E-Book, Spanisch, 276 Seiten
Reihe: Ensayo
Rodríguez García Fútbol simple
1. Auflage 2020
ISBN: 978-84-16496-55-6
Verlag: Ushuaia Ediciones
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)
Más que el mecanismo de un botijo
E-Book, Spanisch, 276 Seiten
Reihe: Ensayo
ISBN: 978-84-16496-55-6
Verlag: Ushuaia Ediciones
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)
Manuel Rodríguez García -marogar- Ex futbolista. Ex entrenador de fútbol. Ex directivo Caja Duero (Caja Salamanca). Máster en dirección de personas. Twitter: Manuel Rodríguez (@marogarr) 'Futbolista en sueños y entrenador virtual'
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Introducción
Los más sabios del planeta fútbol - seguramente en otras disciplinas se producirán situaciones similares - hacen ostentación de su sapiencia futbolística y nos estampan en la cara, descaradamente, su mensaje burlón: «El fútbol es más simple que el mecanismo de un botijo». Y se quedan tan «panchos» dejándonos un tanto acomplejados.
Mientras, otros abundan en que el fútbol es complejo, muchas veces indescifrable, como lo son las mentes de los futbolistas y entrenadores protagonistas, aunque aún son más impenetrables las mentes de los aficionados y los enfoques variopintos de los medios de comunicación (Sus periodistas especializados son cada vez más forofos de un determinado equipo y de una forma exclusiva de jugar). Por supuesto, los directivos no están libres de culpas.
José Andrés Gómez (ElEspañol, 16. diciembre.2017), nos informó que dos profesores de Química de la Universidad Politécnica de Madrid, desarrollaron un modelo matemático para descifrar la capacidad refrigeradora de los botijos, esos cántaros milenarios que aún funcionan en determinados ámbitos geográficos, sobre todo rurales. «Descubrimos que esta obra magna de ingeniería rudimentaria no es un artefacto simple», dijeron los expertos, como seguramente concretarían sobre el fútbol si se le pudiera aplicar las mismas, o parecidas, ecuaciones diferenciales desarrolladas por los citados profesores. Estos dos pioneros en el estudio «botijero», los profesores Gabriel Pinto y José Ignacio Zubizarreta, demostraron en qué consistía aquello del «mecanismo simple del botijo». Al parecer, el agua contenida en recipientes cerámicos se enfría gracias al efecto térmico que se produce al evaporarse a través de sus poros, «es el mismo proceso físico que se produce con la sudoración en nuestro cuerpo, que aparte de eliminar toxinas sirve para refrescarnos».
Por supuesto, ni todo el gremio de alfareros conocen las esencias del funcionamiento de ese artefacto que ellos moldean con tanto primor a lo largo de sus vidas, igual que ocurriera con sus ancestros por muchos siglos que hubieran transcurrido. Es el mismo pensamiento que tenemos sobre los mejores entrenadores de fútbol, con sus jugadores, que no acaban de desvelar todos los misterios del fútbol que ellos practican. Al fin y al cabo, las virtudes del enfriamiento de los botijos fueron publicadas en la revista estadounidense «Chemical Engineering Education», en 1995. Precisamente, no existe ninguna publicación que desvele con contundencia cómo se practica un fútbol simple, ni el mismo Cruyff en sus distintos pensamientos, en sus distintos escritos, en sus variados libros, ha logrado clarificar los distintos conceptos y existe una imposibilidad práctica de reducir el fútbol a fórmulas matemáticas. Aunque podemos debatir pensamientos, ideas, modelos, estilos, situaciones de amplio espectro que nos lleven a una fórmula sencilla de practicar el fútbol.
Y, aparte otras consideraciones, allí donde no conocen el botijo, es tan difícil dilucidar tanto los fundamentos del enfriamiento del agua como el hecho de tener que beber fluidamente por su «pitorro» mágico. Por tanto, en esta extravagante equivalencia (fútbol simple y botijos) se requieren conocimientos distintivos, en el caso del fútbol los elementos típicos de técnica, táctica, estrategia, mentalidad, biología, medicina, etc.; es un continuo proceso de investigación para mejorar el partido de fútbol con la compaginación de todos los conocimientos disponibles. Al parecer, en el caso de los botijos «las matemáticas que se requieren para resolver estas ecuaciones son bastante avanzadas y se enseñan en los últimos cursos de ingeniería». En el caso del fútbol, ni eso…
Así que la cuestión está planteada, las leyes del botijo para enfriar agua no son tan evidentes ni simples, lo mismo que la manera de jugar al fútbol por cuanto éste siempre fue complejo, pero, si conseguimos hacerlo simple, es que habremos mejorado su desempeño tradicional. Aunque todavía se sigue fomentando la mentalidad de los científicos de la NASA aplicada al mundo del fútbol, por cuanto no existen instrucciones de uso para jugar bien o, al menos, mejor que el contrario. Pero los profesionales siguen soportando la presión externa por cuanto se sigue creyendo que el fútbol debiera ser perfecto al 100%, sin más preámbulos, da igual que el fútbol se ejecute con los pies. Y la cuestión más simple del fútbol podría rezar así: «Los partidos se ganan cuando se juega bien. Los partidos se pierden cuando no se juega bien». ¿Y cómo se juega bien o mal?
