Quintana | Rabia. afectos, violencia, inmunidad | E-Book | www.sack.de
E-Book

E-Book, Spanisch, 432 Seiten

Reihe: Contrapunto

Quintana Rabia. afectos, violencia, inmunidad


1. Auflage 2021
ISBN: 978-84-254-4722-8
Verlag: Herder Editorial
Format: EPUB
Kopierschutz: 0 - No protection

E-Book, Spanisch, 432 Seiten

Reihe: Contrapunto

ISBN: 978-84-254-4722-8
Verlag: Herder Editorial
Format: EPUB
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Hay formas de rabia que intensifican la desigualdad y otras que la combaten. Y en esta duplicidad están en juego diferentes comprensiones de la vida, la identidad y su relación con lo extraño. En distintas actitudes cotidianas y en varias de las decisiones políticas son visibles formas de miedo, odio y resentimiento. En las redes sociales y en las decisiones electorales, en los espacios cotidianos rutinarios y como respuesta a crisis inesperadas, la gente expresa su insatisfacción por aquello que percibe como rechazable y amenazante: personas migrantes estigmatizadas, formas de vida asumidas como degeneradas, figuras públicas satanizadas. A su vez, el descontento ante la violencia y la desigualdad da vida a formas de enardecimiento que confrontan estas condiciones en apuestas políticas disidentes. Rabia: Afectos, violencia, inmunidad analiza estos afectos como experiencias complejas y conflictivas, emergidas históricamente, desde una aproximación situada y relacional del mundo social, mostrándonos. así que son fuerzas corporales vinculadas con la crisis ecológico-política que vivimos, de las que también puede emerger el impulso para enfrentarla.

Laura Quintana es doctora en Filosofía por la Universidad Nacional de Colombia. Desde hace varios años se desempeña como profesora asociada del Departamento de Filosofía de la Universidad de los Andes (Colombia). Ha publicado diversas contribuciones en el área de filosofía política contemporánea y estética moderna y contemporánea. Sus trabajos de investigación recientes abordan, particularmente, la dimensión estética de las formas de poder y emancipación, y sus efectos sobre el mundo, desde un enfoque transdisciplinario que se nutre de un diálogo con visiones contemporáneas de la antropología y del arte. Para más información sobre sus publicaciones, véase https://uniandes.academia.edu/LauraQuintana
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1. Economías afectivas inmunitarias:
Apegos, asedios y virtualidad


El castro-chavismo o se frena o llega...

(Twitter de Álvaro Uribe, agosto de 2017, Campaña electoral para la presidencia de 2018)

Nosotros no estamos con la polarización.

(Respuesta del candidato presidencial Sergio Fajardo, en elecciones de 2018, sobre la posibilidad de hacer una coalición con Gustavo Petro)

Uno lee a diario uribestias vulgares, brutos, arribistas, homofóbicos, misóginos, desubicados, mal informados, y resentidos...

(Comentario en Twitter de tuitera antiuribista)

Estos enunciados recogen opiniones que han configurado el discurso público, en Colombia, durante los últimos años. Han sido muy comunes en las calles, en redes sociales, en influyentes medios de comunicación, en las intimidades familiares. Construyen tres figuras que recorren el espacio político en el país, y sus asedios: «el castrochavista», «la polarización», «el uribestia». Los asedios se enredan e impulsan mutuamente: el «castrochavista» se figuró como una amenaza que iba llegando, que marcaría el futuro y estaba por invadirnos si no se frenaba, si no se contenía. Presentarlo como cercano lo hacía sentir más temible, porque lo «perjudicial, en cuanto amenazante, no está todavía en una cercanía dominable, pero se acerca» (Heidegger, 1997: 179-180). Y este asedio crea una situación de riesgo que exige la activación de los controles; algunos llamaban a la represión; como la amenaza de un virus que ya está por circular por todos lados, incontrolado; también el flujo de venezolanos en el país se incrementó en un momento dado y se vinculó con la amenaza de crecimiento de informalidad, pobreza, criminalidad; e incluso de contagio, cuando el Covid-19 llegó a Colombia y encendió las alarmas en torno a múltiples riesgos. Asimismo, el discurso contra la polarización la identifica como una amenaza que presiona con insistencia: se habla de radicalismo, se insiste en evitar cualquier posición enardecida, llamando a una incontaminada neutralidad, desde la pretensión de una razón desafectada que se protege contra la inoculación de cualquier toma de posición enfática. Finalmente, aquel que enarbola el calificativo «uribestia» se siente cercado por esta misma figura unilateral y se defiende contra esta, al punto de reducirla a una caricatura a veces risible, a veces aterradora, a veces grotesca. Estas indicaciones iniciales ya pueden sugerir cómo, a través de las figuras sugeridas, se activan formas de defensa y protección, características de los afectos inmunitarios, y cómo estos pueden recorrer manifestaciones visiblemente diferentes. Este capítulo elabora esas relaciones de fuerza, estableciendo entre ellas un anudamiento, producido desde la reflexión sobre economías afectivas que propondré.

Se trata de un anudamiento poco evidente que empezó a rondarme desde la campaña por el plebiscito para refrendar el acuerdo de paz conseguido con las FARC en 2016. Y se me hizo más patente a través de la campaña presidencial de 2018, al considerar los efectos políticos que las tres figuras mencionadas terminaron teniendo en la escena política colombiana. En particular, me parecieron visibles los efectos de retroalimentación: la figura del castrochavista, que el uribista construye para afirmar su posición, produce el desprecio del antiuribista, que tiene pretensiones de ilustrado, y este responde también con una caricatura denigrante, que le permite hacer valer su superioridad cognitiva y moral; así, el uno se afirma en el reflejo del otro, como en un juego de espejos. Pero el discurso que aboga por la no-polarización fija estas caricaturas como si dieran cuenta del conflicto de posiciones, lo que contribuye a la simplificación del campo de fuerzas político, al perder de vista, además, la dimensión afectiva que lo condiciona y sus intricadas economías. Esta simplificación también es afectiva e impide aproximarse a la complejidad que está en juego en la situación, protegiéndose contra esta.

