Poussin | Montessori para bebés | E-Book | www.sack.de
E-Book

E-Book, Spanisch, 218 Seiten

Poussin Montessori para bebés

El enfoque Montessori desde el nacimiento hasta los 3 años
1. Auflage 2017
ISBN: 978-84-17002-84-8
Verlag: Plataforma
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)

El enfoque Montessori desde el nacimiento hasta los 3 años

E-Book, Spanisch, 218 Seiten

ISBN: 978-84-17002-84-8
Verlag: Plataforma
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)



La pedagogía Montessori permite que cada niño desarrolle todos sus potenciales respetando su ritmo y su personalidad. Charlotte Poussin, educadora Montessori, comparte su experiencia con los lectores para vivir el enfoque Montessori con el bebé. Ayudar sin ayudar demasiado, observar y animar con benevolencia: un equilibrio justo que favorece en el niño la serenidad, la autonomía, la confianza en sí mismo y la alegría de aprender, la conciencia de sí mismo y la del otro. Este libro, que incluye fotos de materiales y actividades, presenta el enfoque Montessori desde el nacimiento hasta los 3 años, de forma clara y simple: • Los estadios del desarrollo y las necesidades del niño. • La mentalidad Montessori en la práctica, con consejos precisos y ejemplos concretos. • Numerosas actividades pedagógicas fáciles de poner en práctica. • Testimonios de expertos y profesionales Montessori.

Charlotte Poussin es educadora Montessori, diplomada de la Asociación Montessori Internacional en 2000. Ha trabajado en la Argentina, Brasil, Francia y Canadá. Ha dirigido una escuela Montessori y es autora de 'Montessori explicado a los padres' (Plataforma, 2017). Aplica los principios montessorianos con sus cinco hijos.
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2. El desarrollo del niño
entre 0 y 3 años


El desarrollo del niño entre 0 y 3 años se produce por saltos.

Maria Montessori distinguió cuatro periodos de crecimiento, que llamaba los «planos de desarrollo»:

  • la primera infancia, de 0 a 6 años;
  • la infancia, de 6 a 12 años;
  • la adolescencia, de 12 a 18 años;
  • la madurez, de 18 a 24 años.

En el linde de cada uno de estos periodos, se encuentra un nuevo niño, con nuevas necesidades, descritas en el libro Montessori explicado a los padres.2

Nos concentramos aquí en el periodo de la primera infancia y, más concretamente, en su primera mitad, la de los niños más pequeños, que va de 0 a 3 años. La importancia de esta etapa de desarrollo es esencial, porque condiciona toda la vida de la persona. En efecto, aunque algunos parecen a veces escépticos, el bebé tiene una vida psíquica intensa desde el nacimiento, ¡e incluso antes! Esta toma de conciencia es capital para su futuro, porque cuanto más nos ocupemos de su vida psíquica, como nos ocupamos de su desarrollo físico, más positiva será a largo plazo. La calidad de las relaciones del niño con su entorno al principio de su vida tiene repercusiones:

  • psicológicas sobre la relación que tendrá con el mundo;
  • físicas sobre su desarrollo corporal;
  • psíquicas sobre el desarrollo de su inteligencia.

«El pequeño, fuera del cuerpo materno, todavía no está separado de él.»

Maria Montessori, La mente absorbente del niño

Durante los nueve meses que el niño pasa en el vientre de su madre, vive en simbiosis con ella, después, de repente, nace. Para él, es un cambio de atmósfera. Pasa de un mundo a otro. Pasa de un medio acuático a un medio aéreo. Todas sus percepciones cambian: las de la luz, los sonidos y los contactos físicos. Todo es más directo, más intenso. En el seno materno, todo era más tamizado, como filtrado. Al nacer, el bebé tiene que abandonar una cierta pasividad; ahora, para vivir, tiene que estar activo para alimentarse y para respirar. De esto ya no se ocupa el cuerpo de su madre, ya no es «uno» con ella. Sin embargo, «el pequeño, fuera del cuerpo materno, todavía no está separado de él», escribe Maria Montessori en La mente absorbente del niño.3 Necesitará años para construirse como individuo. Su identidad se modela poco a poco hasta el día en que dice: «yo», «mi», hacia la edad de 3 años. Después, se consolida de los 3 a los 6 años. El individuo se construye. El bebé, al nacer, es muy vulnerable y dependiente. Pero ya es una persona en toda regla y tiene una misión: ¡construirse! Es el actor de su propio desarrollo. Aprende sin cesar, en la interacción con los demás y con su entorno. Por medio de la experiencia sensible, desarrolla su inteligencia. Es el momento en que organiza el movimiento, el lenguaje, las sensaciones y las percepciones. Se construye como individuo, pero también como ser social, adoptando todas las características de su medio y de su tiempo.

Maria Montessori consideraba que había tres periodos embrionarios:

  • el embrión físico antes del nacimiento;
  • el embrión psíquico o «mental» del nacimiento a los 3 años;
  • el embrión social de los 3 a los 6 años.

