E-Book, Spanisch, Band 366, 150 Seiten
Reihe: Teatro
Rivas El desengaño en un sueño
1. Auflage 2010
ISBN: 978-84-9897-217-7
Verlag: Linkgua
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)
E-Book, Spanisch, Band 366, 150 Seiten
Reihe: Teatro
ISBN: 978-84-9897-217-7
Verlag: Linkgua
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Ángel Saavedra. Duque de Rivas (Córdoba, 1791-Madrid, 1865). España. Luchó contra los franceses en la guerra de independencia y más tarde contra el absolutismo de Fernando VII, por lo que tuvo que exiliarse a Malta en 1823. Durante su exilio leyó obras de William Shakespeare, Walter Scott y Lord Byron y se adscribió a la corriente romántica con los poemas El desterrado y El sueño del proscrito (1824), y El faro de Malta (1828). Regresó a España tras la muerte de Fernando VII heredando títulos y fortuna. Fue, además, embajador en Nápoles y Francia.
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Acto II
Escena I
La escena representa la gran plaza de una magnífica ciudad oriental, ocupada, como los balcones y azoteas, por un pueblo inmenso, en que se vean distintas clases, edades y sexos. Tremolarán banderas de colores en las torres y obeliscos. Se oirán bandas de músicas militares. Sale una tropa de guerreros; detrás de ellos, trofeos de pendones y armas vencidas, y luego Arbolán con los mismos seis caballeros que le acompañaban en la última escena del acto anterior. Después, un magnifico carro triunfal, tirado por cuatro reyes bárbaros encadenados, y rodeado de un toro de doncellas, vestidas de blanco, con guirnaldas y pebeteros que echan humo. En el carro sale sentado Lisardo con un rico y brillante capacete, coronado de vistosas plumas, y vestido de armas resplandecientes, y encima un manto de púrpura. Detrás del carro saldrán guerreros cautivos. La escena estará alumbrada con llama de bengala. El carro se parará en medio de ella, y en su rededor bailarán las doncellas. Y el pueblo se prosterna ante él. La gruta de Marcolán estará siempre inmutable.
Un guerrero¡Viva nuestro general,
el valeroso Lisardo!
Uno del PuebloDefendiéndonos gallardo
adquirió nombre inmortal.
Todos¡Viva nuestro general!
Un guerrero(Cantando acompañada por la orquesta.)
Un rayo es su espada
que al bárbaro aterra,
Y al dios de la guerra
causara pavor.
Coro(Cantando acompañado por las bandas militares.)
¡Viva el vencedor!
VozLa patria salvada
por su esfuerzo vemos;
ufanos cantemos
su heroico valor.
Coro¡Viva el vencedor!
VozGlorioso su nombre,
que el orbe proclama,
alcance en la fama
eterno loor.
Coro¡Viva el vencedor!
VozY aterre y asombre,
deshaga y confunda
la saña iracunda
de todo invasor.
Coro¡Viva el vencedor!
(Vuelven a bailar las Doncellas un momento, y se pone en movimiento lentamente el carro.)
Un guerrero¡Viva nuestro general,
el valeroso Lisardo!
Uno del PuebloDefendiéndonos gallardo
adquirió nombre inmortal.
Todos¡Viva nuestro general!
(Sale el carro de la escena, y vanse por un lado y otro, con la rapidez posible, el pueblo y los coros.)
Escena II
Se alza por escotillón un magnífico trono, y en él sentados el Rey y la Reina, con manto real y corona. Rápidamente se cambia la escena al mismo tiempo en un salón fantástico y magnífico. Salen por un lado y otro guardias, damas, pajes y cortesanos, todos vestidos de gala, y Lisardo con la cabeza descubierta, seguido de Arbolán y de sus seis caballeros.
ReyValeroso Lisardo, en quien el mundo
ve arder un Sol de gloria sempiterna,
defensor de mi reino y de mi trono,
ven, y a mis brazos, cual mereces, llega.
Ven a que ciñan tus gloriosas sienes
de laurel eternal mi mano regia.
Ven a ser el segundo de mi imperio,
y la joya mayor de mi diadema.
LisardoMonarca generoso, cuyo nombre
postrado el mundo atónito respeta,
y a quien espero que mi fuerte lanza
haga dominador de la ancha tierra,
esas palabras que os dignáis hablarme
son premio suficiente y recompensa
de mis fatigas todas, y me ensalzan
de la inmortalidad a la alta esfera.
