E-Book, Spanisch, 256 Seiten
Ravelo Las flores no sangran
1. Auflage 2016
ISBN: 978-84-15900-92-4
Verlag: Editorial Alrevés
Format: EPUB
Kopierschutz: 6 - ePub Watermark
E-Book, Spanisch, 256 Seiten
ISBN: 978-84-15900-92-4
Verlag: Editorial Alrevés
Format: EPUB
Kopierschutz: 6 - ePub Watermark
Alexis Ravelo (1971) es un escritor calvo que nació y sobrevive a régimen de cervezas y bocadillos de chopped en Las Palmas de Gran Canaria. De procedencia humilde, su primera novela, Tres funerales para Eladio Monroy, supuso un inesperado éxito que le ha llevado a escribir otros tres libros con el mismo personaje: Solo los muertos, Los tipos duros no leen poesía y Morir despacio. Ha perpetrado, además, otras dos novelas de semen y sangre: La noche de piedra y Los días de mercurio. Tres libros de relatos (Segundas personas, Ceremonias de interior y Algunos textículos) y media docena de libros infantiles completan hasta ahora su bibliografía, si exceptuamos volúmenes colectivos y antologías, como Relato español actual, de Fondo de Cultura Económica, y Por favor, sea breve 2, de Páginas de Espuma. En el 2013 ganó el XVII Premio de Novela Negra Ciudad de Getafe con La última tumba. Con su anterior novela, La estrategia del pequinés, obtuvo el Premio Dashiell Hammett 2014 a la mejor novela negra publicada en español, y otros galardones como el Premio Novelpol (ex aequo con Don de lenguas, de Rosa Ribas y Sabine Hofmann), el Premio Tormo 2014 y el Premio LeeMisterio 2013 al Mejor Personaje Femenino. Imparte talleres de escritura en centros educativos, bibliotecas y prisiones, diseña y coordina actividades de animación a la lectura y colabora semanalmente en programas radiofónicos. Ocupa un lugar relevante en la narrativa española actual y se ha destacado, de su estilo, su eficiencia narrativa y su habilidad para combinar la amenidad y la reflexión en argumentos de claro compromiso ético. Sigue sospechando que Dios está de vacaciones.
Autoren/Hrsg.
Weitere Infos & Material
FILISTEOS
1
Isidro Padrón Afonso vuelve a leer la entrevista. El titular es una cita escogida para hacer daño: «CANARIAS SE PARECE CADA VEZ MÁS A SICILIA». La entradilla, las cosas como son, proporciona algo de información objetiva: « LOS SINDICATOS DENUNCIAN IRREGULARIDADES EN LA ADJUDICACIÓN DE CONCESIONES». Hasta ahí bien. Eso no le molesta tanto, que denuncien lo que quieran. Lo verdaderamente nocivo es el antetítulo, que menciona a la empresa: «ISLOCASA EN EL PUNTO DE MIRA». El resto del artículo no es más que una entrevista con un representante de un sindicato minoritario, que denuncia lo que él considera «prácticas mafiosas en la adjudicación de subcontratas de servicios por parte de la administración». Se mencionan concursos públicos amañados, concesiones fraccionadas para eludir la obligación de sacarlas a concurso, adjudicaciones a empresas pertenecientes al grupo que no están al corriente en los pagos a la Seguridad Social o defraudan a esta contabilizando el pago de las horas extras como dietas. Firma Juan Miguel Luján. La misma mierda de siempre. La entrevista es larga y nadie la leerá entera. La gente solo retendrá el titular (Canarias se parece a Sicilia) y, sobre todo, el antetítulo, que avisa de que Islocasa anda en el punto de mira.
La han colgado hace media hora, en . A Padrón le telefoneó para decírselo Nieves, del departamento de comunicación. Ahora, después de leerla dos veces, se levanta del escritorio sin apagar el ordenador, dando un suspiro de aburrimiento. Se vuelve hacia el amplio ventanal. Desde allí puede contemplar el sinfín de embarcaciones de recreo atracadas en el Muelle Deportivo, cuyos mástiles siempre le recuerdan a . Más allá está el puerto, con sus grúas y sus grandes cargueros y plataformas petrolíferas atracados o fondeando sesteantes en las inmediaciones. Esta ciudad que se muere poco a poco necesita a tipos como él, emprendedores que den negocio, no sindicalistas jacobinos muertos de hambre y tribuletes harapientos que se creen paladines de la puta justicia social.
No es la primera vez, y no va a ser la última, que se encuentra con algo así. será un periodicucho digital, pero tiene sus lectores y, en cualquier caso, como suele decirle Nieves, lo que está en la red, está en la red. Basta con que algún medio más importante se haga eco para que se arme la escandalera. Y si se arma la escandalera, si la gente comienza a despacharse a gusto en Internet y se sigue hablando del tema y algún redactor lo saca en la tele, faltará un cuarto de hora para que algún fiscal o juez ambicioso comience a meter el dedajo. Y eso puede joderles la contrata que está a punto de convocarse. Ya todo está casi a punto. En un par de semanas, arreglarán con Sánchez Blay y él les dirá qué oferta tienen que hacer en el concurso de adjudicación. Pero si hay ruido en el canal, Sánchez Blay, ya bastante significado, con toda la oposición y la mitad de su propio partido mordiéndole el culo, preferirá hacerse el sueco. Al fin y al cabo, él no los necesita tanto. Siempre habrá alguien dispuesto a hacer ese negocio en lugar de ellos. Garcisán, por ejemplo, cuyo dinero tiene exactamente el mismo color que el suyo.