Podríamos probar a fichar once jugadores más o menos especialistas en sus puestos, reunirlos, instruirlos con un decálogo de actuación, amenazarlos con multas si no cumplen bien con su desempeño, prometerles incentivos y primas majestuosas para ganar, agitarlos mentalmente antes del partido y durante la temporada, pero todavía estamos en ese «limbo filosófico» de cómo hacer rendir a los equipos de fútbol y que éstos jueguen siempre bien. Pero las ecuaciones de Gabriel Pinto y José Ignacio Zubizarreta para enfriar el agua de un botijo aún no son válidas todavía para jugar bien al fútbol.
Hay otras ciencias aplicadas que deben ponerse a contribución para un mejor desempeño futbolístico. El filósofo británico Simon Critchley nos dijo: «En qué pensamos cuando pensamos en fútbol». Fue interesante conocer sus opiniones: «Pensamos en todo cuando vemos un partido: en el significado de la vida, el espacio, el tiempo, la racionalidad, las emociones, la pasión… Pero, también es un juego en movimiento que disfrutamos. Pensamos y vemos el choque al mismo tiempo… El fútbol es entrenamiento, disciplina, poderío y emociones que pueden convertirse en violencia. Un lugar en el que algo similar a la guerra puede suceder… El fútbol permite a las personas expresarse libremente sobre temas que conocen y les importan. Creen en su equipo y lo defienden… El fútbol es social, un deporte colectivo y colaborativo. Los futbolistas tienen que jugar unidos y compartir todo con sus aficionados. El fútbol es para ellos y existe a la par en su concepto más puro y con todo ese dinero. Es una contradicción»
(…) «El fútbol es una esperanza constante… Es delirante. La gente cree incondicionalmente. Tras la derrota, estás hundido, pero piensas en lo siguiente. Es extraño. ¡Es la religión más antigua del mundo! Antes del monoteísmo, la gente tenía dioses locales y la historia estaba conectada con ellos y con sus lugares. Y el fútbol es así. Es una especie de religión politeísta con dioses y relatos en cada club. A su vez, los hinchas reconocen y respetan a los mitos que no son suyos, que es lo más importante. En el fútbol, la intensidad de la creencia es similar a la religión, pero no requiera exclusividad» (…) «Al mirar el fútbol entramos en un mundo diferente, maravillosamente idiota… ser hincha te obliga a creer en las hadas, a comportarte como un estúpido y a tener un cierto grado de optimismo».
El día 22 de octubre de 2017 jugó el Real Madrid contra el Éibar. En este equipo jugó Takashi Inui, actuando como delantero. Se movió con mucha libertad y gran peligro, en una determinada jugada pareció que Casemiro había tocado al japonés y el árbitro no pitó penalti. En general, todos los medios aseguraban que el penalti era seguro, incluso en la televisión con repeticiones por doquier. Lo fantástico ocurrió al final del partido, el futbolista japonés Inui reconoció que no había existido falta y el propio entrenador Mendilíbar así lo manifestó abiertamente. ¡Qué sencillo es todo cuando se quiere y se es deportista!
Cuando iniciaba mi actividad de entrenador, principio de los años setenta del siglo pasado (qué antiguo suena), tenía diseñadas múltiples jugadas de estrategia a balón parado, sobre el papel dibujábamos cruces, flechas, y movimientos de engaño con participación de muchos jugadores. Todos los entrenadores nobeles quieren presumir de ingenio, diseñan distintos esquemas y ponen un «mote» a cada jugada para que los suyos las identifiquen… El problema práctico era que poníamos a demasiados jugadores en cada libre indirecto y en el momento crucial alguno de los futbolistas «metía la pata» en algún movimiento, lo que daba al traste con la planificación. Poco a poco fui limitando el número de hombres a intervenir, todo se fue simplificando para un mejor entendimiento general. Hasta que llegué a la conclusión práctica de que, teniendo un buen especialista, era suficiente con un hombre que le acompañara incluso para amagar previamente iniciando el engaño; y una «barrera ofensiva» para dificultar la visión del portero contrario, siempre a continuación de la barrera defensiva y un metro por delante de ellos para no tener que forcejear por la ubicación. Pasé de lo complejo a lo sencillo y, a la larga, acabamos metiendo más goles con menos confusiones entre todos.
Por eso me acuerdo de lo que decía Richard Branson: «La complejidad es tu enemigo. Lo difícil es mantener las cosas simples». Jugar fácil es jugar bien. En «La Ignorática y el fútbol» (Editado en 2009) dediqué un capítulo al «Jugar bien». Y allí quedaron plasmadas algunas premisas para entender la situación que se nos plantea: «Jugar bien al fútbol no es jugar bonito, exclusivamente»; «Si hay velocidad y se combina con precisión, si se consiguen goles y se evitan en la portería propia, y además se ganan los partidos… ¿Por qué este fútbol no va a estar bien jugado?»; «…el fútbol bien jugado no le pertenece a ningún jugador en concreto, a ningún estilo definido, a ningún sistema especial ni a...