Logre la dicha, sí, de que mi frente
vuestra mano real hoy engrandezca
con el verde laurel. Mas permitidme
que, antes que goce las mercedes vuestras,
las reclame en favor de los valientes
que con esfuerzo heroico y fortaleza
a lograr la victoria me ayudaron
y a dar cima feliz a mis empresas.
El valiente Arbolán, y estos valientes,
que hoy ante vuestro solio se presentan,
a mi lado gloriosos combatieron,
arrollando las bárbaras enseñas
y sembrando el asombro y exterminio,
de la patria y de vos en la defensa.
Antes que a mí premiadlos, yo os lo ruego.
Dadles el galardón de sus proezas,
pues sin su esfuerzo y lanzas invencibles,
el término felice de la guerra
no hubiera, no, tan pronto coronado
nuestro noble valor con gloria eterna.
ReyCon tu esfuerzo, Lisardo generoso,
que compita pretendes tu nobleza.
Ven, y el laurel recibe de mi mano;
y a tu gusto después corona y premia,
como dispensador de mis mercedes,
a los que han militado en tus banderas.
Tú, testigo ocular de sus hazañas;
tú, ejemplo de su arrojo y fortaleza;
tú, segundo en mi imperio, eres el solo
que en mi nombre ha de darles recompensa.
Lisardo (Aparte.)¡Oh inefable placer!... Es imposible
que alcance un hombre superior esfera.
¡Ah!... Todos mis afanes se han cumplido.
No hay mortal más feliz que yo en la Tierra.
(Al acercarse al trono clava los ojos en la Reina, y se turba. Aparte.)
¡Cielos!... ¡Qué Sol radiante de hermosura!
Merece ser del Universo reina.
(Llega al trono, hinca las rodillas delante del Rey, y éste toma un laurel, que le presenta un Paje en una batea, y corona a Lisardo. Entre tanto suena bajo el tablado la Voz del genio del mal.)
Voz del genio del malLisardo, en el mundo hay más.
Tú de rodillas estás
delante de este dosel,
y un hombre sentado en él,
que no es, cual tú, vencedor.
¿Lo sufrirá tu valor?
(Acaba el Rey de coronar a Lisardo, y éste se levanta agitado y pensativo.)
ReyLa rodilla doblad también, Lisardo,
ante las plantas de mi esposa excelsa
para que por su mano galardone
el insigne valor que en vos alienta.
Lisardo(Aparte, acercándose turbado.)
¡Oh, qué prodigio de beldad!...Mi pecho
al ir a contemplarlo tan de cerca,
arde y se abrasa... ¡Oh, cuán venturoso
será el mortal que su atención merezca!
(Se hinca de rodillas delante de la Reina, y ésta se quita una rica banda bordada de oro, y la echa al cuello de Lisardo. Entre tanto suena bajo el tablado la Voz del genio del mal.)
Voz del genio del malEsa divina mujer,
¿por qué tuya no ha de ser...?
Piensa el camino en que estás.
Lisardo, en el mundo hay más.
(Se levanta Lisardo muy agitado, y dice aparte.)
Lisardo¡Yo de rodillas, yo, y otro hombre en tanto
sentado en un dosel...! ¡Y una hermosura,
una celeste angélica criatura
siendo a mis ojos su amoroso encanto!
No sé qué pasa en mi abismado pecho.
Ni la gloria, ni el eco resonante
del popular aplauso, ni el triunfante
laurel me lo han dejado satisfecho.
Rey(Levantándose de su asiento.)
¿Qué os suspende, Lisardo...? Ansioso espero
que premiéis en mi nombre los afanes
de esos esclarecidos capitanes,
y en mayor libertad dejaros quiero.
(Baja del trono)
Reina(Con vehemencia bajando del trono acercándose
a Lisardo.)
Modelo de valor y gallardía,
eterna, cual será vuestra alta gloria,
en vuestro pecho reine la memoria
de que esa banda que os ceñís fue mía.
(Vanse el Rey y la Reina y todo el acompañamiento, quedando solos Lisardo, Arbolán y los seis Caballeros.)
Lisardo (Aparte.)El todo su poder así me deja;
pero no me ha sentado, no, en su trono.
Y de ella, ¡cielos!, el semblante, el tono
No sé qué afán el corazón me aqueja.
Aún hay más, y ese más ha de ser mío.
¿Por qué me he de parar en la carrera
que ofrece la fortuna placentera
al raudo curso de mi ardiente brío?
Arbolán(Hincando una rodilla, y lo mismo hacen los seis
Caballeros.)
Valeroso general,
permítenos que postrados
tus favores señalados...
Lisardo(Aparte, mirándolos con complacencia.)
Puestos...




