E-Book, Spanisch, Band 37, 592 Seiten
Reihe: 100XUNO
Riccardi El siglo de los mártires
1. Auflage 2019
ISBN: 978-84-9055-889-8
Verlag: Ediciones Encuentro
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)
Los cristianos en el siglo XX
E-Book, Spanisch, Band 37, 592 Seiten
Reihe: 100XUNO
ISBN: 978-84-9055-889-8
Verlag: Ediciones Encuentro
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)
Andrea Riccardi (Roma, 1950), ha sido profesor de Historia Contemporánea en la Universidad de Bari, en La Sapienza de Roma, y en la de Roma III; doctor honoris causa por la Universidad CEU Cardenal Herrera de Valencia y otras cinco universidades. Editorialista en medios prestigiosos, es un gran analista de la historia de la Iglesia contemporánea y del impacto de las religiones en la edad de la globalización. Fue ministro del gobierno italiano de 2011 a 2013. En 1968 fundó la Comunidad de Sant'Egidio, hoy presente en más de setenta países. Ha desempeñado un rol de mediación en algunos conflictos y ha contribuido a la paz en diversos lugares, por lo que recibió el premio Carlo Magno en 2009. San Juan Pablo II lo nombró miembro de la Comisión de los testigos de la fe, o Nuevos Mártires, encargada de poner en valor los testimonios enviados a Roma desde todo el mundo con motivo del Gran Jubileo del 2000, lo que le impulsó a escribir esta obra. Autor de más de treinta libros, destaca la importante biografía de san Juan Pablo II publicada en 2011.
Weitere Infos & Material
Prólogo a la presente edición
Este libro rescata una historia de cristianos asesinados en el siglo XX por ser creyentes. Sí, porque muchísimos de ellos han sido asesinados en el siglo XX precisamente por ser cristianos. Pero también es la historia de muchos cristianos que no han huido o que no se han escondido para salvar su propia vida. Por eso hicieron frente a las persecuciones y a la muerte. El siglo XX se presenta a nuestros ojos como «el siglo del martirio». Basta con pensar que en la Unión Soviética fueron asesinadas un millón de personas, tal vez millón y medio, a causa de su fe. Ha sido verdaderamente un siglo de mártires. Ahora bien, el martirio de los cristianos ha continuado también en el siglo XXI y sigue siendo todavía un acontecer dolorosamente abierto1.
El fresco de un siglo y un libro
Empecé a estudiar las historias de los mártires del siglo XX cuando ya había pasado la mitad de la década de los noventa. Me pareció un mundo «dramático», en gran parte olvidado. Así nació este libro, un libro que narra las historias de hombres y mujeres asesinados a causa de su fe o de su amor cristiano. Son los nuevos mártires del siglo XX. A sus historias he añadido, en esta edición, algunas de las historias de los cristianos del siglo XXI. Son historias acontecidas en diversos países y en condiciones políticas diferentes. Se podría decir que no son importantes y que se trata de pequeños fragmentos, ciertamente dolorosos, en la historia de un determinado país o de un régimen específico. Sin embargo, de la reconstrucción de muchos diferentes acontecimientos emerge en este libro con toda su fuerza el martirio de los cristianos en el siglo XX. Historia tras historia, se va componiendo un fresco.
Es el fresco de una humanidad apacible, no violenta, a su manera fuerte, capaz de resistir incluso ante la violencia más brutal. Es una historia que también merece tener su espacio narrativo e historiográfico propio en la reconstrucción de la totalidad del siglo XX y de nuestro tiempo. El historiador podría preguntarse, a buen seguro, por qué poner juntas situaciones políticas tan diferentes, como el Imperio otomano o la Albania de Enver Hoxha o El Salvador de monseñor Romero. Se trata, evidentemente, de mundos diversos y también de movimientos diferentes los que han empujado a la persecución. Sin embargo, es el común compartir la fe cristiana por parte de los caídos lo que modela una actitud humana, la capacidad de resistencia, lo que convierte, en suma, tantos acontecimientos en una sola historia. Es la historia del cristianismo, más aún, de muchos cristianos, en el siglo del martirio.
El fresco del martirio trazado en el libro, publicado el año 2000, se refiere solo al siglo XX. Sin embargo, en el ocaso de ese siglo han cambiado muchas cosas en la geografía política del mundo. Ha acabado el comunismo soviético y su imperio en Europa, que habían librado una lucha sistemática contra el cristianismo. No obstante, en el siglo XXI los cristianos siguen siendo asesinados en muchas partes del mundo por su fe, por su acción, por su misma existencia. Muchos cristianos no se sustraen a la violencia con tal de continuar sirviendo al Evangelio y a la humanidad de su tiempo. La violencia prosigue golpeando a algunos de ellos. Desgraciadamente, el martirio es también la historia del siglo XXI, algo a lo que no podemos acostumbrarnos.
De esta constatación ha nacido la idea de volver a proponer la historia del martirio del siglo XX, pero incrementándola también con la reconstrucción de algunas vidas de los nuevos mártires del 2000. Parece que la sombra dolorosa del siglo XX cae también sobre la edad contemporánea, hasta el punto de hacernos temer que nuestro siglo será también un tiempo de mártires. Cambian las motivaciones, los sistemas, las situaciones, pero los cristianos siguen siendo asesinados.
