E-Book, Spanisch, 472 Seiten
Reihe: Contrapunto
Quintana Política de los cuerpos
1. Auflage 2020
ISBN: 978-84-254-4387-9
Verlag: Herder Editorial
Format: EPUB
Kopierschutz: 0 - No protection
Emancipaciones desde y más allá de Jacques Rancière
E-Book, Spanisch, 472 Seiten
Reihe: Contrapunto
ISBN: 978-84-254-4387-9
Verlag: Herder Editorial
Format: EPUB
Kopierschutz: 0 - No protection
Laura Quintana es doctora en Filosofía de la Universidad Nacional de Colombia. Desde hace varios años se desempeña como profesora asociada del Departamento de Filosofía de la Universidad de los Andes (Colombia). Ha publicado diversas contribuciones en el área de filosofía política contemporánea y estética moderna y contemporánea. Sus trabajos de investigación recientes abordan, particularmente, la dimensión estética de las formas de poder y emancipación, y sus efectos sobre el mundo, desde un enfoque transdisciplinario que se nutre de un diálogo con visiones contemporáneas de la antropología y del arte.
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Prólogo
La lección de los plebeyos
Germán Cano
I
«Los filósofos en la calle». La célebre foto periodística llevaba este encabezado y mostraba a Foucault, provisto de un megáfono, arengando, al lado de Sartre, a los manifestantes reunidos para denunciar un crimen racista en la rue Marcadet, en el distrito XVIII de París, un barrio popular en el que se habían instalado masivamente trabajadores inmigrantes. Es 27 de noviembre de 1971, pero aún resuena la proliferación de ecos del 68. En ese momento –escribe Jacques Rancière–,
entre la creación de la Universidad de Vincennes y la del Grupo de Información sobre las Prisiones, el tecnócrata estructuralista se encontraba en la primera fila de los intelectuales en quienes se reconocía el movimiento antiautoritario. De repente, la cosa parecía evidente: aquel que había analizado el nacimiento del poder médico y el gran encierro de locos y marginales estaba dispuesto a simbolizar un movimiento que se metía no solamente con las relaciones de producción y las instituciones visibles del Estado, sino con todas las formas de poder diseminadas en el cuerpo social.1
No deja de ser curioso que Sartre y Foucault aparezcan juntos en esa escena: quien entendía que Foucault, junto con otros, representaba «la última muralla de la burguesía contra el marxismo» y quien pasaba, y seguirá pasando hasta hoy, como uno de los principales críticos del marxismo no dudaban, sin embargo, en aparecer juntos en el agitado contexto de la época. Ahora bien, ¿estaban realmente «en la calle»?, ¿en qué sentido? ¿Podríamos decir que encarnaban en algún sentido lo real del acontecimiento? ¿Qué podemos decir de ese viaje al pueblo en el 68 cuando se empezaba a imponer una crítica política de los excesos de la crítica ilustrada, sobre todo de esa figura llamada el «intelectual universal» presta a emancipar a los otros?
El marxismo, «horizonte insuperable de nuestro tiempo». Esta célebre expresión aparecida en la Crítica de la razón dialéctica de Jean-Paul Sartre parecía ofrecerse, a principios de los años sesenta del pasado siglo, como el signo de época: «Lo que empezaba a cambiarme –escribía Sartre– era la realidad del marxismo, la pesada presencia, en mi horizonte, de las masas obreras, cuerpo enorme y sombrío que vivía el marxismo, que lo practicaba y que ejercía a distancia una atracción irresistible sobre los intelectos de la pequeña burguesía». Será poco tiempo después cuando, en plena efervescencia posestructuralista, Michel Foucault ironice sobre la expresión y anuncie, como cronista, otra encrucijada histórica, otros problemas no detectados bajo el radar marxista, otro tipo de intelectual, otra relación con la sociedad. Otra emancipación. El 68 había llegado y mostrado un escenario nuevo, con protagonistas de autoridad menos pesada, más jovial, otros corrimientos de tierra, otras reivindicaciones. Conocemos las consecuencias desde entonces: poshistoria, posmarxismo, dispersión, fragmentación, emergencia de nuevos actores sociales. Una nueva lógica estética, social y política, en suma. ¿Cabría hablar hoy, acercándonos a la segunda década del siglo XXI, parafraseando a Sartre, pero ante un telón de fondo muy distinto, de una «emancipación popular como horizonte insuperable de nuestro tiempo»? ¿Un horizonte «plebeyo» orientado a cuestionar lo que en este libro que aquí presentamos se llama «presupuestos de los espíritus letrados»? ¿Una apología del viaje y del viajero que ha pasado de denunciar «la indignidad de hablar por los otros» a la indignidad del turista?
