Rodríguez de Montalvo | Amadís de Gaula IV | E-Book | www.sack.de
E-Book

E-Book, Spanisch, Band 252, 362 Seiten

Reihe: Narrativa

Rodríguez de Montalvo Amadís de Gaula IV


1. Auflage 2010
ISBN: 978-84-9897-798-1
Verlag: Linkgua
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)

E-Book, Spanisch, Band 252, 362 Seiten

Reihe: Narrativa

ISBN: 978-84-9897-798-1
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Amadís de Gaula es una obra maestra de la literatura fantástica en castellano y el más famoso de los llamados libros de caballería, que hicieron furor a lo largo del siglo XVI en España. A fines del siglo XV Garci Rodríguez de Montalvo preparó su versión definitiva. Su edición más antigua conocida es la de Zaragoza de 1508, con el nombre de Los cuatro libros de Amadís de Gaula. Sin embargo se trata de una obra muy anterior, que ya existía en tres libros desde el siglo XIV. Así consta en obras del canciller Pero López de Ayala y de Pero Ferrús. Montalvo confiesa haber enmendado los tres primeros libros y ser el autor del cuarto. Todo indica que la versión original de Amadis era portuguesa. Se ha atribuido a diversos autores: - la Crónica portuguesa de Gomes Eanes de Azurara, escrita en 1454, menciona como su autor a un tal Vasco de Lobeira que fue armado caballero en la batalla de Aljubarrota (1385). - Otras fuentes dicen que el autor del Amadís de Gaula fue un tal João de Lobeira, y no el trovador Vasco de Lobeira.La aceptación del Amadís de Gaula determinó que dicha obra se transformara en paradigma o modelo de referencia para otros escritores. La historia del heroico caballero andante que destacaba por su idílica fidelidad amorosa fue un punto de partida para un género literario muy duradero. Libros de caballería como el Amadís de Gaula se escriben y se difunden durante los mismos años del descubrimiento del Nuevo Mundo. Por entonces España se lanza a la conquista y colonización de aquellos nuevos territorios donde muchos depositan sus sueños y sus esperanzas. Curiosamente, entre estos dos fenómenos, el literario y el histórico, va a producirse una estrecha relación simbiótica.

Garci Rodríguez de Montalvo. España. Vivió a finales del siglo XV o principios del XVI. Fue Regidor de Medina del Campo.
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LIBRO CUARTO


AQUÍ COMIENZA EL CUARTO LIBRO DEL NOBLE Y VIRTUOSO CABALLERO AMADÍS DE GAULA, HIJO DEL REY PERIÓN Y DE LA REINA ELISENA, EN QUE TRATA DE SUS PROEZAS Y GRANDES HECHOS DE ARMAS QUE ÉL Y OTROS CABALLEROS DE SU LINAJE HICIERON


Capítulo 82. Del muy grande duelo que hizo la reina Sardamira sobre la muerte del príncipe Salustanquidio


Contado os ha la parte tercera de esta gran historia en el fin y cabo de ella, cómo el rey Lisuarte, contra la voluntad de todos los grandes y pequeños de sus reinos y de otros muchos que su servicio deseaban, entregó a los romanos su hija Oriana para la casar con el Patín, emperador de Roma, y cómo fue por Amadís y sus compañeros, que en la Ínsula Firme juntos se hallaron, en la mar tomada, y muerto el príncipe Salustanquidio, y presos Brondajel de Roca, mayordomo mayor del emperador, y el duque de Ancona, y el arzobispo de Talancia y otros muchos de los suyos muertos y presos y destrozada toda la flota en que la llevaban, y ahora os diremos lo que de esto sucedió. Sabed que vencida esta gran batalla Amadís, con otros caballeros de su parte, dejando a Oriana y a la reina Sardamira y a todas las otras dueñas y doncellas que con ella estaban en su nao y ciertos caballeros que les guardasen, entraron en otra nave y fueron a mandar poner recaudo en la flota de los romanos y en el despojo, que muy grande era, y los presos que demás de ser muchos, la mayor parte eran de gran valor, que tales convenía enviar en semejante embajada, y llegados a la fusta donde el príncipe Salustanquidio muerto estaba, oyeron grandes voces y llantos, y sabida la causa de ello era que los suyos, así caballeros como otra gente, estaban alderredor de él haciendo el mayor duelo del mundo, contando sus bondades y grandeza, así que los de Agrajes, que la fusta ocupada tenían, no los podían quitar ni apartar de allí. Amadís mandó que a otra nave los pasasen porque cesase el duelo que hacían, mandó poner el cuerpo de Salustanquidio en una arca para la hacer dar la sepultura que a tal señor convenía, comoquiera que enemigo fuese, pues como bueno muriera en servicio de su señor. Y esta fue la causa que así de él como de los otros vivos quedaron hubieron compasión, mandando expresamente que la vida les fuese dada. Lo cual en los virtuosos caballeros acaecer debe, que apartada la ira y la saña la razón quedando libre de conocimiento al juicio, que siga la virtud.

