E-Book, Spanisch, Band 51, 240 Seiten
Reihe: Primeros años
Roffey / O'Reirdan El comportamiento de los más pequeños
1. Auflage 2023
ISBN: 978-84-277-3026-7
Verlag: Narcea Ediciones
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)
Necesidades, perspectivas y estrategias en Educación Infantil
E-Book, Spanisch, Band 51, 240 Seiten
Reihe: Primeros años
ISBN: 978-84-277-3026-7
Verlag: Narcea Ediciones
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)
Sue ROFFEY es psicopedagoga e investigadora en el Centre for Critical Psychology de la Universidad de Western Sydney. Terry O'REIRDAN es maestra asesora para la conducta y miembro del equipo de inclusión social en un barrio de Londres.
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1. Introducción
Este libro aborda la conducta de los niños pequeños desde una perspectiva general. En vez de ofrecer un único enfoque o una estrategia específica para profundizar en sus dificultades, aclara todos los factores que hay que tener en cuenta cuando se promueve una conducta positiva en la escuela. El mensaje es que lo que cambia las cosas conlleva un «cambio integral». Una estrategia es tan buena como lo sea el contexto en el que se emplea.
Aclaramos aquí el fundamento y la filosofía en la que se basa el libro. Un tema principal es que, aunque no toda la conducta se aprende, sí tiene un componente de aprendizaje con el que pueden trabajar las maestras*. Presentamos parte de las excelentes prácticas profesionales que se han desarrollado en las escuelas para ayudar a los niños a aprender a portarse bien. Esto se encuadra en un marco de referencia que no sólo tiene en cuenta las necesidades de los niños, sino también las de sus padres y maestras. Los contenidos del libro siguen una secuencia, que destacamos en esta sección; se ocupa primero de la promoción de la conducta positiva de los niños pequeños, atendiendo después a las necesidades individuales. El objetivo de la promoción de la conducta positiva no es otro, en último término, que el desarrollo de la autonomía personal. Es preciso ocuparse en poner sus cimientos, si no desde la primera infancia, sí desde los primeros días de estancia de los niños en la escuela.
Contexto actual
Desde la publicación de Infant Classroom Behaviour 1, de la que parte este libro, la cuestión de la conducta y su tratamiento en la escuela ha ido cobrando cada vez más relieve, sobre todo en relación con los niños pequeños cuyo descuido puede llevar a unos resultados educativos poco satisfactorios. Las maestras son más conscientes que nunca, de que un ambiente satisfactorio de aprendizaje supone planificar y promover unas expectativas conductuales claras. Se está haciendo mayor hincapié en la intervención precoz, tanto en apoyo a familias vulnerables como en la educación infantil en general. Estas iniciativas son bienvenidas y es probable que tengan un efecto beneficioso en la capacidad de la mayoría de los niños para acomodarse en la escuela y su disposición al aprendizaje. No obstante, la atención que se presta al aprendizaje precoz hace aún más importante el tema de la adecuación de expectativas con respecto a los niños. Los niños pequeños necesitan tener un estímulo que les haga valorar su éxito y no una sensación de fracaso precoz en el sistema educativo.
Competencias del profesorado
La mayoría de los niños pequeños se adapta bien a la vida escolar. Por regla general, son felices, hacen amigos con facilidad, responden bien a las maestras y disfrutan aprendiendo. Esa situación positiva no se produce por casualidad. Se debe a las experiencias y el aprendizaje que se ha ido produciendo en los primeros años y, de manera fundamental, al ambiente acogedor de la escuela y a las muchas competencias del profesorado. La maestra de la clase de recepción 2 se enfrenta a la mastodóntica y, a menudo, no reconocida tarea de reunir a unos treinta seres dispares, pequeños y, sobre todo, egocéntricos, y ayudarles a que se conviertan en un grupo coherente, a que tomen conciencia de los demás y sean capaces de cooperar y colaborar, escuchar, prestar atención y aprender. Gracias a la olvidada obra de estas maestras, cuando los niños llevan en la escuela un año, la mayoría de ellos ha desarrollado las competencias necesarias para trabajar y jugar juntos, y han aprendido la conducta adecuada para la escuela.