Así era la flor antaño prometida por un texto de Mao Zedong a quienes aceptaban salir, ir a mirar fuera de la ciudad y de los libros, apearse del caballo para recoger la realidad viva. La realidad estaba ahí, denunciando la vanidad de los libros, y, sin embargo, perfectamente semejante a lo que los libros dejaban esperar, a lo que las palabras hacían amar. Viajar, descubrir por uno mismo esa extrañeza reconocible, esa reverberación de la vida […] fue, quizá, antes de que se analizara la opresión o el sentido del deber hacia los oprimidos, el meollo de la experiencia política de nuestra generación.2
II
Si hemos querido empezar nuestra presentación de Política de los cuerpos de esta manera indirecta, es porque probablemente ha sido Jacques Rancière uno de los pensadores contemporáneos que más ha insistido en la necesidad de una nueva lógica emancipatoria, cuestionando, además, toda posición crítica del tradicional maestro tras ese laboratorio político que fue el 68. Como nos recuerda Rancière comentando la escena anterior y haciendo balance de la herencia de Foucault,
no basta que un filósofo esté en la calle para que su filosofía funde allí el movimiento ni aun su propia presencia. El desplazamiento filosófico operado por Foucault implica justamente el desarreglo de las relaciones entre saber positivo, consciencia filosófica y acción [...], la filosofía abdica de su posición central. Pero el saber que ella libera no define entonces ningún arma de masas a la manera marxista. Es simplemente una carta nueva sobre el terreno de este pensamiento efectivo y descentrado. Él no proporciona nada de conciencia a la revuelta. Pero permite a la red de sus razones encontrar la red de razones de aquellos que, aquí o allá, se fundan en su propio saber y en sus propias razones para introducir el grano de arena que bloquea la máquina.3
El libro que tiene en sus manos el lector trata de esta liberación, pero también de este bloqueo, de intervalos, umbrales, interferencias…, torsiones. De la necesidad de salir de la melancolía para acceder a una realidad nueva. En cierto modo, ¿la excesiva dependencia de las grandes expectativas de la Teoría con mayúscula en el pasado siglo no habría terminado conduciendo hoy a una variada fenomenología de su resaca, esa «gruesa nube negra» que aparece como contrapunto de cierta confianza en el potencial de cambio? Recordemos cómo la generación de Rancière pasó de la afirmación althusseriana del poder de la ciencia para desvelar las ineludibles ilusiones de los agentes de producción al entusiasmo maoísta con la reeducación autodestructiva de los intelectuales en el trabajo de fábrica. El exdiscípulo de Louis Althusser será explícito: lo mejor que puede hacer la «crítica social» hoy por los movimientos sociales y todos los movimientos actuales de emancipación es «llevar a cabo una crítica radical de la tradición crítica, la cual se ha convertido en una poderosa máquina ideológica opuesta a cualquier forma de protesta social y emancipación política».4 ¿Deberíamos, pues, dejar abandonada la miseria de la crítica a su suerte? ¿Cómo abordar la cuestión hoy en un contexto donde la alianza clásica marxista entre las fuerzas de la «humanidad sufriente» y la «humanidad pensante» ha pasado por tantos bloqueos, malentendidos, críticas y traiciones? Como expone en este libro Laura Quintana, el pensamiento de Rancière nos invita a salir de lo que entiende que es un «círculo vicioso», el que se ha desplegado funestamente entre las promesas de la «ciencia liberadora» y la «exaltación de las culturas populares»:
En los rigores de la ciencia marxista, tanto como en los colores de la cultura popular, había aprendido a ver la clausura de un mismo círculo, la complementariedad de un imposible y de una prohibición que se podía resumir así: primero, los dominados no pueden salir por sí mismos del modo de ser y de pensar que el sistema de dominación les asigna; segundo, no deben perder su identidad y su cultura buscando apropiarse de la cultura y del pensamiento de los otros. La desvalorización de una experiencia necesariamente mitificada o la exaltación de la autenticidad popular obligaban igualmente a los obreros a no tener otro pensamiento que el propio [...]. Imposible no reconocer como una evidencia el hecho de que el obrero no tiene tiempo para estar en otra parte más que en su tarea, pues el trabajo no espera [...]. Prohibido romper el orden simbólico de una ciudad que la divinidad ha ordenado, según la justicia, en la que coloca hierro en el alma de los trabajadores, los que proveen las necesidades de la comunidad, y oro en la de los guardianes que la dirigen hacia sus fines.5
III
¿Cómo salir de ese funesto «círculo»? ¿No habrá que desplazar nuestra mirada filosófica para comprender lo que hoy está en juego? ¿Hasta qué punto? De todos los méritos, que no son pocos, que tiene el libro de la profesora colombiana Laura Quintana que aquí presentamos, destaca su forma de explorar el discurso de Rancière, haciéndolo especialmente fructífero –algo más que útil– para nuestra coyuntura política. Aquí, ciertamente, el trabajo riguroso, la reconstrucción del proceso reflexivo del pensador francés, de los debates en los que ha intervenido y la sensibilidad estética hacia los cambios históricos de nuestro tiempo, se ponen al servicio de una comprensión política del presente, de una labor de experimentación con sus fisuras. Se trata de presentar esa «extrañeza igualitaria que se da como tarea no revelar, no desocultar, no representar, sino cercar: mirada que cerca, que reconoce el trabajo de singularización de sí y de...