Más aún, tal simplificación obstruye una exploración detenida de diferentes experiencias inmunitarias que se perciben en el presente de Colombia y, de este modo, tiene efectos políticos palpables. De hecho, como lo sugeriré en un momento, es como si la simplificación del conflicto nos dejara enredados en la reactividad que no logra considerar en su complejidad. Por eso este libro es también una invitación y un esfuerzo de reflexión para suspender y trastocar este bloqueo, con todas las neutralizaciones que produce en el campo político. Dos ejemplos de la literatura académica colombiana ilustran bien una de estas neutralizaciones, por eso abriré un paréntesis para analizarlos con algo de detalle.

*

1. El primer ejemplo que quiero considerar es un artículo reciente de la politóloga Laura Gamboa (2019), que se ocupa de pensar las razones para explicar el éxito electoral de Iván Duque en las elecciones de 2018. Aunque este texto considera dos fenómenos que estuvieron afectivamente saturados, como lo fueron la crisis en Venezuela y la firma de la paz con las FARC, se desentiende por completo de considerar el papel de los afectos en estas experiencias. De este modo, pierde de vista la conducción afectiva que llevó a cabo la extrema derecha con respecto a estas dos situaciones, y cómo este manejo permitió movilizar dos estrategias: acentuar el miedo por el fantasma del socialismo que implantaría el candidato de izquierda, Gustavo Petro, si ganaba, al vincular su figura con la crisis en Venezuela; y, a la vez, exacerbar el odio por los excombatientes de las FARC, presentados como oportunistas violentos que ahora serían premiados con perdón, olvido y prerrogativas económicas, en contraste con el sufrido ciudadano de a pie que también padeció sus violencias. Pero sin una consideración de la dimensión afectiva, Gamboa difícilmente puede dar cuenta de los efectos de estos sucesos en los comportamientos electorales que le interesan, sin asumir muchas de las cuestiones que habría que tenido que explicar. Entre ellas, el temor que la percepción de la crisis despertó, y que solo menciona de pasada (Gamboa, 2019: 8). Pero ¿cómo se alimentó este temor?, ¿cómo operó y qué efectos tuvo? es algo que el artículo deja por completo de lado. Otra de las cuestiones que el artículo asume sin elaborar, pero que resulta central en su argumentación, es la idea de polarización. Por una parte, Gamboa supone que simplemente se dio una polarización alrededor del acuerdo de paz, que el partido uribista, Centro Democrático (CD), supo aprovechar para «fortalecer» su «maquinaria» (Gamboa, 2019: 7). Pero no indaga, o siquiera menciona, cómo este partido estuvo muy implicado en la construcción de este mismo escenario de polarización alrededor del acuerdo, y mediante qué recursos, estrategias discursivas y prácticas lo fue llevando a cabo; solo menciona —de pasada— que, en la campaña a favor del No en el plebiscito, el CD usó mentiras y lideró una «campaña emocional» (Gamboa, 2019: 16). Sin embargo, no ahonda en lo que esta implicó ni en el papel que desempeñaron las emociones, ni en cómo se movilizaron para dar lugar a la idea de polarización. Lo que sí hace, al asumir como dado el antagonismo que detecta, es participar de la construcción de esa misma figura simplificada del conflicto político en Colombia. Esto es evidente cuando la autora diferencia los contenidos del programa del líder de izquierda, Petro, que evalúa como «de izquierda democrática», su estilo político, al que califica como «polarizante», «al igual que el de Uribe», «y con tendencias autoritarias», sin aportar ningún análisis para ello, más que un par de «datos» reiterados en los medios de comunicación hegemónicos.1

Si me detengo en estos detalles no es para subrayar lo insuficientes que son tales razones para apoyar la hipótesis que se pretende defender. Me fijo en estas consideraciones porque es muy significativo que una posición académica, que pretende no estar afectada políticamente y hablar desde la voz crítica del autor científico, termine asumiendo presupuestos no elaborados, que simplemente reiteran rumores y enunciados que se posicionan en los discursos públicos y, particularmente, en aquellas preferencias políticas que en el país se han denominado de centro. Lo que esto me permite sugerir es que el centro político quizá sea una postura muy atractiva para las perspectivas académicas que conciben una política desafectada. Esto es, una comprensión que desconoce la complejidad de los conflictos sociales, al devaluar el papel que en estos desempeñan los afectos. De hecho, desde esta perspectiva se asume que las energías afectivas desvían de los contenidos argumentativos, y se usan, particularmente por parte de las élites, para generar manipulación:

Queda claro que mientras el mecanismo a través del cual las élites políticas modelen la opinión pública siga siendo de tipo afectivo y no por medio de la transmisión de información real, fáctica, con análisis, veracidad, con reales argumentos, todo seguirá reducido a una movilización de emociones y los colombianos adherirán o se desvincularán de las posiciones que predican los líderes políticos como resultado de un simple, pero poderoso, vínculo afectivo con estos. (https://uniandes.edu.co/es/noticias/sociologia/polarizacion-un-debate-de-emociones-sin-argumentos)

Se supone, así, que unas son las energías emocionales que permiten manipular al elector, y otros los...



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