Por desgracia, no ocurre lo mismo en todos los casos. A algunos les resulta más difícil adaptarse a la vida de la escuela porque no han aprendido las competencias que promueven la cooperación y las interacciones sociales positivas. Para ayudarles a sustituir el repertorio que llevan consigo por unas conductas más gratificantes y a que saquen el máximo partido de estar en la escuela, hace falta una orientación y una enseñanza muy claras. Sus primeras experiencias en el aula y en el patio de recreo serán decisivas para determinar su forma de verse en el contexto escolar y sus expectativas con respecto a los demás.
No tiene sentido creer que las maestras puedan cambiar la conducta de los niños de la noche a la mañana ni suplir todas las privaciones que puedan experimentar. Sin embargo, no siempre se dan cuenta de que su aula puede ser el único lugar en el que se anime al niño o a la niña a pensar de forma positiva, en el que encuentre seguridad, refugio, consistencia y una sensación de finalidad. Aunque no se produzcan cambios inmediatos en la conducta, una sonrisa diaria de bienvenida puede hacer mucho más de lo que pueda incluso llegar a saber la maestra. Hay veces en que el profesorado tiene que recordar el buen trabajo que está llevando a cabo.
En las escuelas está la clave
La investigación en torno a las escuelas eficaces refleja nuestras propias experiencias de trabajo con diversas instituciones. El espíritu, la organización y las normas de funcionamiento de una escuela determinan la forma de percibir el comportamiento de los niños y la aportación en el desarrollo de conductas adecuadas en el aula, tanto para los grupos como para los individuos. En las escuelas más eficaces, la promoción de las conductas positivas que tienen en cuenta las necesidades de los padres, de los niños y de las maestras está planificada. En las escuelas menos eficaces, la consistencia de enfoque de las maestras es mínima, de ahí que con frecuencia tiendan a reaccionar mal ante casos individuales de conducta difícil. La ansiedad y la confusión que rodean sus acciones con respecto a los «niños difíciles», traen consigo el culpabilizar a otros y la búsqueda de organismos ajenos a la escuela para su asesoramiento. Éstas son también las escuelas que, con mayor probabilidad, provocan el rechazo y exclusión de los alumnos.
Limitar las dificultades mediante la conducta docente
El aumento del número de alumnos que presentan dificultades de conducta en la escuela a una edad muy precoz es motivo de preocupación tanto en el plano local como en el nacional. Este libro no pretende examinar en profundidad las muchas y complejas razones que explican esta situación, sino centrarse en las formas que las escuelas y el profesorado han utilizado con éxito para ayudar a los niños a establecer unas interacciones más adecuadas y a limitar las dificultades conductuales en el aula y en el patio de recreo. Animamos a los docentes a que piensen en la conducta del alumno en relación con lo que necesita aprender y el modo de enseñarle, haciéndose preguntas como éstas:
- ¿Comprenden los niños qué conductas son necesarias en clase? — ¿Son capaces de hacer lo que se les pide?
- ¿Comprenden por qué se les pide que se comporten de determinadas maneras?
- ¿Se observa que al niño le interesa la cooperación?
Con el fin de comportarse de manera que merezca la aprobación de la maestra, los niños han de saber lo que tienen que hacer, tener las aptitudes para hacerlo y ganas de obedecer. Los niños que no pueden cooperar por estar angustiados, enfadados e incómodos consigo mismos y con sus experiencias del mundo, necesitan oportunidades para aprender a sentirse seguros, cómodos y con posibilidades de éxito en la escuela, así como ser capaces de pensar sobre sí mismos de forma más positiva. Aunque sea difícil evaluar hasta qué punto se está realizando satisfactoriamente este aprendizaje, es, no obstante, un resultado de los enfoques, esfuerzos y acciones de las maestras.
Un currículo afectivo
En muchos niveles de la educación, se está reconociendo la necesidad de una alfabetización emocional. A lo largo del libro, resaltaremos la importancia del currículo afectivo; es decir, cómo llegan los niños a comprender y expresar sus propios sentimientos y comienzan a aprender a comprender y empatizar con los de los demás. El desarrollo social y emocional puede acelerarse en el aula del mismo modo que el desarrollo cognitivo, mediante la educación y la enseñanza de determinadas experiencias que ayuden a los niños a comprender y adquirir las habilidades necesarias para progresar. Con frecuencia, las maestras tratan de modificar la conducta oponiéndose a que los niños expresen sus emociones, cuando deberían de persuadirles para que «se animen» y expresen cómo se sienten en realidad, ya que es importante que el niño sienta que le han «oído». Esto también requiere menos energía emocional del adulto. La...




