Ponce / Martínez | El genio en el Siglo XVIII | E-Book | www.sack.de
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E-Book, Spanisch, 336 Seiten

Reihe: Contrapunto

Ponce / Martínez El genio en el Siglo XVIII


1. Auflage 2022
ISBN: 978-84-254-4842-3
Verlag: Herder Editorial
Format: EPUB
Kopierschutz: 0 - No protection

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Reihe: Contrapunto

ISBN: 978-84-254-4842-3
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El genio, figura clave para la estética durante el siglo XVIII, permitió pensar la relación del sujeto con la naturaleza, la posibilidad de atribuir al hombre condiciones innatas, el modo en que la genialidad tenía lugar en el ámbito de las ciencias, la postulación de un nuevo modelo ideal de humanidad, entre tantos otros temas. En este libro un grupo internacional de investigadores de la filosofía moderna analiza el desarrollo del concepto genio, revisa los principales aspectos de la representación de esta figura por parte de un filósofo en particular o de una corriente de pensamiento. Asimismo, examina el significado del concepto genio para autores de las tradiciones inglesa, francesa, italiana, alemana e hispanoamericana. Además de analizar el significado y la importancia que tuvo para algunos filósofos ilustrados considerados clásicos, en esta obra se exploran algunas interpretaciones menos visitadas, tales como la emergencia del concepto en la obra de Vico, las referencias en textos de las colonias americanas y algunas apreciaciones sobre el genio por parte de intelectuales mujeres. Junto al despliegue de las doctrinas canonizadas, el lector encontrará explicaciones referidas al uso del término en regiones consideradas periféricas y voces menos escuchadas.

Esteban Ponce (Santa Fe, Argentina) es licenciado en Filosofía por la Universidad Nacional del Litoral (UNL) y doctor en Filosofía por la Universidad de Buenos Aires (UBA). Ha sido becario doctoral y posdoctoral del CONICET (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas). Es Docente-Investigador del IHUCSO (Instituto de Humanidades y Ciencias Sociales, UNL-CONICET) e Investigador Asociado del CIF (Centro de Investigaciones Filosóficas). Se desempeña como profesor asociado de Estética en la carrera de Filosofía de la UNL y titular de Estética en Artes Visuales de la UADER. Es miembro fundador de AAES 18 (Asociación Argentina de Estudios del Siglo XVIII). Integra los comités editoriales de Tópicos. Revista de Filosofía de Santa Fe y de Siglo dieciocho. Es Correspondant étranger de la Société Diderot. Sus temas de investigación son el materialismo y la estética en el siglo XVIII, especialmente en la filosofía de Diderot y en la Encyclopédie. Luciana Martínez (Buenos Aires, Argentina) es doctora en Filosofía por la Universidad de Buenos Aires. Dicta cursos de estética en la Universidad del Museo Social Argentino y de epistemología en la Universidad de Buenos Aires. Es miembro del Grupo de Estudios Kantianos de Argentina y del comité editorial de la revista Siglo Dieciocho. Ha sido becaria posdoctoral del CONICET e investigadora senior de la Universidad Kant de Kaliningrado. El tema general de su investigación es la filosofía teórica de Kant.
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1. El concepto de «genio» en la Francia pre-ilustrada


Nicolás Olszevicki
(UNGS)

Aunque haya alcanzado el rol protagónico de «héroe cultural»1 en el ámbito de las reflexiones estéticas con el ascenso del Romanticismo, a fines del siglo XVIII y comienzos del XIX, el concepto de «genio» tiene una larga historia en el pensamiento occidental.2 Resulta imposible hacer una reconstrucción exhaustiva de ella en los límites de este breve trabajo; nos bastará con señalar algunos de los elementos definitorios del concepto en Francia antes de la época en que se concentra este libro. El objetivo de nuestro trabajo es mostrar que las discusiones sobre las características y funciones del genio que se producen a lo largo del siglo XVIII tienen importantes antecedentes desde mediados del siglo anterior. Particularmente, mostraremos cómo en la célebre querelle des Anciens et des Modernes se cifran dos ideas antagónicas sobre el genio que moldearán las discusiones en el ámbito francés durante las Lumières.

PREHISTORIA DEL GENIO: DE PLATÓN A RABELAIS


Antes de llegar al siglo XVI, permítasenos reconstruir algunos de los rasgos asociados al concepto desde la antigüedad clásica, que resonarán en las polémicas de la modernidad temprana.

Es el poeta griego Píndaro, frecuentemente retomado en los escritos dieciochescos, quien parece haber sido el primero en privilegiar la valoración de los dones naturales en la formación en la Grecia antigua. Un siglo antes de la aparición de Platón, al final de la décima de sus Odas olímpicas (9.100-113), el poeta contrastaba el talento innato con el aprendizaje y se inclinaba por el primero para justificar la excelencia de los hombres en todos los ámbitos. Sugería, allí, que los dioses dotaban a los individuos de habilidades diferentes desde el nacimiento y que cada uno debía procurar atender a su propia naturaleza para llevar a cabo sus objetivos con éxito. El talento para la poesía (como, en realidad, todo talento) quedaba apartado del conjunto de las técnicas aprendidas y resultaba valorado en mayor medida que el derivado del esfuerzo.

