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Rivas | Solaces de un prisionero o tres noches en Madrid | E-Book | www.sack.de
E-Book

E-Book, Spanisch, Band 374, 158 Seiten

Reihe: Teatro

Rivas Solaces de un prisionero o tres noches en Madrid


1. Auflage 2010
ISBN: 978-84-9897-535-2
Verlag: Linkgua
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)

E-Book, Spanisch, Band 374, 158 Seiten

Reihe: Teatro

ISBN: 978-84-9897-535-2
Verlag: Linkgua
Format: EPUB
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Solaces de un prisionero o tres noches en Madrid es una obra de teatro escrita por Ángel de Saavedra, también conocido como el Duque de Rivas, dramaturgo y poeta español del Siglo XIX. En la obra, Saavedra relata la historia del encierro del rey Francisco I de Francia en la Torre de los Lujanes en Madrid. Este hecho histórico ocurrió durante el reinado de Carlos V, cuando Francisco I fue capturado en la batalla de Pavia en 1525 y luego llevado a España como prisionero. A diferencia de muchas otras obras de Saavedra, que siguen la escuela calderoniana de teatro (una referencia al dramaturgo español del Siglo de Oro, Pedro Calderón de la Barca), Solaces de un prisionero o tres noches en Madrid se distingue por su estilo y temática únicos. Esta obra muestra una desviación notable del estilo tradicional de Calderón, lo que indica la experimentación y evolución del enfoque dramático de Saavedra en su trabajo.

Ángel Saavedra. Duque de Rivas (Córdoba, 1791-Madrid, 1865). España. Luchó contra los franceses en la guerra de independencia y más tarde contra el absolutismo de Fernando VII, por lo que tuvo que exiliarse a Malta en 1823. Durante su exilio leyó obras de William Shakespeare, Walter Scott y Lord Byron y se adscribió a la corriente romántica con los poemas El desterrado y El sueño del proscrito (1824), y El faro de Malta (1828). Regresó a España tras la muerte de Fernando VII heredando títulos y fortuna. Fue, además, embajador en Nápoles y Francia.
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Jornada segunda


Escena I


Salón del alcázar de Madrid. Aparecen el Emperador, sentado junto a una mesa en que hay dos candelabros con luces encendidas y recado de escribir, y el Conde, en pie junto al sillón.

EmperadorEsta noche ha de llegar,

con el alma lo deseo,

el importante correo,

o mañana a más tardar.

CondeTambién yo anhelo que venga,

porque, al cabo, el compromiso...

EmperadorDe un modo o de otro preciso

es que fin, y pronto, tenga.

Todo un rey, y un rey de Francia,

más de un año prisionero,

es triunfo muy lisonjero

a mi poder y arrogancia;

pero también, en verdad,

es ya embarazo forzoso

para la paz y reposo,

conde, de la cristiandad.

CondeSi ratificado viene

el tratado, que en rigor

a vuestro gusto es, señor,

y a ambas coronas conviene,

la paz queda asegurada,

EmperadorY al momento, yo lo abono,

vuelve Francisco a su trono;

toda discordia olvidada.

Conde¿Y si orgulloso el francés

arrollase...?

Emperador No lo espero.

Se precia de caballero

el rey Francisco, y lo es.

CondePero es la Italia una prenda

de mucho empeño y valor.

EmperadorDe la Italia soy señor.

¡Ay de aquel que la pretenda!

Del Imperio o de la España

siempre la Italia será,

y en ella tres veces ya

se hundió la francesa saña.

Y con Pescara, Alarcón,

el del Vasto, Juan de Urbina,

Leiva, Santillana, Encina

y otros caudillos, que son

de esfuerzo y pericia soles,

¿quién la Italia ha de pisar?

¿Quién podrá el valor tentar

de los tercios españoles?

CondeSeñor, con tales soldados

y tan nobles capitanes,

todos vuestros sabios planes

verá el orbe realizados.

EmperadorSí; con española tropa,

en quien yo mis glorias fundo,

estrecho se me hace el mundo;

conque ¿qué será la Europa?

CondeTenéis razón que es estrecho

si recordáis tanta hazaña

como las armas de España

en Indias hacen y han hecho.

EmperadorPues si el plácido reposo

de la cristiandad consigo,

verás a mis pies, amigo,

el africano coloso.

Conde¡Oh! Plegue a la Omnipotencia

que la morisma postrada...

EmperadorDad, conde, al alcalde entrada,

que espera hace rato audiencia.

