E-Book, Spanisch, Band 341, 144 Seiten
Reihe: Teatro
Ruiz de Alarcón El desdichado en fingir
1. Auflage 2010
ISBN: 978-84-9897-216-0
Verlag: Linkgua
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)
E-Book, Spanisch, Band 341, 144 Seiten
Reihe: Teatro
ISBN: 978-84-9897-216-0
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Juan Ruiz de Alarcón y Mendoza (1581-1639). México. Nació en México y vivió gran parte de su vida en España. Era hijo de Pedro Ruiz de Alarcón y Leonor de Mendoza, ambos con antepasados de la nobleza. Estudió abogacía en la Real y Pontificia Universidad de la Ciudad de México y a comienzos del siglo xvii viajó a España donde obtuvo el título de bachiller de cánones en la Universidad de Salamanca. Ejerció como abogado en Sevilla (1606) y regresó a México a terminar sus estudios de leyes en 1608. En 1614 volvió otra vez a España y trabajó como relator del Consejo de Indias. Era deforme (jorobado de pecho y espalda) por lo que fue objeto de numerosas burlas de escritores contemporáneos como Francisco de Quevedo, que lo llamaba 'corcovilla', Félix Lope de Vega y Pedro Calderón de la Barca.
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Jornada segunda
(Sale Perea.)
Perea Jesús, ¿quién creyera tal?
ha pobres enamorados,
cuan ciegos y despeñados
buscan el último mal.
(Sale Celia.)
Celia Perea, ¿de dónde bueno?
¿Qué hay de nuevo? ¿Habéis corrido
la ciudad? ¿Habéis tenido
rastro del traidor Arseno?
Perea Con razón lo habéis llamado
rastro, porque aunque lo hallé
a él mismo, de lo que fue,
el rastro solo ha quedado.
Celia Hablad claro.
Perea Ya me aclaro;
digo, que sé donde está
Arseno.
Celia Decildo ya.
Perea No sin causa me reparo,
Porque no son muy sabrosas
las nuevas que del he hallado.
Celia Pues ¿qué son? ¿Hase casado?
Perea No más de con dos esposas.
Celia ¿Dos?
Perea Y está con ellas preso.
Celia ¿Luego no soy sola yo
a la que Arseno engaño?
Perea Qué bien lo entendéis; no es eso.
Celia ¿Pues qué? no lo dilatéis.
Perea Sosegad el pecho inquieto,
que donde está yo os prometo,
que seguro lo tenéis.
Celia ¿Está muerto?
Perea Vivo, y fuerte
está, no es ese su mal,
mas otro tan general
a todos, como la muerte.
Celia ¡Qué flema, viejo, tenéis,
cuando cólera rebozo,
ho muera yo con un mozo!
Perea Y aun con él vivir querréis.
Celia No quiero saberlo ya;
idos de aquí: ¡Qué pesado!
Perea Ya lo digo, aunque forzado:
Arseno, señora está
Adonde cuantos nacieron
son llamados con razón,
y los escogidos son
los que menos merecieron.
Y estos escogidos pocos,
son, en serlo, desdichados,
porque viven encerrados
en la casa de los locos.
Celia ¿Agora estamos en eso?
Perea Y en eso está Arseno agora.
Celia ¿Estáis sin seso?
Perea Señora,
bien pudiera estar sin seso,
Pues que vi sin él a Arseno,
de tosco sayal vestido,
tras una reja oprimido,
todo de prisiones lleno.
Celia ¿Qué decís?
Perea La verdad digo.
Celia ¿Burlaisos?
Perea No, por san Pablo,
cuando en cosas graves hablo,
¿suelo burlarme contigo?
Celia Ho mal aya el que escribió,
Arseno, el papel, que ha sido
la causa de haber perdido
vos el seso, y a vos yo.
Salió de mi casa Arseno
lleno de rabia y pesar,
debiose el triste de andar
toda la noche al sereno,
Y de celos del suceso,
del papel, de no dormir,
de imaginar, y sentir
perdió el desdichado el seso.