El murmullo de este llanto fue tan grande que la nueva llegó a la nao donde Oriana estaba, como aquella gente hacían aquel duelo por aquel príncipe, de guisa que polla reina Sardamira fue sabido, porque aunque hasta entonces supiese y por sus ojos hubiese visto ser toda la flota de su parte destruida y muchos muertos y presos, no había llegado a su noticia la muerte de aquel caballero, y como lo oyó salió con el gran pesar de todo su sentido, y olvidando el miedo y gran temor que hasta allí tuviera, deseando más la muerte que la vida, con mucha pasión y gran alteración, torciendo sus manos una con otra, llorando muy fuertemente, se dejó caer en el suelo, diciendo estas palabras:

—¡Oh, príncipe generoso, de muy alto linaje, luz y espejo de todo el imperio romano, qué dolor y pesar será la tu muerte a muchos y muchas que te amaban y servías y de ti esperaban grandes bienes y mercedes, o qué nueva tan dolorida será para ellos cuando supieren la tu malaventura y desastrado fin! ¡Oh, gran emperador de Roma, qué angustia y dolor habrás en saber la muerte de este príncipe, tu primo, a quien tanto tú amabas, y le tenías como un fuerte escudo de tu imperio, y la destrucción de tu flota con muertes tan mancilladas de tus nobles caballeros. Y sobre todo, haberte tomado por fuerza de armas, en tan gran deshonra tuya, la cosa del mundo que más amabas y deseabas. Bien puedes decir que si la fortuna de un caballero andante que las venturas seguía y de tan pequeño estado te ensalzó a te poner en tan alta cumbre, como es la silla y cetro y corona imperial, que con duro azote quiso abajar tu honra hasta la poner en el abismo y centro de la tierra, que de este tal golpe no se te puede seguir sino uno de dos extremos: o disimular quedando el más deshonrado príncipe del mundo, o lo vengar poniendo tu persona y gran estado en mucha congoja y fatiga de espíritu y al cabo tener de ello la salida muy dudosa, que por cierto en lo que yo he visto después que en la Gran Bretaña mi desastrada ventura me trajo, no hay en el mundo tan alto emperador ni rey a quien estos caballeros y los de su linaje, que muchos y poderosos son, no den guerra y batalla, y creído tengo comoquiera que de ellos tanto mal y dolor me ha venido, ser la flor de toda la caballería del mundo. Y más llora ya mi afligido corazón los vivos y los males que de esta desventura adelante se esperan, que los muertos que ya su deuda han pagado.

Oriana que así la vio hubo de ella piedad, porque la tenía por muy cuerda y de buen talante, sino la primera vez que la habló en el hecho del emperador, de que ella hubo gran enojo y le rogó que en ello más no le hablase, siempre le halló con mucho comedimiento, y como persona de gran discreción para nunca más la enojar antes diciéndole cosas con que placer le diese, y llamó a Mabilia y díjole:

—Mi amiga, poned remedio en aquel llanto de la reina, y consolarla como vos lo sabéis hacer, y no miréis a cosa que diga ni haga, porque como veis está casi fuera de sentido, teniendo mucha razón de se quejar más a lo que yo soy obligada y a lo que debe hacer el vencedor al vencido teniéndolo en su poder.