No es casualidad que Píndaro se convirtiera en una de las figuras más evocadas en la Modernidad como ejemplo del poeta inspirado, aquel que produce su arte sin atenerse a reglas de ningún tipo. Aunque es su figura la que, desde el siglo XVI, deviene en una suerte de símbolo de una estética del genio en gestación, los textos griegos más relevantes teóricamente en relación con el tópico son los diálogos platónicos Ion y Fedro, en los que se forja la imagen clásica del poeta vate, esto es, el poeta como aquel que, al producir su obra, responde directamente a los designios de la divinidad, con mínima o nula mediación racional. De acuerdo con esta imagen, en el momento de la creación poética los dioses poseen a los hombres; la poesía, por tanto, se diferencia de todas aquellas téchnai para cuyo dominio alcanza el estudio y la práctica: «Los poetas líricos [al igual que todos los demás poetas] hacen sus bellas composiciones no cuando están serenos, sino cuando penetran en las regiones de la armonía y el ritmo poseídos por Baco», se dice en Ion. El poeta-profeta definido por Platón es una «cosa leve, alada y sagrada» y «no está en condiciones de poetizar antes de que esté endiosado, demente y no habite ya más en él la inteligencia», en ese momento que luego los comentadores latinos definirán como el furor poeticus y que, en los siglos XVII y XVIII, se nombrará en Francia con palabras como verve o enthousiasme.

Junto a esta conceptualización de la poesía como una actividad esencialmente distinta del resto de las actividades del hombre, el otro gran aporte de la cultura griega a la historia del genio es el concepto de da?µ?? (daimon). Se supone, en efecto, que la palabra latina genius, de la que provienen todas las formas modernas, es una traducción y adaptación de ese concepto griego, que originalmente refería a divinidades menores y que luego fue perdiendo su connotación religiosa hasta significar, simplemente, el carácter particular de cada hombre. De acuerdo con la mitología griega, cada hombre tiene un da?µ?? propio, un espíritu tutelar que lo vincula a lo divino y que rige su destino. En el Timeo platónico, no obstante, la noción ya aparecía parcialmente secularizada: en lugar de concebirlo como un dios tutelar externo, Platón lo asociaba con la parte más elevada del alma, la racional. Así, como lo será más tarde el ingenium, el da?µ?? de cada hombre podía ser entendido, en esta nueva formulación, como aquello que lo distinguía del resto de los hombres, lo que definía sus rasgos particulares, y no como una divinidad autónoma3. Lo que Platón buscaba elaborar teóricamente ya había sido reconocido por Heráclito en uno de sus enigmáticos fragmentos: entre el da?µ?? de un hombre y su carácter no había, para el filósofo, una relación de causa-consecuencia, sino de identidad: ???? a????p? da?µ??, «el carácter de un hombre es su daimon».

En tanto que traducción y apropiación del da?µ?? griego, no resulta extraño que, en Roma, el genius fuera también considerado una divinidad menor: asociado a los Manes, los Lares y los Penates, funcionaba al mismo tiempo como una divinidad generatriz que presidía el nacimiento de cada individuo, imprimiéndole determinados rasgos particulares, y una divinidad tutelar privada. El concepto de genius fue objeto de innumerables redefiniciones y readaptaciones en la cultura romana y siempre estuvo vinculado, hasta tal punto de confundirse por momentos, con el de ingenium (in-genium, literalmente, el genio dentro —de uno—), que significaba el talento innato, la disposición natural, «la habilidad de ciertas mentes de razonar más enérgicamente, de ver más claramente […], de percibir nuevas relaciones entre objetos o ideas existentes»4.

Como han señalado, entre otros, Jane Chance Nietzsche5 y Robert Schilling,6 la noción no desapareció con el ascenso del cristianismo, aunque el proceso de secularización, vital para la formación de la imagen moderna del genio, se ralentizó. Es, de hecho, en las figuras de demonios, ángeles y santos de la Edad Media donde puede verificarse la supervivencia de las tradiciones romana y griega del genius y el daimon.

Si bien hay antes ciertas apariciones aisladas del término, el concepto de génie irrumpe en el francés moderno, según los historiadores de la lengua, en 1532, con la publicación de la versión lionesa del Pantagruel de Rabelais.7 El capítulo VI trata del encuentro de Pantagruel con un escolar lemosín que «deforma la lengua francesa»: en su intento de ocultar su origen innoble y mostrarse como un parisino en toda regla, el personaje parodiado pervierte el lenguaje y crea una jerga incomprensible y pretenciosa que logra, a la vez, «falsificar la lengua de los parisinos» y «despellejar el latín», despreciando «los hábitos comunes del habla». A la denuncia de uno de los acompañantes de Pantagruel de querer «pindarizar» la lengua, el estudiante responde, en una oración deliberadamente abstrusa tanto por su léxico como por su sintaxis: «Mi genio no es nada apto a lo que dice este flagitoso nebulón para escoriar la cutícula de nuestra vernácula gálica».

El génie se presenta en Rabelais desde una doble perspectiva. Por un lado, para el écolier es el modo de legitimar un uso original, inédito, de la lengua; por el otro, para Pantagruel y compañía es afectación e impostura: el autor cifra en la figura del lemosín una crítica radical a quienes pretenden subvertir las reglas naturales de la lengua francesa; una lengua que tiene su propio génie y no necesita, por tanto, ser alterada artificiosamente por latinismos mal empleados.

No nos detendremos en las discusiones particulares sobre le génie de la langue française durante el siglo XVI en el contexto de los múltiples ensayos para legitimar las lenguas vernáculas y para posicionar al francés como lingua culta universalis. Baste con señalar que, gracias a estas discusiones, la noción, que había recuperado su impronta religiosa durante la Edad Media, de nuevo comienza a ser objeto de un proceso de secularización. Como había pasado en el mundo romano con la noción de ingenium y en el griego con el daimon socrático convertido en disposición natural, el génie deviene, en la modernidad temprana, «una instancia mediatriz que sirve para legitimar una práctica innovadora y para sintetizar un conjunto de características subjetivas derivadas tanto del estilo como del ethos».8

EL GENIO Y LA POÉTICA DE LAS REGLAS


El término génie...



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