Mal haya tanto celar;
hay de ti, y hay de mi triste,
mas mira bien si lo viste,
que te pudiste engañar.
Perea En vano remedios pones;
no me engañé, porque allí
también a Sanchillo vi
con su saco, y sus prisiones.
Celia ¿Qué hay en mi mal que no crea?
¿Podré yo velle y hablalle?
Perea Tan cerca está de la calle,
que nadie, sin que lo vea,
Por ella podrá pasar,
que yo por eso lo vi,
que pasando por allí,
acaso volví a mirar.
Celia ¿Cómo me detengo tanto?
vamos, dadme el manto luego.
Perea Ved si tiene tasa el fuego.
Celia Ola, acabad, ese manto.
(Vanse.)
(Sale Arseno a una reja con saco de loco.)
Arseno Bien se echa de ver, fortuna,
cuán ciega tus dones das,
pues al que merece más,
te muestras más importuna.
Bien se echa de ver, amor,
tu niñez, y seso poco,
pues que castigas por loco
a quien te sirve mejor.
(Sale Sancho con saco de loco a la reja.)
Sancho Triste vida es la de un loco,
que está todo el día holgando,
solamente imaginando.
Arseno ¿Trabajase en eso poco?
Sancho Solamente revolver
pensamientos es su oficio,
que al que tenga más juicio
bastaran a enloquecer.
¿Y tú qué piensas, señor?
mas puesto que loco estás,
mil locuras pensarás.
Arseno Sí que pienso en el amor.
Sancho Lleve el diablo el cieguecillo,
hijo de la vil ramera,
tiénete desta manera
¿y porfías en seguillo?
Al demonio es parecido
el que vive enamorado,
más perdido, y más penado,
y menos arrepentido.
Arseno ¿Qué me importa ya olvidar
la causa, si el daño siento?
Sancho No dar a la causa aumento,
que crece de imaginar.
Da en pensar en otra cosa,
y pues que locos estamos,
una locura escojamos
más útil, y más gustosa.
¿Sabes que tema sospecho,
que hará olvidar cualquier mal?
Arseno Que tema, di.
Sancho Decir mal
de todo Cristiano a hecho,
que puede un discreto dar
mil juicios, por tener
licencia para poder
hartarse de murmurar.
Por el Príncipe empecemos,
que pues por locos nos dio,
de su mano nos firmó
la licencia que tenemos.
Tras él su padre ha de ir,
luego todos los humanos,
solo de los escribanos
no me atreveré a decir.
Arseno Ay, Sancho, que de mi mal
divertirme en vano quieres.
Sancho Lleve el diablo a las mujeres,
y aun a quien las quiere mal.
(Salen Ardenia, y Inés, con mantos.)
Inés ¿Veslo?
Ardenia Sí, y no me está bien
tan presto, Inés, encontralle,
que es muy cerca de la calle,
y cuantos pasan lo ven.
Inés Fácil lo remediarás
con el Administrador.
Sancho Pues yo también tuve amor
a Inés.
(Aparte.)
Inés ¿Tuve amor; no más?
Sancho Y vive Dios, que después
que padezco esta mancilla,
sino es para maldecilla,
no me he acordado de Inés.
(Aparte.)
Inés Así, traidor, pues callad,
que vos me la pagaréis.
Arseno Ojos, ¿qué es esto que veis?
alma decid la verdad.
Ardenia ¿Tan poco en mi fe te fías,
que dudas esta fineza?
Arseno No dudo por tu firmeza,
mas por las desdichas mías.
Ardenia Todas las puedes creer,
y no, que te falte yo.
Arseno ¿Pues para mí, si esa no,
qué desdicha hay que temer?
Ardenia Ésta que pasando estás.
Arseno Esta es gloria para mí,
que los tormentos por ti
deseo mi bien, no más.
Ardenia Ay, señor, que desta suerte
causártelos no querría,
mas es tal la dicha mía.
Arseno Di, que es,...