Este libro, publicado por primera vez en el año 2000, muestra cómo el siglo XX, el siglo de la democracia, del progreso, de la libertad, ha sido también el tiempo en el que la vida de muchos cristianos ha sido pisoteada, porque representaba algo profunda y pacíficamente alternativo. Su presencia no era objetivamente amenazadora o políticamente subversiva; sin embargo, fue convertida en blanco de una gran agresividad: debía ser suprimida porque casi parecía un desafío, aunque no lo representaba concretamente. Este era el designio frío y el ímpetu de los hombres y de los sistemas que han encarnado los grandes totalitarismos del siglo XX: los comunismos a partir de la Revolución de 1917, el nazismo. Pero es también la experiencia de la lucha anticristiana en España y en México. Herir de muerte a los cristianos y eliminarlos de la sociedad representaba casi una «consagración» pública de estas ideologías y políticas, tal vez ante la historia.
El asunto del martirio cristiano no se reduce solo a los terribles capítulos de los regímenes totalitarios o de las luchas anticristianas. Los cristianos han caído también en la misión, en las guerras, en la incertidumbre de la situación política, como pasó en el África poscolonial. No faltan los cristianos perseguidos y asesinados por pertenecer a comunidades minoritarias, oprimidas por una mayoría religiosa o agredidas por el fanatismo. Hay pastores que no dejaron sus comunidades: no pensaron en su supervivencia, sino en el bien de la gente junto a la que trabajaban y se quedaron entre ellos. Fueron asesinados. Las situaciones y las motivaciones de los asesinatos son diferentes: están los mártires de la caridad, los de la justicia, los del compromiso con la comunicación del Evangelio en países alejados del suyo propio, los del servicio pastoral, pero están también los mártires de las mafias y de la criminalidad. Se trata de cristianos corrientes y de pastores, obispos, patriarcas, cabezas de Iglesias, religiosas, misioneros...
Son muchas las mujeres que han sido golpeadas, a partir de las armenias o de otras comunidades cristianas que, durante la Primera Guerra Mundial, se vieron envueltas en las masacres perpetradas por los «jóvenes turcos» contra los armenios y los otros cristianos en los territorios del Imperio otomano. Muchas mujeres se negaron a convertirse al islam, condición que se les imponía para salvar la vida. Marco Impagliazzo ha publicado algunas crónicas contemporáneas de las masacres de los armenios, en las que se dice que «algunas mujeres tuvieron el valor de dar vigorosas lecciones a sus verdugos»2. No se puede olvidar, en efecto, que el siglo XX se abre con la gran masacre de los cristianos en el Imperio otomano durante la Primera Guerra Mundial, el primer holocausto del siglo. Se trata de un holocausto del que, en los decenios que siguieron a la Primera Guerra Mundial, no se ha hecho memoria de una manera profunda en el mundo cristiano, dejando con frecuencia únicamente a los armenios el recuerdo de su dolor.
Recordar la fuerza de los humildes
Para la tradición cristiana, la memoria de los mártires se conserva a través del recuerdo de los nombres, de las historias, de las vicisitudes del martirio. También yo he querido recordar algunos nombres y algunas historias de estos mártires, en gran parte no canonizados, a menudo ignorados o condenados al olvido. No he podido recordarlos a todos, porque, entre otras cosas, una gran parte de ellos es desconocida. De todos modos, desde el año 2000, desde la primera edición de este libro, he notado un aumento de la sensibilidad respecto al tema del martirio de los cristianos, tanto en el mundo de las Iglesias como en la opinión pública. Una sensibilidad incrementada en este sentido hará redescubrir muchas historias e impedirá que muchas otras sean olvidadas o dispersadas. Por eso, es preciso seguir recogiendo las historias, conservarlas y contarlas. La misma Iglesia católica, especialmente después del Jubileo del año 2000, ha ensanchado su sensibilidad a los acontecimientos del martirio, como se ve en la reciente canonización de monseñor Romero, arzobispo mártir de San Salvador, algo que parecía muy lejano, si no imposible, en el año 2000.
Y además –como ya he dicho– el martirio de los cristianos continúa en el siglo XXI. Desearía recordar a una figura por la que me he sentido muy afectado: el católico paquistaní Shahbaz Bhatti, a quien conocí en Roma y al que habría debido volver a ver de nuevo en Pakistán si, la víspera, el 4 de marzo de 2011, no hubiera sido asesinado por el grupo terrorista «Tehrik-i-Taliban Punjab». Era un hombre de oración, fuerte y tenaz en la lucha contra las discriminaciones y la violencia, estaba comprometido desde joven con la labor de dar dignidad a los cristianos humillados y marginados. Luchaba con la palabra contra la ley sobre la blasfemia, que sigue representando todavía una amenaza constante para los cristianos paquistaníes, mientras solicitaba una ley que prohibiera la incitación al odio. En el momento del asesinato desempeñaba la función de ministro de las minorías en Pakistán. Creía que el diálogo entre las religiones habría podido constituir una base sólida para que comunidades diversas pudieran vivir en paz. Su testamento espiritual pone de manifiesto la espiritualidad de este hombre, pero también revela una fuerza particular aun en condiciones de extrema exposición a la violencia:
Muchas veces los extremistas han tratado de asesinarme o de encarcelarme; me han amenazado, perseguido y han aterrorizado a mi familia. Los extremistas, hace unos años, pidieron incluso a mis padres, a mi madre y a mi padre, que me convencieran para que no continúe con mi misión de ayuda a los cristianos y los necesitados, pues de lo contrario me...