Así que es mejor cortar de raíz, atajar la cosa mientras sea de este tamaño, no andan los tiempos para boberías. Hace un rápido cálculo mental y decide que tendrá que intentar amarrarlo todo durante la mañana o, como tarde, a mediodía, porque a las cinco habrá visita.
Maquinalmente, se alisa la corbata mientras intenta recordar el nombre de la dueña de . Luego alza la mano hasta el rostro de afeitado perfecto y se rasca el pómulo bronceado y flácido, observando su propio reflejo en el ventanal. Es el reflejo de un cincuentón de mediana estatura. Nada espectacular: un casquete de cabellos canosos sobre un cráneo redondo algo pequeño para el tamaño del torso ancho, recubierto por la capa adiposa que el sedentarismo y la buena mesa le han proporcionado. Pero ese cincuentón rechoncho lleva un traje de trescientos euros, un reloj de mil doscientos y una alianza de vaya usted a saber cuánto; y ese reloj, ese traje y ese anillo han sido comprados gracias a muchos años de esfuerzo y riesgos, así que no va a dejar que un periodista hijo de una tal por cual venga a intentar joderle le vida.
Vidanes. Eso es: Toñi Vidanes. Así se llama la tía de .
Busca su nombre en el móvil y llama a su teléfono personal.
— —dice Toñi Vidanes después de dejarlo sonar unas cuantas veces.
Padrón Afonso procura aparentar normalidad. Esas cosas se hacen mejor de buenas maneras.
—Bien, mi niña, muy bien. ¿Y tú, cómo lo llevas, reina?
—.
La muy cabrona tiene muy claro el motivo de la llamada, pero no será ella quien saque el tema. Esperará a que lo haga Isidro, así que él decide comenzar echando las nasas.
—¿Estás apurada?
—.
—¿Y por qué no lo dices, mujer? No sabía que la cosa estaba tan jodida. Mira, yo te llamaba precisamente para comentarte que queríamos montar una campaña con lo de Islatropic. Queremos fomentar el turismo interior, captar clientes nacionales. Y había pensado que el periódico tuyo sería un buen medio para empezar con la campaña. ¿Cómo lo ves?
—.
Ahí está. Por un lado, es cierto que la cadena de hoteles que Isidro tiene por todo el Archipiélago está interesada en ese perfil de cliente. Pero, si no hubiera sido por lo de la entrevista, a Isidro jamás se le habría ocurrido contar con un digitalucho como para comenzar la campaña.
—Pues perfecto. Dentro de un rato aviso a los de publicidad y marketing para que llamen a tu comercial y lo vayan cerrando. Por supuesto, si necesitas que adelantemos algo, no tienes más que decirme cuánto. Así te das un respirillo, mujer.
—.
—Nada que agradecer, mi niña. Ya sabes cómo va esto: hoy por ti, mañana por mí.
Hay un silencio e Isidro Padrón lo aprovecha para volver a sentarse ante el ordenador y mirar la pantalla que muestra la entrevista de Juan Miguel Luján. Sabe que, al otro lado de la línea, en su oficina, Toñi Vidanes está haciendo exactamente lo mismo. Luego la oye decir:
—. .
—Cojonudo —dice Padrón—. ¿Te viene bien en La Marinera, sobre las dos?
—.
—Pues venga. Así me da tiempo de leerme a fondo el , que hoy solo he podido echarle un vistazo por encima —añade con una carcajada de complicidad antes de despedirse.
Comprueba que el teléfono ha quedado bien colgado y masculla en voz alta:
—Hija de la gran puta. Me vas a decir a mí de qué color es la cabra, si tengo los pelos de la cabra en la mano...
No ha acabado de decirlo cuando su móvil comienza a vibrar. Es Marcos Perera, su socio.
—¿Cómo estás, querido?
— —dice Perera, pronunciando la frase muy rápidamente, para enfatizar el calambur—. . —Así es como se refieren a Sánchez Blay, sobre todo por teléfono—. Canarynews
—Sí.
—.
—¿Para atrás? Ni para coger impulso. Tú dile a El-que-te-dije que se esté tranquilo. Yo ya estoy en el tema. De aquí a diez minutos ya no va a haber de qué preocuparse.
—¿Qué te juegas? ¿Una cena en El Zarcillo?
—.
—Vale, pero con diez minutos me sobra: hoy voy a comer con Toñi.
Marcos Perera soltó una carcajada satisfecha.
—.
—Bueno, te dejo, que hay faena por delante.
— —lo retiene Perera—.
—Esta tarde. A las cinco. Para tomar las medidas de las cortinas. Me las traerán en el plazo habitual. ¿Te quieres venir?
—.
—Quédate tranquilo, que ya te digo yo los números mañana.
—.
Padrón deja el teléfono sobre el tapete con una sonrisa. Perera es uno de esos tipos de manual, que han llegado a lo más alto pero continúan llevando en su interior al pequeño niño maúro de pueblo que fueron, ese niño de raspones en las rodillas y cabeza afeitada en eterna lucha contra los piojos. Padrón lo admira: comenzó vigilando coches en solares vacíos y ha sabido hacerse dueño de media región. Sí, para esas cosas hay que tener suerte. Pero sobre todo hay que tener huevos. Y, de eso, Perera anda sobrado.
Vuelve a...