Mabilia, que era de muy gentil gracia, llegó a la reina, e hincando los hinojos, tomándola por las manos le dijo:

—Noble reina y señora, no te conviene a persona de tan alto linaje como vos así de vencer y sojuzgar de la fortuna, aunque todas las mujeres naturalmente seamos de flaca complexión y corazón, mucho bien parece en los antiguos ejemplos de aquéllas que con fuertes ánimos quisieron pagar la deuda a sus antecesores, mostrando en las cosas adversas la nobleza del linaje y sangre donde vienen. Y comoquiera que ahora sintáis este tan gran golpe de la contraria fortuna vuestra, acuérdeseos que ella misma os puso en gran honra y alteza, no para que más tiempo de ello gozar pudieseis de cuanto la su movible voluntad os otorgase, y más a su cargo y culpa que vuestra la habéis, porque siempre le plugo y place de trabucar y ensayar estos semejantes juegos, y con esto debéis mirar que sois en poder de esta noble princesa que con mucho amor y voluntad que os tiene se duele de vuestra pasión, teniendo en la memoria de os hacer aquella compañía y cortesía que vuestra virtud y real estado demanda.

La reina le dijo:

—Oh, muy noble y graciosa infanta, aunque la discreción de vuestras palabras es de tanta virtud que a todo desconsuelo consolar podrían por grande que él fuese, la mi desastrada suerte es tanto grado que mis apasionados y flacos espíritus no la pueden sufrir, y si alguna esperanza para esta tan grande desesperación a la memoria me ocurre, no es otra sino verme como decís en poder de esta tan alta y noble señora, que por su gran virtud no consentirá que mi estima y fama sea menoscabada, porque éste es el mayor tesoro que toda mujer más guardar debe y haber temor de lo perder.

Entonces la infanta Mabilia, con grandes promesas la hizo cierta y segura, que así como ella lo quería, Oriana lo mandaría cumplir, y levantándola por las manos la hizo sentar en un estrado donde muchas de aquellas señoras que allí estaban le vinieron a hacer compañía.

Capítulo 83. Cómo con acuerdo y mandamiento de la princesa Oriana aquellos caballeros la llevaron a la Ínsula Firme


Después que Amadís y aquellos caballeros salieron de la fusta de Salustanquidio y vieron cómo la flota de los romanos era en poder de los suyos sin ninguna contradicción, juntáronse todos en la nave de don Florestán y hubieron su acuerdo que pues el querer de Oriana y el parecer de ellos era que se fuesen a la Ínsula Firme, que sería bueno ponerlo luego por obra, y mandaron poner todos los presos en una fusta, y que Gavarte del Val Temeroso y Landín, sobrino de don Cuadragante, con copia de caballeros, los guardasen y pusiesen a recaudo y en otra nave mandaron poner el despojo que muy grande era y lo guardasen don Gandales, amo de Amadís, y Saramón, que dos muy cuerdos y fieles caballeros eran, y en todas las otras naves repartieron gente de armas y marineros para que las guiasen, y ellos se quedaron cada uno en las suyas así como de la Ínsula Firme salieron.

Esto aparejado rogaron a don Bruneo de Bonamar y a Angriote de Estravaus que lo hiciesen saber a Oriana y les trajesen su querer de lo que mandaba, porque así se cumpliese.

Estos dos caballeros entraron en una barca y pasaron a la nave donde ella estaba, y entraron en su cámara e hincaron los hinojos ante ella y dijéronle:

—Buena señora, todos los caballeros que aquí son ayuntados en vuestro acorro para seguir vuestro servicio, os hacen saber cómo toda la flota es aparejada y en disposición de mover de aquí, quieren saber vuestra voluntad, porque aquélla cumplirán con toda afición.

Oriana les dijo:

—Mis grandes amigos, si este amor que todos demostráis, y a lo que por mí os habéis puesto, yo en algún tiempo no hubiese lugar de galardonarlo, desde ahora desesperaría de mi vida, mas yo tengo fucia en Nuestro Señor que por la su merced querrá que así como en la voluntad lo tengo, por obra lo pueda cumplir, y decid a estos nobles caballeros que el acuerdo que sobre eso se tomó se debe poner en obra, que es ir a la Ínsula Firme y allí llegados tomar se ha consejo...



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