Conde

(Acercándose

a la puerta.)El alcalde.

(Sale el Alcalde, hace una profunda reverencia, hinca una rodilla en tierra e inclina en ella la vara.)

AlcaideEmperador

siempre glorioso y augusto,

mi rey siempre grande y justo,

a vuestras plantas, señor...

Emperador (Grave.)De la tierra, alcalde, alzad,

y alzad la vara, que yo

acato también, y no

la quiero en tierra. Llegad;

(Se levanta y acerca el alcalde.)

que porque en la tierra anduvo

anoche, mi celo os cita,

pues hablaros necesita

de aquello que anoche hubo.

¿Qué desórdenes, decid,

son esos que han ocurrido,

y que habéis vos permitido

con escándalo en Madrid?

Alcaide¡Señor!

Emperador (Severo.) ¿Os parece nada

que se turbe, donde asisto,

el reposo, ¡vive Cristo!,

de la noche sosegada?

¿Que se atropelle y se asombre

a habitantes desarmados,

que pasean descuidados,

y esto sólo por un hombre?

¿Que a los que salen a dar

inocentes alboradas

se les dé de cuchilladas,

sin amparo alguno hallar?

¿Y que a la santa Justicia,

a una ronda, a vos, en fin,

se insulte y se ofenda, sin

atajar tanta malicia?

Alcaide (Turbado.)Es cierto...

Emperador Nada digáis.

Lo que anteanoche ocurrió,

y lo que hubo anoche, yo

lo sé mejor que pensáis.

Y sabed (puede os importe)

que no quiero yo que en balde

ronde a Madrid un alcalde

de mi casa y de mi corte.

Despejad.

Alcaide

(Se retira muy turbado haciendo reverencias, y dice, aparte, al salir):

Turbado y loco

salgo. Juro a Dios rondar

mejor, y el yerro enmendar,

o tengo de poder poco,

EmperadorEntre Hernando de Alarcón.

(Sale Hernando de Alarcón y pone una rodilla en tierra.)

AlarcónCésar invicto, postrado...

EmperadorAlzad, valiente soldado.

Llegad, noble campeón.

Alarcón

(Se levanta

y se acerca.)Viva el generoso rey,

que se complace en honrar

a un anciano militar.

EmperadorEs honrarlo justa ley,

que un glorioso veterano

y de fama tan suprema

es puntal de la diadema

y apoyo del soberano.

Es prenda de la victoria,

de la juventud ejemplo,

y tiene altar en el templo

de la sempiterna gloria.

¿Cómo estáis?

Alarcón Viejo, aunque fuerte,

y harto ya de verme ocioso,

que condenarme al reposo

es condenarme a la muerte.

EmperadorPronto a Italia habéis de ir.

AlarcónSi está en paz aquella tierra,

mandadme donde haya guerra,

que es donde os puedo servir.

Que aun con esfuerzo me hallo

para esgrimir el montante,

llevándome por delante

un escuadrón de a caballo...

EmperadorDe vuestro glorioso acero,

arrojo y noble lealtad,

buen Alarcón, en verdad,

aún muchos triunfos espero.

¿Y el preso?

Alarcón Bueno, y alarde

haciendo de su paciencia.

Emperador¿Lo visitáis con frecuencia?

AlarcónSeñor, por mañana y tarde,

porque es precaución precisa,

y para mí dura, hacer

requisa al amanecer,

y al ponerse el Sol requisa.

De hacer vengo la postrera.

Emperador¿Y cómo está?

Alarcón Señor, es

su alteza al cabo francés

y de condición ligera.

Algunas veces, muy pocas,

está hundido en el despecho,

arrancando de su pecho

lágrimas y voces locas;

y a la tierra, y al abismo,

y a los cielos amenaza;

ropa y muebles despedaza,

y se maldice a sí mismo.

Pero a todo se acomoda,

es afable, tañe, canta,

con buen apetito yanta,

y duerme la noche toda.

Da voces de guerra y mando,

cual si un escuadrón rigiera,

y ríe como un cualquiera

con su bufón embromando.

Mas cuando habla de su madre

y de Francia, tierno llora,

cosa que a mí me enamora,

y que es justo que me cuadre.

Emperador¿Y con vos?

Alarcón Siempre cortés,

me honra con noble atención,

y en trato y conversación

afable y discreto es.

Y demuestra afición mucha

sobre guerra a platicar,

y en esta materia hablar

con gran atención me escucha.

EmperadorY de mí..., ¿dice...?

Alarcón ...



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