Para Maria Montessori, el periodo de construcción psíquica, del nacimiento a los 3 años, era el más importante para el correcto desarrollo del niño. Es el periodo de las conexiones neuronales (las sinapsis), que se forman gracias a las interacciones con el mundo exterior durante la mielinización de las células cerebrales (fenómeno que forma una vaina aislante alrededor de ciertas fibras nerviosas con una sustancia, la mielina, constituida por lípidos y proteínas). Las imágenes del mundo se imprimen en el cerebro gracias a las experiencias de los sentidos, que son como claves de lectura del entorno. Este trabajo sináptico pone las bases de la construcción de la inteligencia. Por lo tanto, es importante nutrir la mente en este momento y estimular una colaboración entre los dos hemisferios del cerebro. El hemisferio izquierdo se ocupa del lenguaje, los movimientos precisos, la lógica, las matemáticas y el análisis. El hemisferio derecho se ocupa de las expresiones de la cara, el movimiento corporal, el control de los músculos, la intuición, las imágenes, el dibujo y el canto.

Se observa que este periodo del nacimiento a los 3 años, esencial para el niño y para el adulto en el que se convertirá, es delicado de gestionar para el adulto que vive a su lado. Porque, por más que este último lo ame y le desee lo mejor, a veces tiene tendencia a encontrar difícil adaptar su forma de vida a la del recién nacido. El niño de 0 a 3 años y el adulto tienen ritmos biológicos muy diferentes. El adulto tiene tendencia a intentar adaptar el del niño al suyo para poder dormir, gestionar su tiempo como antes, etcétera. Por otra parte, las formas de comunicación del niño y el adulto también son muy distintas. El niño tiene muchas necesidades que expresa… ¡a su manera! El adulto a veces tiene dificultades para descodificarlas, incluso con la mejor voluntad del mundo. Por su parte, utiliza el lenguaje hablado para comunicarse con el niño, pero habla sin saber demasiado si se le comprende bien…

La evolución de nuestra sociedad ha alejado a los padres de sus propios padres, cuando podrían ser buenos guías. Nuestros modos de vida han vuelto menos instintivos nuestros comportamientos como padres. Sin embargo, es conveniente que los padres sigan su instinto parental. En especial, es necesario dar todo su valor al instinto materno. La intuición de la madre, si la sigue, le permite comprender las necesidades de su hijo. Lo envuelve entonces espontáneamente de un velo de protección y acompaña su desarrollo de manera natural. Cuanto más intenta descifrar el lenguaje del bebé y respetarlo, mejor es la calidad de su relación. Es cierto que la primera infancia es un periodo delicado, pero cuanto más y mejor nos dediquemos a él como padres, es decir, estemos disponibles y nos centremos en las necesidades del niño en lugar de en las nuestras, mejor transcurrirá. Cuanto más nos ocupemos del bebé, más presente estará él en la relación. Esta se vuelve fácil, fuente de alegría y de satisfacción mutua, a favor del correcto desarrollo del pequeño, a su propio ritmo. Es durante la primera infancia cuando se funda la confianza básica, garantía del equilibrio psicológico a muy largo plazo.

Las etapas del desarrollo de 0 a 3 años


Conocer de antemano la sucesión de las etapas del desarrollo entre 0 y 3 años permite acompañar mejor al niño. A escala de la vida, este periodo es el que experimenta mayor número de evoluciones. Veamos una sucinta descripción. Por supuesto, la edad del aprendizaje es muy variable según los niños, y las edades indicadas a continuación solo son referencias.

Antes del nacimiento


Se habla a menudo del nacimiento como del primer día de la vida de un ser humano. Sin embargo, si se considera que la vida empieza el día de la concepción, el primer capítulo de su historia comienza 270 días antes. Podemos consultar los numerosos libros y páginas web que describen las etapas de la vida intrauterina para seguir la evolución del bebé a lo largo de las semanas que vive en el vientre de su madre. Esto alimenta el contacto que se teje entre la madre y esta nueva persona que es su hijo. Este ser desarrolla los sentidos: el olfato (en el segundo mes), el gusto (en el tercer mes), el oído (gracias a los ruidos interiores y exteriores, en el periodo entre el segundo y el quinto mes), la vista (con la capacidad de distinguir el día de la noche en el cuarto mes) y el tacto. Por lo tanto, los cinco sentidos se ejercitan durante la vida intrauterina, en especial el del tacto, que permite entrar en contacto con el bebé durante el embarazo. A partir del cuarto mes, cuando se ejerce una suave presión sobre el vientre con una mano cargada de intención de relación, el bebé responde y se acurruca cerca de esta mano. No hay nada tan emocionante como este primer intercambio.

El niño ya es sensible a la atención que se le dedica mientras crece en el seno materno. Siente las tensiones y los momentos de bienestar que vive su madre. Está en relación permanente con ella, de manera muy fusional. Siente el afecto y el amor que se le demuestra. Ya tiene necesidad de esta atención benefactora para desarrollarse serenamente. Aunque no lo parezca, el chiquitín ya es, en el vientre materno, un ser de relación en interacción.

Sus primeras relaciones se tejen con su entorno cercano, en especial con sus padres, desde la vida intrauterina. El vínculo con la madre parece evidente, pero puede ser más o menos intenso en función de la disponibilidad de esta. Está más o menos presente para su hijo. Dado que la calidad de estas primeras relaciones condiciona el buen desarrollo del bebé, la práctica de la haptonomía puede ser una formidable oportunidad de alimentar esta relación creciente que une al niño con sus padres. La haptonomía es una ciencia de la afectividad, una práctica que consiste en entrar en relación con el bebé mediante el tacto, el contacto afectivo, psicológico y táctil. Se trata de entrar en contacto con el bebé in utero y de comunicarse con él de manera concreta, por medio del tacto. Esto instaura ya una relación que no dirige, sino que guía, que acompaña, que apoya. La palabra «haptonomía» procede de las palabras griegas...



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