo que el mundo no puede dar. Juan sabe muy bien que «nadie ha visto nunca a Dios», ni podrá verlo jamás. Pero su evangelio abre a la esperanza de poder encontrarlo, porque «el Hijo unigénito, que es Dios y está en el seno del Padre, lo ha revelado (exeg?sato)» (1,18). El término griego exeg?sato significa «hacer exégesis», «interpretar»: esto es lo que hizo Jesús, lo que Juan transmite y lo que, gracias a él, siguieron transmitiendo a lo largo de los siglos hombres y mujeres que, creyendo en Dios y en aquel a quien envió, lo han «visto».

Por esto, como veremos, siguen publicándose estudios científicos en el ámbito académico que contribuyen a descubrir una riqueza doctrinal cada vez mayor en el cuarto evangelio. Entre el siglo XX y el siglo actual, la generación de los estudiosos dedicados a la investigación y la enseñanza de la Sagrada Escritura ha tenido la suerte de vivir, en el campo de la exégesis bíblica, una fase creativa. Quien se ha dedicado a la investigación neotestamentaria y, de un modo particular, a la del cuarto evangelio, ha tenido la posibilidad de seguir el rápido e intenso desarrollo de los estudios especializados y ha podido apreciar la variedad de los métodos y la riqueza de las interpretaciones que se han propuesto hasta el presente. La utilización de nuevas metodologías, por otra parte, favorece que la investigación no se paralice frente a textos complicados que tienen a sus espaldas una historia exegética difícil. Además, se mantiene el deseo de fundamentar en los textos evangélicos la necesidad de abrir la existencia humana a una dimensión trascendente. Como dijo Gregorio Magno, la interpretación de la Biblia crece con quien la lee (cf. Homilías sobre Ezequiel 1,7,8). Y la «interpretación infinita» –como acertadamente ha sido llamada3– lleva siempre consigo algo nuevo. No solo desde el punto de vista existencial, sino también en el plano literario o doctrinal. Por consiguiente, nadie debe pensar que ya se ha dicho todo sobre el evangelio de Juan. Siguen circulando entre los estudiosos interpretaciones interesantes4, un florecimiento de sugerencias y de hipótesis nuevas debido, entre otras razones, a la multiplicidad de los métodos de investigación usados.

En segundo lugar, la posibilidad de seguir de cerca los resultados de una indagación exegética con una fuerte tensión interna y también creativa, que ha marcado durante muchos años la bibliografía sobre Juan, hace apasionante este trabajo. Por eso nos ha parecido obligatorio, además de oportuno, tratar de transmitir la herencia recibida de los estudiosos que nos han precedido, sobre todo porque sus investigaciones no son siempre accesibles a todos los interesados. En este sentido, queremos ofrecer a quien entra en contacto con la exégesis del cuarto evangelio un trabajo que le ponga al corriente, de un modo coherente y preciso, de los resultados admitidos mayoritariamente entre los estudiosos, a saber, una síntesis panorámica de los puntos de no retorno adquiridos en el pasado y las nuevas orientaciones exegéticas que animan la investigación actual.

Finalmente, el evangelio de Juan es un libro fascinante que, en tiempos pasados y en el presente, ha impuesto respeto y ha cautivado el entusiasmo de literatos y de místicos, de exégetas y de teólogos. No solo atrae a los estudiosos, sino que seduce a todos aquellos que aspiran a profundizar en aquella dimensión de la propia existencia que tiende a traspasar la experiencia de las realidades visibles y se sienten dispuestos a buscar el sentido trascendente de su vida. Evidentemente, no se trata de reducir el cuarto evangelio a un libro de devoción individual o de meditación abstracta. La tentación existe, sin duda. Pero Juan es ante todo una interpretación del acontecimiento histórico de Jesús de Nazaret, el fruto de una poderosa creatividad literaria y de un profundo pensamiento teológico, porque solo este permite «ver» a Dios. Y así es como debe ser estudiado. No es casualidad, por otra parte, que el cuarto evangelio marcara el origen de largas controversias cristológicas que se prolongan hasta los concilios de Nicea (325) y de Éfeso (431), y que fuera también el punto de partida de las difíciles reflexiones trinitarias que ocupan el centro del concilio de Calcedonia (451).

Nuestro objetivo principal, por consiguiente, no es el de escribir un «libro extraordinario». Más bien, queremos poner a disposición de quien quiera adentrarse en el mundo del cuarto evangelio el material exegético necesario que pueda facilitar un contacto directo con el texto, para que cada uno pueda llegar a su propia comprensión del trabajo del evangelista. En este sentido, hemos considerado oportuno hacer emerger, en primer lugar, los aspectos que ponen de relieve la relevancia de su pensamiento, es decir, las peculiaridades literarias que caracterizan específicamente la estructura del libro, su vocabulario, su estilo y sus temas teológicos principales. A continuación, nos pareció necesario examinar los tres grandes bloques que, en sucesión, entraron a formar parte de la redacción del cuarto evangelio, la narración de la pasión, los relatos de milagros y los discursos, cada uno con su específico significado teológico. Posteriormente, la presentación de las cuestiones clásicas que permiten evaluar el escrito a partir de su ubicación espacio-temporal, a saber, la del autor, la de la fecha y la del lugar de composición, lo que hace posible delinear su perfil. La investigación de las fuentes, la identificación exacta del contexto histórico, que condicionó el origen del evangelio junto con las características de sus destinatarios, y también el examen de su valor histórico, representan ulteriores elementos de clarificación de un escrito que ha suscitado muchas preguntas sobre su carácter literario y sobre su historicidad. Dado que la exégesis joánica actual vive en la tensión entre diacronía y sincronía, se hace necesario indicar cuáles son las características principales de esta doble posibilidad de interpretación. Para un estudio más exhaustivo de los recorridos de la exégesis joánica, el lector interesado puede servirse del Excursus que cierra el volumen y que presenta toda la historia de la interpretación del cuarto evangelio desde el cristianismo naciente hasta el presente.

Más concretamente, en la tercera parte de este trabajo se presentan los resultados de la exégesis de algunos textos seleccionados del cuarto evangelio. Además de ser particularmente representativos del pensamiento teológico del...



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